martes, 8 de enero de 2013

Aunque sea llover sobre mojado


La Irresponsabilidad de Origen

Asdrúbal Romero M.

Ignacio Ordaz era vicerrector en una de nuestras universidades autónomas. Cuando se acercaban las elecciones rectorales, la mayoría de los miembros de su grupo profesoral independiente le instaban a que se lanzara como Rector. Ignacio había hecho una excelente gestión y por eso su grupo le quería como candidato. Era un tiro al piso su elección como máxima autoridad, le decían, nadie dentro del grupo se atrevería a cuestionarle su liderazgo y, una vez lanzado, seguro que arrasaría en primera vuelta. Curiosamente, él también lo sentía así, pero había un problema. Hacía un par de años le habían diagnosticado una lesión cancerosa, mínima, apenas estaba comenzando según su médico de confianza. Le extirparon el minúsculo tumor, le dijeron que éste no había comprometido a los tejidos circundantes. Se sometió al tratamiento post operatorio convencional, a fin de asegurar que todo no pasaría de ser un mal recuerdo. Sin embargo, en la revisión de rutina del último diciembre, el mismo médico que le había operado, con sumo pesar le reconoció que la lesión había reaparecido y con una tendencia al crecimiento más amenazante. Nadie en la Universidad lo sabía, sólo su núcleo familiar que le rogaba retirarse de su cargo y someterse rápidamente al procedimiento terapéutico que fuere necesario. Ignacio sopesó por varios días su decisión candidatural. El tratamiento ahora sería más costoso, como Rector tendría una cobertura de seguro de hospitalización en la práctica ilimitada, se le brindarían las mejores atenciones. Por otra parte: ¿Se encontraba él en condiciones físicas como para asumir una difícil gestión rectoral? ¿Le podría cumplir a la universidad de sus amores como ella se lo merecía? Fue esto lo que privó por encima de su conveniencia personal y la de su grupo. Al final, sorprendió a muchos de sus seguidores pero anunció su responsable decisión: no optaría por el Rectorado.
Esta breve historia, muy simplificada en sus vericuetos pero inspirada en un hecho real del cual fui someramente informado –por supuesto: el nombre está cambiado-, me es útil a los fines de ilustrar cómo el sentimiento de responsabilidad con un colectivo fue lo que, moralmente, se constituyó en el factor decisorio para elegir la opción más honesta. Traslademos esto al contexto de optar a la presidencia de un país. La responsabilidad con el colectivo se agiganta, considerando que el nivel de complejidad y las implicaciones de una gestión presidencial están distantes varios años  luz de lo que podría significar una gestión rectoral –bastante compleja y estresante por cierto-, pero Chávez, a sabiendas de su reincidente enfermedad, opta por la conveniencia política de su partido –para no decir, porque no me consta, que también influyó en su decisión la conveniencia personal-. Estamos pues ante una decisión irresponsable, magnificada al extremo por las consecuencias para Venezuela que se pudiesen derivar de ella. Chávez no debió lanzarse a la reelección, he aquí la Irresponsabilidad de Origen que activa todo este singular proceso que se está viviendo en el país.
Es así como debe calificarse su decisión, con prescindencia de lo que se pueda sentir con respecto a la circunstancia de sufrimiento por la que debe estar pasando. Una cosa es respetar su enfermedad y otra el que se obvie de calificar su decisión en sujeción al lógico sistema de valores que debieran orientar las decisiones de cualquier ser humano. Cualquiera de nosotros está obligado a valorar si está en condiciones físicas, mentales, de capacitación, como para optar a un cargo del cual se derivan responsabilidades hacia un colectivo.  Obviamente,  también es imputable el calificativo de irresponsables a los miembros de la cúpula dirigencial de su partido. Ninguno exteriorizó una opinión contraria a la decisión de su líder. Al parecer, ni siquiera ninguno se atrevió a recomendarle lo contrario. Ahora resulta, que desde su entorno más cercano se han dejado filtrar quejas como la siguiente: Es que al Presidente ya no se le puede hablar para decirle que uno no está de acuerdo con esto o aquello –consecuencia de ese endiosamiento desmesurado e impropio que se ha hecho de su figura-. Por eso, también se le dejó, siendo Presidente, que pusiera su salud bajo el control de otro país que tiene intereses económicos muy concretos con respecto al tema de la sucesión presidencial en el nuestro. No sé si en la historia de Venezuela se habrá producido, alguna vez, una decisión tan entreguista de nuestra soberanía y, por ende, de tan tamaña irresponsabilidad.
Se dirá que el contenido de este artículo es llover sobre mojado. Quizás sea así, pero es que uno siente que muchos dirigentes políticos de la Oposición parecieran no atreverse a llamar las cosas por su nombre. Como si tuvieran temor de irritar a los fieles seguidores del Presidente y enajenarse sus votos en algún evento electoral futuro. El problema es que la estructura de valores deseables que debieran orientar las conductas en el accionar político de esta irreconocible venezuela se ha venido distorsionando de una manera perversa. Y no toda esa dañina transformación le es endilgable al Régimen. Hay que ver lo que hemos cambiado, que es equivalente a decir: ¡cuánto tendremos que trabajar en el rescate de los valores perdidos!
De la Irresponsabilidad de Origen se ha generado toda una secuencia de comportamientos irresponsables. Todo lo sucedido en la Asamblea Nacional el día de la ratificación de Cabello se va sumando a una retahila grotesca y ridícula de irresponsabilidades, como si se estuviese provocando un golpe de estado para luego victimizarse acusando a una derecha casi inexistente. ¡Cómo se parecen estos días a los últimos de Allende, al menos él se pegó un tiro en el Palacio de la Moneda!

3 comentarios:

  1. ...Entonces, quién se pegará el balazo ahora?

    ResponderEliminar
  2. Excelente artículo Asdrubal.
    Se podrían repetir muchas cosas que has escrito; irresponsabilidad, endiosamiento, entreguismo, etc.
    Hece muchos años alguien me contó algo sobre la "maldición de Misia Jacinta", la cual consistía que cualquier presidente que atravesara el umbral de miraflores, a partir de ese momento él creería que sabría más que pezcado frito.
    Todos los presidentes de Venezuela se han endiosado, por sus seguidores o por ellos mismos.
    El problema de chavez es que es una persona endiosada, pero sin dignidad, lo cual le sobró a Allende.

    ResponderEliminar
  3. Asumir responsabilidad en la vida es una de las tareas mas dificiles del ser humano.

    ResponderEliminar