domingo, 26 de julio de 2020

Fin de la Serie: "Pensando en la Venezuela del Futuro"


Lectura sobre el Episodio

 “Calderón Berti”


@asdromero



I-Un llamado generacional que debe ser atendido




Creo que todos los venezolanos que deseemos aportar algo a la causa de Venezuela, deberíamos escuchar la entrevista que le hiciera el periodista Napoleón Bravo a Humberto Calderón Berti en los días próximos (30-11-2019) a este ser destituido por el Presidente Interino Juan Guaidó.  Comienzo por manifestar que me sentí absoluta y totalmente identificado con todos los señalamientos que Calderón Berti afloró en dicha entrevista. Y debo aclarar también que no me une a él ningún lazo de amistad. La última vez que coincidimos fue en un evento organizado por la Plataforma Democrática de Venezolanos en Madrid hace, aproximadamente, unos 17 años.

¿Por qué un señor bien resuelto económicamente, a la edad de 78 años, iba a dejar a su familia en Madrid para trasladarse a Bogotá a ejercer el complejo cargo honorario de embajador del interinato ante el gobierno de Colombia? Sólo se me ocurren dos razones. Por vocación de servicio. ¡Por el deseo de colaborar en lo que se pueda a liberar a Venezuela de las garras destructoras de los forajidos que usurpan su gobierno! En esta onda andamos muchos que detentamos cargos importantes en los agónicos tiempos de la Cuarta República y otros que hicieron aportes significativos sin la necesidad de detentar cargos en esa misma época. Individualidades que éramos críticos con lo que venía aconteciendo en la República y que no se nos puede achacar, como mucha gente alegremente lo pretende, de no ser más que otras frutas podridas de ese guacal de la Cuarta donde todo se había perdido.

Con ese estereotipador infundio que todos los actores de la Cuarta son, de alguna manera, responsables de todo lo que ha devenido con posterioridad, se ha pretendido marginar de la Política a mucha gente con experiencia y visión de lo que representa manejar el Estado. Calderón Berti viene a ser un ejemplo emblemático, y sin mancha, de esa generación cuya potencialidad de continuar aportando al bienestar de Venezuela fue, abruptamente, abortada por el arribo del Chavismo al poder. Extrañamente, se le brindó la oportunidad y cuando no le quedó más remedio que actuar: lo hizo de acuerdo a su conciencia. No se podía esperar otra cosa de él. Inmediatamente, los descontentos con su actuación, que además quedaron en evidencia de no actuar ante la malversación de recursos financieros destinados a la ayuda de los militares que habían desertado hacia Colombia, hablaron de la segunda razón, la mala, por la que Calderón había aceptado el cargo.

Era de librito que iban a recurrir a ese expediente. ¡Calderón estaba en Bogotá por su interés de conspirar en la búsqueda del poder para él! Allá quienes crean en tan burdo argumento. Quien ande buscando el poder en Venezuela, no se va a ir a desempeñar una embajada honoraria en Colombia. Siendo tan inteligente: ¿A cuenta de qué Calderón iba a escoger una ruta tan larga y espinosa?

Pero apartándonos de los tira y encoge de este episodio, lo más importante, en mi opinión, de esta entrevista a Calderón Berti es que saca a colación el tema del sectarismo generacional. Sus palabras pudieron haber sido mías. Le escuchaba exactamente lo que yo venía pensando desde hace ya unos cuantos meses y que, lo confieso, no había tenido la personalidad suficiente como para ventilarlo a viva voz como realmente se lo merecía. No es un tema fácil, circula en rumores de pasillo pero nadie se había atrevido. Con razón, un amigo, que ahora lo considero más amigo, me escribió para comentarme a raíz del anterior trabajo, “El Vacío Generacional”, que me había atrevido a abordar un tema tabú y melancólico. En los dos calificativos llevaba razón.

Hay sectarismo generacional, lo cual aunado a la sensación que tenemos la mayoría de los segregados de que las cosas no se están haciendo bien, crea las condiciones propicias para el llamado que hace Calderón Berti en su entrevista a que nos organicemos. ¡Yo estoy totalmente de acuerdo con esa convocatoria! En este lapso tan trágico  del país existe una creciente desconfianza de la sociedad civil venezolana, en que el estamento político que se autocalifica de opositor pueda brindarnos una vía de cambio integral que posibilite la recuperación de la República. Millones de venezolanos hemos alcanzado un estado en el cual carecemos de referencias creíbles por la ausencia de un liderazgo confiable. Siendo así, no podemos continuar siendo mudos testigos de este doloroso derrumbe.

Y quienes tenemos mayor responsabilidad de organizarnos para la participación, debemos ser los que por formación, madurez, experiencia y mayor visión en lo que debería constituirse como Estado para una Venezuela que va a ser necesariamente distinta a la que fue, estamos absolutamente convencidos que quienes actualmente dirigen la bandera del Cambio no tienen una visión precisa y razonablemente adecuada de hacia dónde deben conducirnos. ¿Y por qué se atreve uno a decir una afirmación tan grave como esta habida cuenta de la coyuntura tan delicada a la que ha arribado el país?

II-Una hipótesis como respuesta



Porque, sencillamente, no han logrado construir ni trasmitir un nuevo relato político para Venezuela que convenza. Y sin duda,  esta Venezuela que tenemos demanda de un nuevo relato político. Pasan los años y ellos se continúan moviendo en el espacio de las conductas políticas convencionales. Se continúa coqueteando, por ejemplo, con el mito de que somos ricos. El problema es que los que están se roban todo –dicen-, lo cual es verdad, pero no es toda la verdad. En el proceso de robarse todo, han destruido casi totalmente nuestra potencialidad de producir riqueza. Por lo tanto, cuando se vayan, no pueden venir otros a distribuir la riqueza que los anteriores se llevaban. Pero la idea de que sí será posible se deja colar, porque en el fondo, como todo político tradicional en circunstancias convencionales, lo políticamente correcto es endulzar la realidad para que no luzca tan amarga, cuando en verdad: desde hace mucho tiempo Venezuela dejó de estar en “circunstancias convencionales”. Los ciudadanos con mayor educación ya han internalizado que la caída ha sido tan dura y precipitosa que el cambio que viene es cualitativamente radical, por eso no les creen. Cada vez menos ciudadanos les creen. Cada vez cada ciudadano les cree menos. Cada vez son más los que esperan que se les hable con la verdad.


Ahora bien: ¿Por qué, a pesar de las evidencias, ese liderazgo continúa moviéndose en el espacio de las propuestas políticas convencionales? En este tópico me desvío del contenido de la susodicha entrevista. Mi hipótesis -no tiene que ser necesariamente la única causal- es que la generación que, aparentemente, lidera el  Cambio no conoce otra realidad ni otra forma de hacer política que la que los chavistas han creado. Ojo, esta hipótesis no es original. Ya otras personas –recuerdo un largo hilo tuitero de @juliococo- han planteado la tesis de que esta generación está, inconscientemente contaminada y penetrada por los modos de hacer del chavismo. Eso explica, por ejemplo, la voracidad de un sector que está allí y que se vio retratada en todas las francachelas que salieron a relucir en el episodio de la frontera colombo venezolana que condujo a la destitución de Calderón Berti.

Hay gente que está allí esperando su oportunidad para replicar el emblemático abordaje al fácil botín rentista que tradicionalmente ha distribuido el Estado. Esperan que la historia se repita como si en el país no hubiese ocurrido una tragedia en estos últimos treinta y cinco años. Sólo aspiran estar allí de primero, prestos a abordar, cuando se produzca el cambio de ciclo, sin detenerse a pensar ni ser compasionadamente sensibles ante el hecho que ya no hay botín  sino sólo hambre, miseria y destrucción. De allí las frecuentes y reiteradas peleas inter e intra grupales, en su enfrascamiento por aparecer de primeros en la “foto-finish”, así sea dándole la patada al compañero con el que se supone han transitado estos años de pelea y paciente cálculo  en ese rocambolesco “quítate tú para ponerme yo” que tanto les encanta.

¡Cómo ese audio vergonzoso que circuló en todas las redes sociales valencianas a raíz de la expulsión del secretario general de AD en Carabobo! Que se diga allí lo que se dice del compañero con el que, supuestamente, se ha venido luchando “codo a codo” tantos años, nos habla mucho de la incuantificable cantidad de energía perdida que pudo haber sido utilizada para salir de los Destructores y se diluyó en una interminable historia de enfermizas zancadillas. Ahora no se puede abrigar duda sobre una de las importantes razones por las que no hemos podido salir de esos grandes carajos. Lo denuncio responsablemente, con conocimiento de causa porque también fui víctima de la estupidez.

Pero no es sólo el tema de la voracidad. La contaminación con el modo de hacer y pensar chavista, se refleja también  en la incapacidad de imaginarse la necesidad de un nuevo relato. La Cuarta República con toda la decadencia que ya venía haciendo metástasis en ella, está a años luz de esta realidad que estamos viviendo. Por esto: los “mayorcitos” sí podemos visualizar la necesidad que se impone de profundos cambios de naturaleza cualitativa, queriendo aludir con esto a un imprescindible cambio de paradigmas.  Los emergentes sólo pueden imaginarse el cambio en términos de niveles cuantitativos. ¡Es lo que han vivido y no han tenido oportunidad de vivir otra realidad! Los buenos, porque sí hay buenas intenciones en una proporción de ellos que no me atrevería a estimar, debieran entender que tarde o temprano tendrían que someterse a un proceso de descontaminación- formación que no es cuestión de coser y cantar.

¡Acojamos el llamado de Calderón Berti a organizarnos! Las modernas tecnologías de comunicación virtual nos brindan la posibilidad de articularnos en red y de consensuar un mensaje hacia el país preñado de experiencia, sinceridad y una ambiciosa visión de cambio. ¡Un triángulo que le dotará de credibilidad! Es fundamental que nos hagamos sentir. Venezuela lo necesita. Han transcurrido varios meses y no se ha percibido alguna reacción al respecto. Pero el otro día recibí un artículo de Emilio Figueredo que hablaba de una nueva “rebelión de náufragos”. Debo decir que lo interpreté como una señal. Algo debe estar moviéndose, me dije. ¡Bendito sea Dios!

El artículo me dio la impresión que pretendía ser un blindaje anticipado del status quo opositor ante la posibilidad de que se produjera un pronunciamiento crítico de un grupo de individualidades con credibilidad. Equivocadamente busca equiparar aquel entendimiento de un grupo de notables con respecto al segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, a lo que pudiera significar un movimiento tendiente a reestablecer un equilibrio generacional y hablarle con la verdad al país –sin engañosos endulzamientos-. Como aquel entendimiento de los notables ha sido recientemente muy recordado, hasta el punto de tener que calarse uno a personajes como Carlos Raúl Hernández tratando de satanizar la imagen de Arturo Uslar Pietri, habrán pensado que tal comparación podría servir de antídoto a lo que pudiera generarse del episodio Calderón Berti. La comparación de Figueredo es, interesadamente, jalada por los cabellos. CAP no es Guaidó. ¡Ni Guaidó es CAP! Tampoco se trata de defenestrar a Guaidó, sino simplemente que escuche. ¡Que su entorno escuche! Porque lo sano es el equilibrio generacional y no el sectarismo que prevalece ahora.

Concluyo con una aclaratoria que ya estaba implícitamente asomada en el texto: No sería correcto tomar mis señalamientos como una condena a todos los miembros de la actual cohorte generacional que insiste en monopolizar el frente a pesar de la ausencia de resultados. Allí hay gente muy bien intencionada, me consta. Pero también se han infiltrado dañados y creo que esta afirmación no amerita mayor argumentación. Los hechos hablan claro por sí solos. Y lo otro lamentable, es que esos partidos que tenemos fueron incapaces de tamizar para separar la buena semilla de la mala.

No hay futuro sino se logra una recomposición generacional equilibrada entre los Venezolanos que luchamos por el CAMBIO.