jueves, 15 de febrero de 2018

Sobre la Inviabilidad en un País Ligero

Foto tomada de reportaje publicado por ABC España. Venezuela, donde los niños mueren de hambre.

El País Inviable


Asdrúbal Romero (@asdromero)

Ya nos encontramos en el núcleo de una tormenta perfecta. Vientos huracanados que arrasan con todo, de grado quinto dirían los meteorólogos. Con el encapotado pronóstico de mayor enfurecimiento, a diferencia de los huracanes físicos que tienden a mermar su potencial destructivo con el paso del tiempo. Esta tormenta de índole metafórica, por supuesto, es la manifestación de una severa inestabilidad de nuestro sistema socio-económico. Su respuesta natural a la irresponsable permisividad con la que el Régimen consintió que se desequilibraran los elementales balances entre ingresos y egresos, entre precios y costos reales, por un tiempo excesivamente prolongado.

Nuestra economía, aunque con cierto rezago, había alcanzado cierto grado de modernidad y complejidad en su manejo a pesar de ser relativamente simple y de moderadas dimensiones cuando comparada a la de otros países. Consecuencia de la necesidad de interactuar con una economía mundial globalizada, por ende profundamente interdependiente, y una funcionalidad operativa tremendamente impactada por los adelantos tecnológicos. Estos destructores que han manejado al país durante estos últimos veinte años nunca comprendieron esa complejidad, quizás por ello nunca le tuvieron temor.

Me atrevo a más: no sólo que no la comprendieron, sino que siempre demostraron una cierta subestimación del hecho de tener que comprenderla. Un ejemplo más de ese absoluto desprecio por las razones científico- técnicas que ha caracterizado al Régimen. Como cuando Chávez, en plena cadena nacional, se disponía a garabatear sobre unos planos el nuevo rediseño del sistema eléctrico nacional interconectado. ¡Por Diooos! Esa ignorante arrogancia les ha venido castigando sin clemencia en todos los ámbitos de su gestión pública. ¡Nos está castigando a todos! Porque ahora estamos sufriendo las consecuencias de que ellos permitieran, con su estúpida petulancia,  el quiebre sostenido de todos los necesarios equilibrios que debían salvaguardarse en la planificación, operación y control de nuestro sistema socio- económico. Es como si se les hubiese encomendado a unos indígenas de la Isla de Pascua la sensible operación de un reactor nuclear de última generación.

El sistema se les salió fuera de control. Irrespetaron la imperiosa necesidad de mantener en él los equilibrios más básicos y dieron pie con ello a que se disparara la inestabilidad.  Hace algunos días, en una reunión de análisis y prospectiva, un buen amigo me decía que lo que más le preocupaba era que no avizoraba ningún punto de equilibrio cercano en el cual, después de su transición destructiva, el sistema pudiese aterrizar y calmar su acelerada tendencia a continuarse deteriorando. No existe –le respondí lacónicamente-. Después de un breve silencio continué. La deriva con respecto a los equilibrios deseados es creciente y a mayor velocidad. Lo hemos venido observando en todos los indicadores: precio del paralelo, hiperinflación, etc. Retornando a la metáfora de la tormenta –ya había recurrido a ella-, los vientos destructivos no van  amainar. Todo lo contrario. La inestabilidad es  imparable, a menos que se implemente una estrategia de estabilización en la que se regenere un balance del sistema. De tener éxito, estaremos peor que cuando toda esta tragedia se disparó, mucho peor, pero al menos en calma: estabilizados en un nuevo punto de equilibrio.

Pero quiere decir esto que dentro de muy poco no habrá casi carros en la calle –volvió a intervenir mi interlocutor-. Con los costos actuales de un cambio de aceite o de un par de cauchos, si siguen incrementándose serán muy pocas las personas que puedan mantener a sus vehículos rodando. Muy cierto, le dije. Hace unos cuantos meses escribíamos sobre cómo el modelo de educación universitaria se había tornado inviable. Pero ahora la inviabilidad se ha extendido cual enfermedad muy contagiosa a todas las áreas del quehacer colectivo del país. Cuando un obrero, una secretaria, un maestro se ve en la situación de tener que ponderar  lo que le cuesta transportarse a su lugar natural de trabajo y compararlo, ineluctablemente, con lo que va a percibir salarialmente por esa jornada laboral, es hora de reconocer que hemos traspasado el punto de quiebre de la viabilidad de mantener al país funcionando con normalidad. ¡El país se ha hecho inviable!

Y si tomamos distancia con respecto a las preocupaciones de la clase media, o la asalariada, y enfocamos el análisis en los sectores más vulnerables de la población: es la vida la que se les va haciendo inviable. Es la satisfacción de las necesidades más básicas para mantenerse vivos, la alimentación, la salud, lo que ya va siendo plagado implacablemente por el fenómeno de la inviabilidad. Ya no hay forma de que estos arrogantes destructores puedan parar su afectación de todas las dimensiones de la vida en Venezuela. Todo está impactado y esto, más temprano que tarde –medido hoy en el tiempo- les va a expulsar del poder convertidos en genocidas. Sólo la ligereza colectiva de nosotros como integrantes de una nación –ligereza como una traducción literal de una palabra en inglés que expresa con certera precisión lo que deseo significar: “lightness”-, explica que todavía estén en el poder.

Bien, el mensaje central que deseaba transmitir ha sido desplegado. Sin embargo, deseo aprovechar los conceptos presentados para desarrollar un subtema. Tiene que ver con la afirmación hecha antes: “la crisis de inviabilidad les va a expulsar del poder”. Tan clara como a mí me parece, resulta que no luce convincente para muchas personas con las que tengo la oportunidad de intercambiar opiniones. A continuación les presentaré el argumento contrario que esgrimen éstas. Argumento que, por cierto, he encontrado con significativa regularidad en textos, más o menos largos aunque sin el suficiente soporte, compartidos en las redes sociales.

I-¿Éxito o Fracaso del Régimen?


Dicho todo lo dicho, se podría hablar con suficiente respaldo de estruendoso fracaso del Régimen en su gestión de gobierno. Esta es mi opinión sin abrigar ningún género de duda. Pues bien, resulta que lo que es fracaso para mí, para los contrarios –en el debate que ya hemos enunciado- constituye un éxito. Parten de la premisa que toda la progresión dinámica de la crisis, ha sido cuidadosa y sigilosamente planificada por el Régimen con el objetivo de traernos a este severo estado de empobrecimiento generalizado, dentro del cual les será muy fácil mantenernos sometidos por muchos años más.

Ahora resulta que estos señores, a los que yo he insistido por varios años ya de calificar como destructores, son unos genios que han planificado la transición dinámica perfecta a este especie de nueva cuba reprogramada. Y como Cuba ha estado dominada por más de sesenta años a pesar del doloroso empobrecimiento de sus pobladores, el tercer enunciado del silogismo para quienes, sin mayor elaboración, tristemente admiten el éxito del Régimen es concluido de manera casi automática: Lograron consolidar su estrategia de dominación -¡Nos jodimos!-. Quizás, esta lógica de razonamiento sea uno de los insumos para la tanta desesperanzada resignación que observamos a nuestro alrededor.

Recientemente, en una muy amistosa reunión de ex autoridades de la UC, tuve la oportunidad de escuchar, ojalá por última vez, esta argumentación del supuesto éxito. La temática de esa reunión no me permitió darle respuesta a esa narrativa que nos sorprenderíamos de la cantidad de gente que la comparte. Ahora sí, mi argumentación contraria:  El análisis dinámico que subyace a muchas de las afirmaciones contenidas en este texto, me ha conducido a la conclusión que el Régimen ya no cuenta con el margen necesario para poder estabilizar a Venezuela en un estado de miseria generalizada como es el caso de Cuba. ¿Cómo equilibran ahora después de jugar tanto tiempo al autoengaño de una economía ficticia?

En Cuba, los Castro, por más de sesenta años, con la ayuda por un extenso lapso de Rusia y luego con la del chavismo, han logrado mantener a sus pobladores en un estado de equilibrio, por ende estabilizado aunque con algunos vaivenes, cuya primordial característica ha sido la prevalencia de condiciones de nulo progreso, sub alimentación, sub educación e insuficiente calidad de la salud pública. Siempre han dependido de las ayudas externas, cortadas éstas: entrarían en una progresiva crisis de inviabilidad como la que a nosotros nos afecta. ¿Cómo lo pudieron lograr hasta ahora? Además del financiamiento externo y cierto celestinaje por parte de un veleidoso izquierdismo europeo, habría que entrar a considerar las circunstancias propias de las coordenadas espacio temporales en las que la revolución castrista triunfó en ese país.

Era esta especie de estado de equilibrio con miseria estabilizada, similar al que impera en Cuba, el que mi amigo pretendía, con ansiedad, avizorar en un lapso cercano. Un estado de equilibrio en el que aterrizáramos con alguna prontitud, mucho más pobres pero al menos sin la sensación de seguir cayendo por un precipicio sin fondo. En la conversación a la que hice referencia,  me confesó que no lo veía cercano. Recuerden mi categórica respuesta: ¡No existe!  Una verdad que ha podido ser empíricamente constatada desde que el final de la fiesta fuera decretada (reelección de Chávez a finales del 2012). La crisis no se detendrá. Continuará incesantemente profundizándose. El Régimen activó la tormenta perfecta, el más luminoso incendio en la pradera, la más vertiginosa caída por un despeñadero hacia el centro de la Tierra, como quieran describirlo, y ahora ya no pueden detenerlo. Sólo su salida podría engendrar las condiciones para comenzar a frenar los furiosos efectos de la inestabilidad. Y todavía seguiremos cayendo por un tiempo. ¡De allí la urgencia para que se vayan!

Este amigo, que es el momento de reconocerle como muy inteligente, en sus reflexiones de búsqueda de algún punto de equilibrio al cual desesperadamente asirnos, comenzó a identificar algunas posibilidades de equilibrios localizados en ciertas regiones del país. Ciertamente, podrían surgir en algunas zonas rurales comunidades organizadas que viviendo de la siembra muy artesanal, la caza y la pesca, y del rezo a los dioses cuando alguien se enferme gravemente o una cruenta epidemia les toque a sus puertas,  pudieran alcanzar un equilibrio de sobrevivencia. Viviendo a la espera de un nuevo avatar que les visitara.

Al final, ambos llegamos a la conclusión que estas zonas de equilibrios localizados nunca podrían extenderse a los efectos de cubrir a un país en el cual ya se han levantado densos núcleos urbanos y se ha consolidado una dependencia de una infraestructura y de una compleja modernidad que el Régimen vanamente se ha empeñado en destruir. Los destructores no sabían en verdad, es mi hipótesis, la caja de pandora que estaban abriendo. Ahora, no nos queda de otra que abocarnos, sin ellos y bajo un espíritu de unidad nacional, a concertar un plan para la transición que saque a Venezuela de esta lastimosa condición de país inviable.

II-Algunas útiles referencias


Ya para concluir, hicimos mención con anterioridad al “análisis dinámico que subyace a muchas de las afirmaciones contenidas en este texto”. Ciertamente, en este trabajo se habla más de los resultados observables que de las razones que explican su acontecer –en atención a la necesidad de limitar su extensión-. En el pasado, he publicado tres artículos en los cuales, apoyándome en la Teoría Dinámica de Sistemas, presenté un enfoque prospectivo de esta crisis. Intenté en ellos tratar de explicar las causales que la habían activado, en un lenguaje que pretendí fuera lo más digerible posible por legos en la materia. Para quienes deseen profundizar sobre esas “razones” les facilito sus títulos y direcciones de acceso en este mismo blog:



2.      “Sobre la Inestabilidad de nuestra economía” (11/11/2013). http://quepasaenlauc.blogspot.com/2013/11/otro-enfoque-sobre-por-que-lo-que-viene.html

3.      “Venezuela hacia un ‘Process Shutdown’” (14/12/2014). http://quepasaenlauc.blogspot.com/2014/12/venezuela-hacia-un-process-shutdown.html


Son tres trabajos con datos e informaciones ajustados a las coordenadas temporales en las que fueron escritos. Tres instantáneas tomadas en el lapso de casi dos años: inicios del 2013 a finales del 2014. Un hilo en común: la mirada puesta hacia el inquietante futuro.  Desde aquellos tiempos veníamos preocupados por la posibilidad que el desarrollo dinámico de la crisis desembocara en la Tormenta Perfecta. ¡Cuánto nos hubiese complacido el habernos equivocado!

  

sábado, 27 de enero de 2018

¿Es el dilema votar o no?



PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA UNIDAD NACIONAL



El video corresponde a un lapso de la entrevista radiada en el escuchado programa de Unión Radio “Con la Derecha y con la Izquierda”. Se refiere a si el dilema ahora para quienes deseamos un cambio en el país está entre las opciones de votar o no. La respuesta está en consonancia perfecta con los conceptos de UNIDAD NACIONAL y CONSENSO, que en el movimiento carabobeño PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA UNIDAD NACIONAL nos hemos comprometido promover. El verdadero dilema estriba en si los ciudadanos de este país vamos a unirnos todos o no, para enfrentar más eficazmente las estrategias para eternizarse en el poder del oprobioso régimen que preside Maduro.

El movimiento está en fase de constitución. La rueda de prensa a los medios de comunicación social, para su presentación,  fue ofrecida en la Galería Braulio Salazar el jueves 25 de enero. Me correspondió a mí, el autor de este blog, dar lectura a un texto que comparto con ustedes más abajo y en el cual se enuncian los objetivos y premisas fundamentales que animan al movimiento. No sin antes decir que quienes nos hemos abocado a organizar sus primeros pasos,  percibimos como una señal de muy buen augurio el que nos acompañara una nutrida representación de diversos sectores de la sociedad civil: cámaras empresariales; representantes de los trabajadores; profesores universitarios; dirigentes juveniles, culturales y también políticos.  A todos, GRACIAS y a TRABAJAR PARA UNIR AL PAÍS. 

DECLARACIÓN A LA PRENSA (25/01/2018)


Quienes suscribimos esta declaración de prensa dirigida a los medios de comunicación social, hacemos pública nuestra decisión de organizarnos en un movimiento generador de opinión, tanto en el ámbito regional como nacional,  dirigida a promover la unidad nacional y el consenso como los procesos políticos más idóneos para:

En primer término, lograr la concertación en torno a un proyecto de país y el correspondiente plan de acción contentivo de un conjunto de líneas estratégicas fundamentales para una transición, cuyas metas sean el resolver la grave situación de crisis humanitaria e inviabilidad económica que nos aquejan, así como consolidar la reinstitucionalización de la república en todos los ámbitos de su accionar colectivo.

En segundo término, estamos persuadidos que debería continuarse activando el mecanismo de consenso, a los efectos de la selección de un auténtico candidato unitario para las elecciones presidenciales de este año. Consideramos que el consenso, como proceso integral visibilizado con  absoluta transparencia hacia todos los venezolanos, es la vía idónea para lograr la recuperación del entusiasmo y la motivación en los ciudadanos por su participación electoral en tan crucial evento. En este sentido, nos parece inconveniente la ruta anunciada por algunos de los más importantes partidos que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en lo que respecta a la realización de unas elecciones primarias para la escogencia del candidato “unitario”.

Consideramos, con relación a lo planteado, muy pertinente hacer la siguiente acotación: cuando hablamos de unidad nacional, nos referimos a una unidad que integre a todos los sectores representativos de la sociedad venezolana: Iglesias; Universidades; Empresarios; Trabajadores; Educadores; Gremios Profesionales; Partidos Políticos; Jóvenes; Academias; ONGs, etc. Una unidad que esté por encima de los partidos y que sea representativa del mayoritario e inmenso deseo de cambio que se respira en el país. Nos resulta inimaginable pensar, que podamos continuar soportando por muchos años el afán destructor de un régimen el cual, superado el escollo de unas últimas elecciones que se celebrarían con algún resquicio de democracia, seguramente se abocaría a consolidar una férrea dictadura y, con ella, concretar su anhelada pretensión de eternizarse en el poder.

Precisamente, por esta razón es que necesitamos de la movilización masiva de los electores. Para derrotar ampliamente tales pretensiones y lograr el urgente e indispensable cambio que demanda la sociedad venezolana. No creemos necesario, en esta oportunidad, ahondar demasiado en el diagnóstico.  Venezuela ha entrado en un preocupante estado de inviabilidad y sostenibilidad de su economía vital,  cuando los empobrecidos salarios han llegado a un nivel tal que ya no se puede vivir del trabajo. Ni tampoco acudir a él, porque cada día el colapso del sistema de transporte, sus altos costos y la gravísima crisis de efectivo suponen una creciente obstaculización del fundamental cumplimiento laboral.

 Venezuela ha entrado en la recurrente vivencia de una tragedia, a juzgar por los indicadores de desnutrición; de muertes innecesarias, por falta de medicamentos o a consecuencia de una extremadamente inadecuada atención de salud. Nos encontramos inmersos en el epicentro de una  crisis humanitaria nunca antes vista cuya progresión dinámica debe ser detenida ya. De proseguir el Régimen en el poder, continuará profundizándose.  Ya ha dado muestras hasta la saciedad de no estar en capacidad, ni tener el deseo,  de producir el imprescindible cambio de rumbo que requiere el país.


 No podemos, en consecuencia, darnos el lujo de perder las próximas elecciones presidenciales. El riesgo que corremos es demasiado alto. Por ello, nuestro llamado a que nos entendamos sin traumas e innecesarios enfrentamientos, para poder encarar, sin zancadillas, a un régimen abusador y corrupto.  Hay que pensar primero en el país y deponer intereses personales. Nos proponemos, identificados con los principios  de unidad nacional y consenso, el primordial objetivo  de regenerar la confianza colectiva del país en sus líderes y, así, hacer renacer la esperanza en el voto como instrumento de cambio.  Esta es la vía para lograr la cristalización de la mayoría social con la que contamos, en un gobierno de unidad nacional que ejecute una  transición construida sobre la base de eficaces consensos.

Postdata:


https://www.youtube.com/watch?v=FMJ-sEYeLBw

 Dirección de video en youtube contentivo de una parte de la rueda de prensa.



jueves, 4 de enero de 2018

Universitarios debemos asumir exigencia al Régimen de Dolarización


Dolarización: ¡Es urgente!


Asdrúbal Romero (@asdromero)

I-Propuesta en una noche universitaria


Si mediante el establecimiento de algún plan de políticas económicas, quisiéramos que nuestro poder adquisitivo no se continuara licuando de la manera como lo ha venido haciendo – en los meses más recientes a una velocidad que produce vértigo-, tendríamos que unificarnos alrededor de la exigencia de la implantación de tal plan. Este es el leitmotiv que me anima a proponer la tesis de la Dolarización en el marco de una conversación en la que sólo participábamos profesores universitarios.

Tal como ha venido avanzando el proceso destructivo de nuestra moneda, mi premisa, a estos centenares de metros hundidos en el subsuelo, es que el plan con la mayor eficacia para detener la progresiva y rapidísima erosión del poder adquisitivo nuestro en un corto plazo es la Dolarización. Reconozco que pudieron haber existido otros planes con ese objetivo, pero el tiempo, inexorablemente, continúa transcurriendo. El Régimen, con su destructiva obstinación, no hace nada que no sea continuar echándole gasolina al proceso ya hiperinflacionario, mediante ficticios incrementos salariales y el consecuente incremento de la base monetaria. La economía del país reacciona como uno de esos ríos, que con imparable fortaleza, ha decidido retomar su cauce llevándose por delante lo que tenga que llevarse. Todos los indicadores coinciden en que ya estamos mucho peor que Ecuador, mucho, demasiado, cuando a ellos no les quedó de otra sino adoptar la Dolarización.

Las opciones a las que podíamos recurrir han ido, progresivamente, tornándose poco atractivas, al menos en cuanto a su potencialidad cortoplacista  de poder frenar con la suficiente fuerza el ritmo hiperinflacionario. Sólo nos va quedando como opción: la  inmediata dolarización que, además, por evidentes razones se va haciendo casi inminente. Esta es mi premisa. La que me motivó a lanzar en la mencionada reunión de profesores, sin mayor preparación previa, la Dolarización como el Plan, el único alrededor del cual debíamos unificar nuestra posición. Por supuesto, se produjeron reacciones encontradas. La sola mención a la moneda del Tío Sam contenida en el apelativo del Plan evocó naturales manifestaciones de temor, incertidumbre e incredulidad. Debo decir que yo también pasé por tales estados cuando, por primera vez, en el ámbito de las discusiones del TREN se planteó el tema de la Dolarización.

Demasiada agua ha circulado debajo del puente desde aquellas fechas. El Régimen con su eterno correr de la arruga ha logrado transformar mis temores en aceptación del carácter irremediable del tratamiento. Una connotación al interior del “frame” salud, para transmitir lo mal que estamos y la necesidad que tenemos de ponernos la vacuna a fin de tratar de salvaguardar el pésimo salario que ya devengamos –en términos de su real poder adquisitivo-. Es en este sentido que voy a desarrollar la argumentación contenida en este texto.

II-La Expedita Ventaja Principal


No voy a entrar en la repetición de los diversos argumentos, a favor y en contra, que excelentes articulistas del tema económico ya han presentado a la opinión pública sobre la opción dolarizadora. Voy, más bien, a permitirme el enfoque coloquial con el cual se desarrolló el intercambio de opiniones con mis colegas, a cuenta de mi argumentación sobre su principal ventaja. El asunto más álgido, comprensiblemente, fue cómo iban a quedar los sueldos. En el renglón de los egresos, el ciudadano de a pie ya tiene que obligadamente admitir su inmersión abrupta en el mundo de los precios dolarizados. Las dudas surgen en el lado de los ingresos. ¿A qué tasa de cambio aplicable al cálculo de los sueldos y salarios arrancaría la famosa dolarización?

De plano hay que decir que la Dolarización no le permitirá a cada cual saltar, por obra y gracia de un milagro del Espíritu Santo, a un nivel de sueldo en dólares comparable al devengado por los profesionales similares en otras latitudes. A los profesores universitarios, la Dolarización no nos servirá para ganar los tres mil quinientos dólares mensuales que pagan en Ecuador. Tal grado de recuperación salarial ya no es posible en nuestro país, habida cuenta de los efectos devastadores sobre la economía que ha tenido el accionar de los DESTRUCTORES. ¿Y entonces? ¿Podemos pensar que la fulana dolarización nos retrotraerá al menos a un sueldo en el rango de los mil dólares? Tampoco, les dije, ese tipo de sueño ya nos ha sido vedado por la revolución empobrecedora.

En el otro extremo, tampoco resulta agradable pensar que en el marco de una dolarización factible fuéramos a quedar con un sueldo de quince dólares –suponiendo un ingreso promedio mensual de mis interlocutores de un millón quinientos mil bolívares y una tasa de cambio, muy cercana a la “innombrable”, de bolívares cien mil por dólar-. Aunque quién sabe, si continuamos en rol de observadores pasivos viendo  como el Régimen sigue destruyendo el poder adquisitivo de nuestros ingresos laborales,  pudiéramos terminar sumidos en tan nefasta circunstancia a la hora de acordarse una obligada dolarización en un futuro más lejano.

Lo rescatable de esta discusión sobre escenarios salariales en dólares, desde los soñados hasta el exageradamente realista al momento presente, es tomar conciencia sobre dos aspectos. El quid de la cuestión está en el cálculo de la tasa de cambio factible con la que se podría arrancar el proceso de dolarización de nuestra economía. Lo segundo: los profesores universitarios, como sector muy representativo de las élites intelectuales de este país, deberíamos en este 2018, que recién está arrancando, organizarnos para exigirle al Ejecutivo Nacional la Dolarización a la brevedad posible, como la única vía creíble que se percibe de cara al objetivo de preservar el poder adquisitivo de nuestros ingresos salariales.

Los gremios universitarios deberían empoderarse con este discurso. Y apoyarse de los expertos con los que contamos en las diversas instituciones, a los fines de involucrarnos en la discusión de los aspectos técnicos del proceso; elaborar propuestas y asumir la representación del sector que corre el mayor riesgo de salir golpeado en la Dolarización: el asalariado del sector público. En Carabobo, por ejemplo, contamos con un Francisco Contreras, reputado profesor de la escuela de Economía, que viene trabajando los cálculos para computar tasas de cambio para el arranque sobre la base de diversos criterios y escenarios.  Este es un tema de trascendencia para nosotros. Para que tengamos una idea, si como tasa de cambio inicial se tomara la tasa implícita que para la fecha que escribo estas líneas, dos de enero, se aproxima a los diez mil bolívares por dólar, entonces el salario dolarizado para el mismo ingreso promedio que les mencionaba con anterioridad sería de 150 dólares. Y este es como la cota máxima de lo que podemos soñar, porque así de majestuosamente furioso ha sido el empobrecimiento propiciado por los DESTRUCTORES.

No faltará quien diga: ¡Pero eso es muy poco! Y verdaderamente lo es, pero es lo que nos va dejando el Régimen como espacio para aspirar. El punto a resaltar es: con la Dolarización lo que se persigue no es tanto lo más que podamos ganar en dólares, comparado al informal monto que pudiésemos calcular hoy consultando la temida página, sino que no sigamos perdiendo poder adquisitivo. El objetivo es abatir la inflación. Que si vamos a comenzar a devengar 150, 100, 75, 50 dólares o…¿¿??, al menos ya sabremos que contamos con ese piso firme y que nuestro sueldo no va a seguir erosionándose –excepto por el impacto de la débil inflación que pueda afectar al dólar-. Los que neciamente se oponen a la Dolarización porque, en ella, van a iniciarse devengando un mísero salario en dólares, debieran saber que, de no aplicarse, podrían llegar a ver lo que mensualmente perciben  equivaliendo a una cantidad de dólares susceptible de ser contada con los dedos de una mano. ¡Y no en un futuro muy remoto! Se pueden admitir otras razones para oponerse a la Dolarización, pero no esa.

Por supuesto, ese listado imaginario que desde los 150 va bajando hasta los 15 –insisto en recordar que he tomado como ingreso promedio el que estimé como promedio para los participantes en la mencionada reunión y utilicé en ella con fines ilustrativos-, revela que hay un rango amplio dentro del cual puede ubicarse nuestro sueldo dolarizado  ab initio, el cual es dependiente de la tasa de cambio de arranque que se seleccione. Es en esta ubicación donde debemos buscar incidir. Los universitarios debemos liderar en el ámbito nacional la propuesta de la Dolarización; explicar su justificación lo más didácticamente posible al país y pelear por un rol de interlocución de nuestros expertos en el espacio donde se tomarán las decisiones.  Y debemos hacerlo, no viéndonos nuestro propio ombligo y pensando egoístamente como sector afectado, sino asumiendo la representación de todos los trabajadores del país, como nos corresponde. Nos dejamos quitar las Normas de Homologación por este régimen, es hora de retomar nuestro rol como líderes en la lucha de los trabajadores del país por la compensación salarial obligatoria de la pérdida de poder adquisitivo de la unidad monetaria. En este momento, no existe ya otra vía expedita que no sea la Dolarización. Este es el discurso que debemos asumir como bandera.

Ya para concluir, no dejo dejar fuera del tintero una pregunta que también fue recurrente en la reunión. Este régimen nunca va a dolarizar, ¿para qué enfrentarlo con esa bandera? La premisa parece muy obvia, aunque uno nunca sabe. Jamil Mahuad, Presidente del Ecuador habló pestes de la dolarización tres días antes de decretarla. No le quedó más remedio. Si este régimen  aceptara dolarizar, me atrevería apostar a que la tasa de cambio no resultaría conveniente. Tendríamos que comenzar la recuperación salarial, como se ha logrado en Ecuador, desde muy abajo. Lo ideal es que dolarizara un nuevo gobierno con acceso a financiamiento fresco. Parte de ese financiamiento, requerido para estabilizar económicamente al país, podría utilizarse para arrancar una dolarización desde un piso más alto, en el cual pudiera tratar de obtenerse una mejor paridad del poder adquisitivo con el de otros países latinoamericanos con economías de dimensiones similares a la nuestra. Es decir: con una tasa de cambio para el arranque no tan dura y lograr así implantar una dolarización más soportable. ¡Siempre va a ser dura! Esa es una realidad ya heredada. Pero la idea es ablandarla, introduciendo criterios de carácter social en las calculadoras de los tomadores de decisiones. Francisco nos ha venido presentando en el Vagón Monetario del Tren tasas de cambio “atractivas” en el contexto de la severa realidad que afrontamos. Planteadas sobre criterios sólidos, pero que lamentablemente hay que estar continuamente recalculándolas para peor, en la medida que el tiempo pasa sin tomar decisiones.

Por eso es que la presión debe producirse ya, de inmediato. Conforme más tiempo pase, peor será. La Dolarización es como un salvavidas al cual, desesperadamente, debemos asirnos, para no perecer. La Dolarización es una bandera económica, social y también política, en el sentido de que ella demanda una ventana de comunicación sencilla, orientada hacia las clases más populares, sobre del por qué el país ha sido conducido a una nefasta situación económica y de empobrecimiento social, que hace irremediable la aplicación de un trago tan amargo como es la Dolarización en lo atinente a los elementos y símbolos de nuestra identidad nacional. Es obvio que al Régimen no le va a gustar escuchar nuestros argumentos para la Dolarización. Es obvio que una exigencia como esta adquiere una relevancia política. No se va a quedar sólo en el plano económico. No tenemos por qué, nosotros, cuidarnos de restringirnos en una exigencia que ya es casi de sobrevivencia civil para no incomodar al Régimen. No es aceptable ni admisible que este pueda condicionarnos nuestros motivos de lucha y mucho menos después de la DESTRUCCIÓN Y MUERTES de las que son responsables.

Maracaibo, cuatro de enero de 2018

 

  


domingo, 17 de diciembre de 2017

Lecturas políticas a raíz de Lorenzo Mendoza como outsider


Outsider, Consenso y Transición


Asdrúbal Romero (@asdromero)

¿Debe sorprendernos la forma como la candidatura de Lorenzo Mendoza ha prendido en el sentir de mucha gente? No realmente. El anhelo de cambio en el país es poderoso. Incluso en aquellos que obligadamente tienen que darle su voto al Régimen como consecuencia del sistemático procedimiento de extorsión al que se ven sometidos. Ese anhelo demanda de alguien que lo encarne. Y todo parece indicar que ha comenzado a construirse, espontáneamente, una mayoría que exterioriza la esperanza de Lorenzo como el líder, con el perfil requerido, para conducirnos a través del complejo proceso de transición que nos espera.

Constituye la madre de los desafíos asumir ese rol. Seguramente, les desencantará un tanto el reconocimiento de mi parte que no manejo información alguna sobre su disposición anímica a asumirlo. Como ciudadano buen amante de su patria, resulta plausible pensar que se habrá contagiado con algún grado de interés por la tarea, pero hay muchas otras variables que se nos escapan. De manera tal que no escribo estas líneas para comunicarles una buena noticia para muchos. Pero sí, con la finalidad de extraer algunas lecturas políticas de la proyección que ha adquirido su candidatura.

I-Sobre la tesis del Outsider


La primera y muy obvia lectura es la evidente incorporación al debate político nacional de la tesis del outsider, como una vía alternativa para reactivar esperanzas y la motivación en el electorado a participar. Andrés Velásquez, en su visita a Valencia, reconoció que se estaban dando las condiciones objetivas de cara a considerar la posibilidad de un outsider. También Henrique Capriles, en declaraciones publicadas en El Nacional, expresó: “soy de los que he dicho que el “outsider” es una opción en el proceso electoral de primarias”. Lo cierto es, con prescindencia de como pudiera estar valorando tal posibilidad la élite política opositora, que la todavía difusa visión de un Mendoza lanzado en la carrera hacia la Presidencia le ha abonado profusamente el terreno a la inseminación en el imaginario colectivo de la idea de la necesidad de un outsider. Ahora bien, para que una iniciativa como esta pueda germinar en un proyecto político exitoso se requiere de la satisfacción de ciertas condiciones.

Lo primero es el perfil del prospecto de outsider.  Debe ser un personaje ya conocido por los electores. Los especialistas en mercadeo electoral lo agradecerán grandemente. Quien no conozca a Lorenzo Mendoza por su nombre, lo reconocerá inmediatamente al saber que preside el más importante grupo privado de empresas del país. Con el confluyente agregado que la marca Polar, por sí sola, es emblema de una enraizada tradición y de una importante presencia a lo largo y ancho del territorio nacional. Y por si fuera poco, el mismo régimen ha contribuido a promover el conocimiento del “pelucón” –una interesante opción a considerar como apodo de campaña-, como efecto colateral de su sostenida campaña para encender el odio contra los empresarios. Campaña, por cierto, que a la luz de los resultados anti humanitarios de su gestión de gobierno, ya va definitivamente enrumbada al fracaso. De manera tal que en el renglón de conocimiento por parte de la población, Lorenzo Mendoza es un “outsider natural”.

Pero no basta con exceder en este renglón. También debe sumar a su currículum de outsider un rasgo de excelencia que sea pertinente de cara al propósito en cuestión. Mendoza se anota más puntos en eso, al haber consolidado con méritos una imagen de gerente muy exitoso. Muy posiblemente, en este momento político del país, esa sed de liderazgo que colma los cerebros políticos de nuestros sufridos votantes, se satisfaga mejor con un perfil de gerente exitoso que con uno que sobresalga en el campo de la lucha política. Contamos pues con un “outsider natural”. Si, en el papel de abogado del diablo, tuviera algo que señalar: diría que un historial de exitoso desempeño en el campo empresarial no constituye suficiente garantía  de éxito en el cumplimiento de las complejísimas funciones como máxima autoridad del Estado. Por supuesto, esta afirmación es materia para un encendido y prolongado debate que no abordaré en estas líneas.

Sobre lo que sí considero vale la pena insistir es el valor que, por sí misma, contiene la idea del outsider en la actual coyuntura política por la que tristemente atravesamos, con independencia de si el presidente del Grupo Polar accede o no a dar el trascendental paso. La idea no debe ser abandonada porque un “outsider natural” –en el muy específico contexto actual- desista. El país cuenta con otros potenciales outsiders. Aunque casi sobre decirlo, a muchos les encantaría ser considerado como tales, pero son muy pocos los que pueden calificar. Además del exigente perfil, condición que ya analizamos en el caso de Lorenzo Mendoza, la idea del outsider debe ser complementada  con un proceso de selección del mismo concordante con la trascendencia con la que debe revestirse una candidatura nacional de tales características.  Una candidatura outsider no es para que se mida en unas primarias. Con respecto a esto, me atrevo a opinar que Henrique Capriles se equivoca.

II- Unidad Nacional y Consenso


El proceso de deshumanización del país ha avanzado hasta  un estadio de tal gravedad que no creo necesario abundar en ello. Tan infausta realidad reclama a gritos de las élites de esta agonizante republica la concertación de un acuerdo nacional. Sí, ya sé que se dice fácil pero que es muy compleja su articulación. Si en algo ha tenido éxito este régimen, como en la historia de la Humanidad muchos otros de férreo perfil totalitario, es en la desarticulación de la élites de la sociedad civil. Pero todavía las tenemos, casi en resiliente estado de hibernación en el ámbito de instituciones también en vías de extinción. Allí están: las diversas iglesias; las academias y universidades; las cámaras empresariales; los gremios profesionales; los golpeados sindicatos; las distintas asociaciones civiles y culturales y, por supuesto, la élite política que no sola la conforma gente de los partidos sino individualidades con comprobada experiencia en el intrincado manejo de un estado republicano. El dantesco escenario del hacia dónde nos dirigimos nos reclama a todos, en modo imperativo, el alinearnos con el Deber Ser de la Política.

Y este no puede ser otro, en tan delicado tránsito de nuestra historia republicana, que la Unidad Nacional a los fines de: la construcción de una propuesta de Transición que reordene el Estado; la definición del perfil deseable del conductor de ese proceso por un lapso específico y en condición de no reelegilibilidad; la constitución de una alianza unitaria para gobernar y la selección mediante un mecanismo conducente al consenso alrededor de ese conductor. Este proceso unitario constituye, por sí mismo, el apalancamiento que le permitirá al “outsider” seleccionado compensar esa carencia de “naturalidad” que en las presentes circunstancias exhibe Lorenzo Mendoza. Es de hacer notar que recurrimos ahora a la apelación de outsider como el producto de ese proceso de concertación y consenso nacional y no en el sentido que connota la interpretación literal del término –de allí las comillas: pudiera resultar que el outsider terminara siendo uno no tan outsider-.

La otra alternativa que se nos presenta en el horizonte político: la de recurrir al tradicional proceso de primarias para elegir a un hombre de partido como el candidato para las elecciones presidenciales adelantadas con las que amenaza el Régimen, constituye una apuesta demasiado riesgosa en el actual contexto. Me cuento entre los que cree que la candidatura de Maduro es derrotable. El Régimen no ha podido avanzar, a la velocidad que quisiera, en el agrandamiento de ese universo de electores controlable a través de su infame estrategia de dominación política por hambre. El potencial de votos alcanzable por el Régimen es pronosticable con muy aceptable precisión, incluso municipio por municipio, sin necesidad de encuestas. Ese potencial es superable con creces si la inmensa mayoría social que se opone al Régimen sale a votar. El fenómeno del 16D, cuando se eligieron los diputados de la actual Asamblea Nacional, puede ser rebasado por mucho, habida cuenta del agravamiento de las condiciones de vida de los pobladores de este aquejado país. Pero, la pertinente interrogante es: ¿saldrá arrolladoramente a votar esa mayoría social que todavía no la puede controlar el Régimen?

¿Saldría a votar por el candidato electo en unas primarias organizadas por unos partidos que atraviesan el peor momento desde el punto de vista de su imagen ante la ciudadanía?    ¿No se correría el riesgo de que tales primarias se percibieran como un episodio reiterado de una ya casi eterna lucha de intereses donde no se asoma gesto de desprendimiento alguno? En la valoración de estos imponderables, merodea nuestro cerebro la fulgurante presencia del fenómeno de la abstención por rechazo que ha brillado en las dos más recientes elecciones. No es nada desestimable que unas primarias se conviertan en confrontación de maquinarias y, de ser así, ¿puede un candidato de maquinaria hacer renacer las esperanzas en el voto y por ende la motivación a participar? Me permito dudar.

Se requiere de un camino distinto, como se lo manifestaba en mi intervención a Andrés Velásquez en la AEEC; se requiere de la creación de un clima político en el que se evidencie la colocación en primera prioridad de los más altos intereses de la nación y sus ciudadanos; de una ruta unitaria en la que la gente perciba que los más diversos sectores de la sociedad civil han participado, con notable desprendimiento, para elegir a la mejor opción para la impostergable transición con un mandato bien concreto y delimitado en el tiempo. El quid de la cuestión es conseguir el reverdecimiento de las esperanzas ciudadanas y su compromiso, en primera instancia con su voto, en la construcción de una salida a esta deplorable trampa en la que nos han hundido. Creo que la modalidad del consenso nos garantiza mayores probabilidades de lograrlo. Hablo de un proceso que demanda ingentes esfuerzos y nobles desprendimientos, como la gran palanca para levantar  la fe en que todos sí podemos lograrlo. ¡Es muchos más que el outsider¡


Tanto en el camino de las primarias como en el del consenso trabajado, el costo de perder es demasiado alto. Atrevamos a imaginarnos, sólo por un momento, un mandato de seis años más de los DESTRUCTORES. Además de la tragedia en lo económico y social, significaría la consolidación de la DICTADURA; el avance en el control cultural, político y electoral del país por la vía de sus deleznables mecanismos de control social y económico, hasta convertirse el Régimen en IDERROTABLE por la vía democrática; la consecución de su objetivo totalitario nos alejaría casi hasta el infinito la posibilidad de revertir los nefastos cambios que han venido implantando para alterar la mayoría de nuestros rasgos positivos como sociedad y pervertir todo el entramado institucional. No podemos perder. No podemos seguir jugándonos a Rosalinda en la interminable confrontación de intereses subalternos. No puedo concluir sin un mensaje a los partidos. El entusiasmo público alrededor de la figura de un outsider debe convocarles a reflexión sobre el problema de imagen que confrontan. Ojalá esta apreciable merma en su credibilidad sea un bajón de naturaleza coyuntural, porque los necesitamos muy fuertes en la construcción de un mejor futuro. Ahora es el momento de sumarse a un proyecto de unidad nacional e incluso, de ser posible, liderarlo abriéndose a la sociedad civil e integrándose con ella  a los fines de ensamblar un escenario de TRANSICIÓN bajo los principios de UNIDAD NACIONAL, CONCERTACIÓN y CONSENSO. Creo que UNIDAD es la otra palabra que debería ir en el título de este texto: UNIDAD de corazones; UNIDAD de capacidades, voluntades y esfuerzos; UNIDAD con desprendimiento por nuestra querida Venezuela que la podemos perder definitivamente. 

viernes, 8 de diciembre de 2017

Conversaciones sobre La Pava


Los “Neo Hércules”


Asdrúbal Romero (@asdromero)

A raíz de algunos tuits en los que mencioné este apelativo, así como en una publicación en Facebook en la que quise exteriorizar mis razones para votar este domingo 10 de diciembre por el Sr. Miguel Cocchiola, algunos amigos han tenido la curiosidad de preguntarme cuál es la idea que deseo transmitir con esto de los “neo hércules”.

Es una invención mía. Pero no es el producto de un razonamiento rebuscado, sino más bien el contenido de una de esas pompas –“pop ups”- que aparecen en tu nivel consciente sin uno realmente saber de cuál recóndita parte de tu cerebro pudiera provenir. Supongo que en su nacimiento participaron las neuronas de mi “Default Mode Network”. Me explico: la “red neuronal por defecto” –es la traducción que consigo en Google- está conformada por circuitos neuronales caracterizados por presentar mayor nivel de activación cuando, precisamente, no estamos haciendo nada en particular. A través de estudios de fMRI ellos son localizables en ciertas regiones del cerebro. Cuando nuestra mente anda vagando -el fenómeno del “mind-wandering”-, es cuando las redes neuronales de nuestra DMN más se activan, lo cual suele asociarse a bajos niveles de felicidad.

Como lo expresa Judson Brewer, el autor principal de un muy referenciado artículo publicado por la Academia Nacional de las Ciencias de USA, la DMN transporta nuestra mente a un lugar distinto de donde realmente estamos. Consecuentemente, su activación es indicio de que no estamos para nada enfocados en lo que se supone debiéramos estar haciendo en ese momento, sino pensando con arrepentimiento en algo que hicimos y no debimos hacer, o abrumados por las preocupaciones sobre lo que nos puede deparar el porvenir. No debe extrañar entonces ni a tirios ni a troyanos que, inmersos en este cuadro de dantesca destrucción de nuestro  modo de vida, la mayoría de los venezolanos andemos por allí con nuestras DMNs activadas.

Ese debe haber sido  mi caso. Pensando sin saber que pensaba en el país, estado en el cual con mayor frecuencia me sumerjo significativos lapsos, las andadurías de esas regiones del cerebro que, obstinadamente, se niegan a ser acalladas así lo intente con fallidos ejercicios de meditación, trajeron a mi conciencia esta idea sobre una nueva clase de “prohombres” que la Revolución ha parido. Son los “neo hércules”.

El haber sido transportada esta idea  en una pompa, no implica que sea desestimable el nivel de compleja elaboración que la concibió allá en las profundidades. Esta idea, me dije, tiene que tener su anclaje en unos seres de carne y hueso: los arquetipos de esta nueva raza. Y allí parecieron en imágenes  recreadas por mis pensamientos: la mayoría, sino todas, de las nuevas figuras candidaturales del PSUV para las elecciones regionales y municipales cuyos discursos pude valorar a través de distintos medios.

Estos tipos, ¿o sería mejor decir tipejos?,  se presentan como seres impolutos. No asumen para nada la mancha de ser los representantes de una revolución fracasada hasta el hartazgo. Nos describen la situación del país, o de sus regiones, como si fuesen candidatos de cualquier partido opositor. Reconocen todo lo malo, pero ellos lo van a componer todo. Sin sonrojo alguno, estos “caretablas” –como los tipifica el pueblo-, reconocen implícitamente que todo el desastre es consecuencia sólo de la incapacidad de quienes les antecedieron en los cargos a los que ellos aspiran. Y obvian, interesadamente, la mayor contribución a ese rotundo fracaso del fallido modelo del cual son abanderados.

Les han dicho desde la sala situacional que todo lo controla con asombrosa verticalidad: “no importa que arrojen fango hacia atrás, si con ello pueden presentarse como los adalides de la nueva esperanza”. Ellos constituyen la mejor demostración que el Régimen ha alcanzado nivel post doctoral en la línea de reciclar esperanzas. A los que cubren de oprobioso fango, no les importa o fingen que no les importa, porque, como dice un amigo analista que bien les conoce por dentro: todo se reduce a un apestoso pegamento clientelar que mantiene unido a ese partido. Mientras sigan teniendo su cuota de prebendas y les permiten preservar lo mal habido, morirán callados en el altar de las nuevas promesas. Hasta ahora ha sido así, aun cuando el estrangulador empobrecimiento del país les estrecha márgenes de maniobra y el caso PDVSA permite avizorar algunas probabilidades de que la podrida lógica clientelar pudiera cambiar.

Suceda lo que suceda, al Régimen sólo le queda continuar practicando su deporte preferido: ganar tiempo corriendo la arruga en espera de un milagroso acontecimiento que les salve de la hecatombe. No terminan de darse cuenta que la han corrido tanto que ya ni esa escasa esperanza pueden albergar. Pero no importa, han llegado los héroes de la nueva mitología con habilidades y capacidades especiales por encima de lo normal, tal cual los “comics” de Marvel o la Liga de la Justicia. Han heredado esos poderes supra terrenales del gran Zeus que yace eternamente en el Olimpo del Infortunio. Vienen a resolvernos la vida en los estados y alcaldías.

Y es así como ahora contamos con Héctor Rodríguez;  Rafael LaPava; también algunas mujeres maravilla y, casi le olvidaba,  con el Willy Casanova que va a salvar a Maracaibo de la pavorosa oscuridad y del tremendo basural que pulula en sus calles como he podido, dolorosamente, constatar en mi más reciente visita al añorado terruño. Se pueden observar algunas diferencias entre ellos. El Héctor de Miranda, nótese la referencia mitológica a la distante Troya, no halla cómo bordar su discurso para no desapegarse de su principales manantiales ideológicos, dada su condición de  lejano heredero, con la imaginativa venta de lo que podrá conseguir con sus titánicos poderes. Mientras LaPava, pensando desde ya en su futuro post revolucionario, no se cansa de decir en cuanta reunión privada monta que eso de izquierda y derecha no va con él. Que lo suyo es gobernar para todos y entregarle también cajas CLAP a la clase media.

Pero, la terca realidad se hace presente todos los días para reírse de sus súper poderes. El colapso es indetenible. No importa cuántas groserías y mamarrachadas se digan por twitter. Al LaPava, por ejemplo, un “comando especial” de Hidrocentro se encargó de dejar a su capital sin servicio de agua corriente. Ya va para un mes con ese complejo. El sistema eléctrico le recuerda a cada rato que tiene años funcionando, casi que de milagro según decir de quienes se encargan de operarlo, sin el debido mantenimiento. Ya la gente lo que hace es reírse de ese carro de Drácula supuesto a convertirse en el inefable símil del súper roncador vehículo de Batman. La verdad: ninguno de estos “neo hércules” va a detener la caída por el precipicio que ya iniciamos como sociedad.

Hace unos días, una querida amiga me interpeló. Me cuestionó el cambio de apellido que he utilizado en algunos tuits para referirme al “neo hércules carabobensis”. Tú, tan racional que siempre te muestras en tus escritos, ¿Por qué La Pava? Todo lo que ocurre y acontece tiene causales concretas que se han estudiado y que no dependen de fuerzas del más allá. Haciéndote eco de ese mote que el pueblo le ha acuñado, no haces más que reforzar esa confusión discursiva que la Revolución ha inseminado en el imaginario colectivo. El desastre hacia el cual vamos no es consecuencia de ninguna pava, continuaba su ataque dialéctico y yo no hallaba cómo responderle. Al final, no me quedó más remedio que sentarme a explicarle lo de mi “Default Mode Network”; de cómo no podía tranquilizarla ni siquiera apelando a la “mindfulness meditation” que había encontrado en mis estudios del budismo secular.

Le dije: lo he intentado todo para tratar de olvidarme de este colapso sistémico que nos embarga. Mi cerebro insiste en vagar cual judío errante por insólitos parajes de destrucción y desolación. Recrea imágenes que laceran mi corazón. Me transporta hacia un lugar donde la superstición y la magia vuelven a ser creíbles como castigo al tanto desprecio por la sensatez de la Lógica y la modernidad científico-técnica. De allí la pavosa pompa que ha contagiado mi lenguaje, contaminándolo. De allí la razón de ser de este extraño cuento donde algunos futuribles, pretendidos “neo hércules”, nacieron chamuscados, con horrendas quemaduras en su piel, testimoniales de algún ceremonial en ese volcán del odio que ruge en el abandono de los más débiles a la más infausta de las suertes.