miércoles, 27 de junio de 2012

Ejercicio ilegal, periodismo de investigación en su día:


CAPÍTULO TRES DE “ALGO HUELE MAL EN DINAMARCA”

Prof. Asdrúbal Romero M.        

Conversaciones con la Rectora y el Secretario (en el pasado)

I-Con la Rectora


A pocos días de haber salido electa como rectora, recibí una invitación de la profesora Jessy Divo de Romero para sostener una reunión social que prometía algún intercambio de ideas. El gesto me agradó mucho, máxime que yo no había votado por ella. El lugar de encuentro fue la casa de un común gran amigo, el profesor Alejandro Sué, secretario durante mi gestión rectoral. La velada estuvo de lo más grata: un reencuentro nocturno socialcristiano con vinitos incluidos –considerando que también estuvo presente el Dr. Jesús Ganem Martínez-. Buenos recuerdos compartidos, mientras que los desencuentros en el pasado se enterraban más en el olvido. Pero, como era de esperar, llegó el momento de hablar de política universitaria. Nos enteramos que la relación con los Maldonado iba ya en ruta de franco deterioro, lo cual, a decir verdad, a nadie le extrañó en demasía. En la sesión de recomendaciones, aproveché para manifestarle mi preocupación por el creciente empoderamiento interno de la mafia dedicada a la venta de cupos. Le conté todo lo que había llegado a mis oídos: cómo algunos decanos habían autorizado, vía oficio, inscripciones de listas de bachilleres recomendados por grupos estudiantiles (en la segunda parte del Capítulo II bajo el subtítulo “Así comenzó todo” se ofrecen mayores explicaciones sobre el contexto en el que se producen tales autorizaciones. Recomiendo su lectura para mejor comprensión de lo que a continuación se expondrá). Le hice mi aclaratoria: suponía que los decanos accedían a tales peticiones, a fin de mantener buenas relaciones con los grupos estudiantiles, acrecentar su posición política en ese sector y, quizás, resolver negociadamente algunas situaciones conflictivas de índole interno.  Pero, se hablaba ya de números de autorizados muy altos, lo cual, aunado al creciente cotilleo que había en la calle sobre los montos exigidos a los padres, dependiendo de la Facultad, debía haber hecho pensar a esos decanos que con sus graciosas concesiones podían estar nutriendo el crecimiento de un mercado en el que se comenzaban a manejar miles de millones de bolívares de los viejos al año. Esos decanos, debían pensar –le decía yo a la rectora- que buena parte de esos autorizados a inscribirse habían sido vendidos por los grupos estudiantiles, y en esto no hacía distinción si eran de tendencia opositora u oficialista. ¿Cuándo se quisiera sanear cuál iba a ser la reacción de esos grupos, muchos de ellos violentos, cuando vieran que se les pretendía cerrar el grifo de cuantiosos ingresos? ¿Quién le iba a poner el cascabel al gato?
Debo decir: que me sentí muy cómodo interponiendo esta denuncia ante la rectora entrante porque, justamente, nos encontrábamos en la casa de un ex secretario, quien incluso había arriesgado su vida en aras de mantener una férrea política de transparencia en la admisión estudiantil. Gracias a él, le debo que en lo atinente a este muy particular aspecto de la vida universitaria, nuestra gestión rectoral se vea y resplandezca como una flor de loto en medio del charcal. Debo decir también, que la respuesta de la rectora me sorprendió gratísimamente: no andaba en la luna, no señor, estaba al tanto de todo lo que yo allí le había dicho, complementó la información, aportó mayores detalles, porque déjenme decirles que en esa reunión se habló, como quién dice, a calzón quitao, con pelos y señales de esas que por esta vía no se pueden decir, porque corre uno el riesgo de ser demandado sin tener todos los pelos en la mano. Hubo realmente confianza en el diálogo. Le hicimos una recomendación que la explicaré luego, en la conversación con el secretario, y me retiré de esa reunión confiado en que comenzarían a tomarse medidas para ponerle un parao a tan grave  situación.

II-Conversación con el Secretario


No puedo precisar la fecha de esta reunión, sólo decir que ya se había avanzado un trecho del período rectoral. La intermediación para que se produjera la hizo la profesora Rosa Indriago, quien además estuvo presente. El motivo: propiciar un acercamiento político. Yo fui el que más hablé, el profesor Pablo Aure se dedicó más a escuchar (se suele decir que en una reunión política quien más calla tiene el control de la conversación). Le manifesté que me llamaba mucho la atención su valentía al escribir su columna de todos los lunes; que a algunos universitarios, como a mí, eso podría atraerles, pero que también había escuchado críticas. A algunos les preocupaba ese estilo de confrontación tan directa con el Gobierno de parte de una autoridad universitaria. Pensarían que su actitud podía generarle represalias a la Institución que, a la postre, pudiera perjudicarles (los docentes universitarios suelen asumir posiciones políticas en función de sus intereses personales). Otros opinaban que por estar pendiente de la política de la calle descuidaba sus funciones universitarias. Mi recomendación fue que debía buscar un equilibrio: no abandonar su alto perfil externo, pero promover más su gestión como autoridad universitaria. Y justo allí, caímos en el tema que ya había tratado  con la Rectora, porque es al Secretario a quien compete, como autoridad universitaria, la implementación de las políticas de ingreso estudiantil. De nuevo, expuse mis cuitas y mis reservas sobre la corrección de la dirigencia estudiantil, con menos detalles, por supuesto, porque la confianza no era la misma que la existente entre la Rectora y mi persona –después de todo era nuestro primer encuentro tú a tú-. El profesor Aure no se abrió a dejar ver que estaba al tanto del gravísimo problema que le estaba planteando, como sí lo había hecho la Rectora. Recuerdo que me manifestó lo siguiente: en materia de ingreso estudiantil, mi política es muy clara, yo respeto lo que los decanos decidan. Inmediatamente le riposté, señalándole que esa no me parecía la política adecuada en las circunstancias que se estaban viviendo, por cuanto se ponía toda la presión sobre los pobres decanos. Era necesario estructurar una respuesta institucional al problema, sistémica e integral: autoridades rectorales, decanos, Consejo Universitario, todos como un bloque, generando un mecanismo de contrapeso de poderes donde nadie, por sí solo, tuviera la atribución, o pudiera ser percibido que tenía la atribución, para entregar cupos que luego pudieran venderse en el mercado manejado por la mafia –esta fue exactamente la misma recomendación le había sugerido a la Rectora-
Recuerdo que disfruté mucho narrándole: cómo había sido mi gestión rectoral de pulcra en esa área de ingreso estudiantil. Para ingresar a alguien por la vía de gracia, se requería que Decano y Secretario se pusieran de acuerdo, pero con Sué, eso se había acabado. No transigía a acuerdo alguno, así que ni decanos ni autoridades ingresábamos a bachilleres por la puerta de atrás. En una oportunidad, le conté, recibí una misiva de Guaicaipuro Lameda, para ese entonces al frente de la ONAPRE, quien me refería un bachiller para su ingreso. Tomé la decisión de ordenar, directamente a Control de estudios, su inscripción. No alcancé a hacerlo, no sé como Alejandro se enteró, pero se me presentó en el Despacho Rectoral, reclamándome agriamente mi disposición. Se trata de una petición de quien depende nuestra asignación presupuestaria, cómo es que yo, siendo rector, voy a aparecer como no pudiendo acceder  a su solicitud, va a pensar qué es que no quiero. Nadie se imagina que ni siquiera el rector pueda disponer de un cupo en esta vaina –le respondí airadamente-. Alejandro Sué se levantó de su silla y me dijo: Rector, si usted hace eso se generará una crisis institucional pero yo no le acepto que usted pase por encima de mí en una materia que es de mi competencia. ¿Qué hago? –le pregunté-. Deme la misiva del general que yo se la respondo y así fue. Nunca vi su respuesta. Todo el mundo criticaba lo que calificaban de intransigencia de Alejandro, hasta yo mismo, pero hoy comprendo a la perfección que su postura era la correcta. Fue tal su intransigencia que un decano se volvió loco y modificó los resultados de una prueba de admisión en su facultad para favorecer a algunos bachilleres. Me imagino la presión que tendría con la pedidera de cupos, todos la teníamos. El caso terminó denunciado en el Consejo Nacional de Universidades. Anécdotas más, anécdotas menos, la conversación concluyó. No recuerdo que el actual secretario se hubiese comprometido conmigo de cambiar su política. Esperé que así fuese. Como corolario de esa reunión: colaboré varios meses como columnista en su portal ¿Hasta Cuándo? Luego, consideré prudente retirarme.

III-En un acto de grado


Ocurrió el tres de julio de 2009. Asistí a un acto de grado de Ingeniería con la finalidad de acompañar a Ibrahim y María Angélica, mis dos últimos tesistas de pregrado, con quienes había cultivado una excelente relación. En el cuartico del anfiteatro donde se visten las autoridades –con el traje académico-, estábamos todos. Comentaban las autoridades su disgusto por unas declaraciones aparecidas en El Carabobeño del Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas,  Juan José Ramos, a raíz de una acción vandálica perpetrada por seis individuos rayando todas las paredes de la Facultad. El lunes 28 de junio le habían llamado para amenazarle que le quemarían su despacho. “No lo quemaron, pero sí rayaron todo. No permitiré que quemen el decanato, así me tenga que quedar de guardia a las afuera” –declaro el mencionado-. La protesta era por la campaña que habían iniciado en contra de la venta de cupos, según el Decano, y al final de la crónica periodística se podía leer esta perla:  “Representantes de grupos estudiantiles se mostraron molestos porque este año no les asignarán cupos. Al respecto Ramos dijo que no cuentan con los espacios suficientes ni con los recursos para poder hacerlo”. El Decano había reconocido, cándidamente, que a los grupos estudiantiles se les daban cupos, pero que ese año no les podía dar. Esto fue lo que molestó a las autoridades: el candoroso reconocimiento de una errada política que el novel decano creía poder desterrarla. Recuerdo que les dije: allí tienen el clamor pidiendo ayuda de un pobre decano. Se los advertí. El problema de los cupos no puede dejarse únicamente sobre los hombros de los decanos. Todos ustedes tienen que ponerse de acuerdo en que nadie mete, ni la Rectora mete, y verán cómo liquidan ese problema. No sé si les volví a contar la anécdota de Sué y Guaicaipuro Lameda, a lo mejor fue allí y no en la sabrosa conversa con el Secretario  que la conté -los viejitos nos ponemos olvidadizos y reiterativos-. Me encaramé la toga y disfruté mi acto. Ahora sabemos que Juan José Ramos no pudo liquidar la vieja política, todo lo contrario como veremos.

IV-¿A cuenta de qué tantos prolegómenos?


Todos recordarán que el ingreso a la escuela de Derecho fue cerrado por un año. Pues bien, piensen ustedes en una cifra de cuántos pudieron ser admitidos el período lectivo anterior. Cualquiera, la más extravagante que se les ocurra. No sigan leyendo para buscar la respuesta, hagan el ejercicio primero. A esa facultad la colapsaron. ¿De qué tamaño sería el exabrupto que a los bachilleres de la siguiente cohorte con buenas notas, vocación y actitudes para estudiar Derecho se les negó de golpe y porrazo su derecho? El Consejo Universitario había aprobado una cuota de 980 cupos. Pues bien, ellos ingresaron dos mil cuatrocientos cincuenta y nueve nuevos alumnos, el 250%!! Se los digo en números ahora: 2459, se los debería decir en verso a ver si así pueden procesar tan tamaña irresponsabilidad. Evidente que el decano Juan José Ramos no pudo concretar su primera buena intención. A lo mejor le ocurrió aquello que dice el refrán: “Si no puedes con el enemigo, únetele”. Al final, todo terminó en una solapada y despiadada campaña con la finalidad de endilgarle toda la responsabilidad y en un acoso tenebroso –lo comentamos en el primer capítulo de esta historia-, como estrambótica  y tenebrosa es la cifra que les he revelado.
¿Y la Facultad? Para no redundar, algunas frases de docentes: “Nooooo, yo me retiré, Rector, las secciones son de ciento ochenta y alumnos, no caben en las aulas, algunos escuchan las clases parados, se retornó a los tiempos de la vieja casona” –se refería a la antigua sede de la Facultad en el centro de Valencia esta profesora jubilada que se resignó a no seguir colaborando-. Imagino que así como ocurría en la casona, ahora se tomarán un mes o más para los primeros parciales, otro tanto para los segundos, meses de clase efectivas al año: tres, para lo demás Master Card. Otra profesora: “El ambiente está muy feo, allí ya no se puede trabajar, crearon un monstruo y ahora no saben cómo controlarlo”. Ahora bien, la pregunta de las sesenta y cuatro mil lochas: ¿El decano es el único responsable de tal exabrupto? ¿Y el Secretario dónde estaba? ¿En la Luna? Fue lo que le pregunté al que me ratificaba la cifra. ¿Y la Rectora dónde estaba? Uno puede comprender que el cargo implica demasiados asuntos sobre los cuales estar pendiente, vaya si lo puede comprender uno, pero un desaguisado de tal tamaño no le puede pasar desapercibido a ningún rector o rectora.  Aparentemente todo se explica por un error estúpido de una tal mariana. ¿A quién creen que engañan?
Sólo hay cuatro escenarios para buscar una explicación, porque justificación nunca la va a haber. El escenario de la Indolencia: lo de ellos es el juego arriba, lo que ocurra abajo no les importa. El escenario de la Incompetencia: evado los problemas, me dedico a otra cosa porque los problemas que debo resolver no sé cómo hacerlo. El escenario de la Negociación con el Poder en las Sombras, ese que dejaron que creciera a pesar de que se les advirtió. Les confieso que yo creo que este es el que corresponde a la etapa en la cual estamos. Pero para que entiendan mis razones, primero tengo que contarles algo: la primera vez que supe del Festín 2459 fue a raíz de la intervención de Control de Estudios Central –ahora tiene un nuevo y flamante nombre-. Del enfrentamiento con la Asociación de Empleados, el eterno Hernán, quedaron heridas y pruebas, que incluso llegaron a manos de un importante diputado del PSUV, según se me ha dicho. Cuando a mi me hicieron la denuncia, no sé por qué la desestimé. Creo que mi cerebro emocional mandó la información, directamente, a la gaveta donde ubico las cosas que me hacen daño y con relación a las cuales nada puedo hacer. Como anda el país, he tenido que añadirle nuevos compartimientos. Cuando me buscaron para explicarme que en Educación no iba Ruth, sino una tal Ginoid que era la que tenía el control político de esa facultad –menudo control ahora digo yo, que sigo sin entender para qué me buscaron para informarme de tal carajada-, me pareció todo tan inexplicable, pero tan inexplicable, que el dato Festín 2459 saltó por sí sólo de la gaveta en la que le tenía escondido. Recuerdo que pregunté: ¿Es verdad que en el período… en Derecho….2459 nuevos ingresos? Ratificada la cifra y tomando en cuenta la primera candidatura fracasada del decano abandonante, el escenario que vino a mi mente, inmediatamente, fue el de la negociación o cesión por temor al anti poder, pero sobre esto desplegaré mejor mi línea de razonamiento en la cuarta entrega de esta novela corta.
 Por lo pronto, ratificada la pregunta, a mi me ocurrió como a esos maridos engañados, que todo el mundo lo sabe menos ellos, pero cuando, finalmente, algún amigo o familiar se atreve a decírselos, es como si les descorrieran una cortina y les pasaran una película hacia atrás, entonces es cuando comienzan a atar cabos. Ya para finalizar, existe un cuarto escenario. El del usufructo al más alto nivel de los bienes mal habidos que produce la empoderada mafia. Yo me niego a creer esto, que quede muy claro que así lo declaro. Pero es triste, lamentablemente muy triste, que cada vez consiga más miembros de la Comunidad que piensen que es por allí por donde andan los tiros, lo piensan y se lo callan, lo aceptan como tantas otras cosas en este bizarro país, que les hacen daño pero sobre las cuales sienten que nada pueden hacer.

PROPOSICIÓN FINAL (en aras de la transparencia). Que la Universidad de Carabobo comience a publicar, en página web, las estadísticas de nuevos ingresos estudiantiles, discriminadas por facultad. De ser posible, que se publiquen también las de los años recientes cuya información todavía esté disponible.

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