miércoles, 28 de marzo de 2018

Para reflexionar en esta semana santa (2018)



Sobre la candidatura de Falcón


Asdrúbal Romero (@asdromero)

 

I-De cómo se presenta


Voy a permitirme algunas reflexiones sobre la audaz acometida estratégica de Henry Falcón. En una primera aproximación, analizaré su candidatura desde una perspectiva un tanto descontextualizada, es decir: como si él fuese un actor político en un escenario democrático normal. Como tal, su juego puede ser comprendido. Sabía que por la vía de la Mesa de la Unidad Democrática su aspiración no tenía chance. De hecho, como lo denunció en múltiples ocasiones uno de sus principales voceros, su partido era marginado de las decisiones importantes –también María Corina y Andrés Velásquez han manifestado privadamente denuncias en tal sentido-. Al parecer, dentro de esa mesa no fue posible que se consolidara el hábito de apelar a la discusión democrática entre todos los actores “importantes”, con el fin de alcanzar una alineación de todos ellos en torno a unas estrategias compartidas. Es menester puntualizar, a los efectos de aclarar el uso de las comillas, que en política: cada cual es libre de valorar la importancia que se asigna a sí mismo en la competencia de las aspiraciones por acceder al poder. Falcón siempre ha querido que se le considere como un actor importante y, en consecuencia, con una legítima aspiración a ser tomada en cuenta. Desde hace tiempo, él y su entorno político han insistido en asomar su perfil presidenciable. El Régimen tomó debida nota de tal aspiración.

No fue invitado a participar en las negociaciones que se llevaron a cabo en República Dominicana y él, por las razones ya expuestas, se consideraba con legítimo derecho a ser tomado en cuenta. Consiguió en este gesto la excusa perfecta para justificar la decisión unilateral de continuar por su propio camino. No debiera sorprendernos que haya tomado la decisión de inscribirse como candidato a las elecciones presidenciales del 20M. Algunos ven en esta actitud la asunción de un valiente riesgo que eventualmente, ante la ausencia de otras opciones con suficiente entidad, pudiera ser premiado con el otorgamiento del voto. Esto sería un craso error. Las razones serán aclaradas más adelante.

La lógica discursiva de su campaña es muy sencilla. Insistirá hasta la saciedad en el dilema que se les presenta a quienes no queremos que Maduro continúe en la Presidencia. Expresado en términos coloquiales: o te abstienes de ir a votar y te haces partícipe de la posibilidad que Maduro siga ejerciendo el poder por otros seis años más –¡imagínense qué terror!-, o votas por mí que, aunque no sea un candidato que te satisfaga del todo, he asumido con valentía el riesgo de enfrentarme a él y constituyo una opción más potable. Además, el primer paso en una transición para salir de estos destructores –ya ha comenzado a especular sobre el guion de este sub relato-. Su estrategia comunicacional es contraponerse como figura a un rechazado Maduro y auxiliarse para ello con resultados de encuestas centradas en dicha confrontación. Sabe que cualquier encuesta, enfocada bajo la luz de tan aparente simple dilema, le va a favorecer frente a Maduro.

Adicionalmente, al calor de esta sencilla lógica dicotómica, se han incorporado a su campaña dos pesos pesados de la política nacional.  No tanto por el número de electores que pudieran seguirles, pero sí, hay que reconocerlo, porque se trata de dos ex candidatos presidenciales con buena imagen y que, además, no pecan de inconsistencia en sus propios discursos. Tanto Claudio Fermín, en su brevísima pre campaña, como Eduardo Fernández han venido insistiendo en la misma lógica: si todos salimos a votar, Maduro es derrotable. Lo cual, es una verdad que sólo sería verificable en la concreción de tal premisa. Y sobre la cual es comprensible que un vasto sector electoral albergue dudas, tomando en cuenta en cuenta que el Régimen ha comenzado a dar muestras, muchas y muy evidentes después de su derrota el 16D, que está dispuesto en su obstinada pretensión de mantenerse en el poder a utilizar medios muy distintos y contrarios  a la legitimación electoral que, en sus primeros tiempos, constituyó el piso de su basamento político. En este proceso bastante obvio de estabilizar su autocratización, el Régimen ya se quitó la careta democrática y ha llegado al extremo de cambiar resultados en eventos competitivos, tal como ocurrió en el estado Bolívar. Evidencia que le debemos al trabajo organizado y valiente de Andrés Velásquez y su gente en dicho estado.

Comenzamos a reflejar en este análisis que el escenario ha dejado de ser lo democrático y normal que asumíamos en una primera aproximación. Y que esa lógica tan sencilla de la que Falcón hace gala en su campaña no se corresponde con la realidad, lo cual nos obliga a escudriñar sobre cuáles pudieran ser sus verdaderas intenciones como actor político. Es necesario entonces apreciar su candidatura desde una perspectiva más contextualizada.


II-Sobre el verdadero trasfondo 


Él bien sabe que no va a ganar. Está consciente que se enfrenta a una maléfica y condenable estrategia de dominación de un electorado cautivo, al cual se le extorsiona mediante presión indebida para que canjee su voto a cambio de su no exclusión de los programas de concesión de beneficios sociales. En mi trabajo anterior en este blog, en un relato basado en hechos reales que titulé “Pequeñas Venganzas Ficticias” –ver en: http://quepasaenlauc.blogspot.com/2018/03/un-relato-con-sus-lecturas-politicas.html, retraté la forma cómo el derecho a elegir con libertad le ha sido cercenado a vastos sectores de la población ubicados en los estratos sociales más vulnerables.

También la Conferencia Episcopal ha denunciado en sus comunicados la violación  sistemática y, cuidadosamente, programada de un derecho inherente a la vida democrática como lo es la potestad ciudadana de elegir con libertad. Por esta vía, el Régimen ha estabilizado su potencial electoral en una cifra que se aproxima a los seis millones de votos, el cual se nutre en mayoritaria proporción del electorado cautivo. Esa es la verdadera encuesta a la que se enfrenta Falcón y él lo sabe, pero poco hablará de ello en su campaña porque no le conviene. Preferirá hablar de encuestas con escaso valor predictivo de lo electoral, en la medida que ellas parten del supuesto que todos los encuestados podrán elegir libremente –puede que respondan libremente ese día de la entrevista, pero otra cosa muy distinta será lo que les dejen hacer en el momento de depositar su voto-. La mala noticia es que el Régimen, en su desesperación de verse cada vez más rechazado, ha avanzado en su estrategia clientelar apelando a técnicas de Big Data articuladas a través del carnet de la Patria y la concesión indiscriminada de bonos que ya viene resultando ser una vulgar, masiva y descarada compra de votos. Califico de indiscriminada, porque dicha concesión no es el resultado de una investigación exhaustiva de las verdaderas necesidades de los núcleos familiares, sino un proceso improvisado a marcha forzada con miras a concretar su verdadero objetivo clientelar. De esta forma, aunque los seis millones del “supuesto” pueblo oficialista tengan alguna merma a causa de la diáspora, fenómeno que ya también les está afectando, es posible que esta sea sobrecompensada por la impresión del dinerito fácil y los adelantos tecnológicos puestos a la orden del Mal. Uno no entiende por qué los factores democráticos no cuestionan y denuncian con mayor virulencia toda esa maquinaria del voto obligado y comprado que el Régimen ha aceitado ante sus propias narices. Mecanismo, por cierto, que es atentatorio contra la dignidad de los seres humanos. Quizás sea pensando que una crítica en ese sentido, pudieras enajenarles algunos votos de esa población cautiva, cuando en verdad allí ya no les queda casi nada qué buscar.

Falcón está muy lejos de tener un potencial electoral y una organización capaz de rivalizar eficazmente contra el endemoniado andamiaje que ha instituido el Régimen y vuelvo a expresarlo con claridad: él lo sabe. Su aspiración está basada en una quimera revestida de una lógica elemental, la cual no soporta cualquier análisis a mayor profundidad del contexto político en el que se produce la convocatoria a estas elecciones del 20M. Quimera, por cierto, que ni siquiera se concretó en su estado, siendo él el Gobernador, en el escenario de las elecciones regionales. Estas representaron, en su oportunidad, el primer evento electoral verdaderamente competitivo después de las elecciones a la Asamblea Nacional del 16D. Es pertinente recordar que el proceso para elegir los miembros de la ANC no lo fue, habida cuenta que las fuerzas democráticas decidieron, con razón, no participar en esa convocatoria inconstitucional. En el momento de las regionales, hagamos memoria también, las expectativas de ganar la mayoría de las gobernaciones eran muy altas. La encuesta más pesimista arrojaba un escenario de victoria en al menos doce entidades. Ya todos sabemos lo que ocurrió: ingentes cantidades de electores pertenecientes a los bastiones opositores urbanos no concurrieron a votar. ¿Acaso esta motivación hacia la participación electoral ha cambiado positivamente?

Todo lo contrario. Desde el 15 de octubre del año pasado, fecha en la que se realizó el proceso para elegir gobernadores,  mucha agua ha cruzado bajo los puentes y no ha sido, precisamente, para regar los terrenos en los que reflorezca la tendencia al voto.  Ocurrió que un gobernador electo fue destituido por negarse a acudir, para su juramentación, ante una instancia cuya constitucionalidad no es reconocida por una inmensa mayoría ciudadana –el caso de Guanipa Matos en el estado Zulia-. Ocurrió también lo que ya referimos en el estado Bolívar. La opinión internacional se ha consolidado en el reconocimiento del carácter antidemocrático del régimen que nos mal gobierna, hasta el punto de pronunciarse abiertamente sobre el desconocimiento del proceso electoral en curso y de sus resultados. Opinión esta que es altamente valorada por una porción altamente significativa de los electores que se negaron a concurrir a los eventos electorales regionales. Se producen los claros pronunciamientos de la Conferencia Episcopal, AVERU y Fedecámaras sobre el carácter fraudulento del llamado a elecciones; inhabilitaciones abusivas por parte del Régimen de partidos y candidatos, etc. En fin, estos y muchos otros factores sobre los cuales no creo necesario abundar, confluyen en una tendencia hacia la consolidación de una tendencia abstencionista alimentada por razones muy específicas y de carácter coyuntural –nada tiene que ver con el fenómeno de abstencionismo genérico que recurrentemente se manifiesta en las elecciones de nuestro país así como en la de muchos otros-. Buena parte de la mayoría social que se opone a la posibilidad de que el régimen destructor continúe en el poder, ha internalizado la creencia que, en las actuales circunstancias, su derecho a elegir de verdad y con libertad le ha sido conculcado.

Siendo este el contexto en el cual se desenvuelve la actual campaña electoral,  cabe preguntarse uno: ¿Cuál es el verdadero objetivo político que persigue Falcón con su candidatura? ¿Ganarle a Maduro? ¿O posicionarse, después de un resultado electoral adverso, como el principal referente opositor a ser tomado en cuenta para cualquier proceso de transición que se plantee en el país? En mi opinión es el segundo. Y para su consecución, se podría reconocer que se está produciendo una confluencia de intereses sectoriales y particulares que juegan a su favor. Muchos grupos del chavismo disidente, que se presentarán como democráticos y por ende “anti abstencionistas”, se refugiarán en su candidatura. Es natural que suceda de esta manera, incluso por una razón que no será transparentemente admitida: la de protegerse de una persecución que el Régimen ha dado señales de estar dispuesto a acometer con ferocidad. También confluirán en su candidatura intereses anti MUD, proclives a identificarse con ese discurso de auto victimización que enarbola Falcón, al presentarse como un marginado más de la lógica de funcionamiento con la que la MUD ha operado a su interior. Al igual que como viene ocurriendo con Eduardo Fernández y Claudio Fermín, todas esas corrientes coincidirán en el sencillo planteamiento dicotómico: o votas por Falcón o te calas a Maduro. La candidatura de Falcón crecerá pero no va a resultar victoriosa. Sacará sus propios votos más los que el CNE del Régimen le adicionará en función de su propio interés: validar la legitimidad del fraudulento proceso electoral convocado para el 20M. He aquí la inflexión a partir de la cual la candidatura de Falcón deja de ser la romántica aventura de un actor político normal en un juego democrático normal (primera aproximación) para convertirse en una candidatura que, por hacerle el juego al Régimen; por servirle de comparsa y, en consecuencia, ser contraria a los más altos intereses de la Nación,  le debe ser reprochada.

He aquí la razón por la que predico que no se debe votar por Falcón. El verdadero dilema que plantea su candidatura a quienes nos oponemos a la continuidad de este régimen: es el de si salimos a votar por él, tentados por la milagrosa posibilidad de que lo dejen ganar, contribuyendo simultáneamente a legitimar el proceso y fortalecer su posición como líder de cara a una transición en puerta, o si nos abstenemos. Ahora bien, con relación a esta opción de abstencionismo coyuntural, tal como lo expresa un documento presentado por Punto de Encuentro a la opinión pública: “La abstención pasiva no puede ser la respuesta de los demócratas venezolanos”.

III-Tres bloques y un mensaje final



Tenemos tres bloques que compiten en el espacio político del país en la coyuntura actual. El Madurista que, teniendo al país como lo tienen, sin vergüenza alguna se presenta para su reelección, como si fuese la más trágica obra de un desangelado teatro del absurdo. El liderado por Falcón, en el que han confluido un conjunto  inusual y muy diverso de actores políticos que se percibe alineado en torno a un enfoque discursivo en extremo simplificador del complejo problema que afrontamos como nación.  No obstante, tan atractivo por su sencillez comunicacional que se asemeja a un poderoso y tentador canto de sirenas. El engrane entre los factores ha sido perfecto, tanto que cualquier fantasioso relator podría imaginarse la paciente y elaborada conceptualización y puesta en marcha de este bloque en un laboratorio ubicado en alguna de las más oscuras trastiendas del Régimen: la troyana construcción de la opción política opositora que le conviene –generosamente dotada, por supuesto, con espacio comunicacional y cuantiosos recursos-. No puedo decir que me conste que así lo sea, aunque cuando el río suena…Esto es, en definitiva, a lo que se me asimila la peligrosa candidatura de Falcón.

Y frente a los dos bloques electorales, por ende de más concreta activación, aparece el tercer bloque un tanto más apagado. El de las fuerzas que propugnan por un auténtico cambio en la conducción de un país que ya está a punto de reventar porque no soporta más tanta destrucción acumulada. Lastimosamente, todavía aparece dividido. Todavía seguimos sin entender que el verdadero dilema es: “O nos unimos o nos hundimos”. La mejor inversión política que se puede hacer ahora es la de tomarse el tiempo para construir el urgente y necesario consenso alrededor de una estrategia compartida y su correspondiente hoja de ruta. Se requiere llenar de contenido político  a esta tercera opción. Articularlo con las demandas sociales de la población. Sigo pensando que el Frente Amplio puede ser la mejor opción. Pero hay que construirla con unidad, organización, mensaje y acción. Por eso he comenzado a trabajar desde su interior, pero sigo esperando porque las últimas barreras de la desunión sean demolidas. De no ocurrir así, la candidatura de Falcón tomará oxígeno, y eso sólo servirá para oxigenar al Régimen. ¡Sería una tragedia!
  




miércoles, 14 de marzo de 2018

Un relato con sus lecturas políticas encriptadas



Pequeñas Venganzas Ficticias


Asdrúbal Romero (@asdromero)

Seis de la mañana en la avenida Lara. Marina ve con desespero como a las camionetas no las dejan ni siquiera llegar a la parada. En cuanto una se asoma, el gentío corre hacia ellas y se arma el despelote. Serán pocos de los que se arremolinan a su alrededor, los que logren montarse después de unos cuantos forcejeos y codazos. Sabe, por su edad, que no tiene ningún chance en esos torneos mañaneros. Con el correr de los meses y la mayor escasez de unidades de transporte, se han hecho parte de la inédita rutina que padecen los centenares de personas que persiguen con ansiedad movilizarse hacia sus lugares de trabajo.

Levantada desde las cuatro y media, ya no le es posible estimar a qué hora podrá llegar a la residencia donde presta sus servicios. Agolpada con otros en la acera de Colchoganga,  transcurren los minutos en paciente espera. Casi las siete, el escenario se mantiene congestionado. Han aparecido muy pocas camionetas. Se le acerca una joven y le pregunta si estaría dispuesta a responderle una encuesta. Muy corta, le añade, sin esperar respuesta. Marina la ve y mueve su cabeza en gesto negativo. Como si estuviese preparada para ese tipo de resistencia,  la joven le dice: es mi trabajo, ayúdame, te brindo un cafecito. Saca de su bolso un pequeño termo y un lotecito de pequeños vasos. Sorprendida por la conducta habilidosa de la encuestadora, Marina accede.

-¿Piensas votar en las próximas elecciones para gobernador?
-Soy colombiana de nacimiento, pero desde que me entregaron mi cédula venezolana siempre he votado.
-¿Conoces a los candidatos?
-He escuchado hablar del que casi estuvo a punto de desnudarse en un mitin. ¡Sinvergüenza! Pero yo voto por el de la Oposición, el que pongan.

Animada por el cafecito, la dura en primera apariencia para ser encuestada abandona su mutismo inicial y se despepita a hablar mal de los que han destruido ese “bello país que era la Venezuela cuando llegué a Caracas”. Lanza epítetos a diestra y siniestra en contra de los chavistas. La joven, a pesar de la sorpresiva verborrea de su interlocutora, logra llenar los otros renglones de la encuesta. Se despide contenta. Ese día, Marina no puede asistir a su trabajo. Al terminar su conversa con la joven, se entera de la razón por la que la mayoría de los camioneteros no han salido ese día a cubrir sus rutas. Paro de transporte. ¡Otro incremento de pasaje en puerta!

El miércoles justo después de las elecciones regionales. Marina y su “patrono” comparten su primer cafecito de la mañana. A ella le encanta hablar de política con su jefe por ese día.

-¿Siempre acudiste a votar?
-¿A qué no sabe lo que me ha pasado Sr. Asdrúbal? El hombre que me vende el CLAP se me ha presentado a las ocho de la mañana en el anexo. Me dijo que teníamos que ir al Punto Rojo. Le dije que no quería ir a votar. Insistió tanto que no me quedó más remedio que acompañarle.

Inmediatamente pensé que lo de la “insistencia” era una versión edulcorada de la presión que le habría hecho el susodicho. La dejé que continuara.

-Chequearon que no había votado. El hombre me tomó una foto.
-¿Del voto?
-No, Sr. Asdrúbal, ¿cómo cree? Una foto mía en el Punto Rojo.

Me imaginé al jefe del vendedor de CLAPs dándole instrucciones. Me traes una foto de cada uno de los que lleves a votar. Esta vez no nos vamos a calar que cada cual haga lo que le dé la gana. El Partido no quiere otra sorpresita como la del 15D. ¿Quieres seguir vendiendo CLAPs? Te me presentas aquí con todas las foticos de los que tú eres responsable. Si a mí me sacan de esta vaina, ten por seguro que a ti también.

-¿Y votaste? –le repregunté-.
-Sí, voté porque el que me aconsejó, pero no sé si con la tarjeta que usted me enseñó. Me puse muy nerviosa Sr. Asdrúbal.

Siete años conociéndola. Ya sabía cuándo me mentía. Había detectado en ella una incipiente tendencia a una  particular mitomanía, en la que se percibía a sí misma como una ardiente predicadora callejera del antichavismo. Solía extenderse, hasta activar mis neuronas de la incredulidad, relatándome de cómo les decía del mal que iban a morir a cuánto chavista se cruzara con ella defendiendo al Régimen. Fuera en las colas, en las camioneticas o en el CDI cercano  a su casa donde tenía de amigas a unas médicos cubanas, siempre conseguía arrestos en su calenturienta imaginación para enfrentárseles con inusual valentía. No soy psicólogo, pero de mi afición a las neurociencias y sus ramificaciones había podido inferir que Marina se había inventado en su cerebro un personaje, una especie de alter ego como ¨El Otro Yo del Dr. Merengue¨ de mis caricaturas domingueras en Panorama cuando era niño. Con el transcurrir del tiempo, había perfeccionado sus performances con ese alter ego suyo, a través del cual disfrutaba con fruición de sus pequeñas venganzas.  Le añadía cada vez mayores detalles a sus actuaciones ficticias. Quizás tratando de imprimirle mayor verosimilitud a sus relatos, aunque lograra en mi percepción justo el efecto contrario. Eran cada vez más atrevidos, llegando en sus más recientes narraciones a situaciones de una inminente violencia que nunca alcanzaban a consumarse. Muy valiente, sí, pero la habían llevado obligada al Punto Rojo. Marina hizo caso omiso de mi silencio y continuó narrándome sus peripecias del día de las elecciones.

-A las doce del mediodía me llegó la Presidenta de la asociación que hicimos para que nos dieran una casita por la Misión Vivienda.
-¿También? –razoné que en esta oportunidad el Régimen se había bien puesto las pilas-.

Tenía ya varios años Marina con ese sueño por el kino prometido, del cual los malvados se encargaban de renovarle sus quinticos cada vez que necesitaban de su voto.

-A pesar de que le insistí que ya había votado, tuve que acompañarla de nuevo al Punto Rojo. Chequearon que ya lo había hecho, pero aun así también me tomó una foto.

Bueno Marina, al menos saliste bien retratada este domingo –se lo endulzé de esa manera como para cerrar la conversación-. ¿Para qué iba a inferirle otra herida a su dignidad humillada? Mejor dejarla creyendo que había hecho mía su versión del voto rebelde. También en mis neuronas hay tantas experiencias acumuladas. En mis largas andanzas, no todas caballerescas, por los patios donde se dirimen las inclementes luchas por el poder, conocí de varios métodos para el aseguramiento del voto del elector extorsionado. Fui víctima como candidato un par de veces. ¡Qué haya sabido! Mi memoria me obliga a reconocer también que en una ocasión fui partícipe activo, sólo para garantizarles a quienes desconfiaban de mí que cumplía fielmente con los mandatos del innombrable pacto. Marina, a estas alturas de mi correosa vida política,  nunca podría hacerme creer que teniendo el Régimen precisada su exacta ubicación física como votante; asignada la persona responsable de buscarla y hacerle cumplir su supuesta obligación como electora objeto de extorsión -por el mero hecho de ser beneficiaria de unos programas sociales a los que tenía pleno derecho dada su condición de ciudadana-;  iba a dejar como cabo suelto el último eslabón de su cadena de dominación: la certeza de la emisión del voto cautivo.

Todos estos pensamientos se volcaron a mi plano consciente, provenientes, algunos, de recónditos parajes que creía ya sepultados por los años, cuando me levanté de la mesa. La política cuando se ensucia es así. Y qué duda pueden abrigar los pobladores de este destruido país, de no ser para quienes detentan el poder más  que ratones de un laboratorio de experimentación ya probado; de estar inmersos en una sucia, infame, maligna e inhumana estrategia de dominación política.  

Me dirigí a mi habitación. Prefería no conocer más de esa terrible realidad que continuaba avanzando con la pretensión de convertirnos a todos en prisioneros de ella. Opté, para distraerme de la sensación de impotencia que me perseguía, por abrir el twitter. Sólo para encontrarme con ese chirriante desencuentro de interpretaciones políticas sobre las causas del desconcertante resultado en las comentadas elecciones regionales. Una torre de Babel donde cada cual hablaba desde el encierro en su propia jerga, para apuntar culpas en los libros del “debe” de las otras tribus. El Régimen disfrutando su mejor logro: el habernos fragmentado, lo cual acrecentaba el mal humor impregnado por el relato de Marina. ¿Cuántos como el de ella? En esas narrativas residía la verdadera encuesta y no en las que embelesan fundamentadas en un altísimo porcentaje de rechazo a Maduro que, siendo real, ya no representa un decisivo valor electoral. Tales eran mis reflexiones, cuando la voz de mi fiel servidora capturó de nuevo mi atención.

Le respondí desde el cuarto una sencilla consulta doméstica. Su voz la había escuchado como si fuese de una víctima en algún campo de concentración. ¡Primera vez! Esta vez la ficción era mía. Nada podría distraerme. Lo sensato era rendirme al acoso de todo lo que volaba en mi mente a causa de una confesión cuyo reconocimiento suyo no era necesario. Continuar hurgando en ello. Nadie puede culparles, me dije.   Tampoco es que son tontos.  Saben que se aprovechan de su vulnerabilidad, creada con esa intención por quienes dirigen el mecanismo de extorsión. Utilizan como herramienta la insatisfacción de sus necesidades más básicas como seres humanos. Deben odiarles, a los capos, y a quienes asumen su representación, aunque lo oculten en lo más profundo de sus entrañas. Están conscientes que no pueden exteriorizar ese odio, no son libres para hacerlo, pero está allí esperando su oportunidad para ser liberado. O quizás, se vayan desprendiendo de él mediante pequeñas venganzas ficticias. ¡Cómo Marina!

Son clientes de una maldad que no tendrá perdón ni en los cielos.   Por ahora, no les queda más que resignarse a su cautiverio y quién podría atreverse a criticarles por ello.  Mientras tanto, pasando hambre, jugándose la vida  con males menores cuya atención se les ha hecho inalcanzable, presos en un destino sin progreso, cuántos, como mi humilde servidora, no hilvanarán en sus mentes ficciones que les ayuden a mitigar el sentimiento de saberse humillados en lo muy poco que les queda: la dignidad inherente a su condición humana. Algunas muy minúsculas, aun así placenteras, como la de responder una encuesta como si  se disfrutara de una libertad que en la realidad les ha sido arrebatada.

La fenomenología del cómo se produce la implantación neuronal de esas ficticias experiencias remediales como si de verdad hubiesen sido vividas, los estudiosos del cerebro humano la incluyen todavía en la lista de las interrogantes no resueltas. ¡Mentiras que pasan a ser incorporadas como verdades! Fue así cómo aquel día comprendí a ese otro yo de Marina con quien ella compartía sus memorias.    


jueves, 15 de febrero de 2018

Sobre la Inviabilidad en un País Ligero

Foto tomada de reportaje publicado por ABC España. Venezuela, donde los niños mueren de hambre.

El País Inviable


Asdrúbal Romero (@asdromero)

Ya nos encontramos en el núcleo de una tormenta perfecta. Vientos huracanados que arrasan con todo, de grado quinto dirían los meteorólogos. Con el encapotado pronóstico de mayor enfurecimiento, a diferencia de los huracanes físicos que tienden a mermar su potencial destructivo con el paso del tiempo. Esta tormenta de índole metafórica, por supuesto, es la manifestación de una severa inestabilidad de nuestro sistema socio-económico. Su respuesta natural a la irresponsable permisividad con la que el Régimen consintió que se desequilibraran los elementales balances entre ingresos y egresos, entre precios y costos reales, por un tiempo excesivamente prolongado.

Nuestra economía, aunque con cierto rezago, había alcanzado cierto grado de modernidad y complejidad en su manejo a pesar de ser relativamente simple y de moderadas dimensiones cuando comparada a la de otros países. Consecuencia de la necesidad de interactuar con una economía mundial globalizada, por ende profundamente interdependiente, y una funcionalidad operativa tremendamente impactada por los adelantos tecnológicos. Estos destructores que han manejado al país durante estos últimos veinte años nunca comprendieron esa complejidad, quizás por ello nunca le tuvieron temor.

Me atrevo a más: no sólo que no la comprendieron, sino que siempre demostraron una cierta subestimación del hecho de tener que comprenderla. Un ejemplo más de ese absoluto desprecio por las razones científico- técnicas que ha caracterizado al Régimen. Como cuando Chávez, en plena cadena nacional, se disponía a garabatear sobre unos planos el nuevo rediseño del sistema eléctrico nacional interconectado. ¡Por Diooos! Esa ignorante arrogancia les ha venido castigando sin clemencia en todos los ámbitos de su gestión pública. ¡Nos está castigando a todos! Porque ahora estamos sufriendo las consecuencias de que ellos permitieran, con su estúpida petulancia,  el quiebre sostenido de todos los necesarios equilibrios que debían salvaguardarse en la planificación, operación y control de nuestro sistema socio- económico. Es como si se les hubiese encomendado a unos indígenas de la Isla de Pascua la sensible operación de un reactor nuclear de última generación.

El sistema se les salió fuera de control. Irrespetaron la imperiosa necesidad de mantener en él los equilibrios más básicos y dieron pie con ello a que se disparara la inestabilidad.  Hace algunos días, en una reunión de análisis y prospectiva, un buen amigo me decía que lo que más le preocupaba era que no avizoraba ningún punto de equilibrio cercano en el cual, después de su transición destructiva, el sistema pudiese aterrizar y calmar su acelerada tendencia a continuarse deteriorando. No existe –le respondí lacónicamente-. Después de un breve silencio continué. La deriva con respecto a los equilibrios deseados es creciente y a mayor velocidad. Lo hemos venido observando en todos los indicadores: precio del paralelo, hiperinflación, etc. Retornando a la metáfora de la tormenta –ya había recurrido a ella-, los vientos destructivos no van  amainar. Todo lo contrario. La inestabilidad es  imparable, a menos que se implemente una estrategia de estabilización en la que se regenere un balance del sistema. De tener éxito, estaremos peor que cuando toda esta tragedia se disparó, mucho peor, pero al menos en calma: estabilizados en un nuevo punto de equilibrio.

Pero quiere decir esto que dentro de muy poco no habrá casi carros en la calle –volvió a intervenir mi interlocutor-. Con los costos actuales de un cambio de aceite o de un par de cauchos, si siguen incrementándose serán muy pocas las personas que puedan mantener a sus vehículos rodando. Muy cierto, le dije. Hace unos cuantos meses escribíamos sobre cómo el modelo de educación universitaria se había tornado inviable. Pero ahora la inviabilidad se ha extendido cual enfermedad muy contagiosa a todas las áreas del quehacer colectivo del país. Cuando un obrero, una secretaria, un maestro se ve en la situación de tener que ponderar  lo que le cuesta transportarse a su lugar natural de trabajo y compararlo, ineluctablemente, con lo que va a percibir salarialmente por esa jornada laboral, es hora de reconocer que hemos traspasado el punto de quiebre de la viabilidad de mantener al país funcionando con normalidad. ¡El país se ha hecho inviable!

Y si tomamos distancia con respecto a las preocupaciones de la clase media, o la asalariada, y enfocamos el análisis en los sectores más vulnerables de la población: es la vida la que se les va haciendo inviable. Es la satisfacción de las necesidades más básicas para mantenerse vivos, la alimentación, la salud, lo que ya va siendo plagado implacablemente por el fenómeno de la inviabilidad. Ya no hay forma de que estos arrogantes destructores puedan parar su afectación de todas las dimensiones de la vida en Venezuela. Todo está impactado y esto, más temprano que tarde –medido hoy en el tiempo- les va a expulsar del poder convertidos en genocidas. Sólo la ligereza colectiva de nosotros como integrantes de una nación –ligereza como una traducción literal de una palabra en inglés que expresa con certera precisión lo que deseo significar: “lightness”-, explica que todavía estén en el poder.

Bien, el mensaje central que deseaba transmitir ha sido desplegado. Sin embargo, deseo aprovechar los conceptos presentados para desarrollar un subtema. Tiene que ver con la afirmación hecha antes: “la crisis de inviabilidad les va a expulsar del poder”. Tan clara como a mí me parece, resulta que no luce convincente para muchas personas con las que tengo la oportunidad de intercambiar opiniones. A continuación les presentaré el argumento contrario que esgrimen éstas. Argumento que, por cierto, he encontrado con significativa regularidad en textos, más o menos largos aunque sin el suficiente soporte, compartidos en las redes sociales.

I-¿Éxito o Fracaso del Régimen?


Dicho todo lo dicho, se podría hablar con suficiente respaldo de estruendoso fracaso del Régimen en su gestión de gobierno. Esta es mi opinión sin abrigar ningún género de duda. Pues bien, resulta que lo que es fracaso para mí, para los contrarios –en el debate que ya hemos enunciado- constituye un éxito. Parten de la premisa que toda la progresión dinámica de la crisis, ha sido cuidadosa y sigilosamente planificada por el Régimen con el objetivo de traernos a este severo estado de empobrecimiento generalizado, dentro del cual les será muy fácil mantenernos sometidos por muchos años más.

Ahora resulta que estos señores, a los que yo he insistido por varios años ya de calificar como destructores, son unos genios que han planificado la transición dinámica perfecta a este especie de nueva cuba reprogramada. Y como Cuba ha estado dominada por más de sesenta años a pesar del doloroso empobrecimiento de sus pobladores, el tercer enunciado del silogismo para quienes, sin mayor elaboración, tristemente admiten el éxito del Régimen es concluido de manera casi automática: Lograron consolidar su estrategia de dominación -¡Nos jodimos!-. Quizás, esta lógica de razonamiento sea uno de los insumos para la tanta desesperanzada resignación que observamos a nuestro alrededor.

Recientemente, en una muy amistosa reunión de ex autoridades de la UC, tuve la oportunidad de escuchar, ojalá por última vez, esta argumentación del supuesto éxito. La temática de esa reunión no me permitió darle respuesta a esa narrativa que nos sorprenderíamos de la cantidad de gente que la comparte. Ahora sí, mi argumentación contraria:  El análisis dinámico que subyace a muchas de las afirmaciones contenidas en este texto, me ha conducido a la conclusión que el Régimen ya no cuenta con el margen necesario para poder estabilizar a Venezuela en un estado de miseria generalizada como es el caso de Cuba. ¿Cómo equilibran ahora después de jugar tanto tiempo al autoengaño de una economía ficticia?

En Cuba, los Castro, por más de sesenta años, con la ayuda por un extenso lapso de Rusia y luego con la del chavismo, han logrado mantener a sus pobladores en un estado de equilibrio, por ende estabilizado aunque con algunos vaivenes, cuya primordial característica ha sido la prevalencia de condiciones de nulo progreso, sub alimentación, sub educación e insuficiente calidad de la salud pública. Siempre han dependido de las ayudas externas, cortadas éstas: entrarían en una progresiva crisis de inviabilidad como la que a nosotros nos afecta. ¿Cómo lo pudieron lograr hasta ahora? Además del financiamiento externo y cierto celestinaje por parte de un veleidoso izquierdismo europeo, habría que entrar a considerar las circunstancias propias de las coordenadas espacio temporales en las que la revolución castrista triunfó en ese país.

Era esta especie de estado de equilibrio con miseria estabilizada, similar al que impera en Cuba, el que mi amigo pretendía, con ansiedad, avizorar en un lapso cercano. Un estado de equilibrio en el que aterrizáramos con alguna prontitud, mucho más pobres pero al menos sin la sensación de seguir cayendo por un precipicio sin fondo. En la conversación a la que hice referencia,  me confesó que no lo veía cercano. Recuerden mi categórica respuesta: ¡No existe!  Una verdad que ha podido ser empíricamente constatada desde que el final de la fiesta fuera decretada (reelección de Chávez a finales del 2012). La crisis no se detendrá. Continuará incesantemente profundizándose. El Régimen activó la tormenta perfecta, el más luminoso incendio en la pradera, la más vertiginosa caída por un despeñadero hacia el centro de la Tierra, como quieran describirlo, y ahora ya no pueden detenerlo. Sólo su salida podría engendrar las condiciones para comenzar a frenar los furiosos efectos de la inestabilidad. Y todavía seguiremos cayendo por un tiempo. ¡De allí la urgencia para que se vayan!

Este amigo, que es el momento de reconocerle como muy inteligente, en sus reflexiones de búsqueda de algún punto de equilibrio al cual desesperadamente asirnos, comenzó a identificar algunas posibilidades de equilibrios localizados en ciertas regiones del país. Ciertamente, podrían surgir en algunas zonas rurales comunidades organizadas que viviendo de la siembra muy artesanal, la caza y la pesca, y del rezo a los dioses cuando alguien se enferme gravemente o una cruenta epidemia les toque a sus puertas,  pudieran alcanzar un equilibrio de sobrevivencia. Viviendo a la espera de un nuevo avatar que les visitara.

Al final, ambos llegamos a la conclusión que estas zonas de equilibrios localizados nunca podrían extenderse a los efectos de cubrir a un país en el cual ya se han levantado densos núcleos urbanos y se ha consolidado una dependencia de una infraestructura y de una compleja modernidad que el Régimen vanamente se ha empeñado en destruir. Los destructores no sabían en verdad, es mi hipótesis, la caja de pandora que estaban abriendo. Ahora, no nos queda de otra que abocarnos, sin ellos y bajo un espíritu de unidad nacional, a concertar un plan para la transición que saque a Venezuela de esta lastimosa condición de país inviable.

II-Algunas útiles referencias


Ya para concluir, hicimos mención con anterioridad al “análisis dinámico que subyace a muchas de las afirmaciones contenidas en este texto”. Ciertamente, en este trabajo se habla más de los resultados observables que de las razones que explican su acontecer –en atención a la necesidad de limitar su extensión-. En el pasado, he publicado tres artículos en los cuales, apoyándome en la Teoría Dinámica de Sistemas, presenté un enfoque prospectivo de esta crisis. Intenté en ellos tratar de explicar las causales que la habían activado, en un lenguaje que pretendí fuera lo más digerible posible por legos en la materia. Para quienes deseen profundizar sobre esas “razones” les facilito sus títulos y direcciones de acceso en este mismo blog:



2.      “Sobre la Inestabilidad de nuestra economía” (11/11/2013). http://quepasaenlauc.blogspot.com/2013/11/otro-enfoque-sobre-por-que-lo-que-viene.html

3.      “Venezuela hacia un ‘Process Shutdown’” (14/12/2014). http://quepasaenlauc.blogspot.com/2014/12/venezuela-hacia-un-process-shutdown.html


Son tres trabajos con datos e informaciones ajustados a las coordenadas temporales en las que fueron escritos. Tres instantáneas tomadas en el lapso de casi dos años: inicios del 2013 a finales del 2014. Un hilo en común: la mirada puesta hacia el inquietante futuro.  Desde aquellos tiempos veníamos preocupados por la posibilidad que el desarrollo dinámico de la crisis desembocara en la Tormenta Perfecta. ¡Cuánto nos hubiese complacido el habernos equivocado!

  

sábado, 27 de enero de 2018

¿Es el dilema votar o no?



PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA UNIDAD NACIONAL



El video corresponde a un lapso de la entrevista radiada en el escuchado programa de Unión Radio “Con la Derecha y con la Izquierda”. Se refiere a si el dilema ahora para quienes deseamos un cambio en el país está entre las opciones de votar o no. La respuesta está en consonancia perfecta con los conceptos de UNIDAD NACIONAL y CONSENSO, que en el movimiento carabobeño PUNTO DE ENCUENTRO PARA LA UNIDAD NACIONAL nos hemos comprometido promover. El verdadero dilema estriba en si los ciudadanos de este país vamos a unirnos todos o no, para enfrentar más eficazmente las estrategias para eternizarse en el poder del oprobioso régimen que preside Maduro.

El movimiento está en fase de constitución. La rueda de prensa a los medios de comunicación social, para su presentación,  fue ofrecida en la Galería Braulio Salazar el jueves 25 de enero. Me correspondió a mí, el autor de este blog, dar lectura a un texto que comparto con ustedes más abajo y en el cual se enuncian los objetivos y premisas fundamentales que animan al movimiento. No sin antes decir que quienes nos hemos abocado a organizar sus primeros pasos,  percibimos como una señal de muy buen augurio el que nos acompañara una nutrida representación de diversos sectores de la sociedad civil: cámaras empresariales; representantes de los trabajadores; profesores universitarios; dirigentes juveniles, culturales y también políticos.  A todos, GRACIAS y a TRABAJAR PARA UNIR AL PAÍS. 

DECLARACIÓN A LA PRENSA (25/01/2018)


Quienes suscribimos esta declaración de prensa dirigida a los medios de comunicación social, hacemos pública nuestra decisión de organizarnos en un movimiento generador de opinión, tanto en el ámbito regional como nacional,  dirigida a promover la unidad nacional y el consenso como los procesos políticos más idóneos para:

En primer término, lograr la concertación en torno a un proyecto de país y el correspondiente plan de acción contentivo de un conjunto de líneas estratégicas fundamentales para una transición, cuyas metas sean el resolver la grave situación de crisis humanitaria e inviabilidad económica que nos aquejan, así como consolidar la reinstitucionalización de la república en todos los ámbitos de su accionar colectivo.

En segundo término, estamos persuadidos que debería continuarse activando el mecanismo de consenso, a los efectos de la selección de un auténtico candidato unitario para las elecciones presidenciales de este año. Consideramos que el consenso, como proceso integral visibilizado con  absoluta transparencia hacia todos los venezolanos, es la vía idónea para lograr la recuperación del entusiasmo y la motivación en los ciudadanos por su participación electoral en tan crucial evento. En este sentido, nos parece inconveniente la ruta anunciada por algunos de los más importantes partidos que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), en lo que respecta a la realización de unas elecciones primarias para la escogencia del candidato “unitario”.

Consideramos, con relación a lo planteado, muy pertinente hacer la siguiente acotación: cuando hablamos de unidad nacional, nos referimos a una unidad que integre a todos los sectores representativos de la sociedad venezolana: Iglesias; Universidades; Empresarios; Trabajadores; Educadores; Gremios Profesionales; Partidos Políticos; Jóvenes; Academias; ONGs, etc. Una unidad que esté por encima de los partidos y que sea representativa del mayoritario e inmenso deseo de cambio que se respira en el país. Nos resulta inimaginable pensar, que podamos continuar soportando por muchos años el afán destructor de un régimen el cual, superado el escollo de unas últimas elecciones que se celebrarían con algún resquicio de democracia, seguramente se abocaría a consolidar una férrea dictadura y, con ella, concretar su anhelada pretensión de eternizarse en el poder.

Precisamente, por esta razón es que necesitamos de la movilización masiva de los electores. Para derrotar ampliamente tales pretensiones y lograr el urgente e indispensable cambio que demanda la sociedad venezolana. No creemos necesario, en esta oportunidad, ahondar demasiado en el diagnóstico.  Venezuela ha entrado en un preocupante estado de inviabilidad y sostenibilidad de su economía vital,  cuando los empobrecidos salarios han llegado a un nivel tal que ya no se puede vivir del trabajo. Ni tampoco acudir a él, porque cada día el colapso del sistema de transporte, sus altos costos y la gravísima crisis de efectivo suponen una creciente obstaculización del fundamental cumplimiento laboral.

 Venezuela ha entrado en la recurrente vivencia de una tragedia, a juzgar por los indicadores de desnutrición; de muertes innecesarias, por falta de medicamentos o a consecuencia de una extremadamente inadecuada atención de salud. Nos encontramos inmersos en el epicentro de una  crisis humanitaria nunca antes vista cuya progresión dinámica debe ser detenida ya. De proseguir el Régimen en el poder, continuará profundizándose.  Ya ha dado muestras hasta la saciedad de no estar en capacidad, ni tener el deseo,  de producir el imprescindible cambio de rumbo que requiere el país.


 No podemos, en consecuencia, darnos el lujo de perder las próximas elecciones presidenciales. El riesgo que corremos es demasiado alto. Por ello, nuestro llamado a que nos entendamos sin traumas e innecesarios enfrentamientos, para poder encarar, sin zancadillas, a un régimen abusador y corrupto.  Hay que pensar primero en el país y deponer intereses personales. Nos proponemos, identificados con los principios  de unidad nacional y consenso, el primordial objetivo  de regenerar la confianza colectiva del país en sus líderes y, así, hacer renacer la esperanza en el voto como instrumento de cambio.  Esta es la vía para lograr la cristalización de la mayoría social con la que contamos, en un gobierno de unidad nacional que ejecute una  transición construida sobre la base de eficaces consensos.

Postdata:


https://www.youtube.com/watch?v=FMJ-sEYeLBw

 Dirección de video en youtube contentivo de una parte de la rueda de prensa.



jueves, 4 de enero de 2018

Universitarios debemos asumir exigencia al Régimen de Dolarización


Dolarización: ¡Es urgente!


Asdrúbal Romero (@asdromero)

I-Propuesta en una noche universitaria


Si mediante el establecimiento de algún plan de políticas económicas, quisiéramos que nuestro poder adquisitivo no se continuara licuando de la manera como lo ha venido haciendo – en los meses más recientes a una velocidad que produce vértigo-, tendríamos que unificarnos alrededor de la exigencia de la implantación de tal plan. Este es el leitmotiv que me anima a proponer la tesis de la Dolarización en el marco de una conversación en la que sólo participábamos profesores universitarios.

Tal como ha venido avanzando el proceso destructivo de nuestra moneda, mi premisa, a estos centenares de metros hundidos en el subsuelo, es que el plan con la mayor eficacia para detener la progresiva y rapidísima erosión del poder adquisitivo nuestro en un corto plazo es la Dolarización. Reconozco que pudieron haber existido otros planes con ese objetivo, pero el tiempo, inexorablemente, continúa transcurriendo. El Régimen, con su destructiva obstinación, no hace nada que no sea continuar echándole gasolina al proceso ya hiperinflacionario, mediante ficticios incrementos salariales y el consecuente incremento de la base monetaria. La economía del país reacciona como uno de esos ríos, que con imparable fortaleza, ha decidido retomar su cauce llevándose por delante lo que tenga que llevarse. Todos los indicadores coinciden en que ya estamos mucho peor que Ecuador, mucho, demasiado, cuando a ellos no les quedó de otra sino adoptar la Dolarización.

Las opciones a las que podíamos recurrir han ido, progresivamente, tornándose poco atractivas, al menos en cuanto a su potencialidad cortoplacista  de poder frenar con la suficiente fuerza el ritmo hiperinflacionario. Sólo nos va quedando como opción: la  inmediata dolarización que, además, por evidentes razones se va haciendo casi inminente. Esta es mi premisa. La que me motivó a lanzar en la mencionada reunión de profesores, sin mayor preparación previa, la Dolarización como el Plan, el único alrededor del cual debíamos unificar nuestra posición. Por supuesto, se produjeron reacciones encontradas. La sola mención a la moneda del Tío Sam contenida en el apelativo del Plan evocó naturales manifestaciones de temor, incertidumbre e incredulidad. Debo decir que yo también pasé por tales estados cuando, por primera vez, en el ámbito de las discusiones del TREN se planteó el tema de la Dolarización.

Demasiada agua ha circulado debajo del puente desde aquellas fechas. El Régimen con su eterno correr de la arruga ha logrado transformar mis temores en aceptación del carácter irremediable del tratamiento. Una connotación al interior del “frame” salud, para transmitir lo mal que estamos y la necesidad que tenemos de ponernos la vacuna a fin de tratar de salvaguardar el pésimo salario que ya devengamos –en términos de su real poder adquisitivo-. Es en este sentido que voy a desarrollar la argumentación contenida en este texto.

II-La Expedita Ventaja Principal


No voy a entrar en la repetición de los diversos argumentos, a favor y en contra, que excelentes articulistas del tema económico ya han presentado a la opinión pública sobre la opción dolarizadora. Voy, más bien, a permitirme el enfoque coloquial con el cual se desarrolló el intercambio de opiniones con mis colegas, a cuenta de mi argumentación sobre su principal ventaja. El asunto más álgido, comprensiblemente, fue cómo iban a quedar los sueldos. En el renglón de los egresos, el ciudadano de a pie ya tiene que obligadamente admitir su inmersión abrupta en el mundo de los precios dolarizados. Las dudas surgen en el lado de los ingresos. ¿A qué tasa de cambio aplicable al cálculo de los sueldos y salarios arrancaría la famosa dolarización?

De plano hay que decir que la Dolarización no le permitirá a cada cual saltar, por obra y gracia de un milagro del Espíritu Santo, a un nivel de sueldo en dólares comparable al devengado por los profesionales similares en otras latitudes. A los profesores universitarios, la Dolarización no nos servirá para ganar los tres mil quinientos dólares mensuales que pagan en Ecuador. Tal grado de recuperación salarial ya no es posible en nuestro país, habida cuenta de los efectos devastadores sobre la economía que ha tenido el accionar de los DESTRUCTORES. ¿Y entonces? ¿Podemos pensar que la fulana dolarización nos retrotraerá al menos a un sueldo en el rango de los mil dólares? Tampoco, les dije, ese tipo de sueño ya nos ha sido vedado por la revolución empobrecedora.

En el otro extremo, tampoco resulta agradable pensar que en el marco de una dolarización factible fuéramos a quedar con un sueldo de quince dólares –suponiendo un ingreso promedio mensual de mis interlocutores de un millón quinientos mil bolívares y una tasa de cambio, muy cercana a la “innombrable”, de bolívares cien mil por dólar-. Aunque quién sabe, si continuamos en rol de observadores pasivos viendo  como el Régimen sigue destruyendo el poder adquisitivo de nuestros ingresos laborales,  pudiéramos terminar sumidos en tan nefasta circunstancia a la hora de acordarse una obligada dolarización en un futuro más lejano.

Lo rescatable de esta discusión sobre escenarios salariales en dólares, desde los soñados hasta el exageradamente realista al momento presente, es tomar conciencia sobre dos aspectos. El quid de la cuestión está en el cálculo de la tasa de cambio factible con la que se podría arrancar el proceso de dolarización de nuestra economía. Lo segundo: los profesores universitarios, como sector muy representativo de las élites intelectuales de este país, deberíamos en este 2018, que recién está arrancando, organizarnos para exigirle al Ejecutivo Nacional la Dolarización a la brevedad posible, como la única vía creíble que se percibe de cara al objetivo de preservar el poder adquisitivo de nuestros ingresos salariales.

Los gremios universitarios deberían empoderarse con este discurso. Y apoyarse de los expertos con los que contamos en las diversas instituciones, a los fines de involucrarnos en la discusión de los aspectos técnicos del proceso; elaborar propuestas y asumir la representación del sector que corre el mayor riesgo de salir golpeado en la Dolarización: el asalariado del sector público. En Carabobo, por ejemplo, contamos con un Francisco Contreras, reputado profesor de la escuela de Economía, que viene trabajando los cálculos para computar tasas de cambio para el arranque sobre la base de diversos criterios y escenarios.  Este es un tema de trascendencia para nosotros. Para que tengamos una idea, si como tasa de cambio inicial se tomara la tasa implícita que para la fecha que escribo estas líneas, dos de enero, se aproxima a los diez mil bolívares por dólar, entonces el salario dolarizado para el mismo ingreso promedio que les mencionaba con anterioridad sería de 150 dólares. Y este es como la cota máxima de lo que podemos soñar, porque así de majestuosamente furioso ha sido el empobrecimiento propiciado por los DESTRUCTORES.

No faltará quien diga: ¡Pero eso es muy poco! Y verdaderamente lo es, pero es lo que nos va dejando el Régimen como espacio para aspirar. El punto a resaltar es: con la Dolarización lo que se persigue no es tanto lo más que podamos ganar en dólares, comparado al informal monto que pudiésemos calcular hoy consultando la temida página, sino que no sigamos perdiendo poder adquisitivo. El objetivo es abatir la inflación. Que si vamos a comenzar a devengar 150, 100, 75, 50 dólares o…¿¿??, al menos ya sabremos que contamos con ese piso firme y que nuestro sueldo no va a seguir erosionándose –excepto por el impacto de la débil inflación que pueda afectar al dólar-. Los que neciamente se oponen a la Dolarización porque, en ella, van a iniciarse devengando un mísero salario en dólares, debieran saber que, de no aplicarse, podrían llegar a ver lo que mensualmente perciben  equivaliendo a una cantidad de dólares susceptible de ser contada con los dedos de una mano. ¡Y no en un futuro muy remoto! Se pueden admitir otras razones para oponerse a la Dolarización, pero no esa.

Por supuesto, ese listado imaginario que desde los 150 va bajando hasta los 15 –insisto en recordar que he tomado como ingreso promedio el que estimé como promedio para los participantes en la mencionada reunión y utilicé en ella con fines ilustrativos-, revela que hay un rango amplio dentro del cual puede ubicarse nuestro sueldo dolarizado  ab initio, el cual es dependiente de la tasa de cambio de arranque que se seleccione. Es en esta ubicación donde debemos buscar incidir. Los universitarios debemos liderar en el ámbito nacional la propuesta de la Dolarización; explicar su justificación lo más didácticamente posible al país y pelear por un rol de interlocución de nuestros expertos en el espacio donde se tomarán las decisiones.  Y debemos hacerlo, no viéndonos nuestro propio ombligo y pensando egoístamente como sector afectado, sino asumiendo la representación de todos los trabajadores del país, como nos corresponde. Nos dejamos quitar las Normas de Homologación por este régimen, es hora de retomar nuestro rol como líderes en la lucha de los trabajadores del país por la compensación salarial obligatoria de la pérdida de poder adquisitivo de la unidad monetaria. En este momento, no existe ya otra vía expedita que no sea la Dolarización. Este es el discurso que debemos asumir como bandera.

Ya para concluir, no dejo dejar fuera del tintero una pregunta que también fue recurrente en la reunión. Este régimen nunca va a dolarizar, ¿para qué enfrentarlo con esa bandera? La premisa parece muy obvia, aunque uno nunca sabe. Jamil Mahuad, Presidente del Ecuador habló pestes de la dolarización tres días antes de decretarla. No le quedó más remedio. Si este régimen  aceptara dolarizar, me atrevería apostar a que la tasa de cambio no resultaría conveniente. Tendríamos que comenzar la recuperación salarial, como se ha logrado en Ecuador, desde muy abajo. Lo ideal es que dolarizara un nuevo gobierno con acceso a financiamiento fresco. Parte de ese financiamiento, requerido para estabilizar económicamente al país, podría utilizarse para arrancar una dolarización desde un piso más alto, en el cual pudiera tratar de obtenerse una mejor paridad del poder adquisitivo con el de otros países latinoamericanos con economías de dimensiones similares a la nuestra. Es decir: con una tasa de cambio para el arranque no tan dura y lograr así implantar una dolarización más soportable. ¡Siempre va a ser dura! Esa es una realidad ya heredada. Pero la idea es ablandarla, introduciendo criterios de carácter social en las calculadoras de los tomadores de decisiones. Francisco nos ha venido presentando en el Vagón Monetario del Tren tasas de cambio “atractivas” en el contexto de la severa realidad que afrontamos. Planteadas sobre criterios sólidos, pero que lamentablemente hay que estar continuamente recalculándolas para peor, en la medida que el tiempo pasa sin tomar decisiones.

Por eso es que la presión debe producirse ya, de inmediato. Conforme más tiempo pase, peor será. La Dolarización es como un salvavidas al cual, desesperadamente, debemos asirnos, para no perecer. La Dolarización es una bandera económica, social y también política, en el sentido de que ella demanda una ventana de comunicación sencilla, orientada hacia las clases más populares, sobre del por qué el país ha sido conducido a una nefasta situación económica y de empobrecimiento social, que hace irremediable la aplicación de un trago tan amargo como es la Dolarización en lo atinente a los elementos y símbolos de nuestra identidad nacional. Es obvio que al Régimen no le va a gustar escuchar nuestros argumentos para la Dolarización. Es obvio que una exigencia como esta adquiere una relevancia política. No se va a quedar sólo en el plano económico. No tenemos por qué, nosotros, cuidarnos de restringirnos en una exigencia que ya es casi de sobrevivencia civil para no incomodar al Régimen. No es aceptable ni admisible que este pueda condicionarnos nuestros motivos de lucha y mucho menos después de la DESTRUCCIÓN Y MUERTES de las que son responsables.

Maracaibo, cuatro de enero de 2018