domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Cómo recomponemos LA ESPERANZA?

LA ESPERANZA COMO ELEMENTO AGLUTINADOR DE FUTURO


Prof. Pedro Villarroel
@pedvill

Noviembre 17 / 2016  

El lenguaje de la clase política hace rato que no expresa, ni habla, ni se conecta con el idioma de la gente. Ese ser del día a día, que trabaja, que sufre, que entra en desesperanza, desánimo, crispación, miedo y soledad.

El lenguaje de la clase política perdió su naturaleza ontológica. Ese espacio que permite un diálogo en reflexión con los elementos que constituyen el horizonte de la existencia.

Sus actos de habla se refieren a cosas, a entidades. No responden ni dan cuenta, ni mucho menos establecen itinerarios que resignifiquen la esperanza.  

La gente está sola, arrojada a la nada, sin mapa ni bitácora, cual náufragos. La pregunta en las colas infinitas, en las calles, en las plazas, en los sitios de trabajo es ¿Qué pasa, que no pasa nada?

Quiero recoger este testimonio que es expresión del sentimiento de frustración, desolación e incertidumbre de una venezolana.

Cito:

Ayer cobré mi quincena de trabajo…en mí casa habíamos pasado todo el día sin comer…sólo logré comprar: un pan campesino, un litro de aceite y un kilo de hígado de res…solo me quedaron 400 bolívares para el pasaje de hoy. Mayor frustración y arrechera, se suma a que también anteayer se me fue del país mi segundo sobrino, aquel que sostenía con su alegría a mi madre de 84 años, mis dos hermanos discapacitados gracias a la inseguridad de este régimen maldito. Hoy amanezco con un duelo profundo en el corazón que me la sostiene mi fe profunda en un Dios vivo y actuante en mi vida. Quise creer en una MUD que se crecía por el apoyo popular y que nuevamente me decepciona al demostrar que su ego y sus intereses personales están por encima de los intereses de una nación. Un ego en donde creen que se la saben todas más una y no le dan oportunidad a otros para que demuestren que también pueden aportar… y entonces, recuerdo las palabras de Bolívar cuando manifestaba algo así como “si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”… Dios, perdónanos por nuestra ingenuidad, por nuestros pecados y por nuestra soberbia.

El horizonte es una nube negra, es una alforja vacía. Se requiere en esta hora hacer un alto. Pensar, pensar, pensar.  

Irremediablemente hemos sido arrojados al impersonal “se”. Se desea de esa forma. Se piensa de esa forma. Se siente de esa forma. Se cree de esa forma.

Por lo tanto, toda la sociedad, incluida la clase política, ha caído en el campo de la inexistencia y la inautenticidad; lugar que hace imposible el proceso de apropiación de la persona como valor fundamental.

Se establece una barrera infranqueable al cambio y a la emancipación en libertad, que convierte al ser humano en un ser banal, en una masa amorfa, sin sentido ni propósito. Pingüe negocio para los proyectos igualitarios que desencadenan irremediablemente regímenes totalitarios.

Es un momento de freno y reflexión, de pausa necesaria para pensar, pensar y volver a pensar. Quebrar el ritornelo que nos sujeta a un eterno presente.

Es propicia la hora para que la clase política que hace como referente de su existencia el cambio, trabaje para el cambio. Trabajar para el cambio es conectar, decidida y ampliamente con la gente. Con la gente que sufre, con la gente que siente rabia, que odia, con la gente que demanda. Con esa gente que está arrojada irremediablemente a este terrible y doloroso precipicio.

Si no hacemos nada que refiera a actitudes ciertas, a movimientos con precisión hacia el propósito fundamental de cambiar los modos de vida, la sociedad venezolana va a fallecer.

La sociedad venezolana va a fallecer, porque se fallece como cosa, no como ser. Ni siquiera vamos a morir. Para morir se requiere haber vivido, haber reflexionado sobre nuestra existencia y sus límites, experiencia además intransferible.

Lo que está en juego es la construcción de una voluntad colectiva que establezca como propósito la profundización de la democracia con toda su carga valorativa, unido a un relato articulador de las diferencias y las múltiples demandas.

Finalmente, la esperanza como elemento aglutinador de futuro que sea susceptible de ser entendido a través de una operación discursiva clara, prístina, que a decir del Dr. Nelson Acosta, emocione para convencer. Esa esperanza que como escribió Alberto Barrera Tyszka, no se improvisa.


Qué no triunfe la vehemencia sobre el discernimiento. ¡Jamás!

1 comentario:

  1. Honrada de que tome mi testimonio para aderezar su artículo que me parece excelente. Necesario para trabajar en grupos, opinar y aportar, pues no podemos quedarnos en lamentaciones y desdichas sino trascender en la adversidad. Saludos

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