lunes, 21 de septiembre de 2015

¿Nos vamos o no al paro?

¿Nos vamos o no al paro?

Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


Una interrogante intensamente dilemática. Muy propio de estos tiempos de entrampamiento en los que nos han hundido, o en los que nos hemos dejado hundir y, seguramente, cada cual elegirá su propia versión personal entre esos dos extremos. Todo se nos ha convertido en un “cuero seco”, que si pisamos por un lado se nos levanta por el otro y viceversa. Lo que en otros tiempos sería la respuesta natural y lógica ante un proceso continuado de vulneración de nuestros derechos sociales y económicos como trabajadores, ir al paro, es ahora una decisión que concita una amplia diversidad de posiciones con fundamentaciones nada desestimables que las sostienen. Es lo que observo. Yo mismo, no asumo todavía una posición firme al respecto. Así lo señalaba hace unos días en un conversatorio convocado por la Cátedra Pedro Crespo que coordina nuestro ex secretario profesor Pedro Villarroel. Se produjo allí un muy interesante intercambio de ideas que me motiva a compartir con ustedes algunas reflexiones, que no pretenden ser exhaustivas en el análisis de tan compleja decisión.

Es evidente que, por fin, los universitarios hemos internalizado una sensación de empobrecimiento súbito. A juzgar por la debilidad de reacción en el pasado más reciente, lo restringiré a los tres últimos años, parecía que no nos dábamos cuenta que estábamos siendo sometidos a un proceso gradual y sostenido de empobrecimiento. Ha hecho falta una inflación subyacente del 400%, me remito al informe de una organización seria como Ecoanalítica, para que tomáramos consciencia de la profundidad en el subsuelo a la que vamos descendiendo, con una velocidad tal que con toda seguridad ya no nos será posible detener ese descenso en el corto plazo. Creo que es importante reconocer esto. Porque ahora, con el ojo afuera, como decía mi abuela, y la indignación bullendo en nuestras venas, sería un craso error asistir a una asamblea pensando que todo el terreno perdido es recuperable en el contexto de esta segunda discusión de una convención colectiva única para todo el sector universitario. Esto ya no va a ser posible. Del reconocimiento de esta verdad, surge la necesidad de un debate más profundo y menos emocional de cuáles pueden ser las expectativas concretas y alcanzables en el marco de un paro decretado en este reinicio de clases.

La dantesca realidad que estamos viviendo es consecuencia de un proceso dinámico que viene de muy atrás y en el que hemos cometido errores. Nos hemos calado, humillantemente, imposiciones unilaterales de incrementos salariales muy por debajo de la inflación. Aceptamos el inconsulto desconocimiento del instrumento legal que normaba la discusión de tales incrementos, las Normas de Homologación, y el colmo de los colmos: aceptamos formar parte de una mesa de negociación, con “voz y sin voto” para mayor indignidad, entre el Gobierno y una representación gremial conformada en su mayoría por gremios “troyanos” –esto ocurrió en el 2013, hace dos años-. Ya se sabía lo que iba a pasar cuando un gobierno, ahogado en su pésimo manejo de la economía del país, presionara  a sus correligionarios. Por muy avelinescos que estos supuestos líderes gremiales pudieran parecer, es decir: revestidos de una falsa combatividad aderezada con dosis de engañoso compañerismo, cordialidad e información oportuna y confiable sobre la ruta hacia el abismo, lobos disfrazados de ovejas, ahora a los ojos de todo el mundo se hace evidente que ellos actuaron de la forma que todos debíamos suponer iban a hacerlo. Ahora la FAPUV reconoce que fue traicionada. ¿Y qué esperaban?

Pudiera reconocerse, para decir algo en favor de tan ingenua actitud, que a la FAPUV, apremiada por la profunda apatía que minaba la combatividad de sus bases profesorales en el 2013, no le quedó más remedio que aceptar ser partícipe en ese reacomodo del paradigma legal para la negociación del convenio laboral –legalidad que hoy opera como una variable claramente favorable al Gobierno-, está bien, reconozcámoslo. Pero si fue así: ¿Qué hicieron estos señores a lo largo de estos dos años para recuperar la combatividad gremial de sus bases? ¿Organizaron algún proceso pedagógico hacia los profesores para sensibilizarlos sobre el grave problema que se estaba incubando? Yo, sinceramente, opino que no hicieron nada. Se sentaron a esperar la próxima oportunidad. Pues bien, está se dio y ahora se encuentran entrampados. Esta reflexión es importante evidenciarla. ¿Por qué? Porque a estos rostros visibles del inocultable fracaso -que no es sólo responsabilidad de ellos no me cansaré de manifestarlo-, se les pudiera ocurrir ponerse el traje de ser más papistas que el Papa y alentar una huida hacia adelante que sólo pudiera conducirnos a la más estruendosa derrota. Me da la impresión que es lo que están haciendo. Pareciera muy humano, en esta Venezuela donde ningún líder admite sus fracasos, que intenten hacerlo. Nosotros, las bases profesorales, debemos recelar de esa actitud, y analizar la posibilidad del paro bajo un enfoque bien sistémico. No podemos dejarnos conducir, guiados por la propia indignación y la irracionalidad, hacia una calle ciega sin retorno.

Por supuesto que no le culpo a usted, lector, tenga la sensación que me he alineado en contra del paro, después de leer estas líneas que vendrían a ser no más que el prolegómeno de un análisis más completo y exhaustivo. Créame que no es así. El paro pudiera aprobarse, pero condicionándolo al cumplimiento de un conjunto de restricciones. Se me ocurren tres, por ahora, sin desmedro de otras que pudieran señalar otros actores. En primer lugar: el paro debería ir acompañado de la declaratoria de los objetivos realísticamente dimensionados que pretenden satisfacerse con él. En segundo lugar: el paro debería contemplar una agenda concreta de participación integral de todo el profesorado y la institucionalidad universitaria, consejos de facultad a cabildo abierto, conformación de un parlamento universitario, etc. Esta agenda debería tener como uno de sus lineamientos centrales de acción, la organización de un proceso pedagógico orientado hacia los estudiantes sobre cómo esta galopante inflación está impactando la viabilidad de funcionamiento de la Institución.  Por último: debe producirse una drástica revisión del discurso central justificador del paro. Quedarse en lo exclusivamente salarial, por muy importante que sea para nosotros, es un error. Máxime cuando hay un paro técnico en ciernes, causado por la recrudecida inviabilidad del funcionamiento de la  Universidad. En una próxima entrega escribiré sobre el paro ideal, el que a mí, en lo personal, me encantaría; sobre el paro real que deberíamos intentar organizar y sobre el paro que yo no acompañaría ni a balazos. Aun así: no la tenemos fácil en estos tiempos de entrampamiento.



9 comentarios:

  1. Muy bien Asdrubal. Yo agregaría la dimensión política, donde debe engarzarse la lucha universitaria por una reforma integral. Igualmente, la pelea de hoy hay que verla como un paso dentro de una estrategia de aliento mayor que debe incorporar a otros sectores que están siendo destruidos por esta catástrofe económica. NAE

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  2. Buenos días, parece acertado, aún que faltaría agregar que el estado actual de la universidad en general producto del enfriamiento y desmotivacion presentes no ayudarían al éxito de una medida como el paro, debería entonces retroceder hasta el 2012 y plantearse una agenda más completa, que seguro serviría como motivador para los profesores y tal vez a los otros gremios por sus particulares intereses

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  3. Comparto plenamente la reflexión del profesor Asdrubal Romero ex rector de nuestra universidad. no obstante pienso que el gran ausente en el debate universitario de la coyuntura es el elemento politico. La estrategia del gobierno durante estos largos 15 años ha sido la de aislar los sectores y actores politicos que luchan por mejorar las condiciones de su existenciario, esto ocurre porque las alforjas del pensamiento y la reflexion politica se parecen a los anaqueles de los automercados, estan vacíos. La falta de integración de las diversas demandas sociales denotan un liderazgo capaz de promover y dirigir la acción politica mas allá del estrecho margen reinvidicativista, no hemos sabido traducir el descontento producto de la precariedad economica en una accion politica tendente a transformar la situacion politica nacional; la situación evidencia como bien lo señalara el profesor Argenis Urdaneta, en el conversatorio señalado por el profesor Asdrubal Romero, de paralisis paradigmática que condena a las direcciones gremiales a un ritornelo, a una rutinizacion de las acciones que producen resultados cero y una gran desmoralizacion. Desde la cátedra de estudios culturales profesor Pedro Crespo conjuntamente con el decanato de Faces hemos dado inicio a una serie de conversatorio que tienen comon proposito activar el pensamiento y la reflexión. Estamos ante una encrucijada histórica, la universidad y los universitarios debemos estar a las alturas de las exigencias de nuestro tiempo,en un régimen totalitario militarista y populista, está negada las condiciones para la libertad y la autonomía, por eso ea impensable una lucha gremial universitaria sin el análisis del contexto politico de la hora.

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  4. Acertado análisis Profesor, cómo volver al inicio? Si no iniciamos con el reconocimiento de nuestros errores, estaríamos enredando más el "futuro". Adicionalmente, nuestra realidad en la lucha actual comprende un importante número de Prof. en baja o en vías de, sumado a la necesidad de no hacer de la Universidad nuestro modo de vida y por ende, nuestro sustento. Esta realidad que sin duda va en detrimento de la academia, nos obliga a replantear y reestructurar la dirigencia gremial, que no pudiendo ser otra (otra trampa más en la que caímos), se convierte en una legítima exigencia. Saludos

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  5. Es lamentable observar como la critica se concentra en cuestionar la dirigencia gremial sobre la base de los métodos de lucha, los liderazgos y cuanta cosa se le ocurre a quienes sobre el cuestionamiento olvidan la contribución propia para ese deterioro, hay docentes que como profesores no dan clase y poco producen y como ex-autoridades, han tenido su cuota de administración del deterioro en su momento. Sin evadir la responsabilidad que corresponda al gremio de profesores, la verdad que el problema político de proselitismo interno hecho por quienes han gobernado la universidad obliga a retomar el problema político y no reivindicativo. Entonces porque culpar al gremio? Que hay de los docentes que están allí no por sus méritos sino por arreglo con una autoridad? Creo que iniciar este esfuerzo buscando a quien endosar fracasos es un mal comienzo. Pensemos por igual quien facilitó la división de los gremios de trabajadores

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  6. Adicionalmente quiero recordar que la APUC y por ende la UC son los anfitriones de la realización del "Parlamento Nacional de Universidades" foro ideal para hacer un planteamiento que permita un gran debate y tomár la ofensiva del liderazgo nacional hacia el cambio de la sociedad venezolana y de la propia universidad en el rescate de la civilidad extraviada. No mas respuestas reactivas sino fundados en la acción pertinente consciente, responsable y proactiva

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  7. ¿Ir o no al paro? ¿Es pertinente esta pregunta? ¿El momento es el adecuado? Bien son varias las interrogantes que suscita la convocatoria de la asamblea para el día viernes. Voy a intentar reflexionar sobre lo que estas interrogantes implican.
    Una primera observación. El tema salarial, en el marco de la actual coyuntura es, disculpen los gremialistas, marginal. Ello no quiere decir que no constituya una reivindicación justa y necesaria. Lo que intento señalar que los bajos sueldos son consecuencias de una política. Y, es esa política, a la que hay que atacar y vencer. Desde luego, esta circunstancia salarial no es exclusiva de los universitarios. Es compartida por densos sectores de la sociedad. Y, ello es así, porque es consecuencia de una política y un estilo de gobernar concreto. Dicho sea de paso, política y estilo que han entrado en crisis. Y, desde luego, no están en capacidad de dar respuestas a las causas que provocan el hundimiento salarial que sufren los venezolanos.
    Segunda observación. En consecuencia, no es particular a los universitarios el deterioro de calidad de vida. Por el contrario, esta condición (particularidad) es universable y, en consecuencia, potencialmente compartible con otros sectores de la sociedad. Dicho en términos abstractos: la política correcta es universalizar nuestra particularidad. En cristiano, desarrollar una política de alianzas con otros sectores que padecen “salarialmente” para enfrentar políticamente al gobierno.
    Tercera observación. Para alcanzar este objetivo es imprescindible desarrollar una narrativa alternativa a la que ha estado vigente en los últimos años. No podemos “pensar” esta crisis con los viejos marcos y conducirnos a tono con lo que esos marcos predicaban. La historia o, el pasado reciente, ha demostrado lo inadecuado de esas narrativas. Estamos donde estamos como consecuencia de una visión equivocada de la universidad y del rol de los organismos gremiales y de conducción institucional.
    Cuarta observación. La crisis no es solamente salarial. Disculpen lo reiterativo. Es institucional. La universidad no le es posible seguir funcionando como universidad en las condiciones presupuestarias actuales. Me parece que hace obligante enlazar la lucha política por salarios justo con la de presupuestos apropiados. Sin exagerar, la institución universitaria, esa que existe en nuestra ley de universidades, ya no existe. Es necesario rescatarla y re-inventarla.
    En mi juventud existía una consigna que pedía UN NUEVO GOBIERNO YA. Creo que por ahí van los tiros. NAE

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  8. Estimado profesor Asdrúbal: Leí con detenimiento su análisis y considero que pudiéramos ampliar las preguntas. Por ejemplo, ir al paro y mientras ello ocurre qué hacemos. No vamos al paro y qué haremos en nuestra universidad.
    Como puede notar mi preocupación tiene que ver con el hacer ante cualquiera de las alternativas; ir o no a un paro.
    Usted qué opina; usted fue Rector y seguramente estará de acuerdo conmigo que cualquiera sea la decisión de la asamblea ésta tendrá sentido si al salir de ella tenemos una agenda en el hacer.
    Le saludo, Yamile de Smith

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  9. 1. En 2013 FAPUV no participó en la discusión de la CCU. 2. En 2013 los profesores hicimos un paro que obligó al gobierno a reconocer a FAPUV y a las Asociaciones de Profesores como las organizaciones que nos representan para la discusión de nuestras condiciones de trabajo y remuneración . 3. En 2015 FAPUV sí fue a la discusión de la Convención, en la cual participó con plenos derechos. Lo que aprobaron sin FAPUV fue por mayoría. Lo demás que se aprobó fue por consenso 4. FAPUV no ha dicho que la traicionaron. La relación con las demás federaciones y con el ministerio, insisto, no fue ingenua. Por eso, desde un principio, FAPUV dijo que si no había acuerdo salarial del gobierno con FAPUV, no nos reintegrábamos en septiembre a la labor docente. El acuerdo con las demás federaciones que sí firmaron la tabla, por lo tanto, no cuenta. 5. Finalmente, la lucha del gremio durante todos estos años, desde el bienio 2004-2005 cuando comenzaron los ajustes unilaterales, está suficientemente documentada. Además de las luchas por la autonomía, contra la imposición de la LOE, contra la imposición de la Ley de Universidades (ésa sí la ganamos), por la libertad sindical, y contra la represión

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