jueves, 7 de marzo de 2019

Inteligente metáfora sobre la etapa del proceso en la que nos encontramos


LA BOA Y EL HALCON

                                                          Julio Castillo Sagarzazu

@juliocasagar


Aunque pareciera sugerirlo: el título del artículo, no trata de la glosa de ninguna fábula de La Fontaine, bien que al final cada quien podrá sacar la moraleja que le parezca.

Hablaremos de la boa y del halcón como depredadores y del método que tienen para cazar a sus presas. El halcón suele divisarla desde lo alto, se lanza en picada y lanza un golpe certero y fulminante que difícilmente termina bien para su objetivo. La boa, por el contrario, se acerca sigilosa a la suya, le hace inspirar confianza y cuando esta menos lo piensa se lanza sobre ella y la va apretando lentamente hasta fracturar todos sus huesos y es entonces cuando la engulle.

Es más, o menos evidente que, a estas alturas del partido, la Comunidad Internacional y las fuerzas democráticas venezolanas han optado por el método de la boa para engullir a Maduro. Es también evidente, aunque el gobierno norteamericano repita el mantra de acuerdo con el cual “todas las cartas están sobre la mesa” (lo cual es verdad), que hoy agotan la vía de aumentar la presión a los huesos de la dictadura venezolana.

Todos, absolutamente todos en el mundo están de acuerdo de que Venezuela sufre el secuestro de una satrapía sin escrúpulos que nos ahoga. Todos estamos convencidos de que los venezolanos hemos puesto todo de nuestra parte para liberarnos. Sencillamente, no pudimos convencer a nuestros secuestradores de que nos dejaran libres, agotamos nuestra fuerza, nuestras posibilidades de planear un escape y tuvimos que llamar a la policía para que viniera en nuestra ayuda.

Ahora bien, cuando la policía se presenta a un secuestro no llega irrumpiendo con sus escuadrones SWAT disparando a diestra y siniestra. Normalmente, hacen primero su aparición negociadores profesionales. Gente que trata de disuadir a los secuestradores. Les hacen ofrecimientos, averiguan si tienen mamá y la llevan para que hablen con ellos, les hacen ver que es mejor entregarse que morir en el sitio, a ratos los amenazan con la fuerza y les piden que miren por un agujerito para que vean a los comandos preparados para actuar. En pocas palabras, siempre hay un protocolo de actuación que se aplica con la mira puesta en que la situación se resuelva del mejor modo y al menor costo posibles.

Hoy día esa es la etapa en la que está la Comunidad Internacional en relación con la dictadura venezolana. Las presiones (léase, el abrazo de la boa) aún tienen mucho que dar de sí.  Y cuando hablamos de presiones no solo hablamos del cierre de cuentas de los capitostes del régimen y la cancelación de las visas de ellos y sus familiares (cosa que les duele muchísimo, pues los cobritos de los ahorros están básicamente en el imperio del norte) sino también de las negociaciones que se adelantan con allegados a Maduro y a su entorno. ¡Si! Leyó bien y, además, esto no es un secreto. Hace algunas semanas el senador Marcos Rubio declaró abiertamente: “para la libertad de Venezuela estamos hablando con gente a la que quisiéramos ver presos.” El propio Elliot Abrahams lo ha dicho igualmente. En materia de presiones esta es la más importante de todas. Es la que ha puesto a Maduro a dormir con un ojo abierto y el otro también. Él sabe que su primer anillo de poder es una colcha de retazos de intereses y que casi todos están con él para defender el feudo que le ha correspondido en el reparto. Como el general Obregón, Maduro sabe que no tiene “general que aguante un cañonazo de 50.000 pesos”.

Es natural suponer que los negociadores están tocando esas peligrosas teclas para la dictadura. Es además evidente que esas negociaciones están produciendo efectos. Es lógico suponer que tienen fundadas razones para pensar que los ofrecimientos que hacen al entorno de Maduro están aflojando tuercas y que se pueden ahorrar los miles de inconvenientes políticos y financieros que una aventura violenta supondría. El solo hecho que esa línea de acción continúe, lejos de ser una mala noticia, es más bien una muy buena. La cosa esta funcionando.

Habrá siempre algunos impacientes que regresen con el mantra que cada día que pasa hay que contarlo en sufrimiento y desgracias para nuestro pueblo y nadie podrá decir lo contrario. Habrá otros que, demasiados aficionados a las películas de James Bond, piensen que un buen Martini, una chica Bond y una operación comando, pueden resolver el asunto. Pero la realidad suele ser siempre más complicada y menos cinematográfica.

La boa sigue trabajando sigilosamente, aprieta y siente como los huesos crujen. La presa no tiene escapatoria. Incluso, si en un movimiento hábil lograra escaparse, malherida como esta, no llegara muy lejos del halcón que sobrevuela.

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