miércoles, 6 de mayo de 2015

Laureano se nos puso serio

Laureano se nos puso serio

Asdrúbal Romero M.


Hace ya unos días recibí una invitación a un evento político, que tenía como principal atractivo la presentación de un diagnóstico de la realidad política actual por parte del periodista Miguel Salazar, el mismo de las Verdades de Miguel. Lo cierto es que más allá de decir unas cuantas verdades en ese estilo suyo tan peculiar, verdades que ya no pasan de ser episodios anecdóticos que se siguen sumando a una montaña correosamente sedimentada de corruptelas, escándalos, dosis de más de lo mismo que ya ni conmueven nuestra capacidad de asombro, su disperso diagnóstico me decepcionó. Reflexionando sobre el por qué no me había gustado, llegué a la conclusión que era la ausencia de alguna propuesta para la construcción de un nuevo escenario político. Por muy mal que esté el paciente, todo diagnosticador debe atreverse a proponer alguna vía de solución. El ponente central no lo hizo, todo lo contrario, al abandonar las instalaciones del CEIDEC recordaba las casas de opio de Macao, que tanto aparecen en las películas, como el destino más recomendable para todos aquellos que salíamos del evento vaciados de esperanzas por nuestro irresoluble país. Una tendencia que ya he observado en los que, por algún lapso, han estado de compadrazgo con el Régimen es la de meternos a todos en el mismo escaparate de la mala calaña. No hay ni ha habido desde los tiempos de María Castaña hueso sano en este país; gobierno y oposición aparejados en maldad e ineptitud; cuarta y quinta similarmente nefastas; como si fuese una manera de justificarse disparando una ametralladora de desesperanza 360 grados alrededor.

Pero tú también eres pesimista, me dirán algunos -ya me lo han dicho-. Cierto, en lo que respecta a la evolución de la tragedia económica y social del país lo he tenido que ser. Y no me he equivocado: todas las tendencias confirman mis más lúgubres pesadillas. Tengo que continuar siéndolo de no producirse un rápido viraje. En virtud de lo cual: tengo una propuesta sintetizable en tres afirmaciones. No hay fondo mientras sigamos recorriendo esta insensata senda. Maduro y su camarilla han dado muestras incontrovertibles de su indisposición a producir el viraje. En consecuencia: se impone la necesidad de trabajar en pro de crear las condiciones que les obligue a renunciar y dar paso a un gobierno de transición. Una junta tripartita pudiera presidirlo con la finalidad de sustentarla con una plataforma amplia de gobernabilidad. Conformada por un representante de la Oposición,  otro de un sector interno del Régimen dispuesto a concertar para rectificar y un militar de alto rango con perfil bastante independiente. Eso sí, con una clara misión a cumplir: enderezar el rumbo hacia un país de trabajo y producción en el que se respeten el derecho a la propiedad y las reglas de juego para los inversionistas. Es una propuesta para ya, se dice fácil no obstante tenga conciencia plena sobre las inmensas dificultades para construir un escenario de transición de tales características. Por otra parte: es estrictamente necesaria una salida política y constitucional como esa si no queremos que el país se nos termine hundiendo en nuestras propias narices.

Coincidencialmente, el mismo día del evento con Salazar me llegó un correo contentivo de una entrevista a Laureano Márquez. Leo todo lo suyo porque realmente admiro la brillantez sarcástica de sus aproximaciones a la situación país. La entrevista tenía más de dos meses de haber sido publicada (el 19/2/2015) y no la había recibido en las decenas de correos que reviso diariamente, lo cual me causó extrañeza porque su producción suele circular profusamente en las redes sociales. Adicionalmente, otro motivo de sorpresa, Laureano se nos había puesto serio: la entrevista no estaba escrita en la clave de humor a la que nos tiene acostumbrados. Pensé que su agente habría tratado de sacarla de circulación, aunque en verdad ni siquiera sé si Laureano tendrá agente. ¿La razón? En su seriedad, el reputado humorista se había lanzado a profundidades que tendrían muy preocupado al imaginario agente. Laureano afirma en esa entrevista que la situación es tan grave que "la única salida es que el gobierno del presidente Nicolás  Maduro sea sustituido por otro, de transición". De nuevo: ¡coincidencia! Similar propuesta a la que había pensado para no rendirme a las tentaciones de Macao. Laureano es más audaz: propone que dicha transición sea encabezada "por una corriente del propio chavismo en consenso con el resto del país". Me es obligante decir que una vez conocida la posición de Laureano me entró un fresquito y sentí el deber  de exteriorizar esta irreverente opinión que me corroía por dentro intentando que la dejara escapar. Por muy incómoda que, políticamente, pueda  sonar cuando nos encontramos en pleno ambiente de primarias, sentí que debía acompañar a Laureano en su verdad que también es la mía. Estoy firmemente convencido que Venezuela se encuentra en un momento crucial, donde hace falta que emerjan a la palestra muchos Laureanos que le hablen con su verdad al país, sin paliativos ni falsas esperanzas. Sólo de la confrontación de crudas verdades podrían surgir los bosquejos de diversas propuestas para salir de este atolladero. ¡Hay que atreverse a plantearlas!

¿Cuál es la premisa fundamental detrás de la propuesta de una transición inmediata y concertada con un sector del chavismo? Que los tiempos no dan como para esperar los resultados de las parlamentarias, tan sencillo como eso. La situación económica y social se deteriora a una velocidad tan pasmosa, que resulta harto difícil imaginar a qué nivel de profundidad del sótano que estamos cavando nos encontraríamos al final de tan angustiosa espera. Cuando hablamos de los resultados de las parlamentarias, no me refiero simplemente a los electorales, sino a los logros concretos que se pudieran obtener de una acción legislativa tendiente a iniciar la reversión de tan nefastas tendencias como las que hoy nos aquejan. Nos encontramos en una situación tan sui generis en lo político, que ambos bandos consumen buena parte de su energía organizando unas primarias para seleccionar a los candidatos que van a competir en unas elecciones que no tienen fecha. Supongamos que finalmente se dan, que la Oposición gana y que tal victoria es reconocida -supuestos que ameritan profundo análisis-, luego vendrá el proceso de instalación de la nueva asamblea. Como estamos en la obligación de suponer que la Oposición no podrá llegar, dando las mismas lecciones de democracia que Cabello nos da las pocas veces que sesiona la asamblea actual, seremos testigos de cómo los del gobierno recurrirán a todos los mecanismos de retardo procedimental que son propios del juego democrático en instancias legislativas, los mismos que se le han negado a la Oposición. De por sí, en ningún país del mundo los congresos o asambleas han sido instancias eficientes para desmontar lo que en Venezuela se requiere desmontar con inusual urgencia, máxime en un país tan presidencialista como el nuestro y con un poder ejecutivo que mantendrá por un tiempo, nada desestimable, absoluto control del poder judicial. De manera tal que la visión de una nueva asamblea con la capacidad para desmontar lo que nos tiene entrampados, es más una quimera proclive a convertirse en otro hito de desesperanza al cabo de más tiempo perdido, una promesa política imposible de cumplir, al menos en el corto plazo que pudiera permitirse el país. Por otra parte, es también un espejismo anestesiante de las iniciativas tendientes a organizar la sociedad en procura de otras vías de salida. Venezuela es una olla de presión que ya tiene tiempo dando pitidos que deberían tenernos mucho más sensibilizados y hasta alarmados. El alivio de tal presión pasa por desembarazarnos del legado comunista de Chávez y ya sabemos que Maduro está imposibilitado de hacerlo. ¿Qué más vamos a esperar? ¿Qué el dólar este a 1000 a finales del próximo año como lo pronostican algunos grupos económicos? ¿Qué más nos falta por ver para reaccionar? El nudo gordiano que hay que reventar está claro. Propuestas como la de Laureano apuntan hacia el objetivo correcto.   Que es un tanto fantasiosa, sí, no tengo problema en reconocerlo, pero está iluminando el camino a través del cual hay que iniciar la exploración y enviar señales. Los ecos en la cueva nos retroalimentarán, pero al menos sabremos que la dirección de arrancada ha sido la correcta.

No se trata de desmeritar a los que creen en la vía parlamentaria como única salida. Tengo queridos amigos entregados fervientemente a esta opción con la mejor de las intenciones, honestamente creo que están equivocados. No se trata, tampoco, de proponer que se abandone rotundamente esa ruta, hay que transitarla, prepararse para ella, pero resulta inaceptable ver que todo el esfuerzo político se concentre en la tragicomedia de la lucha por una botella vacía, cuando tenemos en pleno desarrollo acontecimientos tan graves. Aquí en Carabobo, por ejemplo, vemos cómo un emblemático periódico regional con una tradición democrática de ochentaiún  años nos lo cierran por falta de papel; cómo  nos continúan desmantelando el parque industrial que tanto esfuerzo tomó edificar; que la Facultad de Odontología UC se ve obligada a cerrar técnicamente por falta de insumos y repuestos, en una manifestación más de cómo la buena universidad pública, autónoma y gratuita agoniza porque las condiciones del país tornan su operatividad inviable, cercenándose así  el derecho de miles de estudiantes a acceder a una educación universitaria de verdadera calidad. La inviabilidad, en vuelo rasante sobre todo el territorio nacional, merma ferozmente la capacidad de dar respuestas de instituciones, organizaciones y empresas en el más amplio espectro de su vasta diversidad, afecta a públicas y privadas por igual, y amenaza con invadir, prontamente, hasta nuestra infraestructura residencial. Todo el país se nos torna inviable. Mientras tanto, no se observa un esfuerzo cohesivo de los partidos y líderes políticos para organizar a la sociedad en contra de tan implacable ola de destrucción. Le molesta a uno que se muestren tan ausentes, tan enMUDecidos, tan ensimismados en su ópera tragicómica. Le molesta a mucha gente con la que uno habla y así como crece la desafección hacia el Gobierno, también crece la dirigida hacia un estamento político que se percibe incompetente para organizar un contrapeso eficaz a esta invasión bárbara. De manera tal que ojitos, aún con los generales del desabastecimiento e hiperinflación en campaña por el bando opositor, pudieran producirse resultados electorales que sorprendan a más de uno.


Ya para concluir, les invito a leer el análisis más in extenso  contenido en la mencionada entrevista. Pueden acceder a ella en el enlace: http://elestimulo.com/blog/laureano-marquez-dice-que-la-salida-es-un-gobierno-chavista-de-emergencia/ . Les planteará muchas interrogantes que quedan sin respuesta porque a la fecha no se disponen. ¿Existirá un sector del chavismo dispuesto a concertar con el resto del país? Lo del apellido plantea una contradicción: ¿un sector del chavismo dispuesto a desconocer el legado del padre que se los dio? Yo prefiero reformular la pregunta en búsqueda de algún sector dentro del Régimen que esté dispuesto a concertar para rectificar. ¿Existe? Lo que puedo decir  es que dentro de la cueva hay mucha gente preocupada. Están conscientes que el modelo equivocado no da para más, de la necesidad de rectificar. Puede que, ideológicamente, sean socialistas, pero no comunistas recalcitrantes. Simplemente están allí porque se montaron en el proyecto de poder del amigo carismático, pero ahora se sienten entrampados, dentro de un régimen que soltó amarras para adentrarse en las oscuras aguas del totalitarismo y que se quedó sin posibilidades para un retorno democrático. Saben que hay que dar un rápido viraje pero también, como nosotros, se preguntan cómo. Mientras tanto, se están defendiendo a sí mismos. ¿Habrá alguien con quién conversar para ponerse de acuerdo?

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