miércoles, 8 de julio de 2009

Documento ex rectores de la ULA

Creo que es una muy buena noticia para la universidad venezolana el que la Asociación Venezolana de Rectores (AVERU), las asociaciones gremiales en el ámbito nacional (FAPUV, FENATESV, FENASIPRUV, etc.) y la asociación que aglutina a las diversas federaciones de centros estudiantiles (FCUs) hayan constituido el FRENTE NACIONAL UNIVERSITARIO DEMOCRÁTICO PARA LA DEFENSA DE LA AUTONOMÍA UNIVERSITARIA.

El paro de este jueves 9 de julio es una primera acción decretada por este frente. Pero más allá de los aspectos concretos de la lucha, a continuación les transcribimos un documento conceptual presentado en la reunión de constitución del frente por varios ex rectores de la Universidad de los Andes el cual compartimos plenamente.


DOCUMENTO PRESENTADO POR LOS EXRECTORES DE LA ULA

José Mendoza Angulo, Genry Vargas y Miguel Rodríguez


Elementos para definir una conducta política institucional de los universitarios en la actual coyuntura nacional.


La universidad venezolana enfrenta, otra vez, una grave encrucijada histórica. La gravedad, en las presentes circunstancias políticas que vive Venezuela, se expresa en el hecho de ser la Universidad, por definición, una institución democrática que debe desarrollar sus actividades y mantener relaciones con un estado que, en la actualidad, por su concepción y sus ejecutorias, ha dejado de ser democrático. Ese estado, sin embargo, no puede impedir todavía la totalidad de las expresiones democráticas reconocidas por nuestra sociedad. Entre estas expresiones figura, en lugar destacado, la democracia universitaria. Su marco jurídico regulador precedió, incluso, el referente constitucional sobre el que se edificó el conjunto de instituciones de la democracia venezolana restablecida en 1958. Más aún, constituye un acervo espiritual invalorable la práctica democrática de un co-gobierno de profesores y estudiantes, con ideas distintas y hasta contrapuestas, bajo el que han podido convivir y sentarse, en torno a la misma mesa de trabajo, representantes de las ideas y políticas oficiales y opositores trenzados en la calle y en la propia universidad en serias confrontaciones políticas. Esas confrontaciones probablemente han perturbado, por momentos, pero no impedido el progreso de la ciencia en Venezuela, la formación profesional de millones de compatriotas y la identificación, en sus departamentos y laboratorios, de ingentes problemas nacionales y de sus soluciones. Ahora bien, lo cierto es que esta concepción y esta práctica histórica resultan gravemente alteradas cuando en la vida del país se ha impuesto el control personal de quien ejerce el poder sobre las instituciones sociales y sobre la propia sociedad.

No obstante, estamos muy lejos de creer que la universidad venezolana del presente sea una institución perfecta. Primero, porque una universidad no se termina de configurar nunca. La ciencia no es algo acabado o un dominio del espíritu humano con límites y los requerimientos crecientes, por parte de la sociedad, de personas cada vez mejor calificadas, son necesidades que aumentan sin cesar. Segundo, porque la crisis es la forma de vida universitaria por antonomasia. La ciencia se cuestiona a sí misma, el conocimiento nuevo está en lucha constante con el viejo; los estudiante someten a la crítica permanente a sus profesores, y la comunidad universitaria vigila y examina con rigor a quienes la dirigen. Tercero, porque la universidad no es una isla. Ella no se concibe sino en relación permanente con la sociedad y con el estado, así como con otras instituciones similares, y esas relaciones originan demandas y plantean retos que determinan una dinámica imposible de detener. Más de una vez a los universitarios nos ha faltado la visión, el coraje y la determinación para revisarnos a nosotros mismos y a nuestra institución, porque también hay fuerzas conservadoras adentro y en la periferia de la universidad, pero inequívocamente han sido factores de retroceso, generadores de mayores traumas, los intentos de quienes han pretendido, desde afuera, convertirse en transformadores o en salvadores de la universidad.

Desde esta perspectiva conceptual estimamos que puede adelantarse un intercambio de puntos de vista alrededor de aspectos como los siguientes:

• La defensa de la universidad debe hacerse, fundamentalmente, a partir de sus propios logros académicos y estos deben ser conocidos y divulgados hoy con más fuerza que nunca.

• Encerrar la defensa de la universidad en el acoso presupuestario del gobierno es una manera de renunciar a los más poderosos argumentos que tiene la institución.

• La defensa de la universidad debe ser asumida como un proceso inteligente. Esto significa, en nuestra opinión: salirle adelante a los problemas en lugar de dejarse rebasar por ellos; colocarlos en una perspectiva que trascienda lo meramente coyuntural; no negarse a discutir las críticas y demandas de los entes oficiales ni de quienes sean sus representantes legales o políticos en el seno de la universidad; asomar salidas a los problemas de la institución, y acometer la defensa de la Universidad con la fuerza ética que da hacerlo desde los principios de la libertad, la pluralidad y la tolerancia que son los fundamentos de la democracia y de la autonomía.

• La poderosa herramienta de la moderna tecnología de la información debe ser convertida en el instrumento esencial (y probablemente más barato) de la defensa de la universidad.


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