sábado, 26 de mayo de 2012

Una mafia que apesta


ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA VENTA DE CUPOS


                                                                                                                   Prof. Asdrúbal Romero M

¿Por qué abordar este tema? ¿A cuentas de qué un ex rector que debería estar escribiendo sobre sus memorias lindas en la U opta por referirse a tan escabroso y feo tópico universitario? Lo considero mi deber. En primer lugar, creo que la venta de cupos se ha convertido en el problema que más afea la imagen externa de la Universidad de Carabobo. Cada vez con mayor frecuencia me encuentro con personas que me hablan sobre lo que les ha ocurrido al respecto (sobre todo cuando se enteran que soy ex). Mire ex, pagué seis millones para que mi hijo ingresara y, efectivamente, el chamo que tienes en frente te cuenta de sus sufrimientos en la U: todavía no ha logrado aprobar ninguna materia pero no importa, está dentro. Una madre me cuenta que la estafaron, le pedían doce, dio la mitad y hasta el sol de hoy, cómo puede hacer para hablar con la Rectora, me interroga, después de aclararle yo que ella no es mi esposa.
En segundo lugar: creo que la mafia que ha crecido bastante al calor de estas múltiples ventas delictuosas es responsable de la mayoría de los hechos de violencia que ocurren en la UC. Constituyen su principal mecanismo de presión: quemas de despachos decanales, sacadas de pistolas en las oficinas de Control de Estudios, secuestros de autoridades, etc. Nótese que muchos de estos hechos no son conocidos ni siquiera por los miembros de la Comunidad, se ha optado por tratar de cubrirlos con un manto espesamente obnubilador a la luz de la famosa teoría aquella: lo que no se sabe es porque no ocurre. Pero no es así, para eso están los pasillos a lo largo de los cuales han corrido las más singulares leyendas sobre el decano que finalmente renunció a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas: sobre la bala de plata que le tenían preparada; el perro santero lanzado desde el techo de Faces como metáfora de la más rabiosa amenaza; la puerta tapiada  con bloques de aquí no entras más, etc. En un día lo secuestraron tres veces en su oficina pero eso no lo publicaron los periódicos. Me cuentan que en una oportunidad se fue a negociar como con cincuenta capuchas a la sede de la radio universitaria (allí todavía le quedaba un instituto), el personal todo atemorizado -la gente los conoce y además ellos no se preocupan de ocultar sus magnums-, amenazó con apagar la 104,5. De ese ex decano ya, no seré yo quien le dé la bienvenida al gremio, se dicen tantas pero tantas cosas, que realmente uno siente vergüenza ajena. Ojalá ni el ochenta por ciento de ellas sean ciertas. En verdad yo no sé cuáles sí y cuáles no.  Lo curioso es que él y distinguidos miembros de su familia, de arraigada valencianidad por cierto,  también han comenzado a hablar, al parecer no se siente cómodo en el rol de único chivo expiatorio.
En tercer lugar y esto es lo más grave: la mafia detrás de la venta de cupos se ha hecho tan poderosa que comienza a tratar de penetrar el poder institucional. Así como en Colombia llegó un momento que el narcotráfico tenía diputados en el Congreso y todo el mundo lo sabía. Así como en nuestra apaleada Venezuela, los pranes de nuestras cárceles tienen el poder para sentarse a negociar con los chivos más gordos de este particular gobierno, desde Dios le ha dado para abajo. Por cierto, aprovecho para aclarar: han pretendido manipular mi discurso, no he calificado de pranes a decanos ni autoridades, válgame Dios, estoy clarito dónde se ubican los pranes a los que me refiero, son, por si no se han enterado o prefieren apelar a la técnica de la transposición de roles para tergiversar mi posición, los que manejan la mafia que planifica, organiza, ejecuta y supervisa, en fin: gerencia la venta de cupos en nuestra universidad. Ah y se me olvidaba: amenazan y perpetran graves hechos delictuosos a cuenta de su mafiosa actividad. También aclaro que no conozco a la señora Ginoy, no tengo nada en contra de ella, a lo mejor llego a conocerla y me resulta una encantadora abuelita. No estoy diciendo que ella sea parte de esa mafia ni pran. Lo que sí digo es que los verdaderos pranes comienzan a ejercer un poder lo suficientemente audaz como para atreverse a condicionar decisiones trascendentales de gobierno universitario, porque decidir la designación de un decano para una facultad, así sea de naturaleza interina, constituye una decisión de alto gobierno. ¡Por supuesto que lo que señalo es grave! No tengo pruebas pero sí una larga, diría más bien: larguísima ruta de indicios, que me conducen al planteamiento en cuestión. Todavía no puedo entregarles pruebas, capaz y comienzan a llegarme a raíz de estos escritos, pero sí puedo compartir toda esa serie de indicios y que ustedes juzguen. Como la historia es extensa, hoy publicaré, además de esta introducción que ya va larga, un artículo que escribí para este blog el 13/8/2010 –hace ya casi dos años-. No lo busquen, nunca lo publiqué, dos personas muy amigas me recomendaron que no lo hiciera, que lo que yo escribía arrojaba un manto de dudas sobre muchas personalidades ucistas. Me arrepiento de no haberlo hecho, pienso, quizás ilusionadoramente, que en algo se hubiera frenado esta vorágine. No lo voy a alterar en nada. Lo contenido en él es la versión de cómo yo apreciaba el problema en aquel momento. Hoy creo que quizás sea una versión edulcorada. Cada cual lo puede leer con mayor o menor buena fe, lo importante es que más o menos así comenzó el proceso que empoderó a una peligrosa mafia. Lo he releído varias veces y creo que sigue teniendo vigencia como crónica del inicio de un mal camino. Si se generan dudas sobre personalidades del mundillo  que cada cual se preocupe de aclarar su parte. Se titulaba “Venta de Cupos”, voy a retitularlo:


ASÍ COMENZÓ TODO


Me dice la señora que me hace las labores domésticas todos los martes: “Señor Asdrúbal, escuché a dos señoras hablando en la camionetica. Una de ellas comentaba que un decano le había pedido ocho millones por el cupo de su hijo. ¿Tanto señor Asdrúbal?”
Inmediatamente le aclaré que ningún decano haría eso. También: que estaba en conocimiento de la existencia de una mafia dedicada a la venta de cupos, en la que participaban algunos dirigentes estudiantiles  como avanzada caza incautos que se encargaba de proponer ese tipo de negociaciones muy deshonestas. ¿Incautos? –me preguntó-. Le expliqué que la mayoría de ellas terminaban en estafas -amparados en su condición de dirigentes, convencían a muchos padres de acceder  a ese riesgoso atajo que muchas veces no terminaba en la concreción de lo prometido-; que no me extrañaba que en ese proceso de convencimiento hablaran en nombre del respectivo decano. Le conté que en una oportunidad: a un decano muy amigo le abordó un joven que conocía desde pequeño; le solicitó, directamente, que le diera el número de cuenta donde debía depositarle los seis millones que le habían pedido a nombre suyo (bajo la lógica aparentemente candorosa del muchacho: ¿para qué un intermediario si él podía acceder por vía directa al amigo decano?). Imagínense el rostro de mi amigo.
Lo cierto es que con mayor frecuencia venimos escuchando sentidas quejas sobre la venta de cupos –ya hasta en los programas matutinos de radio lo comentan-, también la denuncia interna que, lamentablemente, se queda entre las cuatro paredes, viene generando ese típico y creciente ruido de las piedras sonando que trae el río. Entiendo que las autoridades rectorales y decanos están conscientes de la problemática, sin embargo, todavía no se ha exteriorizado la articulación de alguna política institucional conducente a intentar erradicar estas actividades fraudulentas. Y digo intentar, porque en mi opinión esta problemática siempre ha estado presente; siempre, también, resistiéndose tercamente a un sostenido esfuerzo institucional por mantenerla a niveles verdaderamente reducidos. ¿Cómo entonces es que se ha llegado a una situación en la que el crecimiento de este corrupto mercado de cupos ha dado lugar al empoderamiento de una estructura mafiosa enquistada a él?
Yo diría que el factor revulsivo ha sido la alocada política de crecimiento matricular que ha aplicado la UC desde el período rectoral anterior. Aunque las autoridades, no sólo las de nuestra universidad sino las de todas las autónomas, aparecieron en los medios de comunicación defendiendo con firmeza el derecho de las universidades a ejercer su plena autonomía en la implantación de sus políticas de admisión (recordemos la pretensión del Gobierno, todavía no extinguida, de centralizar y controlar todo lo concerniente a la oferta de oportunidades de estudios en todo el subsistema de Educación Superior), lo cierto es que, soterradamente, se cedió a la presión de incrementar las plazas de estudio. Esto, sin la debida contraprestación por parte del Ejecutivo Nacional de asignar mayores recursos. Es así como nuestra universidad pasa de 50 mil a 70 mil estudiantes de pregrado. En el caso del faculticidio que se perpetró contra mi facultad de Ingeniería, ella pasó de cinco mil alumnos cuando yo era rector a los trece mil que malamente alberga en la actualidad –números gruesos-. Me dicen que de igual forma están afectadas las facultades de Educación y Derecho; sobre las restantes no manejo información. Este crecimiento matricular no tuvo el debido acompañamiento de una política que garantizara: el mantener ese estricto celo, que sí se aplicó en el pasado, en la asignación transparente  de esas plazas de estudio adicionales. La liberación en el número de plazas a ser asignadas trajo consigo una excesiva flexibilización en cuanto a los mecanismos de asignación. A los decanos se les concedió demasiadas libertades y como si se tratara de una piñata de nuevos cupos a repartir: varios de ellos cedieron a la presión de grupos estudiantiles que les presentaban listas de aspirantes a ingresar, con la pretensión de que éstos fueran admitidos por la vía graciosa de la concesión. Y así ocurrió, sin dejar de señalar que este clima de relajamiento posibilitó el que funcionarios de menor escala también usufructuaran, en la práctica, la potestad de otorgamiento de algunos cupos.
En ese proceso de incorrecta cesión a dirigentes estudiantiles de atribuciones que nunca le debieron ser entregadas, supongo que en los decanos (y también en algunas autoridades, ¿por qué no?) privó el deseo de congraciarse políticamente en la búsqueda de resolver, negociadamente, conflictos que estaban planteados y quizás, en algunos casos, la intención de fortalecerse en el ámbito político estudiantil. Y digo esto para señalar que no creo que existiese motivación pecuniaria alguna de parte del sector authoritas, pero debieron pasearse por la posibilidad de que ésta si existiese en los demandantes de ese tipo de peticiones. De setenta o sesenta concesiones de esa naturaleza (me dicen que hasta más), a lo mejor un significativo porcentaje habían sido negociadas en ese mercado de venta de cupos que le ha venido pintando una cara muy fea a la Universidad.
 ¿Qué hacer ahora cuando existen indicios sobre la movilización anual de millardos de los de antes en ese mercado de descomposición moral putrefacta de parte de nuestra dirigencia estudiantil? Son los Julio Soto que no negocian con tickets de subsidio de transporte estudiantil, sino con algo mucho más delicado desde el punto de vista académico y humano (vean una publicación previa en mi blog: ¿Quién fue Julio Soto?). No puede extrañar a nadie que se haya instalado una mafia, ni que ésta esté dispuesta a recurrir a la violencia delictiva para defender su tajada en el perverso negocio. Ahora, que se ha dejado que el problema crezca hasta tales dimensiones, no basta con que un decano diga que va a reducir el ingreso matricular a su facultad como su racionalidad se lo aconseja, que ese ingreso reducido tendrá que ser absolutamente transparente y que, por ello, se acaban las concesiones graciosas de cupos (como lo mencioné antes, debo hacerlo ahora a fin de evitar malos entendidos: se trata de Jose Luis Nazar, el Decano de la Facultad de Ingeniería). Las consecuencias las está sufriendo, como también, se dice, que las sufrió la primera directora -de esta gestión rectoral- de Control de Estudios Central de nuestra casa de estudios,  cuando al intentar entrabar las actividades de la mafia vio que le ponían unas pistolas en su escritorio y le hablaban de sus hijos (la referida profesora tendrá, obviamente, la posibilidad de negar si esta leyenda que corre a sotto voce en los pasillos de la Universidad es falsa; en todo caso: el simple hecho que corra ya es señal de que las cosas no andan nada bien en esta materia). Prefirió renunciar – a escasísimos meses-. ¿Qué hacen tantos dirigentes estudiantiles pululando sempiternamente por los pasillos de esa dirección? La respuesta institucional tiene que ser sistémica e integral, autoridades rectorales, decanos, Consejo Universitario, todos como un bloque, generando un mecanismo de contrapeso de poderes donde nadie, por sí solo, tenga la atribución, o pueda ser percibido que tiene la atribución, para entregar cupos que puedan ser negociados en ese mercado persa que debe ser erradicado a como dé lugar y sin dilación alguna.

martes, 24 de abril de 2012

ALGO HUELE MAL EN DINAMARCA


Con tan graves acontecimientos que se vienen sucediendo en la UC bien vale la pena reabrir este blog:




Algunas consideraciones sobre la designación de la decana suplente de la Facultad de Educación


                       Prof. Asdrúbal Romero M.

Cuando uno lee las declaraciones de la Rectora o entra en el blog del ciudadano secretario para leer lo que él, pomposamente, califica como “Argumento Jurídico” para la designación de la decana suplente o interina –no sé cuál sería la mejor denominación- se da cuenta que ambos están recurriendo a una técnica muy utilizada para tomar la ofensiva en controversias públicas, sobre todo cuando ellas se ventilan en el ámbito mediático.  A esa estratagema se le conoce como la técnica de la transposición de roles, porque el que apela a ella usurpa el rol de la parte contraria, cuando implícitamente le asigna como supuesto sustento argumental de su reclamo: una tesis que será fácilmente rebatible con el argumento más favorable para sí mismo. Es decir: primero eligen el súper sólido argumento donde llevan todas las de ganar y luego se hace ver como si este fuera el que estuviesen rebatiendo los contrarios cuando en realidad no es así. Si, como en este caso, se accede con ventaja a los medios de comunicación, mejor que mejor, se buscará ganar la batalla mediática con contundencia, profundidad jurídica, etc., etc., centrando todo el análisis del problema en cuestión desde la perspectiva de una falsa contraposición de argumentos. Si uno sólo lee a la Rectora o al Secretario, la impresión que va a tener es que el reclamo que se les hace parte de la premisa que el Consejo Universitario no tenía la competencia para designar. Disfrutan pues, citando números de artículos de leyes y reglamentos, se regodean trayendo a colación precedentes y por supuesto, aparentemente, ganan, porque, en efecto, el Consejo Universitario sí tiene competencia para designar. Con razón, un querido amigo del facebook, luciendo desinformado, se preguntaba en esta red social el porqué de tanta alharaca a cuenta de que el CU hubiese designado a la decana. ¡Claro que tenía que designar! De hecho: debió hacerlo en la misma sesión en la que le aprobaba la jubilación al decano abandonante del cargo (no debe quedar duda que en el caso de un decano: jubilarse es equivalente a un inmediato abandono del cargo) y no dejarlo por varios  meses ejerciendo funciones de autoridad decanal en condiciones de evidente ilegalidad.
El problema, amigo, no es que haya designado el Consejo Universitario, sino la forma cómo se ha procedido para hacerlo. En primer lugar: se le dieron demasiado largas y vueltas de tuerca al asunto, tanto estiraron la liguita que al final se les rompió. Le concedieron al decano abandonante una posición negociadora como si él fuese el único indicado a los efectos de decidir quién podía ser su sucesor, concesión incomprensible en mi opinión. Paso a explicar mis razones. Si se analizan los precedentes citados por el Prof. Aure en su blog: Maldonado subiendo a Rector propone a Marfa Olivo (Directora) como su sustituta; Victor Reyes Lanza subiendo a Vicerrector Administrativo propone a Caralli (Director), resulta perfectamente comprensible que estos decanos salientes, quienes dejaban sus cargos porque ascendían recién electos a ocupar cargos de autoridades rectorales, disfrutasen de una condición de mayor fortaleza de negociación para hacer valer sus respectivas proposiciones al Consejo Universitario. Aun así, me voy a referir a la primera de las situaciones ya mencionadas en cuya sesión me correspondió actuar como representante profesoral: nunca estuvo en el ambiente que el Máximo Organismo estuviere obligado a acoger positivamente la propuesta del decano saliente –rector entrante-. Ni los familiares y amigos de la Prof. Marfa se hicieron presentes en cambote prestos a celebrar, como si ya todo estuviese decidido de antemano y no hubiere nada que discutir. Se respetaron las formas. Se respetó a los consejeros en su proceso de libre toma de decisiones, a pesar de que no existían manifestaciones formales de inconformidad con la propuesta de parte de algún sector de la Asamblea de la Facultad (al menos con suficiente peso, que yo recuerde). Pero con el hoy ex decano Torres, cuya intempestiva salida era evidente que podía generar problemas en una facultad donde los demonios nunca duermen del todo, el otorgarle esa patente de exclusividad no debió pasar de ser una fórmula de cortesía como proponente con la cuerdita muy corta. Pero no fue así sino todo lo contrario, se embarcaron en una larga negociación con el decano abandonante. Es más, su primera proposición, detrás de bastidores, no tuvo acogida y sería muy interesante que las tres autoridades acompañantes de la designación de la Prof. Ginoid, le explicaran a la Comunidad porque esa proposición no les resultó aceptable. No pueden, simplemente, decir que es porque el Prof. Nuñez no reunía el consenso, porque, obviamente, la decana designada tampoco lo reúne. Hay razones más de fondo, que a mí algunos docentes de la Facultad me han explicado pero que, al menos, en esta oportunidad no compartiré con mis lectores. Lo idealmente transparente es que fueran esas autoridades las que explicaran. Ahora se entenderá porque compartí la siguiente interrogante con mis amigos de las redes sociales: “Si usted es dueño de una empresa, el gerente de una sucursal le renuncia y le propone un sustituto absolutamente inaceptable, usted se niega, ¿le aceptaría un segundo candidato?”. La pequeña encuesta arrojó, como era de esperar, un resultado negativo. Pero al ex decano Torres sí se le tomó en cuenta y, finalmente, se le acogió su segunda propuesta. Incomprensible, lo menos que uno puede decir, tanto que todavía ando elaborando teorías que permitan explicar las causas de tan suicida decisión (el adjetivo va por las consecuencias políticas que se les generan). Mis especulaciones, de un mero analista que, desde una perspectiva distante pero aguda,  a veces no puede impedir que sus neuronas comiencen a buscar explicaciones, andan por los predios donde se pudieran conciliar los intereses subyacentes a la primera proposición con los de la segunda. Por ahora, no tengo pruebas.
 Sí debo concluir diciendo, que el período de negociaciones se alargó tanto que la Rectora comenzó a pensar que una salida mucho más institucional, como designar a la actual directora de la escuela, Prof. Ruth Alvarado, sería menos riesgoso. Activó sus emisarios, se inició un proceso de búsqueda del mejor consenso posible, como debió haber sido desde el principio, los grupos profesorales comenzaron a conversar, se depusieron actitudes de enfrentamientos en el pasado. Es, precisamente, de ese proceso que surge el derecho de palabra sustentado en ciento veinte seis firmas (una cifra apabullante considerando que, hoy día, es muy difícil conseguir la firma de un profesor para apoyar un asunto de naturaleza controversial). ¿Para que después, no tan entrelíneas, se les acuse a los solicitantes del derecho de palabra de haber contratado a la capucha? ¡Incomprensible todo! Rectora quedó muy mal. Lo único que puedo decir a su favor es que, al parecer, fue demasiado presionada por su entorno político. Todos quedaron muy mal en este desaguisado, incluso algunos buenos amigos de cuya posición política agradezco altamente se me deslinde. Algo huele mal en Dinamarca, tanto que  ha despertado viejas momias, que acurrucadas en sus nichos criogénicos a cinco grados kelvin se creían a salvo de tener que volver a opinar en la UC.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Evitar más caimaneras, please!

Impresiones sobre el debate


Asdrúbal Romero M.


De entrada lo aclaro: no estaba de acuerdo con la realización de ese debate. La MUD debió haber asumido la responsabilidad de organizar una secuencia de debates cuando la campaña estuviese más adelantada -quizás a mediados de enero-, estructurada de manera tal que se lograra una más amplia cobertura de los tópicos de mayor interés para el país. Además, ya para ese momento es de suponer que el trabajo de los trescientos, trescientos, trescientos –lo repito recordando el famoso veintiocho, veintiocho, veintiocho- técnicos que, secretamente, vienen trabajando sobre la propuesta programática de la MUD estaría culminado. Se ha anunciado que todos los precandidatos, como es lógico, deberán comprometerse con ella. Lo digo con cierta sorna porque debo reconocer que cada vez que escucho hablar a Ramón Guillermo Aveledo sobre los trescientos técnicos me produce irritación. Ya va a salir el humo, dice, y parece no darse cuenta que su promesa reiterada no hace más que enfatizar la opacidad con la que ese trabajo se viene acometiendo. Nuestra posición ha sido: hagamos del proceso de elaboración programática un proceso participativo que sirva de apalancamiento al proceso político, nada sencillo, de ganar las presidenciales; llevemos el famoso trabajo a las regiones para que sea enriquecido con el sentir regional o ¿es que, como lo predijera un preclaro amigo: “los sabiondos de Caracas van a pretender otra vez imponer su modelo centralista”?


Pero bueno: hablemos del debate. No hay un programa concertado todavía. A los estudiantes se les ocurre organizar un debate y allí van los precandidatos. Excluyendo a Arria, que asume esta campaña como una plataforma para decir el discurso que a él le mueve –con aspectos muy interesantes y principistas por lo demás-, que sabe que no va a ganar y que pareciera no tener mayor compromiso con la MUD, excepto el de haberle pagado su participación, los otros cuatro dieron la impresión de ser cuatro sabelotodos que van por allí, a su propia cuenta, lanzando propuestas que no necesariamente su obviedad las hace creíbles. Hacia el desagüe del escepticismo van las doscientas mil escuelas, los un millón ciento ochenta y tanto mil empleos en el primer año, los seis millones de buhoneros convertidos en empresarios, etc. ¡Cómo quisiéramos que todas esas promesas fuesen realizables! Antes de lanzar promesas al voleo, cualquier análisis serio debe partir de la situación harto dificultosa en la que se encuentra el país. De reconocer, con humildad, que el próximo presidente va a tener que gerenciar un proceso de transición muy difícil; que tendrá que ser un agente de la búsqueda de consensos políticos como, de hecho, ya lo es como participante en unas primarias que son manifestación de un consenso político y que debieran ser, también, concreción de un compromiso programático, lo suficientemente concertado como para mantener comprometidos a todos los sectores políticos que conforman la MUD y lo necesariamente abierto como para no atar de manos al próximo presidente. Nada de eso se dijo y debió decirse.


Tomemos el tema de educación por ejemplo, por razones obvias es el que más me interesa, se propuso en el debate: construir más escuelas, contratar más profesores, regularizar la situación de los interinos, la boleta escolar, dignificar más la profesión docente, entre otras cosas: pagándole mejores salarios y mejorando su protección social. Esto último lo dijo María Corina, anotándose para mí un claro round victorioso, convencido como estoy que la educación está muy mal en este país, porque, entre otras causas, la estamos pagando muy mal. ¿Cómo podemos pretender tener una educación de calidad si pretendemos pagarle a los docentes sueldos de miseria? El problema es que todos esos verbos: construir, contratar, regularizar, dignificar implican recursos que este estado quebrado que nos van a dejar no tiene. Lo mismo podemos señalar con respecto a la contratación de más jueces y fiscales, y la construcción de penitenciarías en el tema de la justicia, o en el tema de la salud que no se tocó en el debate. La ingente cantidad de recursos que requieren las “obvias” soluciones nos remite al elemental problema sobre cómo volver a tener un estado con capacidad financiera, que tampoco es la única que se requiere pero que sí es indispensable, de cara al objetivo de transformar a nuestro estado en uno con capacidad de garantizarle a todos los habitantes de este país el ejercicio cabal de todos sus derechos ciudadanos. Y esto debiera remitir a los candidatos, al análisis previo del nefasto modelo en el que estamos y por qué es urgentísimo cambiarlo. Frente al Socialismo del Siglo XXI la contrapropuesta de un Capitalismo con Acción Social. María Corina fue la única que se aproximó a este enfoque desde el principio, por eso, en la mañana del día siguiente observo casi un consenso en la gente de que fue la ganadora. Enrique pareció coger pista con lo que ella dijo y fue mejorando. Leopoldo bastante por debajo de mis expectativas. Y Pablo Pérez ratificando nuestra percepción de que le faltan muchas millas. En cuanto a matices pudo haber ganadores y perdedores. La gente muy contenta por la realización en el país, después de muchos años, de un evento con tanto talante democrático, pero los precandidatos, en general, lucieron insuficientes de cara a la dificilísima tarea de conducir a este país por el tortuoso camino del futuro a corto plazo. Quizás lo que haya prevalecido es la creencia de que no es conveniente políticamente confrontar al chavismo. Esto puede ser correcto en el escenario del tú a tú con sus adeptos, pero a Chávez hay que confrontarlo en el terreno de las ideas esenciales de su propuesta política. Frente al estado comunal: el proyecto alternativo de país sustentado en las autonomías regionales. Extrañamente, ninguno de los precandidatos, al menos tres: hijos de la experiencia política recientemente más exitosa en Venezuela, la descentralización, se refirió a esto. Sus debilidades quedaron expuestas. La MUD, que debió haberle salido al paso a la iniciativa estudiantil y con sólidos argumentos reservarse para sí la realización de los debates en más oportuna ocasión, lo permitió. Por favor: evitar más caimaneras. ¡Hay demasiado en juego!

martes, 17 de mayo de 2011

Artículo sobre el anuncio del Presidente sobre los pírricos incrementos salariales para el sector universitario

¿Hacia dónde nos lleva?

Asdrúbal Romero M.

Mi problema es que paso demasiado tiempo en el futuro. Fue lo que me vino a la mente cuando veía la cadena de Chávez en la que anunciaría, finalmente, los tan esperados incrementos salariales para el sector universitario. La forma de hacerlo ha sido reiterativa: unilateralidad en el ajuste anunciado, siempre en abusivo desconocimiento de las Normas de Homologación; una letanía de multimillonarias cifras que preceden el anuncio, destinadas al ocultamiento de la realidad; a exaltar la figura magnánima del Padre y a justificar, engañosamente, la algarabía con la que su acólito público presente en el imponente escenario le celebra lo que él dictamina, así sea cuchillo para sus propias gargantas; y, no podía faltar, la escena final en la que, otra vez el Padre, dialoga cariñosamente con unos niños acompañados por una o dos seguidoras con caras embobadas por la admiración hacia el máximo líder de la Revolución. Demasiado visto, diría yo, pero tiene su efecto.

En todo caso, no sé si se dieron cuenta de su excesiva insistencia en la sustentabilidad del incremento decretado. ¿Creen ustedes que Chávez no quisiera darnos a todos la compensación de la inflación sufrida en estos años que no hemos recibido incremento salarial? Claro que quisiera hacerlo, esa sería su mejor bandera de campaña para la reelección. Como un tácito mea culpa reconoció, en el caso del sector universitario, que no habíamos percibido incrementos salariales en los últimos tres años, lapso en el cual la inflación acumulada fue del 108% -eso no lo dijo-, pero no le tembló el pulso al anunciar apenas un 40% a partir del primero de mayo, sin retroactivo alguno. ¿Por qué lo hace? Porque las cuentas no le dan. Chávez está entrampado dentro del tinglado que el mismo ha creado con sus erradas políticas económicas. Por muy ignorante que haya sido, estoy seguro que él ya lo sabe. Por eso es que ya no le es posible anunciar incrementos que acallen el tumulto. ¿Qué ocurría antes? Que si la compensación requerida por la inflación era de un 70%, Chávez anunciaba, siempre con un significativo retardo, un 35% y algunos meses de retroactivo. La gente, por miedo, por pereza, etc., se la calaba. Ahora, posiblemente, también terminaremos encajando el golpe, pero el disgusto será mayor. Progresivamente, la distancia entre el ajuste inflacionario requerido y el incremento que él pueda otorgar irá creciendo. Así nos iremos haciendo infinitamente más pobres. Lo que necesitamos es proyectar el disgusto actual hacia el futuro

A Chávez le hubiese encantado poder anunciar un incremento más potable y aquietador del 70%. Se lo habrán tenido que explicar mil veces: en esta economía improductiva mucho más dependiente del ingreso petrolero –exactamente todo lo contrario a lo que él prometía-, sería un altísimo riesgo decretar aumentos lo suficientemente altos como para mantener esa especie de manto encubridor, al menos para una lega mayoría, del creciente empobrecimiento al que estamos siendo sometidos. De hecho, estamos siendo llevados a un precipicio. Ese es el futuro que visualicé, cuando escuchaba al Chávez Páter hablar de su preocupación por la sostenibilidad de los incrementos que ha venido decretando para los diversos sectores. Se trasladó a su infancia, para recordarnos cómo él y sus hermanos, siendo niños, le pedían dinero a su madre y ella se los tenía que negar porque no alcanzaba para todo lo que ellos querían. Ahora él es el Padre que nos dice a todos, sus niños, que no puede darnos todo lo que hemos perdido porque, de hacerlo, a lo mejor pudiera llegar el momento en que al Estado no le alcanzara para pagar la nómina. Sabe que está operando sobre la base de ingresos petroleros inusitadamente altos, gracias a lo que ocurre en Libia, pero que ellos pudieran bajar en un plazo no muy largo y cualquier audaz apuesta en materia salarial le dejaría al descubierto. Si es que su discurso suena hasta sensato, ahora, y lo digo: no para convertirme en agente tranquilizador de la justa protesta, sino para que reflexionemos sobre el camino por el que nos van llevando. Lo he señalado en otros artículos: el ritmo de gasto de Chávez va más rápido que cualquier tendencia de crecimiento sostenible en el tiempo del ingreso petrolero, llegará un momento que a él no le bastará ni un barril de petróleo a 200 dólares y sabemos que un precio a ese nivel causaría una recesión mundial con la consecuente baja de demanda y de precio. Ese sueño suyo no es sostenible, mientras tanto nos salvan sólo las infortunadas guerras y eventos atípicos que tanto afectan a habitantes de otros lugares del planeta. La suerte de Chávez como dicen algunos, es la desgracia de otros y será también nuestra desgracia. La inflación va más rápido que los sueldos, tendencia inequívoca, por qué no nos trasladamos todos hacia ese futuro donde nos llevan.

viernes, 14 de enero de 2011

La cuarta y última entrega de "Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria"

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Parte IV

Propuesta de manual para el discurso en el aula

Martes once de enero, en tempranas horas de la noche, me encuentro con una ex alumna de postgrado que dicta una de las asignaturas matemáticas a alumnos del primer semestre de Ingeniería. Rector, me dice, los muchachos no tienen conciencia alguna de todo lo que ha ocurrido este diciembre con la Ley, yo les hablo y trato de explicarles que estamos perdiendo a la Universidad. Todos los días le pido a mis compañeros del departamento que lo hagan ellos también. Ese ha sido mi discurso desde hace meses, le digo. Desde diciembre para acá he tenido varias gratas coincidencias como ésta, pero siguen siendo muy pocos los docentes que se atreven a ejercer su liderazgo en ese sentido en el salón de clases. Otro profesor me aportó una explicación: en un país tan polarizado como este, al profesor le da miedo hablar de política, teme las consecuencias que a futuro ello le podría generar. No es una explicación desestimable, en este país el síndrome generado por el desmantelamiento profesional de PDVSA y la Lista Tascón sigue gravitando en la atenuación de la combatividad de los gremios para exigir sus derechos, incluyendo, es triste reconocerlo, a los universitarios. El problema es: si seguimos así, tenemos la batalla perdida. Debemos ganarnos al estudiantado común, y a sus familias, de cara a la digna lucha que los universitarios deberíamos librar y esto sólo es posible si la inmensa mayoría de nuestros docentes se atreve a ejercer su liderazgo natural sobre sus alumnos. Su discurso no tiene que ser político, puede ser ensamblado sobre la base de argumentos razonables que nada tienen que ver con la política y que están afectando de manera muy concreta la posibilidad que la Universidad, en su diario quehacer, pueda mantener ese nivel académico que la ha hecho apetecible a ingentes cantidades de estudiantes. Este es el tema central de esta cuarta y última entrega de estas recapitulaciones sobre la profunda crisis institucional que nos aqueja. A continuación: les propongo tres niveles jerarquizados para la elaboración de ese discurso en aula, de ese discurso que en ejercicio de su liderazgo motivador le permita a cada uno de nuestros docentes convertir su aula en un foro de discusión.

Primer nivel: El profesor debe partir de su vivencia

Centrar el discurso sobre conceptos un tanto etéreos o abstractos para el estudiante común es un error. Decir, por ejemplo, que la lucha es por un “presupuesto justo para la Universidad” es dejarle la puerta abierta a esa duda que el oficialismo ha sido muy hábil en instalar sobre si en verdad ese presupuesto está siendo manejado correctamente (por qué no decirlo: también nuestras autoridades han contribuido a la mediación de esa duda entre el concepto y la realidad, duda que no sólo tiene que ver con la corrección sino también con la racionalidad con la que se estén distribuyendo los recursos universitarios). En cambio, si el profesor explica el concepto de inflación -incentiva una discusión al respecto: ¿qué entienden ustedes por inflación?-; luego señala que en el lapso 1/1/2008 al 31/12/2010 se han producido tres inflaciones anuales de 30,9%, 25,1% y 27,2% respectivamente, las cuales producen una inflación acumulada en los tres años de 108,6% -en los cursos matemáticos podría incluso explicarse cómo se procede a la composición de las tres inflaciones anuales-; que esa inflación acumulada significa que un bolívar fuerte del 1/1/2008 se ha convertido en 47,9 céntimos, es decir que nuestro poder adquisitivo se ha reducido a más de la mitad; que durante esos tres años el profesor no ha recibido ningún incremento salarial que compense esa pérdida de nuestro poder adquisitivo, entonces los alumnos comenzarán a comprender el por qué de los paros escalonados que tanto afectan su rutina académica y el riesgo que existe de que, tarde o temprano, se llegue a la situación extrema de un paro total. Algunos dirán que este es un discurso muy economicista, lo cual no deja de ser cierto, pero por qué no sincerarse el profesor con sus alumnos relatándoles un drama económico que es suyo y de fácil comprensión. Resultaría interesante que el profesor se animara a develarles su sueldo universitario, mejor si lo hace después de un ejercicio de adivinanza por parte de sus alumnos. Los pocos que lo han hecho me dicen que los estudiantes se quedan genuinamente sorprendidos. Uno de ellos me decía: ellos creen que los profesores somos todos ricos, se quedan locos cuando se enteran de cuál es la realidad de nuestros salarios. Partir de la sinceración de una realidad personal, ofrece la posibilidad de acrecentar los sentimientos de empatía profesor- alumno que abrirán los sentidos hacia la visualización de una realidad no comprendida hasta ahora por el estudiantado común.

Leía, hace ya algunas semanas, unas declaraciones en “El Carabobeño” de un grupo estudiantil de FACES, en las cuales protestaban por el deterioro en la calidad de varios servicios estudiantiles provocado por el “horario crítico” asumido por el gremio administrativo. Me preguntaba yo: ¿Y qué pretenden esos dirigentes estudiantiles? ¿Será que no están conscientes del estrangulamiento salarial que están padeciendo los gremios universitarios? El problema, creo, es que hacia esos sectores ha permeado más el discurso de la universidad abierta a todo evento como un escenario más propicio para la lucha. Discurso que tiende a agotarse ante la realidad de insubsistencia salarial que padecen los trabajadores universitarios que va, progresivamente, incidiendo en el deterioro del quehacer institucional diario, disminuyendo su capacidad de dar respuesta al reto académico con el nivel al que hemos estado acostumbrados; mientras no se genera, por otra parte, ninguna propuesta de lucha que sea realmente efectiva ante la estrategia del Régimen. Esto, sin hablar de la forma cómo las carencias presupuestarias van afectando servicios esenciales de funcionamiento de laboratorios, mantenimiento, seguridad, etc. ¿Qué pretendemos? ¿Crear una ficción de una universidad abierta en pie de lucha cuando en verdad está funcionando a media máquina, con unos estudiantes identificándose cada vez menos con ella en virtud del deterioro de los servicios y una dirigencia estudiantil demandando irreflexivamente normalidad en los servicios como si nada estuviese ocurriendo, para fingir así que están cumpliendo a cabalidad su rol? En ese escenario, terminaremos comiéndonos las entrañas. La lucha, en este momento, es contra un gobierno que estrangula la posibilidad de una carrera académica digna y de calidad. Pasa porque los estudiantes se pongan en el lugar de quienes trabajamos por su formación y comprendan cómo su situación de insubsistencia salarial va generando, progresivamente, una mengua institucional en la que lo académico va perdiendo la brillantez de otrora. Esto nos conduce directamente al siguiente nivel.

Segundo nivel: De lo vivencial a lo institucional

¿Qué puede hacer un joven profesor instructor a tiempo completo –categoría y dedicación que con mayor frecuencia se repite en el ingreso-con un sueldo que es apenas 56% mayor que el sueldo mínimo o, si prefieren, del cual necesitaría 2,89 veces eso para adquirir la cesta básica? Tratar de sobrevivir agenciándose ingresos extras –“matando tigres” diríamos en el viejo argot de Ingeniería-. Su espíritu va estar cada vez menos en la Universidad y ¡también su físico! Se reducirá cada vez más a dar sus clases y, muy posiblemente, no asista a unas cuantas durante el semestre. Le será difícil al estudiante conseguirle para hacerle consultas. Este, si es nuevo, pensará que esa calidad de atención académica siempre ha sido así y criticará a la Universidad, se identificará poco con sus profesores. ¡Es un círculo vicioso! Por eso, hay que explicarles hasta la saciedad que no siempre ha sido de esa manera, que esa problemática de la que ellos son víctimas es consecuencia del progresivo deterioro salarial. Explicarles que esa universidad a la que ellos aspiraron por su buena imagen académica se está cayendo, que son ellos los que están perdiendo la oportunidad de formarse en una buena universidad como la que nosotros, sus egresados, si tuvimos y disfrutamos. Y todo a consecuencia de una realidad que no se puede desconocer: buenos sueldos docentes, al menos competitivos, no garantizan una buena universidad, pero no se puede aspirar a tener una buena universidad si ella no puede sufragar ese nivel de sueldos. Es así de sencillo, es un problema real, concreto, vivencial y comprensible perfectamente, si partimos para su explicación justamente de lo vivencial.

Otro ejercicio, similar a la adivinanza sobre los sueldos universitarios de hoy, es preguntarles si considerarían como escenario de desarrollo profesional a la Universidad, eso después de informarse e informarles de cuáles son los sueldos de ingreso a la carrera en cada área. Me adelanto a la conclusión: ni los mejores estudiantes se sentirán tentados a considerar la carrera académica. ¿Cuál es entonces el futuro que se le depara a la Universidad? No somos lo suficientemente superficiales como para pensar que todos los problemas de la Institución provienen del deterioro salarial, los hay más profundos y conceptuales, pero pretender discutir sobre ellos en el presente escenario es como pretender que un ser humano que no tiene lo suficiente para comer pueda ser motivado por la satisfacción de necesidades de ubicación superior en la Pirámide de Maslow. Existe un problema superior, primario, prioritario que debe ser resuelto antes de pretender discutir sobre los escenarios de transformación que la Universidad tanto necesita y que tanto llenan las getas de los oficialistas. Y este problema, apabullantemente concreto, nos proviene de un contexto económico de empobrecimiento general del país. Así enlazamos con el tercer nivel.

Tercer nivel: De lo institucional al contexto económico nacional

Tan pronto como abordemos el tópico del contexto económico nacional nos aproximamos a lo político, recordemos que el pésimo manejo de la economía del país es el gran talón de Aquiles de este gobierno, por ende: es el tema que hiere más la susceptibilidad de sus seguidores. Pero, en la medida que nos hayamos ganado la confianza de nuestros estudiantes porque se ha partido del vívido análisis de las consecuencias más cercanas de ese nefasto manejo, aquellas que nos afectan, a nosotros y a ellos, en nuestras circunstancias de vida diaria, podremos entrarle sin mayores resistencias al nudo central de la problemática. ¿No queremos nosotros dedicarnos a nuestra vocación académica sin tener que preocuparnos por buscar recursos extras para llevar una vida normal de universitario? ¿No desean ellos graduarse en una universidad de calidad y poder, posteriormente, conseguir un empleo en sintonía con las habilidades profesionales aprendidas? Ninguna de las dos interrogantes está siendo resuelta por la fijación del Régimen en un modelo económico equivocado que, históricamente ha sido demostrado, lo que sirve es para generar un estado de empobrecimiento colectivo. El empleo profesional, por ejemplo, es un excelente tema a discutir en las aulas universitarias. Me figuro que en Ingeniería no se carecerá de anécdotas extraídas del más cercano entorno profesional. Entre la progresiva depresión del sector privado de la economía, provocada por el modelo, y la grosera preferencia en el sector público por la selección de los egresados provenientes de las universidades del régimen, el problema de desempleo a nivel de nuestros egresados es un auténtico drama. ¿Y qué decir lo que puedan hablar al respecto los profesores de Ciencias de la Salud? O los de la Facultad de Educación, cuando es un hecho conocido que en la asignación de las plazas públicas en el sistema educativo: los egresados de las misiones tienen la prioridad. Puede haber excepciones dependiendo del área profesional, me dicen que Relaciones Industriales es una de ellas en virtud de la multiplicidad de leyes garantistas, pero, en general, una de las patentes debilidades de esta universidad que sufrimos es que ella está graduando, mayormente, candidatos al desempleo. ¿Para qué sirve una universidad así? Una interrogante que nos coloca en una especie de patíbulo, asunto que no es gratuito ni surge de la improvisación, sino que es directa consecuencia de la estrategia agresiva del Presidente en cuanto a irnos montando en nuestras propias narices un subsistema universitario paralelo que le supla sus necesidades de profesionales, bastante pobres, por cierto, en lo que concierne a las exigencias de nivel intelectual.

Este riesgo de la universidad abandonada a su muerte lenta debe ser evidenciado. En esta imagen metafórica se compendia la necesidad que tenemos de galvanizar a todos los estudiantes en la defensa de la universidad de verdad. ¿Saldrán? El reto implica una métrica: la capacidad de los profesores para motivar. ¿Pero están ellos motivados? ¿Están claros en los desafíos que propone la amenaza más grave que la universidad autónoma democrática ha tenido que confrontar en toda su existencia? Si bien en este texto se propone un patrón para el ensamblaje de un discurso docente en el aula, al que cada cual le imprimirá su toque personal, una fase previa involucra la motivación de los docentes para convertirlos en correaje de transmisión hacia los estudiantes de esta propuesta discursiva. ¿Quién debe liderizar esta campaña previa: el gremio o las autoridades?

La campaña motivacional hacia los docentes

Confieso que al principio pensé que eran las autoridades universitarias, las llamadas a liderizar la campaña motivacional dirigida hacia los docentes. Tal como lo expresara en la segunda entrega de estas recapitulaciones, propuse en aquella sesión del Consejo Universitario Ampliado con fines organizativos de la marcha a Caracas (14/10/2010), que se designara una comisión a los fines de la elaboración de un discurso orientado hacia los estudiantes en las aulas y que, luego, las autoridades encabezaran sendas asambleas por facultad con el propósito de difundirlo y motivar a los profesores. Hoy por hoy, posteriori al trapo rojo con el que el Gobierno ha logrado –espero que momentáneamente- desviarnos de los objetivos originales que se habían planteado para esta lucha, estoy convencido de que no van a ser ellas. En primer lugar, porque las veo enfrascadas en esas discusiones caimaneras sobre la vetada LEU de las que nada se va a obtener –las leyes las redactan los expertos, lo deseable es que sea con representación experta de todas las tendencias del pensamiento, después se consultan-. No dejo de reconocer que ese entrampamiento en el que se encuentran sea lo que demande el rol institucional que ellas deben cumplir. Pero es que además: es inherente a su función el que ellas propendan a intentar mantener la universidad abierta. En el ámbito específico de nuestra alma máter es señalable una razón adicional: nuestras autoridades fueron apalancadas por una tendencia política interna que hizo del “mantener a la universidad abierta contra viento y marea” un criterio central de dirección de la Universidad. Los resultados de la sujeción a este criterio han sido buenos, en lo personal: me he sentido identificado con él, pero hoy sostengo que tal criterio debe ser contingente y no inmutable. El contexto ha variado, radicalmente, el discurso de la universidad abierta a ultranza necesita ser revisado, yo siento que las autoridades siguen ciegamente abrazadas a la invariabilidad de ese discurso. ¿Para qué mantenemos a una universidad abierta si por dentro se va muriendo de mengua? ¿Hasta qué límite es soportable el deterioro interno? ¿Cuándo comenzamos a dejar de ser universidad para convertirnos en una simple pantalla de lo que fuimos? Creo, en definitiva, que estas autoridades necesitan de un gremio aguerrido que le cierre las puertas a la universidad. Después de todo, es el gremio quien no puede renunciar al insoslayable rol de defender el nivel de vida de sus agremiados, es el gremio que debe calibrar sus mecanismos de lucha, desarrollarlos en modo progresivo y autónomo –independientemente del sentir de las autoridades- sin renunciar, por qué hacerlo, al recurso extremo de la huelga que es un derecho laboral reconocido internacionalmente. ¿Quiere decir esto que estoy de acuerdo con el paro? Me decía una autoridad, en diálogo informal, el Gobierno quiere el paro; le conviene y por eso lo está provocando. Es verdad, coincido con esa apreciación. Si vamos al paro en estas condiciones de extrema debilidad freirán nuestras cabezas. Pero si lo planificamos, si motivamos a los profesores a la activación del discurso en el aula, explicándoles a sus estudiantes porque no se puede continuar en estas condiciones, explicándoles que el Gobierno no nos está dejando alternativa, nos está arrinconando en una esquina del cuadrilátero y allí nos está cayendo a mazazo limpio. Si hacemos de cada aula un foro de discusión y activamos la protesta estudiantil por esa universidad cuyas puertas se las van a cerrar, entonces iríamos a una madre de paro. Veremos si el Gobierno sigue viendo que le conviene. No nos queda otra que luchar, todos debemos convertirnos en soldados, el espíritu de cuerpo debe consolidarse. ¿Quién debe organizar esta campaña admirable? La APUC, no las autoridades, es el papel histórico que le corresponde ejecutar. Les propongo este manual, al cual, seguramente habrá que hacerle muchas correcciones y adiciones. Bajen a las seccionales, hablen con sus agremiados, conviértanlos en soldados, convénzanlos de que en esta lucha se están jugando el modo de vida académica que eligieron. No hay que ir a calentar la calle sino tenemos calentada la casa, ese es el primer objetivo gremial a cumplir. Hagamos ejercicios internos de calentamiento. No albergo ninguna duda, si se logra una unidad profesoral activada y el apoyo estudiantil, ¡¡venceremos!! Es urgente.

jueves, 6 de enero de 2011

La tercera entrega de recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Parte III

Un trapo rojo que no debe desviarnos de nuestra lucha

Cuando publiqué la segunda parte de estas recapitulaciones, 22 de noviembre de 2010, lo que estaba planteado era la recuperación del salario de los trabajadores universitarios, como uno de los elementos indispensables en una lucha inspirada por un objetivo de más profundo aliento: el reconocimiento de “la vigencia y pertinencia del rol que siguen jugando nuestras instituciones universitarias en esta sociedad donde el conocimiento es cada vez más subestimado”. Pronosticaba que no se produciría en el transcurso de lo que restaba de año ningún anuncio de aumento para los universitarios y así fue. Todo lo contrario, repentinamente, la amenaza de aprobar una ley para el sector por parte de una agónica asamblea nacional se hizo inminente. Una ley de la que se venía hablando desde que se aprobó la Ley Orgánica de Educación (LOE), de la que no se conoció una versión estable que animara a iniciar en el ámbito de las instituciones una discusión seria sobre ella, sino más bien anteproyectos que sólo servían para alimentar rumores. Por ello, sería más exacto decir que era una ley acerca de la cual se rumoraba –sobre todo los aspectos electorales-. Que si los jubilados no votaríamos, que todos los egresados tendrían derecho a elegir, que finalmente se exigiría la condición de ser doctor para poder ser electo autoridad universitaria, etc.; si les digo la verdad: nunca he creído que bajo este régimen se apruebe una nueva ley universitaria, sencillamente porque no es materia prioritaria para Chávez. Ya él ha instalado su sistema universitario paralelo que le suple sus necesidades –bastante menguadas por cierto en el plano intelectual y académico- y a las universidades de verdad las tiene pasando aceite, una metáfora coloquial que me engancha por su exactitud para describir la situación que sufrimos, entonces para qué va a querer Chávez un novedoso instrumento legal que rija el quehacer universitario de su comarca (los argumentos a este respecto son tratados con mayor largueza en la segunda entrega de estas recapitulaciones). De pronto, en medio de la lucha por el presupuesto y un salario justo, surge la algarabía: la nueva ley de universidades (LEU) va a ser incorporada a la agenda de emergencia, casi toda ella inconstitucional, que las desgastadas focas habrán de aprobar antes de que su período culmine. Debo reconocer que fui sorprendido por la noticia. Ahora, a la luz de los acontecimientos, la supuesta sensatez que ha iluminado al Presidente para decretar la inaplicabilidad del adefesio de ley que sus focas le aprobaran, lo tengo claro: todo fue un trapo rojo para desviarnos de nuestra justa lucha.

No voy a ser reiterativo en señalar la multiplicidad de vicios, de fondo y de forma, que caracterizaron la aberrante aprobación de la LEU vetada, ya eso es historia, que deja muy mal parados, por cierto, a los entre quince a veinte diputados oficialistas que permanecieron hasta las 2:55 de la madrugada para, exaltados, gritar anacrónicas consignas. Los universitarios no debemos sentirnos mal por nuestra conducta: acudimos solícitos a la confrontación contra el inaceptable instrumento normativo, dejando de lado los argumentos de carácter presupuestario y salarial que días antes conformaban el arsenal de nuestra lucha. Esto habla muy bien de nuestro espíritu universitario: cuando de luchar por nuestros principios se trata, somos capaces de sacrificar cuestiones de carácter más pecuniario que tan sentidamente nos afectan. Le dimos una demostración al país en ese sentido, haciendo lo que teníamos que hacer, pero, no dejo de echar en falta que hizo falta una voz universitaria con audiencia nacional que advirtiera de la posibilidad del trapo rojo, que denunciara la imposición a ultranza de la LEU como una maniobra táctica para acallar nuestras razonables peticiones. Cualquier analista político avezado que haya hecho seguimiento a los planteamientos tácticos de Chávez en su manejo politiquero del país, debió haberlo advertido. Para él es muy fácil recurrir a tales maniobras, porque en su tablero de ajedrez todas sus otras piezas son peones que puede usar y desechar a su conveniencia. No importa que a Carlos Escarrá no le haya metido ningún candidatillo suyo a conformar el TSJ y que le deje en ridículo sus destemplados discursos defendiendo lo indefendible, siempre va a seguir chupándole las medias. ¿Qué le importa a Chávez usar a sus focas una vez más si con eso logra el objetivo que su sala situacional le recomendó? Desgastarnos en nuestra lucha, distraernos, entretenernos con la discusión de un articulado legal sin pies ni cabeza, mientras él intenta ganar tiempo en lo que es la resolución de su más dramático problema: el económico. No deja de ser lamentable que ningún analista político universitario con suficiente audiencia lo hubiese advertido, porque ello le habría dado a la postura universitaria nacional una madre de argumento –hago yo también mi mea culpa aunque mi audiencia sea más bien reducida-.

El problema de Chávez es el económico. Ya cayó el 2010 con un 27,2% de inflación. La acumulada de estos tres últimos años, en los que los universitarios no hemos recibido compensación salarial –recordemos que el incremento del 2008, muy tardíamente cancelado, compensaba la inflación de años anteriores-, es 108,6%. Nuestro poder adquisitivo desde enero de 2008 ha caído a un 47,9%. Pero no somos solo nosotros, los universitarios, son también los educadores, los profesionales de la salud, los trabajadores de los ministerios y, en general, todos los que dependemos del Presupuesto Nacional. No cuenta el Presidente con ingresos para hacer frente a esta realidad de empobrecimiento salarial acelerado de todo el sector público, lo que le queda es desgastarnos, diferir la atención a nuestras peticiones. ¿Qué debemos hacer entonces los universitarios en este escenario? Por supuesto seguir activos, reorientar rápidamente nuestra lucha a lo que eran los objetivos antes del trapo rojo de la LEU, eso sí: explicándole muy bien al país por qué lo hacemos. Debemos evidenciar la maniobra. Es mi humilde opinión que no debemos, en el corto plazo, perder ni un minuto de nuestro tiempo en discutir ese adefesio que ya huele a podrido, eso equivaldría a seguir embistiendo un trapo rojo que ya está en el suelo. Por otra parte: ¿Creen ustedes que de esta nueva asamblea nacional va a salir alguna ley? El pobre espectáculo del acto de instalación ya nos lo dice todo: ese va a ser un escenario de desgaste y confrontación en el cual la mayoría oficialista va a tratar de imponer su agenda de desmantelamiento de la misma. Si por algún evento, cuya probabilidad la valoro de insignificante, esta nueva asamblea fuera capaz de presentarnos un instrumento normativo remozado para nuestra consulta, muy bien, lo discutiríamos, pero mientras tanto a recuperar nuestras banderas de lucha. A batallar por lo que es nuestro. Como lo señalara en la segunda entrega de estas recapitulaciones, debemos incorporar a la masa estudiantil con un discurso altamente motivador. Me comprometí a presentarles algunas ideas y sugerencias para el diseño del mismo, pero este objetivo queda diferido para una cuarta entrega. No podía dejar de evidenciar en mis recapitulaciones la tesis del trapo rojo, aunque fuera a destiempo (mea culpa).

lunes, 22 de noviembre de 2010

La segunda entrega de recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Parte II

¿Daremos la batalla justa y necesaria?

Ya la deuda por concepto de Homologación 2008 finalmente nos fue pagada, pero sobre el obligante aumento salarial que debería comenzar a regir a partir de enero de este año no se ha producido ningún pronunciamiento oficial. Apenas se rumorea entre pasillos que será del treinta por ciento, muy por debajo del sesenta y cuatro por ciento que corresponde a la inflación acumulada durante 2008 y 2009. Rumores que, por lo demás, desde hace meses se han encargado de regar los universitarios oficialistas –esquiroles, añadiría yo, considerando que ello ha contribuido, parcialmente, a mantener anestesiado ese espíritu universitario de lucha que otrora nos caracterizara-. El Gobierno, forzosamente debemos concluir, se ha salido con la suya. Personalmente pienso: que ya no a haber aumento este año y que se podrá conseguir alguno el año que viene si y sólo si los universitarios nos preparamos para dar una importante e indispensable batalla. Ahora bien: ¿luchar para qué? ¿Para simplemente recuperar un cierto nivel de sobrevivencia salarial?

Debemos internalizar los universitarios todos que esa lucha tiene que estar inspirada por un objetivo de más profundo aliento: debemos luchar, esencialmente, para que se reconozca la vigencia y pertinencia del rol que siguen jugando nuestras instituciones universitarias en esta sociedad donde el conocimiento es cada vez más subestimado. Aun con la decadencia que todos los días penetra nuestros amplios poros, seguimos siendo la única reserva del conocimiento para un despertar que, tarde o temprano, habrá de producirse en este país. Somos algo así como lo fue la Iglesia en la Edad Media, no tan distante de los tiempos a los que desean conducirnos estos falsos revolucionarios –quizás exagere, pero me permite aclarar la visualización del cuadro que deseo pintarles-. A los efectos de internalizar la verdadera esencia de la lucha que habremos de librar, es importante ubicarnos en el lado contrario, específicamente en la mente de Chávez –personalizo en atención a argumentos que posteriormente les serán evidentes-.

¿Se han paseado ustedes por la razones que Chávez pudiera tener para darnos más presupuesto o nivelar nuestros sueldos? De entrada les digo: ninguna. Para él: las universidades tradicionales son cajones inservibles. Y no porque nuestra disidencia le moleste, que sí le molesta; o porque en nuestras elecciones los suyos nunca ganen; o porque en ellas haya unos “estudianticos sifrinos” que de cuando en cuando le mueven el piso político, no, a Chávez no le importa un comino el futuro de nuestras universidades porque él ya creó las suyas. Ese fue el verdadero plan de Chávez para el sistema universitario de este país, desde el inicio, créanme que me tomó tiempo darme cuenta de esto. Ni siquiera se los dijo a los adláteres suyos que tenía dentro de nuestras instituciones. Era razonable que nos confundiéramos con toda la alharaca que éstos armaban: que si la Constituyente Universitaria; que si la verdadera democratización donde obreros, empleados, estudiantes y egresados dispondrían de un voto de la misma calidad que los miembros del Claustro Docente; que si la nueva ley de Educación Superior como mecanismo de auténtica transformación universitaria, todo eso era bullshit, pura bullshit, era ganar tiempo, dejar que los suyos se divirtieran en esa mamonería, mientras él iba ejecutando su verdadero plan. Han transcurrido once años y nada de lo que anunciaron para las Universidades se ha cumplido, sus adláteres internos debieran sentirse profundamente traicionados (y utilizados), y mientras fue creando la Bolivariana, expandiendo la UNEFA, montando las misiones, creando otras universidades con fines más especializados. Es en ellas donde se están formando los profesionales que Chávez quiere. Es de ellas que salen los profesionales a ocupar las plazas de empleo en un sector público que crece y crece, mientras nuestros egresados están desempleados o emigran. ¿Para qué Chávez pudiera querer los médicos que forman nuestras universidades si él ya cuenta con sus médicos socialistas comunitarios formados en tres años? ¿Para qué los ingenieros, si las empresas del Gobierno contratan mayormente a los ingenieros de su confianza, los que provienen de instituciones como la UNEFA? Que se haga un estudio de la institución de procedencia de todos los profesionales que han ingresado al sector público en estos últimos años, no existe, ni se podría acometerlo si quisiéramos, dada la oscurísima opacidad de este gobierno. Pero estoy seguro que los resultados serían dantescamente sorprendentes; para qué dispone uno de finísimos oídos y pronunciadas orejas seniles, si no es para escuchar a millares de ex alumnos que me encuentro en cada rincón de este país, cultivados en mis casi cuarenta años de desempeño en el subsistema educativo superior: ellos cuentan de una realidad que ya no se puede ocultar –para una micro radiografía de este tipo de conversaciones les invito a que vean una publicación anterior en este mismo blog “Venezuela Insensata”-.

¿Por qué entonces Chávez va a tener interés en mantener unos mamotretos –según su perspectiva- que gradúan médicos que se van al exterior, educadores discriminados frente a los de la Misión Sucre e ingenieros desempleados que andan atendiendo negocios familiares o conduciendo taxis? Si buscamos dar respuesta a estas interrogantes, internalizaremos el drama que viven nuestras instituciones, y nosotros dentro de ellas, vamos camino de convertirnos en unos eternos ninguneados, para eso nos han estado cocinando a fuego lento.

No nos equivoquemos, si Chávez ha cedido alguna vez en el pasado con respecto a nuestras peticiones, ha sido por razones tácticas, evitando conflictos que en aquel momento no eran aconsejables desde la perspectiva política, ganando tiempo. Pero su creciente enseñoramiento en el poder, la mengua de los recursos financieros, nuestra perdida de pertinencia apareada a la “fácil productividad” del sistema paralelo que ha montado en nuestras narices, confabulan en contra nuestra. Cada vez será más difícil colocarlo en la posición de ceder. ¿Qué nos queda entonces? Obviamente, no seguir adormecidos y/o anestesiados como nos encontramos, tenemos que prepararnos, lo reitero enfáticamente, para dar entre todos una gran batalla en el plano comunicacional. Esto pasa por revisar el “discurso universitario”. Lo coloco entre comillas para significar que, hasta ahora, ha sido un discurso mayormente escuchado en boca de las autoridades universitarias y dirigentes gremiales, un discurso que no logra movilizar a la mayoría de los universitarios. Y cuando hablo de mayoría es porque resulta imprescindible incluir a nuestro estudiantado en general, sólo si ellos se convierten en soldados de esta batalla por la sobrevivencia de la universidad que, sin ser perfecta, le ha sido de tanta utilidad al país, podremos hacernos fuertes de nuevo.

En una reunión preparatoria de la última marcha en Caracas, que se celebrara en nuestro salón de sesiones del Consejo Universitario, considerándose la conveniencia de una convocatoria de las autoridades a una gran asamblea universitaria multigremial, intervine para expresar que resultaría mucho más efectiva la realización de asambleas sectoriales por facultad con los profesores. Que a ellas se debía ir con un claro objetivo: ganarse a la base profesoral, que en su mayoría viene evidenciando una conducta demasiado inerte, para que ella se convirtiera en correa de transmisión hacia los estudiantes de un discurso explicativo de la actual situación universitaria, de cómo esto les está afectando en el presente y les afectará mucho más en su inmediato futuro. Señalé también que era necesaria: la designación de una comisión que elaborara el rediseño de un discurso universitario cónsono con las circunstancias aún más dramáticas que se nos vienen encima. De continuar por la vía que vamos, no habrá luz en el túnel sino la inevitable oscuridad del paralizante colapso. A los estudiantes hay que hacérselos saber, en vez de andar reafirmando esa sensación de que la Universidad continuará con sus puertas abiertas, a pesar de que el nivel de vida de sus trabajadores haya aterrizado en la insubsistencia. Cualquier análisis lógico sobre la universidad luminosa en tales condiciones, les conducirá a la conclusión que ello no es más que una impráctica utopía. Una que nos llevará al cierre con los estudiantes impotentes yéndose a medrar como sonámbulos en sus casas y no preparados para defender a esa universidad que se les muere.

Cuando releo estas últimas líneas me doy cuenta que estoy penetrando en el terreno de lo que debería ser el trabajo de la comisión que propongo. Tengo algunas ideas a sugerir sobre lo que deberían ser las premisas y bases de un discurso que tendría que ser altamente motivador, pero las diferiré para una próxima entrega de estas recapitulaciones. Lo primero es motivar a otros para que también se hagan eco de la necesidad de relanzar una poderosa campaña admirable en defensa de nuestra universidad. Los profesores tienen que hablar a calzón quitado con sus estudiantes, convertirse en ardientes soldados portadores de un discurso capaz de despertar el espíritu de lucha de nuestros estudiantes. Cuando eso ocurra: seremos imbatibles.