martes, 17 de mayo de 2011

Artículo sobre el anuncio del Presidente sobre los pírricos incrementos salariales para el sector universitario

¿Hacia dónde nos lleva?

Asdrúbal Romero M.

Mi problema es que paso demasiado tiempo en el futuro. Fue lo que me vino a la mente cuando veía la cadena de Chávez en la que anunciaría, finalmente, los tan esperados incrementos salariales para el sector universitario. La forma de hacerlo ha sido reiterativa: unilateralidad en el ajuste anunciado, siempre en abusivo desconocimiento de las Normas de Homologación; una letanía de multimillonarias cifras que preceden el anuncio, destinadas al ocultamiento de la realidad; a exaltar la figura magnánima del Padre y a justificar, engañosamente, la algarabía con la que su acólito público presente en el imponente escenario le celebra lo que él dictamina, así sea cuchillo para sus propias gargantas; y, no podía faltar, la escena final en la que, otra vez el Padre, dialoga cariñosamente con unos niños acompañados por una o dos seguidoras con caras embobadas por la admiración hacia el máximo líder de la Revolución. Demasiado visto, diría yo, pero tiene su efecto.

En todo caso, no sé si se dieron cuenta de su excesiva insistencia en la sustentabilidad del incremento decretado. ¿Creen ustedes que Chávez no quisiera darnos a todos la compensación de la inflación sufrida en estos años que no hemos recibido incremento salarial? Claro que quisiera hacerlo, esa sería su mejor bandera de campaña para la reelección. Como un tácito mea culpa reconoció, en el caso del sector universitario, que no habíamos percibido incrementos salariales en los últimos tres años, lapso en el cual la inflación acumulada fue del 108% -eso no lo dijo-, pero no le tembló el pulso al anunciar apenas un 40% a partir del primero de mayo, sin retroactivo alguno. ¿Por qué lo hace? Porque las cuentas no le dan. Chávez está entrampado dentro del tinglado que el mismo ha creado con sus erradas políticas económicas. Por muy ignorante que haya sido, estoy seguro que él ya lo sabe. Por eso es que ya no le es posible anunciar incrementos que acallen el tumulto. ¿Qué ocurría antes? Que si la compensación requerida por la inflación era de un 70%, Chávez anunciaba, siempre con un significativo retardo, un 35% y algunos meses de retroactivo. La gente, por miedo, por pereza, etc., se la calaba. Ahora, posiblemente, también terminaremos encajando el golpe, pero el disgusto será mayor. Progresivamente, la distancia entre el ajuste inflacionario requerido y el incremento que él pueda otorgar irá creciendo. Así nos iremos haciendo infinitamente más pobres. Lo que necesitamos es proyectar el disgusto actual hacia el futuro

A Chávez le hubiese encantado poder anunciar un incremento más potable y aquietador del 70%. Se lo habrán tenido que explicar mil veces: en esta economía improductiva mucho más dependiente del ingreso petrolero –exactamente todo lo contrario a lo que él prometía-, sería un altísimo riesgo decretar aumentos lo suficientemente altos como para mantener esa especie de manto encubridor, al menos para una lega mayoría, del creciente empobrecimiento al que estamos siendo sometidos. De hecho, estamos siendo llevados a un precipicio. Ese es el futuro que visualicé, cuando escuchaba al Chávez Páter hablar de su preocupación por la sostenibilidad de los incrementos que ha venido decretando para los diversos sectores. Se trasladó a su infancia, para recordarnos cómo él y sus hermanos, siendo niños, le pedían dinero a su madre y ella se los tenía que negar porque no alcanzaba para todo lo que ellos querían. Ahora él es el Padre que nos dice a todos, sus niños, que no puede darnos todo lo que hemos perdido porque, de hacerlo, a lo mejor pudiera llegar el momento en que al Estado no le alcanzara para pagar la nómina. Sabe que está operando sobre la base de ingresos petroleros inusitadamente altos, gracias a lo que ocurre en Libia, pero que ellos pudieran bajar en un plazo no muy largo y cualquier audaz apuesta en materia salarial le dejaría al descubierto. Si es que su discurso suena hasta sensato, ahora, y lo digo: no para convertirme en agente tranquilizador de la justa protesta, sino para que reflexionemos sobre el camino por el que nos van llevando. Lo he señalado en otros artículos: el ritmo de gasto de Chávez va más rápido que cualquier tendencia de crecimiento sostenible en el tiempo del ingreso petrolero, llegará un momento que a él no le bastará ni un barril de petróleo a 200 dólares y sabemos que un precio a ese nivel causaría una recesión mundial con la consecuente baja de demanda y de precio. Ese sueño suyo no es sostenible, mientras tanto nos salvan sólo las infortunadas guerras y eventos atípicos que tanto afectan a habitantes de otros lugares del planeta. La suerte de Chávez como dicen algunos, es la desgracia de otros y será también nuestra desgracia. La inflación va más rápido que los sueldos, tendencia inequívoca, por qué no nos trasladamos todos hacia ese futuro donde nos llevan.

viernes, 14 de enero de 2011

La cuarta y última entrega de "Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria"

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Parte IV

Propuesta de manual para el discurso en el aula

Martes once de enero, en tempranas horas de la noche, me encuentro con una ex alumna de postgrado que dicta una de las asignaturas matemáticas a alumnos del primer semestre de Ingeniería. Rector, me dice, los muchachos no tienen conciencia alguna de todo lo que ha ocurrido este diciembre con la Ley, yo les hablo y trato de explicarles que estamos perdiendo a la Universidad. Todos los días le pido a mis compañeros del departamento que lo hagan ellos también. Ese ha sido mi discurso desde hace meses, le digo. Desde diciembre para acá he tenido varias gratas coincidencias como ésta, pero siguen siendo muy pocos los docentes que se atreven a ejercer su liderazgo en ese sentido en el salón de clases. Otro profesor me aportó una explicación: en un país tan polarizado como este, al profesor le da miedo hablar de política, teme las consecuencias que a futuro ello le podría generar. No es una explicación desestimable, en este país el síndrome generado por el desmantelamiento profesional de PDVSA y la Lista Tascón sigue gravitando en la atenuación de la combatividad de los gremios para exigir sus derechos, incluyendo, es triste reconocerlo, a los universitarios. El problema es: si seguimos así, tenemos la batalla perdida. Debemos ganarnos al estudiantado común, y a sus familias, de cara a la digna lucha que los universitarios deberíamos librar y esto sólo es posible si la inmensa mayoría de nuestros docentes se atreve a ejercer su liderazgo natural sobre sus alumnos. Su discurso no tiene que ser político, puede ser ensamblado sobre la base de argumentos razonables que nada tienen que ver con la política y que están afectando de manera muy concreta la posibilidad que la Universidad, en su diario quehacer, pueda mantener ese nivel académico que la ha hecho apetecible a ingentes cantidades de estudiantes. Este es el tema central de esta cuarta y última entrega de estas recapitulaciones sobre la profunda crisis institucional que nos aqueja. A continuación: les propongo tres niveles jerarquizados para la elaboración de ese discurso en aula, de ese discurso que en ejercicio de su liderazgo motivador le permita a cada uno de nuestros docentes convertir su aula en un foro de discusión.

Primer nivel: El profesor debe partir de su vivencia

Centrar el discurso sobre conceptos un tanto etéreos o abstractos para el estudiante común es un error. Decir, por ejemplo, que la lucha es por un “presupuesto justo para la Universidad” es dejarle la puerta abierta a esa duda que el oficialismo ha sido muy hábil en instalar sobre si en verdad ese presupuesto está siendo manejado correctamente (por qué no decirlo: también nuestras autoridades han contribuido a la mediación de esa duda entre el concepto y la realidad, duda que no sólo tiene que ver con la corrección sino también con la racionalidad con la que se estén distribuyendo los recursos universitarios). En cambio, si el profesor explica el concepto de inflación -incentiva una discusión al respecto: ¿qué entienden ustedes por inflación?-; luego señala que en el lapso 1/1/2008 al 31/12/2010 se han producido tres inflaciones anuales de 30,9%, 25,1% y 27,2% respectivamente, las cuales producen una inflación acumulada en los tres años de 108,6% -en los cursos matemáticos podría incluso explicarse cómo se procede a la composición de las tres inflaciones anuales-; que esa inflación acumulada significa que un bolívar fuerte del 1/1/2008 se ha convertido en 47,9 céntimos, es decir que nuestro poder adquisitivo se ha reducido a más de la mitad; que durante esos tres años el profesor no ha recibido ningún incremento salarial que compense esa pérdida de nuestro poder adquisitivo, entonces los alumnos comenzarán a comprender el por qué de los paros escalonados que tanto afectan su rutina académica y el riesgo que existe de que, tarde o temprano, se llegue a la situación extrema de un paro total. Algunos dirán que este es un discurso muy economicista, lo cual no deja de ser cierto, pero por qué no sincerarse el profesor con sus alumnos relatándoles un drama económico que es suyo y de fácil comprensión. Resultaría interesante que el profesor se animara a develarles su sueldo universitario, mejor si lo hace después de un ejercicio de adivinanza por parte de sus alumnos. Los pocos que lo han hecho me dicen que los estudiantes se quedan genuinamente sorprendidos. Uno de ellos me decía: ellos creen que los profesores somos todos ricos, se quedan locos cuando se enteran de cuál es la realidad de nuestros salarios. Partir de la sinceración de una realidad personal, ofrece la posibilidad de acrecentar los sentimientos de empatía profesor- alumno que abrirán los sentidos hacia la visualización de una realidad no comprendida hasta ahora por el estudiantado común.

Leía, hace ya algunas semanas, unas declaraciones en “El Carabobeño” de un grupo estudiantil de FACES, en las cuales protestaban por el deterioro en la calidad de varios servicios estudiantiles provocado por el “horario crítico” asumido por el gremio administrativo. Me preguntaba yo: ¿Y qué pretenden esos dirigentes estudiantiles? ¿Será que no están conscientes del estrangulamiento salarial que están padeciendo los gremios universitarios? El problema, creo, es que hacia esos sectores ha permeado más el discurso de la universidad abierta a todo evento como un escenario más propicio para la lucha. Discurso que tiende a agotarse ante la realidad de insubsistencia salarial que padecen los trabajadores universitarios que va, progresivamente, incidiendo en el deterioro del quehacer institucional diario, disminuyendo su capacidad de dar respuesta al reto académico con el nivel al que hemos estado acostumbrados; mientras no se genera, por otra parte, ninguna propuesta de lucha que sea realmente efectiva ante la estrategia del Régimen. Esto, sin hablar de la forma cómo las carencias presupuestarias van afectando servicios esenciales de funcionamiento de laboratorios, mantenimiento, seguridad, etc. ¿Qué pretendemos? ¿Crear una ficción de una universidad abierta en pie de lucha cuando en verdad está funcionando a media máquina, con unos estudiantes identificándose cada vez menos con ella en virtud del deterioro de los servicios y una dirigencia estudiantil demandando irreflexivamente normalidad en los servicios como si nada estuviese ocurriendo, para fingir así que están cumpliendo a cabalidad su rol? En ese escenario, terminaremos comiéndonos las entrañas. La lucha, en este momento, es contra un gobierno que estrangula la posibilidad de una carrera académica digna y de calidad. Pasa porque los estudiantes se pongan en el lugar de quienes trabajamos por su formación y comprendan cómo su situación de insubsistencia salarial va generando, progresivamente, una mengua institucional en la que lo académico va perdiendo la brillantez de otrora. Esto nos conduce directamente al siguiente nivel.

Segundo nivel: De lo vivencial a lo institucional

¿Qué puede hacer un joven profesor instructor a tiempo completo –categoría y dedicación que con mayor frecuencia se repite en el ingreso-con un sueldo que es apenas 56% mayor que el sueldo mínimo o, si prefieren, del cual necesitaría 2,89 veces eso para adquirir la cesta básica? Tratar de sobrevivir agenciándose ingresos extras –“matando tigres” diríamos en el viejo argot de Ingeniería-. Su espíritu va estar cada vez menos en la Universidad y ¡también su físico! Se reducirá cada vez más a dar sus clases y, muy posiblemente, no asista a unas cuantas durante el semestre. Le será difícil al estudiante conseguirle para hacerle consultas. Este, si es nuevo, pensará que esa calidad de atención académica siempre ha sido así y criticará a la Universidad, se identificará poco con sus profesores. ¡Es un círculo vicioso! Por eso, hay que explicarles hasta la saciedad que no siempre ha sido de esa manera, que esa problemática de la que ellos son víctimas es consecuencia del progresivo deterioro salarial. Explicarles que esa universidad a la que ellos aspiraron por su buena imagen académica se está cayendo, que son ellos los que están perdiendo la oportunidad de formarse en una buena universidad como la que nosotros, sus egresados, si tuvimos y disfrutamos. Y todo a consecuencia de una realidad que no se puede desconocer: buenos sueldos docentes, al menos competitivos, no garantizan una buena universidad, pero no se puede aspirar a tener una buena universidad si ella no puede sufragar ese nivel de sueldos. Es así de sencillo, es un problema real, concreto, vivencial y comprensible perfectamente, si partimos para su explicación justamente de lo vivencial.

Otro ejercicio, similar a la adivinanza sobre los sueldos universitarios de hoy, es preguntarles si considerarían como escenario de desarrollo profesional a la Universidad, eso después de informarse e informarles de cuáles son los sueldos de ingreso a la carrera en cada área. Me adelanto a la conclusión: ni los mejores estudiantes se sentirán tentados a considerar la carrera académica. ¿Cuál es entonces el futuro que se le depara a la Universidad? No somos lo suficientemente superficiales como para pensar que todos los problemas de la Institución provienen del deterioro salarial, los hay más profundos y conceptuales, pero pretender discutir sobre ellos en el presente escenario es como pretender que un ser humano que no tiene lo suficiente para comer pueda ser motivado por la satisfacción de necesidades de ubicación superior en la Pirámide de Maslow. Existe un problema superior, primario, prioritario que debe ser resuelto antes de pretender discutir sobre los escenarios de transformación que la Universidad tanto necesita y que tanto llenan las getas de los oficialistas. Y este problema, apabullantemente concreto, nos proviene de un contexto económico de empobrecimiento general del país. Así enlazamos con el tercer nivel.

Tercer nivel: De lo institucional al contexto económico nacional

Tan pronto como abordemos el tópico del contexto económico nacional nos aproximamos a lo político, recordemos que el pésimo manejo de la economía del país es el gran talón de Aquiles de este gobierno, por ende: es el tema que hiere más la susceptibilidad de sus seguidores. Pero, en la medida que nos hayamos ganado la confianza de nuestros estudiantes porque se ha partido del vívido análisis de las consecuencias más cercanas de ese nefasto manejo, aquellas que nos afectan, a nosotros y a ellos, en nuestras circunstancias de vida diaria, podremos entrarle sin mayores resistencias al nudo central de la problemática. ¿No queremos nosotros dedicarnos a nuestra vocación académica sin tener que preocuparnos por buscar recursos extras para llevar una vida normal de universitario? ¿No desean ellos graduarse en una universidad de calidad y poder, posteriormente, conseguir un empleo en sintonía con las habilidades profesionales aprendidas? Ninguna de las dos interrogantes está siendo resuelta por la fijación del Régimen en un modelo económico equivocado que, históricamente ha sido demostrado, lo que sirve es para generar un estado de empobrecimiento colectivo. El empleo profesional, por ejemplo, es un excelente tema a discutir en las aulas universitarias. Me figuro que en Ingeniería no se carecerá de anécdotas extraídas del más cercano entorno profesional. Entre la progresiva depresión del sector privado de la economía, provocada por el modelo, y la grosera preferencia en el sector público por la selección de los egresados provenientes de las universidades del régimen, el problema de desempleo a nivel de nuestros egresados es un auténtico drama. ¿Y qué decir lo que puedan hablar al respecto los profesores de Ciencias de la Salud? O los de la Facultad de Educación, cuando es un hecho conocido que en la asignación de las plazas públicas en el sistema educativo: los egresados de las misiones tienen la prioridad. Puede haber excepciones dependiendo del área profesional, me dicen que Relaciones Industriales es una de ellas en virtud de la multiplicidad de leyes garantistas, pero, en general, una de las patentes debilidades de esta universidad que sufrimos es que ella está graduando, mayormente, candidatos al desempleo. ¿Para qué sirve una universidad así? Una interrogante que nos coloca en una especie de patíbulo, asunto que no es gratuito ni surge de la improvisación, sino que es directa consecuencia de la estrategia agresiva del Presidente en cuanto a irnos montando en nuestras propias narices un subsistema universitario paralelo que le supla sus necesidades de profesionales, bastante pobres, por cierto, en lo que concierne a las exigencias de nivel intelectual.

Este riesgo de la universidad abandonada a su muerte lenta debe ser evidenciado. En esta imagen metafórica se compendia la necesidad que tenemos de galvanizar a todos los estudiantes en la defensa de la universidad de verdad. ¿Saldrán? El reto implica una métrica: la capacidad de los profesores para motivar. ¿Pero están ellos motivados? ¿Están claros en los desafíos que propone la amenaza más grave que la universidad autónoma democrática ha tenido que confrontar en toda su existencia? Si bien en este texto se propone un patrón para el ensamblaje de un discurso docente en el aula, al que cada cual le imprimirá su toque personal, una fase previa involucra la motivación de los docentes para convertirlos en correaje de transmisión hacia los estudiantes de esta propuesta discursiva. ¿Quién debe liderizar esta campaña previa: el gremio o las autoridades?

La campaña motivacional hacia los docentes

Confieso que al principio pensé que eran las autoridades universitarias, las llamadas a liderizar la campaña motivacional dirigida hacia los docentes. Tal como lo expresara en la segunda entrega de estas recapitulaciones, propuse en aquella sesión del Consejo Universitario Ampliado con fines organizativos de la marcha a Caracas (14/10/2010), que se designara una comisión a los fines de la elaboración de un discurso orientado hacia los estudiantes en las aulas y que, luego, las autoridades encabezaran sendas asambleas por facultad con el propósito de difundirlo y motivar a los profesores. Hoy por hoy, posteriori al trapo rojo con el que el Gobierno ha logrado –espero que momentáneamente- desviarnos de los objetivos originales que se habían planteado para esta lucha, estoy convencido de que no van a ser ellas. En primer lugar, porque las veo enfrascadas en esas discusiones caimaneras sobre la vetada LEU de las que nada se va a obtener –las leyes las redactan los expertos, lo deseable es que sea con representación experta de todas las tendencias del pensamiento, después se consultan-. No dejo de reconocer que ese entrampamiento en el que se encuentran sea lo que demande el rol institucional que ellas deben cumplir. Pero es que además: es inherente a su función el que ellas propendan a intentar mantener la universidad abierta. En el ámbito específico de nuestra alma máter es señalable una razón adicional: nuestras autoridades fueron apalancadas por una tendencia política interna que hizo del “mantener a la universidad abierta contra viento y marea” un criterio central de dirección de la Universidad. Los resultados de la sujeción a este criterio han sido buenos, en lo personal: me he sentido identificado con él, pero hoy sostengo que tal criterio debe ser contingente y no inmutable. El contexto ha variado, radicalmente, el discurso de la universidad abierta a ultranza necesita ser revisado, yo siento que las autoridades siguen ciegamente abrazadas a la invariabilidad de ese discurso. ¿Para qué mantenemos a una universidad abierta si por dentro se va muriendo de mengua? ¿Hasta qué límite es soportable el deterioro interno? ¿Cuándo comenzamos a dejar de ser universidad para convertirnos en una simple pantalla de lo que fuimos? Creo, en definitiva, que estas autoridades necesitan de un gremio aguerrido que le cierre las puertas a la universidad. Después de todo, es el gremio quien no puede renunciar al insoslayable rol de defender el nivel de vida de sus agremiados, es el gremio que debe calibrar sus mecanismos de lucha, desarrollarlos en modo progresivo y autónomo –independientemente del sentir de las autoridades- sin renunciar, por qué hacerlo, al recurso extremo de la huelga que es un derecho laboral reconocido internacionalmente. ¿Quiere decir esto que estoy de acuerdo con el paro? Me decía una autoridad, en diálogo informal, el Gobierno quiere el paro; le conviene y por eso lo está provocando. Es verdad, coincido con esa apreciación. Si vamos al paro en estas condiciones de extrema debilidad freirán nuestras cabezas. Pero si lo planificamos, si motivamos a los profesores a la activación del discurso en el aula, explicándoles a sus estudiantes porque no se puede continuar en estas condiciones, explicándoles que el Gobierno no nos está dejando alternativa, nos está arrinconando en una esquina del cuadrilátero y allí nos está cayendo a mazazo limpio. Si hacemos de cada aula un foro de discusión y activamos la protesta estudiantil por esa universidad cuyas puertas se las van a cerrar, entonces iríamos a una madre de paro. Veremos si el Gobierno sigue viendo que le conviene. No nos queda otra que luchar, todos debemos convertirnos en soldados, el espíritu de cuerpo debe consolidarse. ¿Quién debe organizar esta campaña admirable? La APUC, no las autoridades, es el papel histórico que le corresponde ejecutar. Les propongo este manual, al cual, seguramente habrá que hacerle muchas correcciones y adiciones. Bajen a las seccionales, hablen con sus agremiados, conviértanlos en soldados, convénzanlos de que en esta lucha se están jugando el modo de vida académica que eligieron. No hay que ir a calentar la calle sino tenemos calentada la casa, ese es el primer objetivo gremial a cumplir. Hagamos ejercicios internos de calentamiento. No albergo ninguna duda, si se logra una unidad profesoral activada y el apoyo estudiantil, ¡¡venceremos!! Es urgente.

jueves, 6 de enero de 2011

La tercera entrega de recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Parte III

Un trapo rojo que no debe desviarnos de nuestra lucha

Cuando publiqué la segunda parte de estas recapitulaciones, 22 de noviembre de 2010, lo que estaba planteado era la recuperación del salario de los trabajadores universitarios, como uno de los elementos indispensables en una lucha inspirada por un objetivo de más profundo aliento: el reconocimiento de “la vigencia y pertinencia del rol que siguen jugando nuestras instituciones universitarias en esta sociedad donde el conocimiento es cada vez más subestimado”. Pronosticaba que no se produciría en el transcurso de lo que restaba de año ningún anuncio de aumento para los universitarios y así fue. Todo lo contrario, repentinamente, la amenaza de aprobar una ley para el sector por parte de una agónica asamblea nacional se hizo inminente. Una ley de la que se venía hablando desde que se aprobó la Ley Orgánica de Educación (LOE), de la que no se conoció una versión estable que animara a iniciar en el ámbito de las instituciones una discusión seria sobre ella, sino más bien anteproyectos que sólo servían para alimentar rumores. Por ello, sería más exacto decir que era una ley acerca de la cual se rumoraba –sobre todo los aspectos electorales-. Que si los jubilados no votaríamos, que todos los egresados tendrían derecho a elegir, que finalmente se exigiría la condición de ser doctor para poder ser electo autoridad universitaria, etc.; si les digo la verdad: nunca he creído que bajo este régimen se apruebe una nueva ley universitaria, sencillamente porque no es materia prioritaria para Chávez. Ya él ha instalado su sistema universitario paralelo que le suple sus necesidades –bastante menguadas por cierto en el plano intelectual y académico- y a las universidades de verdad las tiene pasando aceite, una metáfora coloquial que me engancha por su exactitud para describir la situación que sufrimos, entonces para qué va a querer Chávez un novedoso instrumento legal que rija el quehacer universitario de su comarca (los argumentos a este respecto son tratados con mayor largueza en la segunda entrega de estas recapitulaciones). De pronto, en medio de la lucha por el presupuesto y un salario justo, surge la algarabía: la nueva ley de universidades (LEU) va a ser incorporada a la agenda de emergencia, casi toda ella inconstitucional, que las desgastadas focas habrán de aprobar antes de que su período culmine. Debo reconocer que fui sorprendido por la noticia. Ahora, a la luz de los acontecimientos, la supuesta sensatez que ha iluminado al Presidente para decretar la inaplicabilidad del adefesio de ley que sus focas le aprobaran, lo tengo claro: todo fue un trapo rojo para desviarnos de nuestra justa lucha.

No voy a ser reiterativo en señalar la multiplicidad de vicios, de fondo y de forma, que caracterizaron la aberrante aprobación de la LEU vetada, ya eso es historia, que deja muy mal parados, por cierto, a los entre quince a veinte diputados oficialistas que permanecieron hasta las 2:55 de la madrugada para, exaltados, gritar anacrónicas consignas. Los universitarios no debemos sentirnos mal por nuestra conducta: acudimos solícitos a la confrontación contra el inaceptable instrumento normativo, dejando de lado los argumentos de carácter presupuestario y salarial que días antes conformaban el arsenal de nuestra lucha. Esto habla muy bien de nuestro espíritu universitario: cuando de luchar por nuestros principios se trata, somos capaces de sacrificar cuestiones de carácter más pecuniario que tan sentidamente nos afectan. Le dimos una demostración al país en ese sentido, haciendo lo que teníamos que hacer, pero, no dejo de echar en falta que hizo falta una voz universitaria con audiencia nacional que advirtiera de la posibilidad del trapo rojo, que denunciara la imposición a ultranza de la LEU como una maniobra táctica para acallar nuestras razonables peticiones. Cualquier analista político avezado que haya hecho seguimiento a los planteamientos tácticos de Chávez en su manejo politiquero del país, debió haberlo advertido. Para él es muy fácil recurrir a tales maniobras, porque en su tablero de ajedrez todas sus otras piezas son peones que puede usar y desechar a su conveniencia. No importa que a Carlos Escarrá no le haya metido ningún candidatillo suyo a conformar el TSJ y que le deje en ridículo sus destemplados discursos defendiendo lo indefendible, siempre va a seguir chupándole las medias. ¿Qué le importa a Chávez usar a sus focas una vez más si con eso logra el objetivo que su sala situacional le recomendó? Desgastarnos en nuestra lucha, distraernos, entretenernos con la discusión de un articulado legal sin pies ni cabeza, mientras él intenta ganar tiempo en lo que es la resolución de su más dramático problema: el económico. No deja de ser lamentable que ningún analista político universitario con suficiente audiencia lo hubiese advertido, porque ello le habría dado a la postura universitaria nacional una madre de argumento –hago yo también mi mea culpa aunque mi audiencia sea más bien reducida-.

El problema de Chávez es el económico. Ya cayó el 2010 con un 27,2% de inflación. La acumulada de estos tres últimos años, en los que los universitarios no hemos recibido compensación salarial –recordemos que el incremento del 2008, muy tardíamente cancelado, compensaba la inflación de años anteriores-, es 108,6%. Nuestro poder adquisitivo desde enero de 2008 ha caído a un 47,9%. Pero no somos solo nosotros, los universitarios, son también los educadores, los profesionales de la salud, los trabajadores de los ministerios y, en general, todos los que dependemos del Presupuesto Nacional. No cuenta el Presidente con ingresos para hacer frente a esta realidad de empobrecimiento salarial acelerado de todo el sector público, lo que le queda es desgastarnos, diferir la atención a nuestras peticiones. ¿Qué debemos hacer entonces los universitarios en este escenario? Por supuesto seguir activos, reorientar rápidamente nuestra lucha a lo que eran los objetivos antes del trapo rojo de la LEU, eso sí: explicándole muy bien al país por qué lo hacemos. Debemos evidenciar la maniobra. Es mi humilde opinión que no debemos, en el corto plazo, perder ni un minuto de nuestro tiempo en discutir ese adefesio que ya huele a podrido, eso equivaldría a seguir embistiendo un trapo rojo que ya está en el suelo. Por otra parte: ¿Creen ustedes que de esta nueva asamblea nacional va a salir alguna ley? El pobre espectáculo del acto de instalación ya nos lo dice todo: ese va a ser un escenario de desgaste y confrontación en el cual la mayoría oficialista va a tratar de imponer su agenda de desmantelamiento de la misma. Si por algún evento, cuya probabilidad la valoro de insignificante, esta nueva asamblea fuera capaz de presentarnos un instrumento normativo remozado para nuestra consulta, muy bien, lo discutiríamos, pero mientras tanto a recuperar nuestras banderas de lucha. A batallar por lo que es nuestro. Como lo señalara en la segunda entrega de estas recapitulaciones, debemos incorporar a la masa estudiantil con un discurso altamente motivador. Me comprometí a presentarles algunas ideas y sugerencias para el diseño del mismo, pero este objetivo queda diferido para una cuarta entrega. No podía dejar de evidenciar en mis recapitulaciones la tesis del trapo rojo, aunque fuera a destiempo (mea culpa).

lunes, 22 de noviembre de 2010

La segunda entrega de recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Parte II

¿Daremos la batalla justa y necesaria?

Ya la deuda por concepto de Homologación 2008 finalmente nos fue pagada, pero sobre el obligante aumento salarial que debería comenzar a regir a partir de enero de este año no se ha producido ningún pronunciamiento oficial. Apenas se rumorea entre pasillos que será del treinta por ciento, muy por debajo del sesenta y cuatro por ciento que corresponde a la inflación acumulada durante 2008 y 2009. Rumores que, por lo demás, desde hace meses se han encargado de regar los universitarios oficialistas –esquiroles, añadiría yo, considerando que ello ha contribuido, parcialmente, a mantener anestesiado ese espíritu universitario de lucha que otrora nos caracterizara-. El Gobierno, forzosamente debemos concluir, se ha salido con la suya. Personalmente pienso: que ya no a haber aumento este año y que se podrá conseguir alguno el año que viene si y sólo si los universitarios nos preparamos para dar una importante e indispensable batalla. Ahora bien: ¿luchar para qué? ¿Para simplemente recuperar un cierto nivel de sobrevivencia salarial?

Debemos internalizar los universitarios todos que esa lucha tiene que estar inspirada por un objetivo de más profundo aliento: debemos luchar, esencialmente, para que se reconozca la vigencia y pertinencia del rol que siguen jugando nuestras instituciones universitarias en esta sociedad donde el conocimiento es cada vez más subestimado. Aun con la decadencia que todos los días penetra nuestros amplios poros, seguimos siendo la única reserva del conocimiento para un despertar que, tarde o temprano, habrá de producirse en este país. Somos algo así como lo fue la Iglesia en la Edad Media, no tan distante de los tiempos a los que desean conducirnos estos falsos revolucionarios –quizás exagere, pero me permite aclarar la visualización del cuadro que deseo pintarles-. A los efectos de internalizar la verdadera esencia de la lucha que habremos de librar, es importante ubicarnos en el lado contrario, específicamente en la mente de Chávez –personalizo en atención a argumentos que posteriormente les serán evidentes-.

¿Se han paseado ustedes por la razones que Chávez pudiera tener para darnos más presupuesto o nivelar nuestros sueldos? De entrada les digo: ninguna. Para él: las universidades tradicionales son cajones inservibles. Y no porque nuestra disidencia le moleste, que sí le molesta; o porque en nuestras elecciones los suyos nunca ganen; o porque en ellas haya unos “estudianticos sifrinos” que de cuando en cuando le mueven el piso político, no, a Chávez no le importa un comino el futuro de nuestras universidades porque él ya creó las suyas. Ese fue el verdadero plan de Chávez para el sistema universitario de este país, desde el inicio, créanme que me tomó tiempo darme cuenta de esto. Ni siquiera se los dijo a los adláteres suyos que tenía dentro de nuestras instituciones. Era razonable que nos confundiéramos con toda la alharaca que éstos armaban: que si la Constituyente Universitaria; que si la verdadera democratización donde obreros, empleados, estudiantes y egresados dispondrían de un voto de la misma calidad que los miembros del Claustro Docente; que si la nueva ley de Educación Superior como mecanismo de auténtica transformación universitaria, todo eso era bullshit, pura bullshit, era ganar tiempo, dejar que los suyos se divirtieran en esa mamonería, mientras él iba ejecutando su verdadero plan. Han transcurrido once años y nada de lo que anunciaron para las Universidades se ha cumplido, sus adláteres internos debieran sentirse profundamente traicionados (y utilizados), y mientras fue creando la Bolivariana, expandiendo la UNEFA, montando las misiones, creando otras universidades con fines más especializados. Es en ellas donde se están formando los profesionales que Chávez quiere. Es de ellas que salen los profesionales a ocupar las plazas de empleo en un sector público que crece y crece, mientras nuestros egresados están desempleados o emigran. ¿Para qué Chávez pudiera querer los médicos que forman nuestras universidades si él ya cuenta con sus médicos socialistas comunitarios formados en tres años? ¿Para qué los ingenieros, si las empresas del Gobierno contratan mayormente a los ingenieros de su confianza, los que provienen de instituciones como la UNEFA? Que se haga un estudio de la institución de procedencia de todos los profesionales que han ingresado al sector público en estos últimos años, no existe, ni se podría acometerlo si quisiéramos, dada la oscurísima opacidad de este gobierno. Pero estoy seguro que los resultados serían dantescamente sorprendentes; para qué dispone uno de finísimos oídos y pronunciadas orejas seniles, si no es para escuchar a millares de ex alumnos que me encuentro en cada rincón de este país, cultivados en mis casi cuarenta años de desempeño en el subsistema educativo superior: ellos cuentan de una realidad que ya no se puede ocultar –para una micro radiografía de este tipo de conversaciones les invito a que vean una publicación anterior en este mismo blog “Venezuela Insensata”-.

¿Por qué entonces Chávez va a tener interés en mantener unos mamotretos –según su perspectiva- que gradúan médicos que se van al exterior, educadores discriminados frente a los de la Misión Sucre e ingenieros desempleados que andan atendiendo negocios familiares o conduciendo taxis? Si buscamos dar respuesta a estas interrogantes, internalizaremos el drama que viven nuestras instituciones, y nosotros dentro de ellas, vamos camino de convertirnos en unos eternos ninguneados, para eso nos han estado cocinando a fuego lento.

No nos equivoquemos, si Chávez ha cedido alguna vez en el pasado con respecto a nuestras peticiones, ha sido por razones tácticas, evitando conflictos que en aquel momento no eran aconsejables desde la perspectiva política, ganando tiempo. Pero su creciente enseñoramiento en el poder, la mengua de los recursos financieros, nuestra perdida de pertinencia apareada a la “fácil productividad” del sistema paralelo que ha montado en nuestras narices, confabulan en contra nuestra. Cada vez será más difícil colocarlo en la posición de ceder. ¿Qué nos queda entonces? Obviamente, no seguir adormecidos y/o anestesiados como nos encontramos, tenemos que prepararnos, lo reitero enfáticamente, para dar entre todos una gran batalla en el plano comunicacional. Esto pasa por revisar el “discurso universitario”. Lo coloco entre comillas para significar que, hasta ahora, ha sido un discurso mayormente escuchado en boca de las autoridades universitarias y dirigentes gremiales, un discurso que no logra movilizar a la mayoría de los universitarios. Y cuando hablo de mayoría es porque resulta imprescindible incluir a nuestro estudiantado en general, sólo si ellos se convierten en soldados de esta batalla por la sobrevivencia de la universidad que, sin ser perfecta, le ha sido de tanta utilidad al país, podremos hacernos fuertes de nuevo.

En una reunión preparatoria de la última marcha en Caracas, que se celebrara en nuestro salón de sesiones del Consejo Universitario, considerándose la conveniencia de una convocatoria de las autoridades a una gran asamblea universitaria multigremial, intervine para expresar que resultaría mucho más efectiva la realización de asambleas sectoriales por facultad con los profesores. Que a ellas se debía ir con un claro objetivo: ganarse a la base profesoral, que en su mayoría viene evidenciando una conducta demasiado inerte, para que ella se convirtiera en correa de transmisión hacia los estudiantes de un discurso explicativo de la actual situación universitaria, de cómo esto les está afectando en el presente y les afectará mucho más en su inmediato futuro. Señalé también que era necesaria: la designación de una comisión que elaborara el rediseño de un discurso universitario cónsono con las circunstancias aún más dramáticas que se nos vienen encima. De continuar por la vía que vamos, no habrá luz en el túnel sino la inevitable oscuridad del paralizante colapso. A los estudiantes hay que hacérselos saber, en vez de andar reafirmando esa sensación de que la Universidad continuará con sus puertas abiertas, a pesar de que el nivel de vida de sus trabajadores haya aterrizado en la insubsistencia. Cualquier análisis lógico sobre la universidad luminosa en tales condiciones, les conducirá a la conclusión que ello no es más que una impráctica utopía. Una que nos llevará al cierre con los estudiantes impotentes yéndose a medrar como sonámbulos en sus casas y no preparados para defender a esa universidad que se les muere.

Cuando releo estas últimas líneas me doy cuenta que estoy penetrando en el terreno de lo que debería ser el trabajo de la comisión que propongo. Tengo algunas ideas a sugerir sobre lo que deberían ser las premisas y bases de un discurso que tendría que ser altamente motivador, pero las diferiré para una próxima entrega de estas recapitulaciones. Lo primero es motivar a otros para que también se hagan eco de la necesidad de relanzar una poderosa campaña admirable en defensa de nuestra universidad. Los profesores tienen que hablar a calzón quitado con sus estudiantes, convertirse en ardientes soldados portadores de un discurso capaz de despertar el espíritu de lucha de nuestros estudiantes. Cuando eso ocurra: seremos imbatibles.

martes, 19 de octubre de 2010

Un ensayo corto sobre esta crisis y el impago

Recapitulaciones sobre esta crisis universitaria

Cuando salía de Caracas, el día de la marcha, me calé por radio, íntegramente, las declaraciones de Jaua y el ministro Ramirez. Cual modositos gatitos lamentaban, con suma tristeza, que no hubiesen podido dialogar con los rectores. Cualquiera que no conozca el historial de improperios del resentido repitiente de catorce años hecho ministro, por obra y gracia de los criterios de selección ministerial de Chávez, se los creería. Pero lo que evidenció mejor la perversión de ese discurso diseñado para engañar y confundir, fue la retahíla de Jaua relacionando crédito adicional tras otro, millones y más millones de los fuertes, todo lo que se estaba tramitando para atender a los universitarios. No pude evitar imaginarme tratándole de explicar a mi madre las razones por las que me había movilizado a Caracas para marchar. Ella, sorprendida, me manifestaría que en Mundial Zulia, la emisora que toda la vida ha escuchado y que es chavista, decían que todas las solicitudes nuestras habían sido atendidas, ¡incluyendo un aumento del 30%! Cómo explicarle que todos esos millones correspondían a una situación que debió haber sido, definitivamente, zanjada en el presupuesto del 2009. Pero más afrentoso para uno resulta: que unos cuantos personajes del chavismo universitario se aboquen a hacerse eco de ese falso discurso, enviando correítos con la gaceta oficial contentiva de los rezagados créditos adicionales, o publicándola en facebook, cómo si ellos no fuesen también víctimas del maltrato. En verdad que prefiero no calificarlos por esta vía, pero coño, les agradezco que no insulten más mi inteligencia, al menos la mía, allá los que se dejen insultar la suya. Toda esta situación, el bombardeo de desinformación, tanto externo como interno, nos obliga a recapitular unas cuantas cosas sobre esta crisis que vivimos.

Sobre nuestra normativa salarial

Primero hay que señalar, y repetirlo hasta la saciedad, que los universitarios no pedimos que nos aumenten, pedimos que nos compensen la pérdida del poder adquisitivo de nuestro salario causada por la inflación. Si este régimen tuviera al menos una adecuada política económica que mantuviera la inflación en niveles similares a las de otros países, es poco lo que los universitarios podríamos reclamar. Como le decía a mi madre: ¡si yo no quiero que me aumenten! lo que quiero es que me protejan de la inclemente inflación que ellos mismos causan con sus desacertadas políticas –eso sí lo entiende ella cada vez que va al supermercado-. Como sector de avanzada que somos en el país, los universitarios logramos hace muchos años una normativa salarial que debía constituirse en ejemplo para el resto de los gremios. Nuestro salario debe ser revisado cada dos años en función de la inflación acumulada en los dos años anteriores.

Todos los gobiernos que he conocido, absolutamente todos, a la hora de la obligante revisión salarial trataron de negociarla por debajo de lo que arrojaban los indicadores inflacionarios; de diferir al máximo el inicio de los desembolsos correspondientes después del tradicional tira y encoge con los gremios universitarios –unas veces más tenso que otras- a los efectos de ratificar la vigencia de las Normas de Homologación, pero al final, por encima de los deseos de los gobiernos, imperaba el deber de sentarse a dialogar y alcanzar convenimientos como norma tácita de todo gobierno democrático. Con este régimen la posibilidad del diálogo se fue evaporando; en la medida que fueron sintiéndose más fuertes en el poder, la intransigencia prepotente se fue imponiendo, hasta el punto que los últimos incrementos acordados para el sector universitario fueron anunciados, unilateralmente, por Chávez, siempre por debajo del nivel de referencia establecido para la mínima nivelación salarial. Con razón la pobre presidenta de Fapuv –pobre por cuanto este gobierno se ha cansado de ningunearla- anda por allí con la cantaleta que el déficit acumulado, en cuanto a lo que debería ser el salario universitario actualizado, ¡anda en el ciento cuarenta por ciento! Pero para no ponernos más históricos de lo aconsejable, retrocederemos sólo hasta el 2008, año en el que correspondía una nivelación salarial a partir del primero de enero. El 16 de octubre, bastante tarde, el Ministro Acuña anunció el incremento unilateral del 30% que se comenzaría a cancelar a partir de ese mismo mes. Unilateral, en cuanto concierne a los profesores, porque no fue convenido con la FAPUV, aunque, aparentemente, sí fue avalado por las federaciones de gremios de empleados y obreros universitarios de tendencia oficialista. Habló también el Ministro de conversaciones que había adelantado con el Presidente para la tramitación de un crédito por BsF 997 millones para cancelar el retroactivo de enero a septiembre, básicamente el mismo crédito que Elías Jaua sacaba a relucir con bombos y platillos en sus publicitadas declaraciones el día de la marcha, ¡dos años después! En realidad, el crédito es por un monto inferior, porque debemos recordar que ya hubo un pequeño adelanto de ese retroactivo, el cual fue cancelado de una manera tan particular que amerita su correspondiente aclaratoria.

En el pasado, digámoslo: en la Cuarta república, el gremio profesoral, por su mayor peso específico, era el abanderado en la lucha por las reivindicaciones, pero lo que él conseguía era inmediatamente homologado para los empleados y obreros. En la Quinta ha ocurrido que algunos gremios esquiroles de empleados y obreros le hacen el juego al Gobierno, prestándose para que éste pueda dividirnos, discutiendo traicioneramente en la trastienda convenios que son más beneficiosos para el patrono que para sus compañeros, pero eso sí: asegurándose de obtener prebendas sectoriales que les permita seguirse justificando internamente. Así vemos: como para los empleados ya se les ha aprobado una prima por hogar y un bono equivalente a la cesta ticket para sus jubilados, mientras a los profesores nanay nanay. ¿Será que estos señores no se han puesto a pensar cómo podría ser el boomerang en la Sexta? Como una evidencia más de esas odiosas estratagemas sectoriales que tanto le encantan al Régimen, veamos lo que ocurrió con el escuálido segmento de retroactivo que ya se canceló. A los obreros se les pagó íntegramente su deuda, para los demás se aplicó una tábula rasa de BsF 4000 per cápita. Este monto para muchos empleados significó un porcentaje significativo de su deuda; para los profesores con categoría de titular representó un escuálido porcentaje; para muchos docentes, como es mi caso, ese monto de cuatro mil ni siquiera alcanza a ser lo que debería corresponder al pago por intereses moratorios en el retardo del pago de una deuda salarial que tiene más de dos años vencida, eso, calculando dichos intereses a la módica rata del 10% anual, muy por debajo de la galopante inflación a las que no tiene condenado este gobierno. Creo que me asiste la razón para decir que a mí no me han pagado nada de ese retroactivo, entonces: ¿Debo alegrarme que ahora quieran venderme como gran logro gubernamental que dos años después me lo vayan a cancelar?

Cada bolívar del salario nuestro al primero de enero del 2008, se convirtió en 76,4 céntimos al 1 de enero del 2009 (inflación 30,9%), y en 61,1 céntimos a la misma fecha del 2010 (inflación 25,1 %). Desde los primeros meses del año deberíamos estar peleando por un incremento del 63,75% -por lo mínimo- para recuperar nuestro poder adquisitivo, pero estamos a octubre y lo único que se nos ofrece es terminarnos de pagar un refrito. ¡Gran triunfo del Gobierno! Ayudado por unos cuantos esquiroles que no entiendo cómo es que existe todavía gente dentro de la Universidad que los siga. No sé por qué no se van a esas universidades del sistema paralelo universitario que Chávez ha creado, donde según ellos todo es perfecto. Parte del trabajo de estos nefastos esquiroles es alimentar falsas esperanzas, según ellos: cada fin de semana es propicio para que Chávez anuncie un escuálido 30%, que es lo que a ellos les han impuesto en la trastienda. Así nos van llevando y la pasividad nuestra nos va convirtiendo en los grandes derrotados. Eso sí, cuando las autoridades se ven, finalmente, en la situación de impago, como ha ocurrido esta primera quincena, son los primeros en tomar el Rectorado. Ahora bien, esto que ha acontecido y que se veía venir amerita otra recapitulación, pero antes una petición: Autoridades, la Universidad Autónoma nunca más debe prestarse a ser vehículo para el pago de una deuda salarial en forma tan inequitativa. Ante pretensiones de ese tipo, la Universidad debe decir que es inaceptable y no prestarse al juego de sus enemigos internos.

Sobre el presupuesto paralelo en la OPSU

Volvamos a fines del 2008, el aumento unilateral e insuficiente comenzó a ser cancelado, ¿Me puede alguien explicar porque la incidencia de ese 30% en los gastos de nómina no fue consolidada en los presupuestos de las instituciones para el 2009? No existe ninguna justificación técnica para ello. Alguien podría cuestionar también: ¿Y por qué los rectores aceptaron en el CNU tal aberración presupuestaria? Esta es una interrogante más difícil de responder, porque no es fácil para nadie colocarse en el lugar de estas autoridades lidiando con un régimen tan impositivo como el chavista. A lo mejor, siendo Rector, no me habría quedado más remedio que aceptarlo, así que no critico. Lo cierto es que esos gastos, súper ultra ordinarios, quedaron en partidas centralizadas a nivel de la OPSU, una especie de presupuesto paralelo extra institucional que no tiene ninguna razón de existir, a menos que sea, me atrevo a elucubrar, por las jugosas comisiones bancarias que tan inflamados saldos financieros a nivel de la OPSU generan para los jerarcas ministeriales. Se demanda transparencia a las universidades, pero ellos son absolutamente oscuros y discrecionales en el manejo de estos presupuestos paralelos centralizados. En todo caso, las administraciones universitarias se han visto en la necesidad de pagar quincenalmente sueldos incrementados, sin tener el debido sustento legal en lo presupuestario y sin haber recibido, financieramente, las porciones correspondientes al incremento por parte de la OPSU. No entiendo por qué las autoridades administrativas no han publicado, no ahora sino desde el principio de esta aberración, las fechas en las que realmente se recibían estos recursos de la OPSU –siempre con retardo-. Habría sido bueno que todo el mundo se enterara: cómo del ya menguado presupuesto universitario se financiaba el incremento que a todos nos transmitía una sensación de cierta normalidad. Y esto no sólo ocurrió el 2009, se impuso también para el 2010. Al principio de este año se produjo un intento de separar las dos nóminas, la que correspondía a los recursos incluidos en el presupuesto ordinario y la del aumento. Supuse que se quería sincerar la situación, mandar una señal clara a una comunidad que prioriza su comodidad siempre y cuando reciba su sueldo enterito quince y último. Inmediatamente se levantaron los ánimos, sobre todo con el Vicerrector Ferreira que, correctamente, había planteado la medida. En eso nos hemos convertido los universitarios: en arrechos y protestones con los que tenemos cerquita, las autoridades que están a la distancia de una toma, pero bobalicones y temerosos con respecto a quien realmente nos está haciendo el daño. Las autoridades no resistieron la presión y levantaron la medida. Lo que no se sabía entonces era que el presupuesto paralelo tampoco estaba completo, el Gobierno, de lo incompetente que es, quedó descubierto en su juego y lo hemos visto, dando carreras, para ir aprobando en pedazos los créditos adicionales que se requerían para seguir cancelado el incremento del 2008. Primero fue: las porciones correspondientes a agosto y el bono vacacional, después septiembre y ahora, finalmente, el resto del año, y es así como hemos llegado a la situación de impago. Si todo el mundo ya sabe que este último crédito apenas acaba de salir publicado en Gaceta, por qué se extrañan que las autoridades no hayan podido pagar la quincena, por qué la emprenden contra ellas si debe resultar evidente que, tarde o temprano, el juego se les iba a trancar. ¿Por qué no somos gallos con quienes tenemos que serlo?

A estas alturas, quienes me conocen se estarán preguntado lo que me pasa, “de crítico ha pasado a ser ardiente defensor de las autoridades”. Realmente no es así, sigo manteniendo que estas autoridades son también culpables de un mal manejo de esta crisis. Lo han sido cuando no fueron capaces de presentarle a la comunidad un plan serio de racionalidad y austeridad en el gasto institucional. Prefirieron ir corriendo la arruga, soñando ilusamente conque este despiadado gobierno en algún momento les escucharía y, mientras, seguir gastando como si nada estuviese ocurriendo, como si no nos estuviésemos aproximándonos a un peligroso despeñadero. Varios se lo advertimos. En lo personal, lo hice mediante artículos de opinión en este blog y conversaciones personalísimas. Sólo en lo de las farmacias y el HCM comenzó la gente a percibir la crisis, pero, por otra parte, el ritmo de gasto de las actividades rectorales transmitía una señal opuesta, como la del que está quebrado pero se niega a disminuir su nivel de vida. Había que amarrarse los pantalones, y las faldas, para enfrentar una crisis como la que ya tenemos encima; ser eficaces, comunicacionalmente, en la transmisión de una nueva realidad; ser antipáticos, duros, porque cuando estas crisis nos corresponde gerenciarlas no nos queda de otra. Sólo así la gente comenzaría a creerles, comunicando con el ejemplo. Una que otra declaración, de cuando en cuando, sobre lo deficitario del presupuesto no bastaba. Cuando me convocaron para que participara en la marcha, asistí con gusto porque siempre he tenido claro dónde está el verdadero enemigo, pero les digo: por dentro llevaba esa incómoda sensación de “piaron tarde pajaritos”, máxime cuando observé lo exigua que era frente a la dimensión de la carajada que el Gobierno nos está haciendo. También han sido culpables, las autoridades, en no terminar de blindar a la Institución con respecto a esos flancos débiles por donde el enemigo nos ataca. Cuánto más van a esperar para implantar una draconiana pero súper transparente política de cupos, a lo Alejandro Sué, cero favorcitos, cero concesiones a grupos estudiantiles que lo que hacen es venderlos. ¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar que personajes, tan oscuros como José Vicente Rangel, se den el tupé de cuestionar el manejo de los recursos universitarios con denuncias que, tristemente, uno sabe tienen ciertos visos de verosimilitud? El mensaje está claro, pero aún con todos estos cuestionamientos: tampoco es que vamos a ser estúpidos para dejarnos confundir. La nómina no se paga y la culpa de ello, en un 95%, es del gobierno y de sus esquiroles, que ahora van a querer ser los primeros en tomarse las fotos protestarías. Si la mayoría de la comunidad se deja engañar, será por ese facilismo sicológico que caracteriza a los colectivos: de pretender pagar su rabiosa impotencia con los jerarcas que tiene a distancia de tiro. Pero no es a ellos a los que hay que apuntar, reflexionemos y comencemos a organizarnos para enfrentar a quienes debemos enfrentar. Sobre esto último prepararé una continuación de estas recapitulaciones, pero antes, Rectora: si no tiene el debido sustento presupuestario no pague. Este gobierno es capaz de justificar una intervención porque usted, en aras de mantener a la Universidad abierta, termine violando la Ley Orgánica de Régimen Presupuestario. Recuerde la voz de cínica extrañeza cuando la representante del Ministro escuchó su reconocimiento de diez millones de déficit presupuestario en la partida de HCM. Ellos la estrangulan y la cercan para que usted caiga, y si ello llegare a suceder, muy pocos de los que usted haya calmado cancelándole una nómina que el Gobierno no le ha dado van a salir en su defensa. El de Rector es un cargo muy solitario, cuando se presentan estas coyunturas es cuando más se internaliza tan triste soledad. Que haya joropo si tiene que haberlo, a ver si reaccionamos y comenzamos, de una vez por todas, a luchar con el verdadero enemigo que se está saliendo con la suya al no darnos, este año, un incremento salarial a pesar de la inflación acumulada de casi el 64% en 2008-2009. Coño y que no me manden otro correíto, esquiroles, que estoy en guerra y no respondo.

lunes, 11 de octubre de 2010

Venezuela Insensata

Venezuela Insensata

Asdrúbal Romero M.

Cuando me fue solicitado un aporte para la más reciente edición aniversaria de “El Carabobeño”, titulada: “Nuestro Hogar Venezuela: Una mirada a través de la familia”, el primer texto que produje es el que les voy a presentar. No pasó el requisito de la longitud, lo que les resultará comprensible. Mi tendencia es hacia textos largos. Es muy personal además. Permaneció invernando en mi disco duro, hasta hoy que lo releí y decidí que deseaba compartirlo con ustedes.

Hay quienes dicen que un país no es más que una fiscalidad y una historia, pero ello no es cierto. Un país (o nación) puede y debe cumplir funciones complementarias que favorezcan, aun más, aquellas que nuestros núcleos hogareños suelen rendir para nosotros. Es lo normal, por ejemplo, que la familia oriente y propicie la construcción progresiva de nuestros proyectos individuales de vida. De alguna manera, el país debería facilitarlos, eso lo haría “Hogar”, que es sobre lo que esta edición aniversaria de “El Carabobeño” desea indagar: ¿En qué medida Venezuela es extensión de ese hogar que todos sus pobladores tenemos? Supongo que la respuesta dependerá del rasgo de funcionalidad familiar que elijamos. Yo me voy a enfocar en la que antes señalé como ejemplo: ¿Está nuestro país ayudando a que los proyectos de vida de sus habitantes puedan concretarse dentro de sus límites territoriales?

La más reciente experiencia: Un sencillo almuerzo con tres ingenieros electricistas desempleados.

La última vez que fue solicitada mi colaboración ad honorem para dictar un curso de pregrado en mi escuela, me tocó un pequeño grupo de alumnos del último semestre. El nivel de convivencia que alcanzamos a construir fue excepcionalmente grato. Dos de ellos se convirtieron en mis tesistas, pero también a otros ayudé en la realización de sus proyectos de grado. Transcurridos pocos meses después del acto de grado, al cual asistí motivado por ellos, recibo una inusual llamada telefónica. Me invitan a un almuerzo. No quieren que se pierda la relación, me dicen. El encuentro se da en la feria del Veneto. Resultó inevitable que cayéramos en el tema de la falta de trabajo. No sólo ellos, todos los jóvenes de la promoción de la escuela seguían desempleados, excepto por una de las chicas; también se refirieron a egresados que conocían de otras escuelas: su situación era muy similar. Uno de mis tesistas está dedicado a la administración de un negocio familiar de crianza de cerdos, le da más dinero de lo que podría ganar como ingeniero recién graduado, pero me confiesa su preocupación de si no podría ir progresivamente perdiendo su profesión. Es brillante, en cualquier país del mundo, con una actividad económica medianamente normal, le auguraría un prometedor futuro desarrollando la excelente competencia tecnológica que ha alcanzado en nuestra universidad. ¿Qué le puedo decir?

Las otras dos chicas también poseen en su haber una sobresaliente formación profesional, una de ellas reconoce que ha comenzado a evaluar la opción de irse del país. ¡Qué insensatez! Nuestras mejores universidades, que tanto le cuestan al erario venezolano, producen buenos profesionales para otros países. Cómo culparles porque consideren concretar en otros lares el proyecto de vida profesional para el cual decidieron prepararse. La conversación sigue rodeada por un halo de tristeza mal disimulada. Les prometo, sin albergar mucha esperanza, que les ayudaré a conseguir alguna oportunidad de trabajo. Ellos muestran más interés en que les hable de cómo son las cosas afuera, en que les cuente de mi experiencia madrileña.

Mi experiencia como cofundador de la Plataforma Democrática de Venezolanos en Madrid.

Industrióloga de la UCAB, economista de la UC, abogado de la Santa María, ingeniero de la Simón Bolívar… imágenes de carne y hueso que efluyen espontáneamente de mi memoria de esos tiempos de activismo. Jóvenes venezolanos, de todas las profesiones, de todas las universidades, llegados a Madrid en busca de una oportunidad que les permitiera concretar el proyecto de vida que sentían ya no podían realizar en su país. Todos buscaban el contacto con el movimiento, querían manifestar a viva voz su frustración, algunos colaboraban más, otros menos, comprensible, considerando el diario compromiso de luchar por la sobrevivencia de su proyecto personal en país extraño. Una excelente periodista, egresada de la UCV, ganaba, cuando podía, ocho euros la hora limpiando salas de cine, como las de “Cines Unidos”, pero no cejaba en su empeño en luchar, desde la distancia, por un entrañable pedazo de tierra que había dejado de ser su hogar. También: un poeta falconiano y un novelista larense ya convertido en doctor salmantino. Algunos no pudieron, regresaron, no sé con cuánta tristeza o con cuánta alegría. Otros, todavía están allá, han conseguido un nuevo país- hogar donde trabajan todos los días por realizarse. Sus ojos miran con creciente lejanía a esa insensata patria de la que, todos los días, parte de sus más valiosos hijos se escapan. ¿Cuántos volverán algún día?

Mi recomendación final en el Veneto

Sobre este desastre, ya existen fríos datos de la pérdida para el país que representa ese derrame de cerebros que no se alcanza a ver cuándo se taponeará. Les dejo a otros la exposición de los datos, la cuantificación de lo irreversiblemente perdido, prefiero el vívido testimonio de lo experimentado con asombro y creciente tristeza, máxime cuando la férrea decisión también se engendró en dos de mis hijos.

En el 2003 observé con impotencia cómo mi pensión jubilatoria se reexpresaba en moneda dura a un cuarto de su antiguo valor, hora de regresar, también en una edad donde la valoración de lo qué es para uno el país- hogar tiene que ser distinta a la de los jóvenes. Regresamos los padres, se quedaron los hijos y algunas habitaciones vacías de un arrendado viejo piso madrileño donde podían caber los corotos y los muchos estantes de libros. Nuevo proyecto de vida, luchado y forjado con las palabras. Mientras las habitaciones vacías pasaron a ser ocupadas por jóvenes médicos, también ellos, ahora, se escapan. Piensan en el MIR, en sus postgrados y, en general, son bien valorados.

A mis apreciados interlocutores del Veneto – al momento que esto escribo todavía no he podido conseguirles nada-, les narré muchas más experiencias individuales, sólo correspondientes a compatriotas que habían logrado consolidar su estadía, al final sólo les dije: es una decisión muy individual, es dura, se puede pero es muy duro. Bajó la tristeza: son mis hijos y los “como mis hijos”, son los hijos de tantos y tantas como uno, que cada vez somos más. Algunos preferimos decir que estamos contentos porque ellos estén allá, luchando por hacer verdad su proyecto de vida que un poco bastante nos excluye. Ocultamos la tristeza por el desmembramiento de la familia, disimulamos la rabia que nos embarga el reconocer que esta nueva Venezuela no sabe ser hogar para nuestros hijos.

jueves, 8 de julio de 2010

Incongruencias

Incongruencias
Asdrúbal Romero M.

¿A quién critico: a Chávez o lo malo de la Oposición? Les confieso que es un dilema que a veces confronto cuando escribo. A Chávez ya lo critica bastante gente y bien, además, sigo insistiendo, representa el pasado que en cualquier momento comenzaremos a vivir. Me preocupa más lo incierto del futuro: qué viene después de este nefasto régimen. Me angustia que la Oposición, siendo gobierno, nos termine engendrando un chavezote. ¿Qué me conduce a pensar esto? El observar que pretenden colarse como figuras emblemáticas de la Oposición: habilidosos politiqueros con agravados vicios, cuando los comparamos a los que en el pasado causaron este espantoso viaje que no terminamos de padecer. ¿Exagero? Como respuesta me remito a una anécdota universitaria en tres actos, escrita en clave de ficción pero inspirada en hechos reales.
Primer acto: El discurso en el aula
En plena clase, entran, abruptamente, un grupo de estudiantes con el objetivo de invitar a los alumnos a que se monten en los autobuses ubicados en la entrada a la Facultad. Una lejana sinfonía de cornetazos anuncia su disponibilidad para llevarlos a una marcha de la oposición. El profesor tímidamente se repliega, como es muy habitual ahora: no se atreve a protestar sus pésimos modales. El más grandulón de ellos se dirige a sus compañeros y les lanza un trillado discurso sobre la Autonomía Universitaria. A ninguno de los escuchas le queda claro cómo esa retahíla aprendida de palabras, mil veces repetidas, se articula con sus decadentes laboratorios; con los frecuentes paros; con el desastre de los baños; con que cada vez, con mayor frecuencia, tengan que sentarse a ser mudos testigos de la mediocridad intelectual de imberbes profesores. Cumplida su misión, los supuestos dirigentes abandonan el aula, sólo ellos, nadie se mueve de sus pupitres. El profesor retoma su clase. Ni él ni los alumnos comentan algo sobre lo que motivó la interrupción.

Segundo acto: Sólo un autobús se va a la marcha y los alumnos discuten

Medianamente lleno. Sólo uno. La clase ha terminado y un grupo de los que estaban en el aula se encuentra en un cafetín, desde el que se puede ser testigo de la pobrísima convocatoria a la marcha. Comentan entre ellos la partida del autobús. Una de las chicas, buena estudiante y percibida por sus compañeros como un tanto ingenua, dice: Debimos haber asistido a la marcha. Mis padres siempre cuando conversan sobre política se preguntan: qué es lo que nos hace ser tan apáticos que no protestamos por lo que ocurre en el país. Seguro que ellos eran de los que antes siempre iban a las marchas y hasta se enfrentaban a piedras con la policía –le replica una amiga-. ¿Y por qué no fuiste? –le pregunta uno de sus compañeros-. Nadie se movió, si al menos algunos se hubieran levantado, yo les habría seguido –fue la respuesta-. Nadie va a seguir a esos tipos –interviene ahora el que parece más curtido de ellos-, cuántos del curso no les habrán pagado a alguno de ellos para que le tramitaran por arriba un cambio de sección o la inscripción en una materia sin tener la prelación aprobada. La que primero habló se muestra sorprendida. El problema, María Teresa, es que tú eres buena estudiante y nunca has tenido que enredarte en esas vainas. Pregúntale a Alfredo que pagó 30 y le fue bien, o mejor: pregúntale a Enrique que cayó con la misma cantidad y lo engañaron. Como que se les trancó el serrucho con las nuevas autoridades de la Facultad, pero ellos tan campantes no devuelven los reales. Cuando fue a reclamarles, arrecho, le sacaron una pistola, “tú, piazo e guevón, trágate tu arrechera y cierras bien tu geta”. A partir de allí otros miembros del grupo comenzaron a narrar otros casos de los que se habían enterado. Nadie reconoció haber sido activo participante en alguna de esas estafas académicas. María Teresa que no lo podía creer. Ana Julia quiso encauzar la conversación desde la perspectiva de la ética pero no tuvo mayor éxito. Otro de los del grupo que había permanecido callado remató: Si esos van a ser los líderes de la Oposición, me quedo con Chávez. Quién sabe, a lo mejor tenía su corazoncito oficialista bien escondido y sus compañeros no lo sabían, todos asintieron a su lacónica pero contundente reflexión. Al día siguiente, aparecían en el periódico, dando declaraciones, dos de los que habían entrado al salón -fotografiados al lado de una autoridad universitaria y otros importantes líderes regionales de la Oposición-. Los padres de María Teresa le enseñaron el reportaje, preguntándole porque de los miles de estudiantes que tenía la Universidad no había asistido ni el 1%. Ella sintió pena ajena, prefirió no decirles nada.
Tercer acto: Un cafecito con las rectoras de la UCV y UC
Quien se toma el café es quien escribe, en un desayuno de la AVERU, así que este tercer acto proviene de la vida real. Lugar: la Estación Inglesa del Rectorado.
Le pregunto a la Dras Cecilia y Jessy si conocieron el caso de Julio Soto: un ex presidente de la FCU de la Universidad del Zulia que fuera asesinado, ensalzado post mortem por muy escasos días y, finalmente, sindicado de dirigir una mafia millonaria con la corrupción en el manejo del subsidio del transporte estudiantil (para mayores detalles leer mi artículo en el blog www.quepasaenlauc.com “¿Quién fue Julio Soto?”). Las dos rectoras me respondieron, inmediatamente, que estaban al tanto. Fue entonces cuando les manifesté mi preocupación por, las que yo consideraba, excesivas expectativas del país en el movimiento estudiantil. Temía, así les dije, que ese fenómeno de corrupción a nivel de la dirigencia estudiantil pudiera estarse dando en otras universidades autónomas. Les dije que era muy peligroso para la Oposición que se ensalzaran figuras inmersas en tal corrupción, porque el Gobierno se aprovecharía de ello para desacreditarla moralmente; que las autoridades rectorales debían asumir un rol de vigilancia en ese problema específico. La Rectora de la UCV me manifestó que ellos se habían cuidado mucho de apoyar a figuras emergentes que fueran bien frescas. Expresó tener plena confianza en Roderick Navarro, el nuevo presidente de la FCU de esa universidad. Creo recordar que dijo que “ponía las manos sobre la candela” por ese muchacho. La Rectora de la UC no me dio su respuesta, no por no querer dármela, sino porque en ese momento fuimos interrumpidos e invitados a pasar al salón de sesiones que la reunión ya comenzaba. No importa, después de todo: las palabras son las primeras que se lleva el viento. Ahora, cuando han surgido incontrovertibles pruebas de la corrupción académica de unos representantes estudiantiles ante el Consejo Universitario y miembros de la FCU, es cuando se requieren, de parte de la Comisión Electoral Universitaria, de las Autoridades Rectorales y del Consejo Universitario, respuestas contundentes y sin vacilación. Estaremos pendientes, mientras tanto predicando que la Oposición debe ser sana sanita, sanita en alma, vida y corazón.