martes, 2 de julio de 2013

Reflexiones sobre cómo veo en este momento el conflicto universitario

¿Cuándo se termina este conflicto?
Asdrúbal Romero Mujica

Difícil predecirlo. Aunque la propuesta económica del Gobierno dista bastante de ser realmente efectiva en cuanto a la recuperación del salario perdido por los universitarios en los últimos años (los expertos calculan que habría que aumentar en un 156% para llevar los sueldos al mismo nivel de enero 2008), opino que el tema salarial no constituye el auténtico nudo gordiano de este conflicto.
La insistencia del Régimen en desconocer a la FAPUV, como la legítima representante de los docentes universitarios que decidieron ir a paro indefinido, constituye el punto de desencuentro que a estas alturas percibo como insalvable. Independientemente del grado de descontento que unos u otros pudieran albergar con respecto a las actuaciones de FAPUV, en esos años que los incrementos unilaterales decretados por el Presidente prevalecieron por encima de una correcta negociación amparada en las Normas de Homologación, lo cierto es que la Federación logró activar un proceso democrático mediante asambleas, plebiscitos, etc. que arrojó una decisión, evidentemente mayoritaria, de los profesores de acogerse al paro indefinido aun reconociendo su carácter de recurso extremo. Es de suponer que esta decisión extrema -nótese que repito el adjetivo calificativo- se produce como consecuencia de la nula efectividad de todo ese largo preludio de paros escalonados, que no alcanzó a lograr respuesta alguna del Gobierno en cuanto a disponerse a abrir algún escenario de fructífero diálogo y, por otra parte, del cansancio ante ese continuado abuso que sepultó nuestros niveles de remuneración salarial a niveles nunca antes vistos, con su pernicioso efecto sobre las posibilidades de mantener un sano proceso de regeneración académica.
Se presenta entonces una disyuntiva fundamental que puede resumirse en los siguientes términos: cómo un gobierno cuyas políticas económicas han generado un notorio empobrecimiento de los sectores asalariados de este país puede pretender darse el lujo de desconocer a la representación, buena o mala, agotada o no, que un segmento significativo de los trabajadores universitarios ha asumido como suya. ¿Cómo puede un segmento intelectual de la sociedad calarse que una reiterada maniobra de promoción del paralelismo sindical, que en algún otro sector laboral pueda haber tenido relativo éxito, prospere impunemente ante nuestras propias narices? Pretender esto es un grosero insulto a nuestra inteligencia y debe internalizar el Régimen que está lidiando con un estamento de la sociedad que está obligado, por su propia condición, a ejercer un rol pedagógico hacia el resto del país, sobre el maniobrero intento patronal de un gobierno, que suda copiosamente inflación por todos sus poros, de evadir esa responsabilidad suya en la mesa de negociación laboral.
De que el profesorado optó por asumir a FAPUV como su representación gremial, como la única y legitima contraparte con la que este Gobierno debía sentarse, no debe quedar duda. El paro indefinido es la principal demostración. Por lo tanto, me gustaría ver cómo es que esos profesores van  a asistir a una asamblea a decirle, a los que le echaron pichón, que no importa que el Gobierno los haya ninguneado y que ellos ahora quieren incorporarse a clases. Eso sería de una INCONSECUENCIA tal que no le quedaría a uno más remedio que tener, muy tristemente, que admitir el que este Régimen logró su objetivo de barrer el piso con la dignidad de la Universidad Venezolana. ¿Están dispuestos los profesores a esto? Por ahora, no veo que exista una mayoría dispuesta a rendirse en condiciones de tanta indignidad. Aun cuando reconozca que el nivel de activismo con el paro esté muy deteriorado en instituciones como la nuestra (UC), donde factores contaminantes vinculados a la política interna le han hecho mucho daño al conflicto. Aun cuando sospeche que eso de ser parte de la “luz” que vence las sombras, es decir: el ser parte de ese ejercicio pedagógico al resto de los trabajadores de este país del cual les hablaba, comience a saberle a nada a muchos profesores. Aun cuando entienda y sopese las razones de quienes ven en lo que está ocurriendo: las líneas maestras de un macro plan, cuidadosamente, diseñado por el Gobierno para ponerle finalmente la mano a la Universidad y, quizás, perpetrar en ella una reiteración de la salvajada de PDVSA –con este paro le estamos entregando al Gobierno la Universidad con lacito y todo, dicen-. Aun así, no percibo que las condiciones estén dadas para que LA HORA MENGUADA DE LA INDIGNIDAD se aposente en nuestros recintos universitarios.
El Gobierno también debe hacer una lectura acertada de la situación. La Universidad no es PDVSA. Las complejas y múltiples ramificaciones dentro de la sociedad venezolana de la identidad universitaria, podrían confabularse para crearle a este gobierno un Vietnam de imprevisibles consecuencias. A esos estudiantes que se fueron a sus casas y dejaron en hombros de los profesores la defensa del último reducto de la Academia que nos queda, y a sus padres, les digo: se verán mil veces más perjudicados cuando en nuestras universidades se pretendan instalar remedos de la Bolivariana o de la UNEFA. ¿Cuál será entonces su reacción?
Por eso, Sr. Maduro, lo aconsejable es que se ocupe de crear las condiciones para una sentaíta (rememoré la ayudaíta que la misteriosa candidata requirió de Aymara). Si usted se compromete a incluir en el ajuste salarial del 2014 el porcentaje de devaluación que, a lo mejor, se vea obligado a aplicar en lo que queda de año. Si se compromete a incluir a este sector universitario en una discusión, así sea a marcha forzada, de un proyecto de ley de educación superior que incluya un nuevo modelo de financiamiento que sincere la situación del sector y se abandona esa recalentada pretensión de introducir extractos de una ley vetada en una convención colectiva –ya se produjo un gesto bastante positivo en este sentido-. Si usted reconoce al “otro” porque ya no están dadas las condiciones ni políticas ni económicas para que ese “otro” se siga calando que lo desconozcan,  usted acaba con este conflicto universitario a muy bajo costo. ¡Usted es quien puede hacerlo!




4 comentarios:

  1. Extraordinario!,,,,Seguiremos siendo Dignos , aunque a los interno quieren que seamos Indignos .....

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  2. Excelente Articulo, es la realidad que tenemos, y nuestra dignidad no la pisotea este, ni ningun gobierno.. Adelante, lucha y calle.. Atte. Julio Garcia

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  3. Dr. Romero
    Siempre lo he considerado un excelente profesional, me gusta su artículo y considero que en este momento el tema va más allá de la remuneraciòn a los profesores universitarios. Es un tema de dignidad que compete a todos los venezolanos, sobre todo a aquellos que en algún momento pasamos por esa magna casa de estudios. Si nuestros esfuerzos no apuntan a defender las universidades será muy dificil defender el avance, el progreso de cualquier pais, donde todo se fundamenta en la educación

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