lunes, 24 de mayo de 2010

El capítulo final -por ahora- sobre IPAPEDI

IPAPEDI (4ta entrega)


Llamo a Angel Carnevali vía celular, después de varios encuentros con la contestadora me responde. Candidato que no responde el celular está frito –le digo en tono de sorna-. Lo encuentro iracundo. Tiene una emergencia con su padre, está intentando hospitalizarle en la Clínica Lugo (Maracay), pero no le dan clave. Le han dicho que el seguro de la UC no les paga. Ya han tirado la toalla y su hermana ha tenido que poner su tarjeta de crédito, pero no saben, si dada la naturaleza de la emergencia, la administración de la clínica se las acepte. Esta es una tragedia que se repite todos los días, la sufren docentes, empleados y obreros, sobre todo cuando la emergencia es con algún familiar fuera de Valencia. Después de varios minutos en los que se desahoga a ritmo ametrallante –me hizo recordar el correo electrónico que enviara hace ya varias semanas un docente jubilado de la Escuela de Eléctrica titulado: “Bienestar Social en la UC…yo te aviso…un desastre” (lo publiqué en abril en mi blog www.quepasaenlauc.blogspot.com), le digo a Carnevali el objetivo de mi llamada: siendo candidato por Ingeniería a Vocal Principal en la plancha que encabeza Wilfredo, necesitaba su correo para hacerle llegar unos artículos que había escrito sobre la coyuntura electoral en el Instituto. No me atreví a sugerirle una recomendación que por un instante se dibujó en mi mente.
La UC se convirtió en institución de referencia en materia de política HCM, por haberse atrevido a asumir el riesgo de implementar un esquema mixto de auto seguro. Por años, se hizo un esfuerzo institucional importante para ir mejorando la eficacia del servicio, imposible decir que se llegó a la perfección (en este tipo de servicios no existe), pero se acumuló un know how que no merecía ser desestimado al retornarse, inexplicablemente, a la política de contratación de pólizas externas. Fue como una daga al pecho, desde ese punto de inflexión el declive de la calidad del servicio ha sido ostensible sin que, también inexplicablemente, se hubiese producido algún reclamo por parte del gremio. ¿Pueden evadir su responsabilidad en esto quienes hoy prometen villas y castillos?
Recientemente, fui invitado por la Rectora a una reunión en la sede de la APUC en la que las autoridades presentarían la gravedad de la crisis. Así fue, muy preocupante escuchar que ya para la fecha (un lunes de abril que no alcanzo a precisar): unas cuantas partidas presupuestarias se encontraban agotadas, entre ellas la del HCM. Pero la reunión viene a cuento, porque en la sede del organismo gremial me encontré un colega cuya presencia en la mini asamblea me causó extrañeza. Al preguntarle si le habían invitado, me respondió negativamente. Esperaba su oportunidad para hablar con una profesora de la Directiva, porque alguien le había dicho que ella podía ayudarle a resolver un problema de insuficiente cobertura por parte de la empresa aseguradora, bastante significativa por cierto, en una operación practicada a un miembro de su núcleo familiar. Quisiera pensar que esa solicitud suya fue canalizada mediante un reclamo formal de la instancia gremial y no, como se rumorea insistentemente, que se ha instalado una alcabala clientelar mediante la cual se prodigan, informalmente, favores en esta materia tan delicada. Por eso se me ocurrió, apenas un chispazo en el cerebro, sugerirle a Carnevali que llamara a Fermín o a Domínguez, miembros de la Comisión de Seguros; no sé a ciencia cierta cuál hubiese sido su reacción, pero la que prefiguré fue suficiente para no atreverme. El ejercicio de un derecho de todos no puede estar sujeto al sometimiento de tener que apelar a personalidades con "influencias especiales". Pareciera mentira que todavía no hayamos aprendido de los errores del pasado. ¡Cuánta más destrucción tendremos que ver en el país, para que un significativo segmento del electorado nacional admita de nuevo depositar su confianza en la oposición! ¿Y por qué ha ocurrido este fenómeno? Por los crasos errores del pasado. En la Universidad estamos obligados, más que en cualquier otra institución, a corregir esos errores, a actuar con extrema transparencia (nos estamos refiriendo a un concepto más amplio cuya inexistencia no implica la tradicional corrupción). ¿Qué vamos a esperar para poner la casa digna? ¿A que esta pesadilla concluya? –suponemos que el país va en vía de ello, lo contrario significaría la autodestrucción-. Y lo digo, ya no refiriéndome específicamente a lo de IPAPEDI, sino a otras situaciones de las que nadie se atreve a hablar porque nos hemos auto impuesto el COCO del GOBIERNO. Nadie critica lo criticable porque teme se le diga que está haciéndole el juego al gobierno y mientras: seguimos reproduciendo los errores del pasado. Me declaro liberado de ese chantaje, seguiré hablando de otros preocupantes asuntos, con mi estilo de decir las cosas, descarnadamente, como lo he hecho en esta secuencia de IPAPEDI. Prefiero que gane el equipo de Wilfredo, he abundado en razones que creo son muy válidas, pero no he seguido un guión sintonizado con las conveniencias electorales vistas por su comando. He optado por expresar libremente mi verdad y, al parecer, por los comentarios recibidos, unos cuantos se identifican con ella. ¿No hablaré más de IPAPEDI? No antes de esta elección, pero será muy interesante comentar los resultados.
PD: Sería risible que se quisiera presentar una de las candidaturas en esta elección de IPAPEDI como la de la “Unidad”.


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