lunes, 12 de noviembre de 2012

El tercero de la trilogía


Conflictividad Social Políticamente Organizada

Asdrúbal Romero M.

A Venezuela le ingresan unos 36 millardos de dólares anuales (suponemos un precio promedio de 100 dólares/barril), por el millón aproximado de barriles diarios que se le venden al Imperio, el único que paga chan con chan -lo demás es: consumo interno, la regaladera a Cuba y otros países del Caribe y el Convenio Chino-. Por el otro lado, en el primer semestre de este año, el total de importaciones venezolanas alcanzó el monto de 20,30 millardos de dólares (El Nacional, 7/11/2012) y es, perfectamente, presumible que en el segundo semestre éstas vayan a aumentar -Navidad, la Fiesta Electoral continúa, etc.-. Por fuera de esta simple cuenta quedan: el servicio de la deuda; los caprichitos bélicos y los generosos donativos a otros países. He aquí el drama de las cuentas en dólares de nuestro país: imposible cuadrarlas y ocultar, incluso ante legos en la materia, la inevitabilidad de la devaluación de nuestro signo monetario a escasos veintidós meses de la anterior (1/1/2011).
Quizás, “devaluar sea lo mejor que le pueda pasar a la economía venezolana” desde la perspectiva del funcionamiento del sobreviviente sector privado –así lo señala algún experto-, pero su impacto erosionador sobre el salario de los trabajadores debiera generar, como justa respuesta, un estado de Conflictividad Social Políticamente Organizada, por aplicación del elemental principio de Acción y Reacción. Si un gobierno lo hace mal, la oposición debe organizar la reacción que le conduzca a pagar un alto costo político por sus desaciertos. Esa es la lógica con la que operan las democracias funcionales en este mundo.
El año 2013 se caracterizará por la preeminencia de dos conflictos: uno de naturaleza más política, porque está referido a los mecanismos de distribución del poder, cual es la instalación de un estado comunal ultra centralizado –atado con un grueso cordón umbilical a la instancia presidencial- versus la vigencia del estado federal descentralizado que establece la constitución vigente. El otro es el conflicto que se derivará del círculo vicioso socio económico en el que nos mantiene sumidos este régimen. A las primeras de cambio, la Oposición aparece más concentrada en el conflicto político, a juzgar por la cantidad de opinión que al respecto viene generando su dirigencia. Sin embargo, me atrevo a pronosticar que la gravedad de lo que se nos avecina en el plano económico, progresivamente, incidirá para que el conflicto social tenga el efecto de matizar el conflicto político y asuma preponderancia en el debate político del país. Creo que la Oposición está subestimando la magnitud del problema económico que se nos viene encima y no está preparándose para cobrarle a Chávez el altísimo dividendo político que debería pagar. Este es el mensaje principal que pretendimos transmitir en nuestro artículo anterior -¿Quién defiende a la clase asalariada?-.
¿Cómo hacerlo? Ya en el mencionado artículo aportamos una idea: la Construcción de la Unidad de los Trabajadores, es decir: la coordinación política de los frentes gremiales y sindicales en defensa del salario. Pero a este esfuerzo hay que añadirle un reto: el diseño y despliegue de un mensaje comunicacional en lo económico con pegada política. Por supuesto que este debe ser lo suficientemente simple, a fin de que pueda ser comunicado con efectividad al principal receptor: ese pueblo del que se dice que no sabe nada de Economía, aunque es la víctima principal de su mal manejo. Sobre todo el oficialista, que coincide con el opositor en el señalamiento de los síntomas de la enfermedad de nuestra economía: inflación, alto costo de la vida, desempleo, etc., pero que le ha comprado al régimen su falso discurso sobre las causas de la misma: especulación, voracidad de los empresarios capitalistas, etc. El mensaje tiene que ser educativo, reiterado y difundido a través de mecanismos que permitan su llegada a los destinatarios del mismo. Que son los mismos, por cierto, que en los que Capriles quiso enfocar su campaña, pero que su discurso se quedó en la igualación de su oferta con la de su contendor sin intentar ir más allá: realizar el pedagógico esfuerzo de explicarles porque la oferta del otro era “pan para hoy y hambre para mañana”. Se perdió una excelente oportunidad, pero esto no es sólo achacable al ex candidato. El cuidadoso diseño de un mensaje economicista, pero con esa muy deseable característica de poder ser digerido por aquellos a quienes tenemos el deber de explicarles, no ha sido hecho.  
Hay quienes desestiman esta posibilidad. Apelando al cliché “El pueblo no entenderá” despachan el asunto y se resisten a intentarlo. Desconocen el vital hecho que a todo ser humano le es inherente la tarea de administrar con economía sus recursos disponibles, por muy escasos que éstos sean. De allí debe partir el diseño del discurso.  Al pueblo hay que irlo preparando para lo que viene, irle suministrando una explicación alternativa para que cuando la crisis agarre candela no sea, una vez más, un desinformado recipiendario del superficialísimo discurso oficialista. Por supuesto que la vocería de un líder legitimado con seis millones y medio de votos, sería muy útil a la luz de este objetivo que hemos planteado. Es así como el vacío que ha dejado “la controvertida decisión de Capriles” se hace cada día más evidente y refuerza, en mi opinión, el contenido de mi primer artículo de esta trilogía.
Disculpen mi insistencia, pero a la Oposición además de un líder le hace falta una total reingeniería. El modelo conducido por “el excelente concertador que no puede aspirar” está agotado. Aveledo hizo un excelente trabajo en la construcción de una unidad de partidos políticos, ahora se plantea la urgencia de innovadoras estrategias y programas por acometer, quien las impulse tiene el legítimo derecho a convertirse en el genuino líder político de la Oposición. De continuar bajo el actual esquema: las balas les lloverán de todos los lados –al menos las mías las disparo bajo un enfoque constructivo-;  la profunda crisis social, que ya luce inevitable, sobrevendrá llevándosela por los cachos y que Dios nos agarre confesados con el desenlace político que podría producirse.  

2 comentarios:

  1. Existiría una opción, Dr. Asdrúbal. Pero me temo que la sociedad actual esté a años luz de la evolución colectiva necesaria en cuestiones del pensamiento no ideológico. Mientras persista la polarizacion ideosincrática en todos los órdenes de la vida social seguirán aconteciendo crísis económicas y de valores. Hay un manifiesto llamado Génesis, pero insisto, el mundo actual no está todavía preparado para asumirlo.
    Saludos cordiales.

    ResponderEliminar