sábado, 4 de mayo de 2013

Consejos a quien no me los pide, igual se los doy


Los “pobresores”

Asdrúbal Romero M.
asdromero@gmail.com

La aplicación en nuestro país de políticas equivocadas por demasiados años ha generado un conjunto de distorsiones que cuando, hoy día, pretendemos analizarlas, o compararlas con los indicadores correspondientes en el resto del mundo, nos  sirven para darnos cuenta de cómo la irracionalidad ha plagado el manejo de nuestros asuntos públicos. Un ejemplo emblemático de lo que señalo y que causa el mayor de los asombros es el precio de la gasolina, pero en esta oportunidad me voy a referir a otra distorsión de muy actual vigencia: un pobresor universitario, instructor a tiempo completo, devenga un sueldo que es apenas 220 bolívares mayor al salario mínimo (Bs 2457 a partir de este primero de mayo). ¿Qué le diría usted a un talentoso hijo suyo que, en vísperas de su graduación, le comunicara su decisión de dedicarse a la docencia universitaria? Mi reacción sería: ¡Estás loco! Lo cual, comprenderán, cuán  triste es tener que reconocerlo, cuando uno ha dedicado toda su vida a la Universidad.
¿Cómo es posible que hayamos arribado a una situación tan, escandalosamente, distorsionada? ¿Qué podemos esperar de la universidad venezolana del futuro si ella persiste? De seguir así, nos encontraremos dentro de unos diez años cuestionándonos el cómo ha sido posible que nuestra nación se haya convertido en la incubadora de los peores profesionales del planeta.  Es de agradecer, entonces, que los pobresores universitarios hayan despertado finalmente y se estén sacudiendo de ese polvo de miedo que los ha arropado por unos cuantos años. Como integrantes del reservorio intelectual de este país, les corresponde retomar el protagonismo de luchar para que este gobierno entienda, de una vez por todas, que el unilateralismo en la asignación de incrementos salariales ya no va a seguir siendo posible.
Chávez, con su poder omnímodo, se dio el lujo de desestimar las cifras de inflación aportadas por el BCV (las cuales, sospecho, están cada vez más maquilladas) e imponer a todos los sectores laborales, año tras año, aumentos que no compensaban la pérdida real de poder adquisitivo. Las distorsiones salariales se fueron magnificando hasta llegar a esta situación en la cual, desde el punto de vista de los ingresos, conviene más ser obrero de la construcción o “taxear” con un vehículo, así esté todo escachalandrado, que dedicarse a educar a los hijos de esta patria. Lo mismo puede señalarse con respecto a cualquier profesional que se desempeñe en un cargo público y no sea corrupto.
Maduro, quien pasó de ocuparse por varios años de una agenda internacional, excesivamente activa, a tener que manejar una crisis, verdaderamente dramática, en lo político, social y económico, parece no haber tenido el tiempo suficiente para realmente entender cuál es el legado que tiene entre sus manos (o quizás sea una carencia de su entidad como estadista lo que le impide visualizarlo). Por eso nos habla de una guerra económica perpetrada por la “derecha fascista”, como si fuera el Quijote refiriéndose a sus molinos imaginarios, y percibe a los pobresores universitarios, o a los obreros de varias de las empresas básicas de Guayana que ya llegaron al límite de no poder cobrar regularmente sus salarios quincenales, como actores de esa supuesta guerra en contra suya. No, señor Maduro, lo que tiene en frente suyo son víctimas de una situación, crónicamente, mal atendida que ya está llegando al clímax de la desesperación. Los molinos que ve son las múltiples manifestaciones que se anticipan a esa bomba atómica que nos amenaza a todos con un incesante tic tac que usted no quiere escuchar. Me lo imagino sorprendido porque en cada hora de su gestión le estallen, por aquí y por allá, nuevas granadas de esa guerra imaginaria. En verdad, que me lo imagino desbordado por la multiplicidad de problemas que usted pretende evadir mediante su “bobalicón gobierno de calle”. Entiéndalo de una buena vez, esa es la herencia de su padrecito Chávez y si usted quiere sobrevivir en el poder: déjese de mentir, amenazar y perseguir; siéntese a escuchar; considere como opción, al menos considérela, la posibilidad de recurrir a una caja de herramientas bien distinta a la que utilizaba su antecesor. No le ordene a su ministro Calzadilla, quien -si es como me dicen-, supongo deberá estarse sintiendo muy incómodo, que se reúna solamente con los esquiroles oficialistas que se prestaron para dividir a los gremios universitarios y cuya representatividad de los trabajadores es casi nula. Eso viene a ser más de lo mismo que ya no se soporta.

1 comentario:

  1. muy realista y a su vez optimista ,su criterio , pienso que con un deficit presupuestario y la inflación sino existe dialogo o buscan soluciones el gobierno de turno la universidad no pueda seguir abriendo sus puertas

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