sábado, 16 de septiembre de 2017

El escenario más probable


Divorcio Incomprensible


Asdrúbal Romero (@asdromero)


I-Reflexión preliminar

 “Porque aquí nada cambia,
ni el viento”

Thays Peñalver (tuit:11/9/17)

Esta idea la he reiterado varias veces en mis textos:
Venezuela se ha convertido en un país en extremo noticioso. Todos los días ocurren muchos eventos, muchos de ellos trágicos e incomprensibles para buena parte del mundo civilizado. Pasa de todo en Venezuela, pero de lo sustancial, de lo que debiera ocurrir: pasa muy poco, casi nada. Acompasados por una lenta dinámica, como la de una tortuga, seguimos transitando una desesperante ruta hacia la muerte como país. Metáfora nada abstracta en este caso, porque involucra la muerte, o casi ella, de muchos de sus pobladores. Puede ausentarse uno un mes, o varios meses, y al regreso constatar que en lo substancial se ha avanzado muy poco. Que el país sigue casi detenido en un escenario de destrucción, como si un huracán tipo “Irma” hubiese arribado por sus costas para quedarse encerrado dentro de sus fronteras y disfrutar extasiado con el sufrir de su gente.

Hay etapas en las que tenemos la sensación, quizás ficticia, de que avanzamos algo más raudos hacia algún punto de quiebre del cual pueda derivarse el indispensable cambio político. Hay otras, como la actual, en la que todo pareciera moverse en cámara lenta hacia la luz al final de un túnel que se nos ha perdido –el túnel-. Desplazamiento muy lento en lo político, aunque el furioso accionar de los tormentosos vientos no se detenga. Divorcio incomprensible entre lo político y lo social. A los efectos de atrevernos a vislumbrar el escenario más probable hacia el cual nos dirigimos, es fundamental intentar visualizarlo como un punto de confluencia de tres dinámicas que continúan en pleno desarrollo.

II-La crisis económica y su impacto social


En su génesis y posterior evolución inciden un número significativo de variables económicas y sociales que interactúan formando círculos viciosos –lazos de retroalimentación positiva- los cuales se confabulan, sinérgicamente, en el tiempo para producir un empeoramiento sostenido de la calidad de vida económica y social en el país. No voy a repetirme en el análisis que en algunos artículos anteriores, publicados en este blog, he abordado desde la perspectiva de las teorías y métodos disponibles para el análisis dinámico de sistemas. Sólo cabe reiterar el pronóstico adelantado de que el empeoramiento sería creciente. La crisis no tiene fondo, corolario este que sorprende a los legos en la materia, aunque a estas alturas ya nadie debería albergar duda alguna sobre su certeza.

Adicionalmente, otra conclusión del análisis dinámico: el empeoramiento irá manifestándose a mayor velocidad. Bastaría con analizar la tendencia en la pérdida del poder adquisitivo de nuestra moneda – o del valor de una hora de trabajo nuestra- para certificar que este aspecto nefasto del pronóstico dinámico también se cumple. En consecuencia: la crisis que actualmente padecemos; que muy seguramente ya nos parece lo suficientemente dantesca; que ya tiene a más de la mitad de la población damnificadamente pensando en el día a día sobre cómo va a sobrevivir –no manejo datos actualizados como para estimar en qué porcentaje se sobrepasa ya al 50%-;  esa crisis no se va a detener. Sólo puede profundizarse, avanzar hacia escenarios aún más dantescos. Y tal avance será a velocidad de un huracán que no se desgasta para convertirse en tormenta tropical, sino todo lo contrario: se alimenta de la destrucción que inflige a sus víctimas para multiplicar sus fuerzas y convertirse en criminal tornado.

Malas noticias para quienes percibieron la crisis a través de la imagen de una isla con algunas colinas. Quienes pensaron que por estar ubicados a suficiente altura, la inundación no llegaría al nivel de ellos porque antes, con tantos muertos y damnificados, algo debería ocurrir que la detuviera. Un estallido social, con capacidad para detonar otro político y el giro salvador en lo económico, por ejemplo. Ahora caen en cuenta consternados que ese no sabían bien qué no ha ocurrido y que la inundación la tienen en los patios de sus casas. Ahora quieren responsabilizar a otros de su inacción y crucificar chivos expiatorios.

Debo detenerme en un breve inciso, para reconocer que me cuento entre los que pensé que un punto de quiebre político-social ocurriría antes de arribar a estas tenebrosas profundidades de la crisis. Supongo que lo preveía así por insuficiente conocimiento de las historias de dominación de los pueblos por regímenes comunistas. No, porque me sintiera cómodamente asentado en un lujoso palacete de alguna colina viviendo en la indiferencia. Para testimonio de mi defensa podrán servir, aspiro, las ingentes horas de improductivo trabajo en el intento de evangelizar sobre la urgente y dramática necesidad de comprometernos todos en luchar por la oportunidad de un viraje. No dejo de sorprenderme, cada día, de la capacidad de aguante de los venezolanos ni de preguntarme cómo ha sido posible que nos dejáramos hundir de esta manera. Afuera de nuestras fronteras, quienes llegan a conocer nuestra realidad, tampoco alcanzan a comprender cómo ha sido posible que hayamos sido traídos a tal estado de sometimiento y privación de los derechos humanos más esenciales.

Nunca bajaron los cerros. No bajo la bandera de la rebelión colectiva, como soñaban muchos. ¡Ilusoria esperanza! Y si ahora bajaran, su motivación estaría menos impregnada del deseo de liberación del yugo político y más por el aliciente de instintos muy básicos. Bajarían buscando ciegamente lo que el Régimen ya no está en capacidad de darles adonde sea que puedan encontrar algo. Se acabó la etapa de la distribución de la riqueza que no era, en buena parte, producto del esfuerzo. Al Régimen sólo le queda enfocar sus políticas hacia ver cómo les quita a los pocos que tienen para dar a los que no tienen nada. Incluyendo el azuzamiento del saqueo. A toda esa gente que han hundido por debajo del umbral  de “un dólar por día”, estándar internacional de pobreza mínima, el Régimen la ha convertido en lisiados políticos, en discapacitados para el ejercicio de ciudadanía. ¿Cómo podemos seguir esperando que se abracen a alguna consigna política, que se organicen para participar en eventos de protesta, cuando tienen que luchar duro cada día a ver si comen?

Lo más preocupante, insisto, la velocidad de la profundización de la crisis sólo puede aumentar. Así ha sido hasta ahora desde el 2012, el año del “Fin de la Fiesta”, cuando como locos gastamos dólares como si el barril de petróleo se vendiera a 200. Cito un tweet  reciente -13/9- de Ricardo Hausmann: “Hace 295 días (un año menos 91 días), el $ en el mercado paralelo pasó el umbral de 2200. Hoy pasó el de 22.000. Un cero en menos de 1 año.” ¡No es cualquier cero! ¿Quiere decir esto que dentro de 295 días el paralelo podría estar superando los 220.000? Exactamente correcto, de no aplicarse los correctivos que este régimen ya no tiene la posibilidad de hacerlo aunque quisiera. Dólares no hay, ni para medir la miseria que ahora se medirá en rublos, yuanes, huesos de conejo o qué carajo importa. El nuevo cono monetario no ha terminado de llegar y ya no sirve. Ya se hace necesaria la existencia de billetes  de un millón, dos millones, y pronto, muy pronto: los de cinco millones. La muerte del bolívar como moneda es inminente, predice el prestigioso economista Steve Hanke, quien habla también de una espiral mortal por la que se desliza Venezuela. ¿Hacia dónde nos conduce ella? Hacia una crisis humanitaria con el potencial de convertirse en tremenda y mundialmente  mediática. Todo dependerá del tiempo que tome concretar el escenario solución. Imágenes de hambruna como en el África  retratada por LIFE hace unas décadas. Miles y miles tratando de pasar la frontera hacia nuestros países vecinos. ¿Será que se está esperando eso?

III- En la esfera de la Política Interna


 Resulta llamativamente contrastante la diferencia entre las dos velocidades. Por un lado: la velocidad de terror con la que nos transportamos en el autobús de la debacle social y económica del país. Por el otro: la velocidad que caracteriza al proceso de búsqueda de una solución política  que desaloje del poder a los DESTRUCTORES, responsables sin duda de la debacle. Tratando de ser creativo y visualizar tal contraste con otra mirada: quizás no sea que la búsqueda haya sido lenta sino que se nos ha hecho así porque una solución política convencional –que involucre sólo fuerzas políticas al interior del país- como tal no existe. Ya lo ha expresado con meridiana  claridad el secretario adjunto de Estado de EE UU para Seguridad y Lucha Antinarcóticos y ex embajador en Venezuela, William Brownfield, -no es cualquier vocero-: “Estados Unidos cree que no habrá una solución democrática para la crisis política y económica de Venezuela, mientras el narcotráfico siga penetrando por “completo” cada uno de los estamentos de poder del país, incluido el propio gobierno de Nicolás Maduro”.

La anterior cita nos conecta prematuramente con el análisis de la tercera tendencia que está relacionado con lo internacional, por lo que pongo el tema en espera. Lo cierto es que la sensación de contraste entre las dos velocidades sí es real. Ahora mismo, el país cayéndose a pedazos y la Oposición Institucional –la nucleada alrededor de la MUD- ocupada y distraída en el tema de las elecciones regionales. Por eso hablábamos antes de DIVORCIO INCOMPRENSIBLE entre lo social y lo político. Esto lleva  tiempo siendo así, como lo reconocen un sinnúmero de analistas políticos. El análisis de las razones: ¡ameritaría un ensayo! Ahora bien, no me voy a retractar en mi posición asumida en “Danza Infernal”: la MUD hace posiblemente lo único que puede hacer ubicados, como debemos hacerlo, en las coordenadas actuales de la tragedia política que nos trajo hasta esta orilla del río. Dejar de hacerlo sería peor, sería de locos como lo expresa mi compañero del Grupo de Pensamiento Universitario, el profesor Frank López.

¿Habrá elecciones regionales? Es una pregunta no determinística. La respuesta sólo puede ser emitida en términos probabilísticos. La tesis abstencionista se ha desinflado, aunque el diálogo anunciado desde Francia pudiera reactivarla – a lo mejor es por eso que Zapatero anda tan diligente-.  De continuar esa tendencia, con mayor probabilidad el Régimen tenderá a boicotear la celebración de las elecciones. Ahora mismo estimo esa probabilidad en un 60% - a ojo de buen cubero-. Dispone de dos vías para hacerlo. Una resolución sin más de la ANC, apelando a x, y o z razonamiento. O, más ladinamente, un anuncio de cambio de las condiciones electorales, poniéndolas más leoninas para la Oposición con la intención de torpedear el consenso alcanzado entre los partidos más importantes en cuanto a la participación y volverlos a poner a pelear entre sí. Obvio, yo me inclino por la segunda opción.

En todo caso, la Oposición como un todo no se percibe con la fuerza suficiente como para lograr el cambio político que ansía el pueblo. Por allí ha reaparecido la opción del diálogo. También han comenzado las críticas, valederas muchas de ellas. La MUD insiste en cometer los mismos errores con relación al camino del diálogo. Lo que yo pueda decir al respecto, no lo diría nunca mejor que como lo expone la abogada Thays Peñalver en su brillante artículo: “Carta a la MUD sobre el diálogo”. Recomiendo una lectura sin desperdicio en: https://toweltonet.wordpress.com/2016/11/09/carta-a-la-mud-sobre-el-dialogo-por-thayspenalver/ Como pueden ver, fue escrito en noviembre del año pasado, pero tal cual lo reclama la autora, y yo ratifico: “como ellos no escuchan”. Para concluir el análisis de la dinámica de lo que ocurre en la esfera de lo político, en mi opinión esta no será determinante en la concreción del escenario solución. Aunque ha aportado su cuota parte en su contribución a crearle al Régimen esa situación de penoso aislamiento internacional por la buena labor de cabildeo que se ha hecho en ese ámbito –tampoco exageradamente meritorio porque a un régimen delincuencial es muy fácil hacerle cabildeo en contra-. Esto nos conecta directamente con el análisis de la dinámica de lo que ocurre en la esfera de las relaciones internacionales. Como luego les quedará claro, esta dinámica y la primera analizada, vinculada a la tormentosa debacle económico- social, son las que confluyen con mayor determinación en mi análisis de cuál podría ser el escenario más probable.

IV-El Régimen en Cuarentena


Prácticamente aislado en el concierto occidental de naciones. Uno de los signos que más me ha llamado poderosamente la atención de este aislamiento, es la forma como Maduro es batuqueado con tanto desparpajo por varios de sus colegas presidentes más importantes de Latinoamérica. Macri le dice en su cara que le va revisar sus cuentas bancarias en Argentina. Kuczynski le pide al “dictador”, así le califica, que renuncie a la Presidencia. Y lo de Santos, no tiene parangón ni en los más ardientes tiempos de la refriega Uribe vs Chávez. Esto no es normal, me he dicho. Lo usual es que entre colegas presidentes se aplique el refrán que entre bomberos no se pisan la manguera – como solía decirse también de los rectores universitarios cuando yo asistía al Consejo Nacional de Universidades-. Es natural que los presidentes pretendan la protección mutua entre ellos, para intentar blindarse ante cualquier acusación que pueda presentar un sector interno de algún país, en alguno de los organismos colegiados en los que tienen representación.

De pronto, las máscaras de la habitual hipocresía diplomática son retiradas de los rostros al más alto nivel y se activa, en resaltante sintonía, una abierta y manifiesta campaña hostil contra el representante del Régimen. ¿Cuál puede ser la razón? En mi opinión, no puede ser otra que la convicción compartida de que el Régimen, habida cuenta de su actividad delincuencial, se ha convertido en un riesgo de seguridad para todo el continente. Esto, aunado al pleno conocimiento que se tiene del viaje sin retorno, por ahora, hacia una espantosa crisis humanitaria y lo que ello significa para los países vecinos y más cercanos. Esta convicción, como solía relatar el Régimen con respecto a la espada de Bolívar, se propaga a veloz marcha por todo este lado del Atlántico. Y ya avanza rauda en Europa. Somos estado fallido, y como tal: generadores de problemas hacia los demás. Por eso la solución del “Problema Venezuela” se ha desplazado del locus interno al externo. Lo malo es que nuestra solución ya no dependerá tanto de lo que puedan hacer nuestros dirigentes opositores –algunos dirán: menos mal-, estamos subordinados a las decisiones que puedan tomar actores políticos externos.

El papel de los Estados Unidos, aparte de las medidas tomadas hasta ahora, ha sido acopiar las pruebas del carácter delincuencial de la cúpula podrida que detenta el poder en nuestro país y hacerlas llegar oportunamente a cada uno de los despachos presidenciales. Su decisión de intervenir, me atreveré a especularlo, está tomada. Pero no lo va a hacer sin consenso regional. Se comenta mucho en ciertos círculos que para eso fue el viaje del vicepresidente Mike Pence. También se dice que la respuesta de la mayoría de los presidentes fue que había que esperar un poco más.

¿Esperar qué? ¿Más pruebas? ¿O imágenes más dramáticas de la crisis humanitaria? Esta ya es una realidad, pero quizás todavía no sea lo suficientemente mediática como para justificar posiciones políticas. Que si es cruel, así es la política. Si no, pregunténselo a los cubanos, a quienes los han dejado cocerse en la miseria por más de cincuenta años mientras su destino se jugaba en un tablero geopolítico. Voy concluyendo: el escenario solución más probable es el de la intervención. Pero habrá que esperar.

Esta espera de los dolores, porque de ella no puede esperarse otra cosa que no sea más sufrimiento para todos, me hace recordar lo acontecido en la Guerra de los Balcanes –la antigua Yugoeslavia-. Servios, bosnios, croatas y otras etnias se mataban entre sí en el marco de una guerra verdaderamente fratricida que derivó en genocidio –años noventa del siglo pasado-, mientras la diplomacia europea seguía en el juego de las dudas y la indecisión. Al final, Clinton intervino y los europeos todavía se apenan de ese capítulo muy triste de su historia como comunidad. Ojala algo parecido no ocurra con Venezuela.

Ya desplegado el análisis de cómo las tres dinámicas apuntan hacia el escenario de una intervención que será de un perfil más humanitario que militar. Habrá seguramente un apoyo táctico logístico de esta naturaleza, pero no preveo enfrentamientos, no hay con qué, las fuerzas armadas nuestras están tan inviabilizadas como lo pueden estar la mayoría de las instituciones del país –siempre pongo como ejemplo a las universidades siendo particularmente doliente de ellas-. Visualizo una pregunta que se me podría hacer si esto fuera una conferencia: ¿Por qué descarta un escenario tipo Cuba? Que nos dejen cocer también en nuestra salsa de la “felicidad”.

Mi respuesta es breve. Este régimen ha corrido tanto la arruga en lo económico, que ya ni siquiera pueden llevar al país a un estado de miseria estabilizado, como el que sí los Castro han logrado en Cuba. Nuestra miseria no se estabiliza, avanza hacia la muerte. Ya el Régimen va disponiendo de menos recursos para los CLAP. Pudieran plantearse un programa de ayuda social mínimo que les aportara sostenibilidad, financiado con parte de los beneficios de su actividad económica delincuencial, pero hasta esto se les ha puesto muy obstaculizado  en el escenario de las restricciones de carácter financiero que ha impuesto los Estados Unidos y que  próximamente impondrá Europa. Están demasiado expuestos. El mundo occidental no se la va a calar. Esa decisión ya está clara. La interrogante que queda es cuándo actuará. ¿Será cuando la crisis humanitaria  alcance tales niveles, que a los países latinoamericanos les quede por siempre en su historia el pecado de no haberse decidido a actuar a tiempo?


sábado, 2 de septiembre de 2017

¿Tenemos tiempo para relegitimar una dirigencia opositora?


¿Cuándo pelea Rondón?


Asdrúbal Romero (@asdromero)


Mi anterior publicación, “Danza Infernal”, generó un número de comentarios superior al habitual. Mucha diversidad. Algunos se extrañan de percibirme ahora como un “defensor a ultranza” de la MUD. Otros hablan de lucidez en mi posición. Pero sí existe un punto en común en medio de tan amplio espectro de opiniones y es esto lo que me ha animado a darle una vuelta de tuerca adicional al asunto. La mayoría, con mayor o menor irritación, termina admitiendo que la pelea había que darla también en el frente electoral regional. Resulta obvio que no es el frente que les gusta, no obstante se va internalizando que, ubicados en el punto actual del avance en nuestra lucha por la democracia, no hemos acumulado aún la fuerza suficiente como para determinar el escenario de confrontación.

A los efectos de precisar la caracterización del punto en el que estamos ubicados: es uno de derrota parcial, en el sentido utilizado por Benigno Alarcón Deza, Director del Centro de Estudios Políticos de la UCAB. Lo señala así en su muy interesante artículo “10 lecciones de una derrota” -www.politikaucab.net/2017/08/25/10-lecciones-de-una-derrota/ -, de cuya lectura no debería eximirse nadie interesado en estos temas. Se produjo una derrota, insisto en lo de parcial, cuando el 30J se celebró el acto de elección de la asamblea nacional constituyente (anc) que se inventó el Régimen. El común de los opositores percibía ese evento como algo que había que evitar a toda costa que se diera. Albergaron la esperanza que la MUD se encargaría de lograr ese objetivo, como si fuese una encomienda no explícitamente exteriorizada. Y tal cosa no ocurrió. No sé cuántas personas de ese común se habrán detenido a analizar si en verdad la MUD tenía el potencial para evitar el acto de cristalización de la derrota.  ¿Es la única culpable?

Parte de las respuestas a esa pregunta están contenidas en el artículo ya referido. No todas, porque un análisis más exhaustivo de tan compleja interrogante tendría que pasearse por otras: ¿De verdad el pueblo ha salido a luchar por su democracia? ¿Qué porcentaje de ese pueblo, del cual nos encanta hablar en abstracto, nos queda con posibilidades de salir a sumarse a esa lucha? ¿Será que se aplica aquello de “Rondón no ha peleado todavía”? –hace poco un amigo politólogo, Yván Serra, nos traía a colación esa otrora frase popular que el tiempo ha desdibujado, para referirse a nuestra situación política actual-. ¿Saldrá Rondón en algún momento? ¿Le quedarán fuerzas para salir?

Lo cierto es que la celebración de las elecciones y la posterior entrada triunfal de los “nuevos constituyentes” portando los cuadros del rechazado injerto del Bolívar- Chávez, se constituyeron en acontecimientos que generaron un tremendo desinfle emocional de las bases opositoras. Después de eso, siendo justos, no fue que la MUD cambió calle por elecciones regionales, fue que no quedó calle para convocar.

Ahora bien, retornando a esa región de coincidencia de los comentarios que suscitó mi anterior artículo, además de quedarme la sensación de que la gente poco a poco se va a ir convenciendo que, de realizarse las elecciones, concurriría a votar –lo cual debe tener al Régimen desde ya pensando en cómo se sale del paquete electoral-: la acumulación de errores que la MUD ha cometido, balance incuestionable, le ha generado un importante clima adverso de opinión. El disgusto ya no es normal. Uno lo percibe en expresiones como esta: “quizás tú tengas razón, pero es que la MUD….” o similares. A pesar de que la MUD va ganando la pelea por decisión, va arriba en los puntos, -recordando ahora al boxeador Vicente Paul Rondón-, ha tenido rounds donde ha puesto al Régimen al borde del nocaut, su dirigencia más visible ha acumulado un desgaste político significativo.

Ya ni Leopoldo, de ellos el líder con el que más me identifico, se salva de los efectos de esa erosión corrosiva que es consecuencia de los errores y también del hecho que el combate ha durado demasiado. Que sí, que hemos llevado al contrario a la zona donde sólo puede hacer trampas propias de un régimen con perfil delincuencial, de lo cual todo el mundo finalmente se ha enterado, es verdad. Pero el combate ha sido tan rudo, el costo económico y social para el país es tan inconmensurablemente alto,  que el cerebro principal de la oposición ya anda muy agotado y afectado. Además de que éste es un cerebro distribuido donde la responsabilidad de los errores se diluye entre varios y eso termina irritando aún más. En virtud de esto, me parecieron absolutamente pertinentes las recomendaciones contenidas en la lección novena del artículo de Alarcón.

“Para superar la situación de no-cooperación, o cooperación insuficiente entre actores y partidos de oposición” –una forma muy elegante y sintética para describir todo lo complicado que está el mundo opositor- recomienda tres medidas correctivas. 1) Constituir una dirección política que dé sentido a la lucha, que se gane el respeto y la legitimidad entre los actores (partidistas o no) que se oponen al Gobierno. 2) Partiendo del reconocimiento que no se cuenta con una estrategia unitaria, conformar una plataforma amplia que incluya a todos los sectores de la oposición bajo el compromiso de estructurar un plan político unitario. 3) La oposición debe escoger, lo antes posible, quién será la cara visible de este proceso. Reconozco que ya ando resumiendo. Quien quiera puede ir a la fuente original de la propuesta, que yo en mi mente, antes de conocerla, sintetizaba de la siguiente manera: Es urgente diseñar y convocar un proceso de relegitimación de la dirigencia política opositora.


Se dice fácil pero no lo es. Nada fácil. Parte del diagnóstico de lo abigarrado y caótico cómo ha evolucionado nuestra estructura política opositora. En todo caso, otra pregunta pertinente: ¿Habrá tiempo para construir una opción opositora más limpia, clara y legitimada? Mi respuesta, en primera aproximación, es negativa. Tiene que ver con lo acelerado del escenario que se nos viene encima. ¿Qué va a ocurrir? Muchos me preguntan como si uno tuviese una bola de cristal. No la tengo, pero sí una visión del escenario más probable que compartiré con mis lectores en mi próximo artículo.

jueves, 24 de agosto de 2017

La Que Nos Toca Bailar!!

DANZA INFERNAL


Asdrúbal Romero M.

(@asdromero)

Nunca imaginé que se gestaría tanta acritud en la caimanera internáutica alrededor de la inscripción de candidatos opositores a las elecciones regionales. Continúo pensando qué tal decisión fue de sentido común. En mi cerebro la asimilé a la siguiente situación: nos anuncian repentinamente la apertura de un curso que siempre hemos querido tomar; además de no disponer  enteramente de los recursos económicos para inscribirnos, tenemos algunos compromisos contraídos para el lapso en el que ha sido programado; aún así queremos estar allí y la reserva de cupo es dentro de dos días; es gratuita; si no reservamos perdemos el chance de poder inscribirnos. ¿Qué harían ustedes? ¡Es de cajón! Reservar y después vamos viendo si nos será factible resolver todos los problemas que obstaculizan convertirnos en participantes efectivos del tan esperado curso.

A pesar de lo sensato de la decisión opositora, el fuego prendió en su pradera. Uno esperaría que amainara, pero no lo hace y es prioridad estratégica del Régimen resoplarle oxígeno para que no lo haga. Sorprendido a las primeras de cambio por la jugada defensiva de la Oposición, el Régimen hará todo lo posible por desincentivar la participación opositora, de allí las cartas de buena conducta de Diablodado; las inhabilitaciones de más alcaldes y las respectivas amenazas de hacerlo también con candidatos destacándose por su mejor posicionamiento en las encuestas; la Comisión de la dadreV como corte inquisidora de última instancia para resolver lo que ni los votos ni las trampas CNE puedan resolver; etc. De lo que se trata es de asegurarse que la participación de los escuálidos, ya que decidieron hacerlo, se dé en las condiciones más humillantes para ellos y así nutrir la confrontación al interior de las fuerzas democráticas con la consecuente manutención de una nada despreciable tendencia abstencionista. El juego del Régimen está claro.

¿Y el de la Oposición? Creo que también, le corresponde bailar una especie de danza infernal donde los diablos intentarán sacarlos del ruedo y ellos mantenerse. Y si tienen que abandonarlo, que sea a cuenta de tantos fouls que los árbitros descalifiquen a los diablos. Tendrán que bailar “pegao” así apeste el aliento de los contrarios. Los líderes lo tienen claro, saben por la que tienen que pasar, nada agradable, ni fácil, por cierto, pero políticamente no lo han comunicado bien a sus bases. Sigue prevaleciendo en el ánimo opositor, la primera impresión comunicada por Henry Ramos Allup.

Aunque sustentado en inobjetables criterios políticos, la forma soberbia como comunicó logró el efecto contrario. Por allí se comenta que los demás partidos, en reconocimiento a su facilidad para desenvainar pistolas, le encomendaron la tarea de explicarle el asunto a unas bases “rebeldes”. Que saliera primero el pistolero, que luego entraban todos. Y Ramos, sabedor que la Unidad no estaba en peligro, dijo aquel infeliz “los adecos vamos a participar, con acuerdo o sin acuerdo”.  Fue como echarle gasolina a un fuego que apenas estaba prendiendo. Le puso sordina al criterio de la participación condicionada que partidos como Voluntad Popular y Primero Justicia han tratado de hacer valer en la opinión pública, bajo el lema que inscribir candidatos no implicaba necesariamente la participación.

Tampoco es que eso de la “participación condicionada” sea fácil de vender. Es como un criterio implícito que mejor no se explica mucho porque enreda. Si se arranca con condiciones, el Régimen se abalanzará sobre ellas para violarlas, así sea el elemental cambio del CNE habida cuenta que las comadronas fueron capturadas flagrantemente cometiendo delitos electorales. No se habla de condiciones pero tanto gobierno como oposición saben que existe un límite. El otro día tuve la grata oportunidad de ver a Vladimir a la 1 entrevistando a Miguel Pizarro. Llegó un momento en que el entrevistador parecía desesperado en tratar de conocer dónde estaba ubicado ese límite. Decía: pero qué pasa si el gobierno sigue poniendo presos a dirigentes e inhabilitando alcaldes, ¿aun así participarían? Pizarro, que es uno de esos líderes emergentes que comunica políticamente muy bien aunque a veces cometa errores por inmadurez, como ratón rehuyéndole a gato, llegó un momento en que le dijo: Vladimir, nosotros no somos kamikazes, si el Régimen, por ponerte un ejemplo, vía CNE eliminara la presencia de los testigos de mesa, ¿cómo íbamos a participar? Estableció, claramente, una cota superior de ese espacio limítrofe difuso. Si la Tibisay llevara su descaro hasta esa condición límite descrita por Pizarro, obviamente la Oposición abandonaría, pero el pánico de hacer elecciones le quedaría pintado en el rostro a Maduro con tinta indeleble.

¿Dónde está ese límite o condición de quebrar palitos? Nadie lo sabe ahora. Es difuso. Se mueve. Va cambiando. Aunque parezca absolutamente paradójico depende  de esa masa opositora que desesperanzada o dolida por tantas causas amenaza con abstenerse. Ambos contendientes deben monitorear día a día ese sentimiento que está allí y es muy respetable. El Régimen lo hace. La Oposición debería hacerlo. Día a Día. Si creciera, el Régimen podría seguir hacia adelante, envalentonado, pensando que podría ganar unas diez gobernaciones. Son varios los estados donde casi todo el empleo es público y la Oposición tiene dificultades para cubrir geográficamente todos los espacios electorales, estos dos factores, aunados a la trampa y a una marcada abstención en nuestro sector bastión podrían hacer la diferencia verosímil. Para el Régimen no es mal negocio presentarse ante el mundo, jactándose de haberse dado un baño democrático y poder mostrar todavía la mitad del país en rojo.

Hay quienes habiéndome escuchado verbalmente este razonamiento,  me dicen que si estoy loco. Que el Régimen no va, si no tiene como construir victorias creíbles en la mayoría de las Gobernaciones. Eso es un imposible, si de verdad estuvieran pensando en ese objetivo, más pronto que tarde le van a dar la patada a la mesa. Insisto, para mí el escenario posible, y no malo, para el Régimen es el de diez gobernaciones – o por allí-. Y es posible, sí y solo sí nuestro principal bastión opositor termina quedándose en el deshoje de las margaritas. Por eso el Régimen trabaja todos los días para acrecentar la molestia y el dolor en ese bastión.

Y si el clima abstencionista comenzara a disminuir, porque se hubiese activado la comprensión de la danza que nos ha tocado bailar. Ahhhhh, entonces el Gobierno buscaría la forma de traspasar los límites insoportables para la Oposición y forzar su retiro. Quedaría algo peor de lo que ya está: con una más consolidada imagen de dictadura. En ningún caso su juego es democrático. Sólo baila por las apariencias. No van a entregar el poder por la vía democrática. Coincido con Ramón Muchacho. La Oposición ya lo sabe. Pero no le queda de otra, el problema no es conquistar supuestos espacios de gestión cuya cotización en bolsa es casi nula, sino seguir bailando, cuerpo a cuerpo, con el enemigo, sin regalarle espacios de lucha ni brindarle oportunidades para ponerse la máscara democrática otra vez.

viernes, 28 de julio de 2017

Pronunciamiento del GPU sobre lo delicado del momento político en el país.


Carta abierta al Presidente Nicolás Maduro


Evitemos más derramamiento de sangre



El Grupo de Pensamiento Universitario (GPU) ante la situación que confronta la nación manifiesta lo siguiente:

El país vive una situación crítica. Pareciera que no existe la posibilidad de un entendimiento que ponga fin al conflicto  que enfrenta a las dos opciones políticas en pugna. Vale decir, entre la resolución mayoritaria de la población de encauzar a la nación por los rieles de la democracia y, por otro lado, la decisión gubernamental de convocar una constituyente que aniquilaría los últimos rasgos que aún existen de convivencia democrática consensuada, pautadas en la actual constitución. En otros términos, se está viviendo una situación límite. El GPU advierte, sin ánimo de exagerar, que en los próximos días se decidirá el futuro del país.


Nos parece apropiado recalcar que la ciudadanía ha dado muestras contundentes de fe y compromiso democrático. La dirección política de la oposición, por su parte, ha puesto sobre la mesa las condiciones para iniciar un proceso de intercambio y diálogo político con el gobierno: apertura de un canal humanitario que permita hacer ingresar al país alimentos y medicamentos; la presentación de un cronograma general de elecciones; el respeto a la autonomía de la Asamblea Nacional y la liberación de los detenidos por causas políticas. Y ahora, por supuesto: el retiro de una ANC que por no tener el aval del soberano, único depositario del poder originario, terminaría consolidando la violación del hilo constitucional. Y es en la práctica, tal como lo señala el padre Luis Ugalde: “…una declaración de guerra contra las instituciones democráticas, muerte para la Constitución y eliminación de la oposición y derechos democráticos de la población”.


En fin, el país confronta una situación en extremo conflictiva. Una imagen que pudiera ilustrar el tono dramático de la situación sería la de un choque de trenes. Hasta el día de hoy no se vislumbra una solución negociada; tampoco la construcción de una opción alternativa a las que se encuentra en pugna. A esta descripción habría que añadir la ausencia, por ahora, de instituciones y personalidades que pudieran ejercer  el papel de mediadores. Este rol, pareciera que sólo podría ser asumido por instituciones o actores internacionales.


Las fuerzas democráticas y el gobierno se equilibran de una manera catastrófica, lo cual le imprime rasgos de alta peligrosidad al presente escenario político. Podría llegarse al extremo que la confrontación, en su fase terminal, implicara la destrucción recíproca de las fuerzas en pugna. Ello abriría las compuertas para todo tipo de intervenciones, en especial, las de naturaleza autoritaria.


Sin embargo, hay que ser optimista. Venezuela tiene una larga tradición democrática. En ella, palabras como diálogo y negociación han sido consustanciales con su práctica política. Desde luego, en la actualidad estos conceptos están envilecidos. Experiencias previas de negociación con el ejecutivo no han sido exitosas, generando grados de desconfianza que gravitan con fuerza a la hora de replantearse nuevas conversaciones.  No obstante hay que insistir en la búsqueda de acuerdos. Los puntos de partida para iniciar estas negociaciones se encuentran definidos. Los últimos acontecimientos, liderados por el sector democrático, podrán haber abierto una brecha en el oficialismo que facilitaría avances en dirección de una salida negociada a la actual crisis política.


Señor Presidente, nos dirigimos a usted en su condición de Jefe de Estado y, por ende, principal responsable de lo que acontezca en el país, en sus manos está evitar más derramamiento de sangre de los venezolanos, especialmente de los jóvenes que son el futuro del país. En ese sentido, le hacemos un llamado a desistir en la convocatoria a una ANC y hacer el esfuerzo por buscar puntos de encuentro con la dirigencia de oposición, a los fines de crear las condiciones suficientes para tomar el camino de la reconstrucción del país en un ambiente de paz; en el marco de las reglas de la democracia; restableciendo la institucionalidad por la vía del cumplimiento y respeto a lo previsto en la  Constitución. En síntesis: retomando el tan necesario hilo constitucional.


Evitemos más derramamiento de sangre y muertes de ciudadanos que lo único que demandan es civilidad, ejercicio racional de la política, LIBERTAD.


martes, 18 de julio de 2017

Testimonio de un cura de "barrio" sobre CP16J


Lo Que Pudo Haber Sido


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


Entro al martes, después del lunes siguiente al 16J y todavía no me decido sobre qué escribir para este blog. Me tomo en serio lo de reencontrarme con mis lectores al menos quincenalmente. Los  más recientes quince días se vencieron el viernes pasado, pero no quise escribir sobre la inminente consulta popular. Mis expectativas no eran tan altas como la de la mayoría de mis consultados.

En virtud de mi indecisión que apunta a hacerse crónica, lanzo un tuit mañanero: “¿Qué escribir que se pueda públicamente escribir? Ese es mi dilema esta semana. Se convertirá en lo habitual si se elige la ANC este 30J”. La intención es subrayar el poderoso adverbio limitante de cara al reto de exteriorizar el análisis sobre futuros escenarios y posibles estrategias remediales. Aunque pudiera escribir sobre los resultados de la Consulta Popular, continúo sin motivación para hacerlo. No, porque los resultados no hayan sido buenos. En mi opinión: lo fueron, considerando todas las restricciones que se configuraron alrededor de su convocatoria.

 Es pertinente recordar que el nueve de julio lancé un tuit tipo encuesta. La pregunta: ¿Cuál considera usted sería el mínimo aceptable de firmas recogidas en el Plebiscito para considerarlo efectivo? La idea era resaltar el enorme desafío organizativo al que nos enfrentábamos. Proponía cuatro respuestas posibles a la enrevesada pregunta –según calificativo esgrimido por algunos-: a) Dos millones; b) Cuatro; c) Seis; d) Ocho. Votaron 398 internautas. El 61% opinó que el mínimo debía ser ocho millones de firmas. El profesor José Botello, calculista de toda la vida, obtuvo el valor esperado de la proyección de los resultados de mi encuesta: seis millones setecientos veinte mil votos. ¡La Esperanza Matemática! Algunos reclamaron que no hubiese incluido las opciones de diez y doce millones, como si bastase con soplar para hacer botellas.  Definitivamente, pensé, las expectativas eran bastante altas. Las mías se ubicaban entre seis y siete. Explicar mis razones pudo haber sido el tema central de este texto. Tenían que ver con todo el dilatado proceso de toma de decisiones al interior de la MUD para, finalmente, otorgarle el GO a una muy acertada iniciativa política (recordemos que la idea fue lanzada por primera vez, bajo la modalidad de Referéndum Consultivo, por el Diputado Freddy Guevara el 23 de mayo) y el impacto de ese inexplicable retardo sobre el potencial de la Consulta Popular.

Pero: ¿Tiene sentido ahora explayarme en tales razonamientos? ¿No sería como espichar los globos lanzados al aire por las maravillosas manifestaciones de civilismo, espontáneo voluntariado y organización que engalanaron la realización de tan hermoso evento democrático? Me encuentro intensamente abordado por tan distractoras cavilaciones, cuando la lectura de un texto en el chat del TREN resuelve, de una vez por todas, mi indecisión. Lo comparte un amigo que lo ha extraído de otro chat –el poder multiplicador del procesamiento paralelo de las redes sociales-. Lo transcribo tal cual:

“De otro chat comparto con ustedes los comentarios del padre Carlos Ruiz de San Félix,  interesante para ubicarnos en la realidad de que, pese a las limitaciones, la jornada de ayer fue un éxito
Padre Carlos Ruiz:
Quiero aportar al análisis mi visión desde el Barrio. Este es un chat de profesionales y creo que en estos debates es fundamental incorporar a los descartados.
1. Ciertamente lo de ayer es una victoria histórica. En el punto soberano de mi barrio superamos los 2000 votos. Comparado con los puntos de clase media es poquísimo. Para nosotros fue un triunfo enorme y lloramos de alegría. Aquí hasta hace dos años nadie podía disentir. Ayer fue un goteo permanente.
2. En los sectores populares NO HABÍA INFORMACIÓN. Más de la mitad de la gente no sabía sobre la consulta. Ninguno de mis vecinos usa redes sociales.
3. Los pobres no tienen carro y sólo votaron los que estaban cerca del punto o los muy muy  concienciados.
4. El apoyo de la Iglesia fue esencial (cuánto cuesta reconocer esto). Sin ella en los barrios, la votación sería muy inferior. Los curas de barrio se la están jugando mucho.
5. Estamos felices. Pero para seguir avanzando mi autocrítica es que la estrategia de UNIDAD debe reorientarse hacia los Barrios. Sentir como el excluido. Dejar la visión unívoca del ilustrado de clase media. Ayer el proceso fue EJEMPLAR, pero estaba diseñado para la clase media y así lo dije en este chat hace una semana o más. PARTAN MÁS DE LOS QUE MÁS SUFREN”.
Ante este vívido aporte que mejor no lo podría expresar nadie, respondo en el chat con un comentario  que les transcribo –con éste, por ser de mi autoría, me permito algunas mejoras de estilo-:

“Excelente este comentario que compartes, Víctor. El problema principal de la oposición ha sido su reducida cobertura geográfica- social, aunque la haya mejorado en los últimos tiempos. La Consulta Popular tenía ese techo que pesa como plomo. En la forma como fue convocada, ya era poco lo que se podía hacer. Más bien el resultado fue bueno -Dios protege a los inocentes-. Pero para qué escribir sobre lo que pudo haber sido y no fue. Mejor seguir adelante, el reto de la reconstrucción va a ser penetrar en esa realidad que allí está perfectamente pintada”.
Y así, con la integración de estos dos textos pude dar inesperada respuesta a mi responsabilidad quincenal con mis lectores. Se explican por sí solos. Existe un problema que se mantiene vigente. Tampoco es que la convocatoria con un lapso mayor y criterios para su diseño organizativo más incluyentes lo iban a resolver, pero las expectativas podrían haber sido algo mayores y mejor fundamentadas. Una reflexión final: ¡Cómo me temo lo que nos vamos a conseguir en esa Venezuela Profunda después de estos dieciocho años de descomposición social sostenidos. En ella residirá nuestro primordial desafío!





viernes, 23 de junio de 2017

¿Cómo salimos de esto?


Los Juegos Hay Que Cerrarlos

Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


I-Una metáfora deportiva


Cualquier aficionado a deportes como el tenis, el basket ball, el beisbol e incluso el futbol, sabe de la importancia, para el jugador o equipo que va ganando, de contar con la resistencia física y emocional así como la habilidad para cerrar los juegos. Traigo esta imagen deportiva a colación porque creo encontrar en ella: cierta semejanza con el desarrollo del dificultoso desentrañamiento del nudo gordiano político en nuestro país. Esta creencia, por supuesto, parte de una premisa: la pavorosa dinámica del mal gobierno ha engendrado unas circunstancias tales que es harto difícil para el Régimen, en su configuración actual, mantenerse en el poder. Quizás para algunos esta premisa pueda lucir como demasiado optimista, y les extrañe que sea precisamente yo, el mismo que en significativa cantidad de documentos pronosticara la incubación de tétricos escenarios en lo económico, y por ende en lo social, quien se atreva ahora al feliz augurio de señalar que el final del nefasto y oprobioso régimen está cercano. Insisto, así lo creo, pero todavía nos falta cerrar el partido a nuestro favor. Intentaré explicarme.

 

II-La Crisis nos puso a Ganar


En primer lugar, el Régimen está acorralado económicamente. Las señales son evidentes. La venta del bono de PDVSA a Goldman Sachs con un 69% de descuento; las intenciones de vender otro del Banco Venezuela, no transable,  ¡con un descuento del 80%! hablan por sí solas de su desesperación por hacer algo de caja. Se habla también de un impago a Rusia por más de un millardo de dólares causados por un contrato de compra de armamento. Como no es una operación a mercado abierto, es posible que hayan convenido un diferimiento, pero el estrechísimo margen con el que viene jugando el Gobierno queda registrado. Amenazas de embargos en territorio americano por impagos de deudas a empresas expropiadas. Las reservas en mínimo. En materia financiera, como se dice en criollo: han llegado al llegadero. Y en un horizonte no muy lejano está un octubre que debe darles pavor con vencimientos de más de cinco millardos de dólares, aunque quizás tengan conciencia que hasta allá no llegan.

Las consecuencias del acorralamiento financiero son dolorosas hacia el interior. No hay dólares para importar de cara a satisfacer necesidades muy básicas. El nuevo DICOM no pasó de ser otra falacia como muchos ya sabíamos. El verdadero marcador de los precios continúa inalterable su recorrido a través de una curva exponencial que ya transita por un tramo con pendiente muy acelerada. Es la misma curva de la que hablamos a inicios del 2013, predicha, cualitativamente, a partir de la aplicación de principios muy básicos de la teoría dinámica de sistemas. El ciudadano común se sorprende cada día de la escalada de los precios, pero esta realidad continuará su rumbo a mayor velocidad hacia un peor que no tiene techo. Los productos regulados se confinan a unas cajas CLAP que la mayoría de los pobladores no reciben. Para quienes no somos objeto de esa atención “privilegiada” por parte del Régimen,  el acceso a productos fundamentales está signado por la dolarización de los precios. Así, la vida ha venido cubanizándose: la pasta dental y el desodorante se convierten en un lujo para la inmensa mayoría de los ciudadanos. El problema de las medicinas e insumos médicos se agrava. Ya se consiguen algunas importadas, pero, igualmente, a precios inalcanzables para la mayoría.  Las coberturas de los seguros médicos se hacen ridículamente insuficientes. Enfermarse en este país implica el riesgo de morir.

Tampoco es que  a ese programa apartheid –no lo reciben todos los que deberían recibirlo- del suministro CLAP se le perciba con garantía de sostenibilidad en los tiempos por venir. El anunciado decrecimiento de la producción agroalimentaria por parte de los conocedores del tema, así como la aguda escasez de dólares para importar –reducida aún más por la desvergonzada inversión en equipamiento represivo-, permiten prever una tendencia a que esa, hoy día ya bastante escasa e insuficiente, ayuda alimentaria vaya perdiendo cobertura en cuanto al número de familias al cual asiste, así como en la cantidad y calidad de los productos que se distribuyen. La merma de peso por habitante es evidente. Los reportes de los expertos y organizaciones abocados a escudriñar el tema de la nutrición en el país son alarmantes. Deberían ocupar lugar preponderante en la temática de esas asambleas ciudadanas que emplean la mayor parte de su tiempo, en distraer a los ciudadanos alrededor de todo ese brollerío jurídico que se ha armado alrededor de una constituyente en la que menos del 10% de la población cree.

El Régimen gasta cuantiosos recursos en profusas campañas comunicacionales –pena debería darles-; jingles con aires de mundiales de futbol que pretenden vender una alegría vestida de farsa, así como la paz de un rap que resuena con la vaciedad de su mensaje. Mientras más abusan de su presencia en los medios radioeléctricos, más invocan en la conciencia de todo un pueblo su impostura. La paz se transmuta en violencia y la alegría en profunda tristeza ambientada por la precarización de la vida. Ya casi nadie les cree, sólo los enchufados que siguen velando por sus intereses y unos pocos, cada vez menos, enceguecidos todavía por un fanatismo que les impide ver la realidad.   Si no han sido capaces de resolver nada, ni lo van a ser ahora, para qué gastar tanto dinero en la promoción de una solución inverosímil que, transcurridos dieciocho larguísimos meses, por obra y gracia del Espíritu Santo comenzaría a cumplir, supuestamente, tantas fantasiosas promesas. ¿En qué invivibles circunstancias nos encontraríamos para ese entonces? Esta es la interrogante que nos hacemos todos porque cada cual, en su nivel, está siendo víctima de una verdadera pela propinada por una crisis que no tiene parangón en nuestra historia.

Desde la perspectiva de su potencialidad para gobernar brindando soluciones, el Régimen está técnicamente caído. De aquí en adelante sólo puede generar una profundización de la precariedad. Que avanza a paso de vencedores, a través de múltiples caminos sistémicos que el ciudadano de a pie quizás no alcance a vislumbrar. De allí que se multipliquen los efectos adversos: Es el problema cíclico de la gasolina o el del gas doméstico. El de la continuada desvalorización del trabajo. El de la semiparalización del aparato productivo y muchas otras instituciones de servicio público. El de la impunidad que campea asimilando al país a un escenario de guerra. Es el problema de la proliferación de atentados contra la propiedad en los que resaltan los desmantelamientos por hurto de múltiples instalaciones eléctricas. El de la no consolidación del nuevo cono monetario que agrava el problema del efectivo e incrementa la mayor dependencia, para las transacciones, de una plataforma electrónica de pago ya muy vulnerada  por el deterioro y obsolescencia de las redes de comunicación. El de los bancos, la mayoría cada vez más endebles financieramente y con mermada capacidad de respuesta. Es esa sensación que se ha instalado en el imaginario de la gente, del colapso que podría sobrevenir en cualquier momento, sin que nadie sea capaz de precisar cuáles de las múltiples nudos problemáticos se combinarán en definitiva para detonarlo. Cada día se suman nuevos problemas a los ya existentes, convirtiendo al vivir por estas tierras en un tenaz ir contra un viento, por lo demás terriblemente tormentoso.

Respiramos en una atmósfera de últimos días porque un régimen cercado internacionalmente, con casi nula credibilidad popular, acorralado económica y financieramente, sin margen de maniobra para poder resolver algo debería ya no estar en el ejercicio del poder. Pero los días transcurren y ni ellos buscan sus propias vías para abandonarlo -irse mientras puedan que sería mi recomendación-, ni se concreta un esquema político con la suficiente fuerza para sacarlos de ese poder al cual, paradójicamente, se atornillan con creciente vehemencia. Visto desde la perspectiva de los factores democráticos que han acometido una tenaz oposición, no siempre alineada del todo, es como si el juego ya lo tuvieran claramente a su favor pero no lo terminan de cerrar. ¿Será que no saben cómo cerrarlo?

III-¿Por qué no se cierra el Juego?


Si la Oposición no lo sabe, tampoco debe avergonzarse por eso. Nos enfrentamos a un cuadro político muy complejo e inédito En cualquier gobierno medianamente democrático, la acumulación de pruebas de un tan rotundo fracaso como el del chavismo sería suficiente como para provocar una salida que le diera botón de cierre al juego político. Pero no es ese nuestro caso. Resulta que lo paradójico del atornillamiento no lo es tanto, tiene que ver con el carácter tan particular del régimen que nos acogota. Creo justo el momento para hacer el siguiente reconocimiento: toda la caracterización del Régimen que desde hace varios años adelantaron esos sectores a los cuales se les acuñó la etiqueta de “radicalismo” terminó siendo la precisamente correcta. Se puede resumir en una frase: “nunca van a entregar el poder por las buenas”. No lo pueden hacer habida cuenta de su carácter abiertamente delincuencial. Aclaro que tal calificación no es solo utilizable para referirse a delitos como la participación en el tráfico ilícito de productos y seres humanos o la sustracción de recursos del erario público para beneficio personal, también lo es cuando se delinque violando las leyes para ejecutar actos que comprometen al Estado sin el cumplimiento de las debidas autorizaciones. Donar graciosamente recursos a otros países en actos de impulsiva “generosidad” sin haber solicitado, previamente, la autorización de las instancias con el mandato constitucional para tramitar y aprobar tales concesiones, constituye un ejemplo muy claro de lo que refiero. Aunque hubiesen intentado maquillar a posteriori todos esos heterodoxos manejos, seguro estoy que con un exhaustivo seguimiento cronológico se podrían conseguir innumerables casos específicos en los que tal maquillaje no pudo ser aplicado con el suficiente blindaje.

Este régimen, desde sus comienzos, se ubicó al margen de la legalidad al permitir que su finado líder manejara la hacienda pública como si fuera la suya personal. Estos señores supieron, desde el principio, que en cuanto entregaran el poder serían ineluctablemente enjuiciados por ejecutorias de esa naturaleza. Terminaron acostumbrándose a pensar que nunca entregarían el poder, se produjo el relajamiento y la apertura de puertas a las más diversas y lesivas tentaciones. Pero las ruedas de la historia siempre giran. Ahora nos encontramos en el poder a una “banda de delincuentes que ha tomado control del Estado y asaltado su tesorería”. Lo dice el prof. Evan Ellis, quien remata manifestando: “El problema de fondo es que no existe un mecanismo jurídico internacional ni un modelo de cooperación regional que permita rescatar a un Estado en esas circunstancias sin violar su soberanía”. La pregunta entonces que debe analizarse es: ¿Cómo se cierra el juego con un régimen delincuencial? Excluyendo de su consideración la vía de la rebelión armada de civiles que todo parece indicar, a Dios gracias, que todavía no se ha dado el tiempo para germinar. Esta interrogante, con la añadida condición de contorno, permite esclarecer el grado de complejidad del entrampamiento en el que estamos sumidos.

Estamos cerca de una salida. El avance de la precariedad lo garantiza porque es como una liguita que se continúa estirando, estirando, estirando, hasta que no ceda más. Pero en el ínterin de estos angustiosos días: ¿cómo se avanza en el desentrañamiento del nudo gordiano? El camino menos violento sería la negociación. ¿Pero cómo se negocia con una representación del Régimen tan embarrada de ilicitud? ¿Quién se atrevería a asumir el costo político? ¿Se imagina usted negociando con un Carreño preguntándole cómo va a quedar él? ¿Se dispone del tiempo para elaborar un esquema transparente de justicia transicional? Algunos juran que ya existen negociaciones en las que se persigue darle respuesta a tan acuciantes cuestiones, los dirigentes opositores de mayor visibilidad lo niegan. Yo no tengo ni ofrezco respuestas, sólo una visión del por qué todavía no se ha podido cerrar el juego. Y otra: la de liguita a máxima tensión. ¿Se fracturará ella provocando una urgencia de imprevisibles consecuencias?  ¿O se fracturará el Régimen en un escenario donde algunos busquen salvarse y otros decidan resistir hasta lo último con las botas puestas? Algunos y algunas ya han dado el paso.