jueves, 27 de junio de 2013

De nuevo, sobre la situación política en Carabobo

¿Un Aveledo para Carabobo?

Asdrúbal Romero M.

Soy un firme convencido que el eje central de la propuesta política que debiera presentársele al país tendría que sustentarse en el federalismo descentralizador. De la redistribución del poder político hacia las regiones que ello implica, se generarían los escenarios para una mayor eficiencia y control ciudadano de la gestión pública, mayores índices de participación y desarrollo de ciudadanía e, incluso, el surgimiento de liderazgos emergentes que pudiera fungir de contrapeso al excesivo poder central. Por esta razón, accedí a la invitación que me hicieran los fundadores del Observatorio Venezolano de las Autonomías para ejercer  la presidencia pro tempore de esta ONG.
 Ahora bien, para que la propuesta federalista asuma un cierto protagonismo en el debate político a nivel nacional, luce lógico y natural que su empuje provenga de las regiones. A estas alturas del proceso tendiente a lograr un cambio en el país, a uno le gustaría ver unas plataformas políticas fortalecidas en el ámbito regional, dispuestas a asumir con mayor autonomía y responsabilidad la gestión política en el plano local. A estas alturas, quisiera ser testigo del accionar en los distintos estados, o al menos en los estados más importantes, de unas mesas de la Unidad Democrática regionales más funcionales y consustanciadas con el rol político que ellas, ya, deberían estar jugando en sus respectivos ámbitos.
Esa funcionalidad a la que me refiero, demandaría, entre otras iniciativas, el fortalecimiento organizacional de las MUD regionales con comisiones técnicas, de forma similar a como lo implementó la MUD central. Lo bueno hay que imitarlo: en Caracas se integraron comisiones en las que participan muy distinguidos profesionales expertos en distintas áreas y de cuyas deliberaciones se nutre la mesa de los partidos. Seguro estoy que en la mayoría de los estados también se puede contar con gente muy valiosa y además interesada en participar en la regionalización de los grandes temas.  Aquí en Carabobo, por ejemplo, sería muy interesante instalar una comisión de seguimiento de la gestión de gobierno de Francisco Ameliach. En verdad que no sé si será por su inclinación a mantener un bajo perfil comunicacional, que no logro enterarme de los logros de sus inicios de gestión; lo curioso es que, al parecer, tampoco existe una oposición que se ocupe de señalar los aspectos negativos, porque tampoco logro enterarme de éstos, aunque suponga que los habrá, habida cuenta de lo, endiabladamente, complicado que está el país.
Así como se debe imitar lo bueno, las MUD regionales deberían intentar superar las debilidades que todavía aparecen en la lista de los “debe” de la MUD central. La más notoria, ya lo señalaba, muy oportunamente, Jose Antonio Gil Yépez en su libro “Cómo ganar o perder la elección presidencial de 2012”: la falta de acompañamiento a la sociedad civil en su lucha social. Lo reitera Jesús Petit Da Costa en su blog: Hay un divorcio evidente entre la “partidocracia”, ocupada en las municipales, y la sociedad civil que sufre las inclemencias de una crisis económica y social sin antecedentes. Consecuencia de la no incorporación efectiva a la alianza de los partidos de los diversos entes representativos de ese quehacer civil, académico, social y económico que deambula fragmentado, en espera de una dirección política que le confiera organicidad a su lucha.
 Retorno a Carabobo para señalar un ejemplo de este divorcio: los universitarios libramos una lucha agónica y qué han dicho al respecto los personeros de la MUD carabobeña. ¡Nada! ¡Mudez total! ¿Ha visto usted a alguno de ellos acompañarnos en nuestras actividades de protesta?
Las MUD regionales, por ser entes políticos más cercanos a la sociedad, deberían tener una mayor potencialidad para hacer suyos los problemas de la gente y encauzar su descontento. No sé si esto esté ocurriendo en otros estados del país, pero no aquí en Carabobo, definitivamente. Cuando uno indaga sobre las posibles causas para esa reinante orfandad política, obtiene informaciones que apuntan a una obstinante lucha interna por el poder. Es verdad que la MUD carabobeña nunca ha funcionado como debiera. Antes de las elecciones presidenciales de octubre y las regionales para elegir gobernadores, se rumoraba que la MUD era teledirigida desde la Quinta de Carabobo con una cierta inoculación de sustancias anestésicas. Se produjo un vacío y la designación de un nuevo coordinador, el Alcalde Scarano, pero por ser él un evidente contendor de la lucha política por el trofeo del poder regional, no pareciera ser el personaje indicado para alcanzar los consensos que se requieren, no sólo en aras de canalizar una selección concertada de candidatos a las Municipales sino en aras de desarrollar esa inmensa tarea de dirección Política, sí, con P mayúscula, que se demanda en este estado.
¿Se requiere entonces de un Aveledo para Carabobo? Todo pareciera indicar que sí. Aclarando que la referencia al apellido involucra la búsqueda de un líder integrador que no aspire a cargos de elección en el contexto regional, con la suficiente capacidad negociadora para lograr consensos y la visión necesaria para estructurar una plataforma política regional con la suficiente fortaleza para hacer verdad la consigna: la política para Carabobo la hacemos los carabobeños. Si no alcanzamos esa madurez política, cómo podemos darnos a respetar de los que siguen sosteniendo la tesis de que Venezuela debe ser dirigida con una óptica centralista. ¿Cómo así le damos fluidez a la propuesta federalista?
Algunos me acusarán de contradecirme. En un artículo previo señalé que la transición de Aveledo al frente de la MUD central debía concluir –a pesar del respeto que me merece su ejecutoria-. ¿No se suponía acaso que la Oposición había conseguido, finalmente, su líder indiscutido? ¡Debía ser Capriles quien se pusiera al frente de la vocería de la Oposición! Reconozco haber puesto en revisión esta tesis mía –difiero mis razones para otro artículo-. En todo caso, en Carabobo, hoy día no contamos con un liderazgo que se aproxime al de Capriles. Conseguir a un Aveledo es un asunto urgente.




jueves, 6 de junio de 2013

¿Hasta dónde llegará la farsantería?

Derogatoria de la Ley de Gravedad

Asdrúbal Romero M.

Un tribunal ordenó fin del paro de “pobresores” en el Pedagógico de Caracas. Sentencia con la cual dio respuesta a un recurso de amparo introducido por tres estudiantes, seguramente oficialistas, que demandaban por la violación a su derecho al estudio. Cuando leí esta noticia (El Nacional, 4/6/2013) me vino a la mente una delirante escena en “Árbol de Luna”, una novela de Juan Carlos Méndez Guédez, barquisimetano residente en Madrid que se ha convertido, a fuerza de tenacidad y brillantez,  en uno de los más destacados representantes de esta nueva generación de escritores nuestros.
 Ocurre en Barquisimeto: una severa escasez de agua ha concitado una protesta estudiantil que apunta a generar un ambiente de exaltación peligroso para el partido que está de turno en el poder (transitan los tiempos de la Cuarta). El Presidente llama a Gerardo, un típico maniobrero “componelotodo” que, en ese momento, se encuentra en Maracaibo montando un negocio de compra de unos tanques militares viejos por el cual recibirá una comisión. Aunque teme que a los larenses no se les haya olvidado todavía lo de las maquinas quitanieve que le había vendido al Alcalde de la ciudad, no le queda más remedio que trasladarse. Se incorpora a una reunión de la Asamblea Legislativa, la gritería es total, pero él, con sus habilidades, logra que todos se callen para escuchar el informe del Ingeniero Municipal. Al joven no le queda otra sino reconocer que el acueducto recientemente construido padece de un serio problema: la ley de la gravedad no permite que el agua llegue, ¡no tiene la presión suficiente! El tal Gerardo consigue inspiración en su repertorio de farsanterías y grita: “Señores, el bien de la Patria nos exige acabar con esa maldita ley que evita que crezcan las flores en los corazones y en los jardines de nuestra gente”. Acto seguido: propone la derogatoria total de la ley de la gravedad en todo el territorio de la ciudad de Barquisimeto. Después de algunos cuchicheos entre los diputados, todos alzan ardorosamente sus brazos, incluyendo los de la izquierda que eran minoría, y así, por unanimidad, la ley queda derogada.
Cuenta Estela Dublín, protagonista y amante del Gerardo, que cuando se montan en el avión para regresar a Caracas, el piloto le llama para consultarle si la eliminación de la ley de la gravedad afectaba también a las líneas aéreas. Por supuesto que les recomiendo lean la versión original, mucho mejor construida e hilarante que esta sintética versión libre que me he atrevido a compartir con ustedes. Como ésta, se encuentran en la novela otras tantas anécdotas que confluyen en trasmitirnos una revisión paródica de nuestra historia política contemporánea. Se trata de un “país atenazado por la falsedad política”. Seguro estoy que Juan Carlos no confrontaría problema alguno  para surtir una segunda parte de su original novela, con un renovado y formidable anecdotario gestado en estos tiempos de la Quinta. Si en algo se han destacado, ha sido en superar con creces todo aquello que con tanta energía criticaron cuando eran minoría.
Cualquier gobierno democrático entiende que la bondad o perjuicio del impacto de su manejo macroeconómico sobre los bolsillos de los trabajadores tiene que ser, naturalmente, sometido al escrutinio de éstos en las mesas de negociaciones. Si las políticas económicas resultan en un fracaso del tema inflacionario, es cuestión, simplemente, de ponerse en el lugar del otro para asumir que tendrá que sufragarse el costo, de ese fracaso, mediante su sometimiento a un proceso de negociaciones mucho más arduo y en el cual, muy probablemente, se verá visto obligado a ceder incrementos salariales más elevados. Es una verdad de Perogrullo, pues bien: este régimen que nos preside se resiste a aceptarlo como un hecho lógico y natural. No suficiente con ello, cuando se ve presionado a conversar: también pretende seleccionar a sus interlocutores y desconocer el legítimo derecho de los trabajadores  a decidir libremente quiénes ejercerán su representación. En el caso de la problemática del sector universitario, no albergo duda alguna que a la Federación de Asociaciones de Profesores Universitarios de Venezuela (FAPUV) le autentica un prolongado, y profusamente documentado, aval histórico para ser reconocido como la natural contraparte en las conversaciones sobre el tema salarial. Si algún cuestionamiento pudiera hacérsele a los representantes de FAPUV, en el sentido de tener demasiados años en sus cargos representativos, es consecuencia de la maldita treta, también de este régimen, de maniatar a través del CNE el funcionamiento democrático de la mayoría de las organizaciones gremiales y sindicales de este país.
A pesar de los elementales argumentos señalados, el recientemente designado Ministro para la Educación Superior (otra treta muy utilizada por este gobierno para dilatar lo ya desesperadamente impostergable es designar, a las puertas de un conflicto, a un nuevo rostro de autoridad) insiste en no reconocer a FAPUV o, en el mejor de los casos, remitirla como simple oyente a una mesa que tienen montada desde hace tiempo con sus sindicatos amigos. Este simple hecho ya justifica el Paro Universitario, otra cosa es que sea una herramienta estratégicamente efectiva frente a un régimen tan abusivo como el que sufrimos (sobre esto albergo ciertas dudas: cómo no tenerlas ante un gobierno que ya decidió quitarse su máscara de democrático).
Lo cierto es que estamos frente a un estruendoso fracaso económico del Gobierno que, evidentemente, nos conduce a un acelerado empobrecimiento de todos los asalariados compatriotas, sobre todo: de los adscritos al sector público. No obstante: se insiste en no dar la cara; en desconocer a la otra parte; en pretender tapar el sol con un dedo apelando a subterfugios como el desvergonzado argumento que el tema salarial universitario no es asunto de su incumbencia o ese  de mandar a unos estudiantes a demandar la violación de su derecho al estudio. ¿Para qué contamos con todo el aparato judicial rodilla en tierra? –dirán ellos-. Cualquier juez sensato e independiente se habría pronunciado sobre la imposibilidad de otorgar un amparo ante la evidente colisión de dos derechos constitucionales. También los “pobresores” tienen el derecho constitucional de recurrir a la medida extrema, habida cuenta de que ni siquiera un espacio les es concedido para plantear su justa queja laboral. ¿Qué nos extraña? Este régimen viene recorriendo, desde hace mucho tiempo, un camino empedrado a punta de falsedades. Recurrirán a la interpretación sesgada de las leyes; harán nuevas de ser necesario y cuando se les oponga a sus designios una ley física, como la de la gravedad, den por seguro que la derogarán. Así, próximamente, nos verán a todos flotando indefinidamente.



lunes, 3 de junio de 2013

Esta vez mi opinión la doy en video



En mi entrevista con la Dra. Rosa Indriago en su programa Encuentro Académico tuve la oportunidad de dar mi opinión sobre el actual conflicto universitario. Deseo rescatar de ese segmento: el que se aprovechen las energías de esa gran cantidad de profesores jóvenes que realmente están motivados en su lucha y que han logrado convencer a muchos estudiantes de que les acompañen porque su lucha no es sólo salarial sino por la Universidad que estamos perdiendo, que además de protestar organicen foros o asambleas donde se discuta también la muy grave problemática interna de la Institución.

martes, 28 de mayo de 2013

Con retardo, pero nunca es tarde cuando la dicha llega

Kuznets y Gini en el facebook

Asdrúbal Romero M.

Leí un comentario muy inusual en las redes sociales: “En todas las discusiones que he tenido con los adoradores de Chávez y su ‘paraíso socialista’ que viven en el extranjero, todos tratan de chapearme con el mentado índice Gini. Todos citan el condenado índice como el Santo Grial que prueba en forma definitiva como todos los que criticamos a Chávez (incluidos los venezolanos que vivimos acá) estamos equivocados (y que somos, indudablemente, seres demoníacos)”. Sorprendente en verdad: conseguirse con un texto como este en el Facebook; no pude evitar la tentación de entrar en el coloquial intercambio entre unos jóvenes, al parecer, con llamativa inquietud intelectual. Les sugerí una tarea, la cual pretendo resolver, lo más sencillamente que pueda, en este artículo.
  El índice de Gini es un indicador de la desigualdad en los ingresos de los pobladores de un país. Un valor de cero se corresponde con la perfecta igualdad (todos perciben los mismos ingresos) y un valor de cien se correspondería con la hipotética desigualdad perfecta (una persona percibe todos los ingresos y los demás nada). Es más sofisticado que el indicador que utiliza el Banco Mundial para medir la desigualdad social, resultante de dividir la suma de los ingresos de los pobladores ubicados en el quintil más rico entre la de los ubicados en el quintil más pobre. En todo caso, debería quedar claro, ahora, porque a los defensores de las políticas oficialistas les encanta que Venezuela se ubique en el puesto 84, mientras Chile está posicionado mucho más atrás, en el 141, en una lista ordenada de menor a mayor índice de Gini de todos los países del mundo. ¡Como en Chile hay más desigualdad, nosotros estamos mejor!
Al respecto, recordé lo que sostenía Simon Kuznets, Premio Nobel de Economía de 1971. Analizando la relación entre crecimiento económico y desigualdad social, él defendía la hipótesis de que la misma iba cambiando según fuera el grado de desarrollo de las naciones. Si nos vamos a una aldea tribal en África, independientemente de las desigualdades políticas que podamos conseguir –no es igual el estatus del reyezuelo o del hechicero que el de los demás-, en el plano económico todos serán pobres. En las sociedades premodernas se daba la coincidencia de un bajo nivel de desarrollo y un bajo nivel de desigualdad social. Sin embargo, eso cambia cuando se inicia el proceso de desarrollo económico. En la primera etapa se da lo que Marx denominó “acumulación primitiva”. Los acumuladores comienzan a enriquecerse antes que los demás. La desigualdad económica, por lo tanto, se instala en el sistema. Es la durísima etapa donde crecimiento y desigualdad avanzan simultáneamente, que fue lo que suscitó la severa denuncia moral de Marx.
Cuando se llega a un cierto nivel de desarrollo económico, la desigualdad social comienza a bajar. Kuznets señalaba dos razones para ello. En primer lugar, una estrictamente económica: como a los industriales “acumuladores” les interesa un mercado creciente en el que puedan colocar su producción, les conviene aumentar los ingresos de sus propios trabajadores a fin de convertirlos en consumidores. Un juego de suma positiva, donde todos ganan. Aludía, como ejemplo, a la revolución del industrial norteamericano Henry Ford.  Pero también hay una segunda razón de orden político: como los países económicamente desarrollados tienden a democratizarse tarde o temprano (averigüen si hoy existe un país realmente desarrollado que no sea democrático), la votación de la mayoría más pobre pesa más que la de la minoría más rica y se genera una acentuación de las políticas distributivas.
Kuznets lanzó entonces su famosa curva de la U invertida, como una descripción gráfica de la evolución de la desigualdad en el curso de los procesos de desarrollo económico. Cuando los países son muy pobres, se ubican en el piso de la primera “pata” de la U invertida.  Fue lo que ocurrió con la India, que a raíz de su independencia se acogió a un socialismo precapitalista. Debido a esa tradición política, en 1995 todavía ocupaba un excelente lugar en la lista ordenada de menor a mayor desigualdad, un excelente 4,7 (índice del BM), pero su producto territorial por habitante era apenas 300 dólares.  Repartía bien, sí, pero migajas. Hoy eso está cambiando, al igual que China, un excelente ejemplo de lo que ocurre cuando la acumulación crece a la par que la desigualdad. Todo el mundo habla de los “nuevos ricos” chinos que les encanta comprar bolsos de Louis Vuitton y vehículos Ferrari, mientras que una gran parte de su población se mantiene todavía en escandalosos niveles de pobreza. Fue el caso de Brasil  que creció espectacularmente durante la dictadura militar (1964 a 1985), pero en 1995 tenía la relación de desigualdad más alta del planeta: ¡un descomunal 32,1!
Después de alcanzar el lomo de la “U” invertida, se da una tercera etapa donde la desigualdad comienza a bajar por la segunda “pata”. Se comenzarán a reflejar desigualdades semejantes a la de la primera “pata”, sólo que ahora irán acompañadas de niveles de vida incomparablemente superiores. Chile se encuentra en la bajada, su índice de desigualdad todavía es muy alto, peor que el de Venezuela, pero su PIB per capita es 18354 dólares (puesto 49 según estimados 2012 del FMI) y sólo 11% de sus pobladores se considera que viven en estado de pobreza. En nuestro país es el 30% y el PIB per capita es 13242 dólares (puesto 71). ¿Cuál de los dos países anda mejor?
La tarea que les sugerí a los chicos fue que revisaran la “U” invertida de Kuznets. Fue así como él y Corrado Gini se encontraron en el Facebook con mis jóvenes amigos, mientras recordaba mis tiempos de ocio madrileño leyendo a Mariano Grondona. El ensueño se convirtió en angustia: ¿Y será que éstos que nos gobiernan nos quieren retroceder a la India de 1995? Todos muy pobres, mendigando por migajas. ¡Si los dejamos!



viernes, 17 de mayo de 2013

Un cuento- ensayo o ensayo- cuento en seis actos: sobre el deterioro de la UC


Un Ojo en el Presente y el Otro en el Futuro

Escenas UC

Asdrúbal Romero M.

1.     Introducción: ¡Cómo crecemos!

En un artículo que leí recientemente, su prestigioso autor decía que los gobernantes en esta época debían siempre tener un ojo en el presente y otro en el futuro. Una imagen válida para resaltar la necesidad de que quienes nos gobiernen, siempre actúen con la conciencia del impacto de sus ejecutorias en el futuro. Pensé, por supuesto, en nuestro país; pero también, vino a mi mente nuestra querida alma mater.
Por varios años ya, las autoridades administrativas de la Institución han venido, reiteradamente en los medios, quejándose de la debacle presupuestaria más grave de todos los tiempos. Quizás lo sea, pero tales anuncios no se comparecen con la política de crecimiento irracional que venimos observando: más estudiantes; más contratación de profesores, empleados y obreros –por encima del ritmo jubilatorio-; nuevas carreras; nuevas sedes para las ya existentes, etc. Es como si la Institución padeciera de una enfermedad hormonal que le impidiera acotar su crecimiento, hasta un tamaño razonable y cónsono con sus posibilidades de financiamiento.
A raíz de una tensa discusión en el Consejo Universitario, se suscitaron comentarios críticos en reunión social a la que asistí. Es así como capturo la información que varios decanos se habían molestado en exceso al enterarse, en plena sesión, que la Escuela de Derecho estaba abriendo un primer año en el Núcleo La Morita. No sé si esa iniciativa cuente con la debida autorización por parte del CNU, ni si sea para el país prioritario ofertar mayores oportunidades de estudio en un campo profesional, evidentemente saturado, pero al preguntar si existía algún documento formal de planificación que se hubiese discutido en el máximo organismo, contentivo de una política de crecimiento de la oferta académica –en cuáles áreas crecer y las justificaciones pertinentes para hacerlo-, recibí risas sarcásticas como respuesta.  Para que no terminara de salir de mi asombro, el cual, reitero, tenía y tiene su razón de ser en la evidente contradicción con la “quejadera presupuestaria”, uno de los interlocutores  me dice: no se caiga hacia atrás Rector, Relaciones Industriales ya tiene alumnos a nivel de quinto año en La Morita sin la aprobación correspondiente por el CNU y también quieren abrir Economía. ¿Y dónde me dejas a Enfermería? –apunta otro-. Es decir: crecemos y crecemos, mientras la torta a repartir está cada vez más mermada por el efecto inflacionario. No puede, entonces, causarnos extrañeza alguna el perverso deterioro del funcionamiento académico ni que los “pobresores”, además de cobrar salarios infames, tengan que esperar lo nunca antes visto para ver concretados sus ascensos en nómina.
Cuando uno se pone a indagar cuáles pueden ser las razones que motivan esta especie de desorden bulímico, no se consiguen densos informes académicos que consideren las áreas de desarrollo del país en las que se requieren mayor cantidad de profesionales o los argumentos típicos que se estilan en esta clase de situaciones, no, lo realmente triste, es que la poderosa fuerza subyacente que motiva todas esas iniciativas tiene que ver con el hambre de votos. Es lo que impulsa esa alocada competencia por quién hace crecer más su respectivo feudo político. Cuando no existe un equilibrio de poder, esta competencia asume tal furia que llega, incluso, a generar un marcado sesgo en la distribución de los recursos presupuestarios hacia las facultades –sostenido en el tiempo además-, buscando favorecer a aquellas que pudieran servir de plataforma de apoyo al candidato de la continuidad en el poder. ¡Ay mi universidad, cuánto te pareces al país, así critiques mil veces lo que ocurre en él!

2.     El peligroso contagio del virus chavista

Una de las imágenes que más daño le ha hecho al país: es la del fallecido presidente Chávez resolviendo en cadena nacional algún complicado problema técnico o logístico, mientras conversa, improvisadamente, con sus ministros y realiza anotaciones en su cuadernito. A ver fulanito, si instalamos tantos megavatios aquí, y tú, menganito, te encargas de instalar otros tantos allá. Trazaba entonces una raya sobre el cuadernito, se quedaba un segundo pensando concentradamente para luego exclamar: ¡debemos instalar una línea! De cuánta capacidad, zutanito, y una voz temerosa surgía aventurándose a improvisar con una cifra. Lo que en otros países se resuelve utilizando complejísimos paquetes de computación, aquí se aparentaba resolver mediante el despliegue mediático del “Método del Bodeguero”. Ese desprecio por la complejidad técnica de los sistemas de apoyo al funcionamiento de los países modernos; esa priorización, siempre, de las razones políticas por encima de la racionalidad técnica y económica que demanda el manejo sistémico de las organizaciones humanas complejas fue lo que trajo al país al borde del abismo. Además, produjo un efecto colateral. Ese modo de proceder parece haberse contagiado a la mayoría de las autoridades en este país, sean del bando oficialista o del opositor. Asuntos que antes se llevaban con cierto apego a procedimientos formales y respeto a las normas pertinentes, ahora se resuelven al voleo, con prescindencia de las restricciones normativas, financieras o técnicas y sin medir cuál será su impacto en el futuro. En definitiva: lo que prevalece es el “si conviene políticamente, hay que hacerlo como sea y punto”.
Traigo lo anterior a colación, porque se relaciona con este nuevo modo de gestión universitaria de meter a más estudiantes donde no caben y contratar a más profesores así no se sepa cómo se les pagará en el futuro. En nuestra UC, a pesar de que su máxima autoridad, la Rectora, se identifica muy activa y visiblemente con la Oposición; que el Secretario se presenta todos los lunes con una ardorosa columna criticando al Gobierno; que los dos Vicerrectores también se identifican con el “Progreso”, aunque con mayor recato, y, en general, la mayoría de los Decanos y miembros del Consejo Universitario dicen ser críticos de este régimen, la Gerencia de la Institución viene evidenciando, cada vez más, que ha sido tocada por esa epidemia causada por el virus chavista de muy peligroso contagio. De vez en cuando, el Vicerrector Académico alza su voz disidente, pero muy apagada, para  criticar la forma cómo se está procediendo en cuestiones académicas bien delicadas. No es suficiente, la sensación que transmite la UC es de contagio total.
Consciente de que estoy siendo duro (no quisiera serlo tanto), necesito remitirme a ejemplos concretos. A escenas, como he subtitulado este artículo. Se referirán a lo que continúa ocurriendo en la Facultad de Educación. Creo no equivocarme, al señalar que la muy errada decisión de designar a la actual decana encargada (errada porque abortó las posibilidades de que se gestara un escenario de convivencia académica, política y democrática en esa facultad y por ser, claramente, ilegal), será reconocida, históricamente, como un punto de inflexión nefasto de esta gestión rectoral. Si anteriormente a esa decisión, podía señalársele de la carencia de una vocación racionalizadora del funcionamiento institucional, a la luz de la crisis presupuestaria en la que tanto insistían; lo cierto es, que con posterioridad a ella, han aflorado una serie de conductas que han desnudado a los lobos debajo de sus pieles de cordero. Muchos miembros de esta comunidad han podido apreciar de lo que son capaces y hasta dónde puede llegar su obscenidad académica con tal de sostener sus maniobras politiqueras. Ese “lograrlo por encima de lo que sea”, llevándose por los cachos lo que haya de llevarse, le induce a uno a pensar que el contagio ya iba por dentro, que era cuestión de tiempo para que comenzara a evidenciarse en aberrantes manifestaciones.
¿Por qué lo digo? Nada más designarla y consciente, la Rectora, que su designada contaba con un piso político interno de muy frágil estabilidad, decidió apuntalarla asignándole recursos presupuestarios para la realización de un macro concurso de oposición con el objetivo de cubrir doscientos veinte nuevos cargos docentes. ¡Se dice rápido pero hay que ver lo que cuesta eso! Cuando el proceso se haya completado, la Facultad sobrepasará por mucho el máximo tamaño de su plantel ordinario en toda su historia. Hecho éste que no se comparece ni con su crecimiento matricular (comparado al de otras facultades), ni con la crisis por la que tanto lloran, ni con las recomendaciones de racionalidad académica que, desde mi gestión rectoral, se plantearon con relación a la excesiva frondosidad curricular que venía gestándose en esa facultad. Explico esto: aunque en el papel FACE tiene una sola escuela, a través de la creación de nuevas menciones, y ahora submenciones (me enteré hace unos días de una propuesta sobre la submención Teatro), a esa facultad se le deja crecer como si tuviera no sé cuántas escuelas, cuando la racionalidad curricular lo que aconseja es reducir a nivel de pregrado el exceso de especialización. No obstante lo señalado, se me informa que hay en proyecto la apertura de un proceso adicional de concursos de oposición para cubrir cincuenta cargos a tiempo completo. Díganme ustedes: ¿Cómo se le puede dar credibilidad a las lágrimas de cocodrilos sobre la tan mentada crisis?  ¡Cómo! Cuando se nos exhibe, impunemente, un ejemplo de cómo se subestima la racionalidad académica y se le confiere prioridad al objetivo político asignándole una porción significativa de los muy escasos, supuestamente, recursos presupuestarios no comprometidos. ¿Qué tan diferentes somos de lo que criticamos?

3.     La cuestión moral

No suficiente con lo señalado anteriormente, que ya es grave, se vienen filtrando un conjunto de informaciones realmente alarmantes sobre la moralidad que adorna a tales concursos. Un nepotismo que raya en lo escandaloso y aprovecho para decir: que las graves acusaciones contenidas en este documento, son sustentables todas con datos, oficios, nombres y apellidos, que se podrían suministrar a una Comisión Ética, interna o externa, que se designara para una revisión integral de tales concursos.   Pero además, como miembro integrante de una comisión de IPAPEDI para revisar lo del Montepío, tengo la oportunidad de enterarme que buena parte de los “presuntos ingresos” comprometen seriamente el futuro de la Universidad, porque en número altamente significativo son personas con una edad no cónsona con lo que debería calificarse como un proceso constitutivo de una generación de relevo (este asunto, en particular, me ha generado una serie de reflexiones sobre la ruptura de la institucionalidad que compartiré con ustedes en otro artículo). En número nada desestimable, son profesores adscritos al Ministerio de Educación, unos cuantos jubilados y otros tantos próximos a jubilarse. Existen problemas de colisión de dedicaciones que deberían auditarse mediante un sano cruce de nóminas, cuyo alcance debería extenderse para incluir a quienes ingresaron en los concursos anteriores (casos concretos de “enchufados” con cargos de dedicación exclusiva adentro y afuera). En fin...
No se crea que es fácil criticar tan duramente a personas con las que se ha compartido o, en todo caso, tendrá que compartir en los archivos de la historia institucional; ni desligarse, en la condición de uno, de esa especie de chantaje implícito en cuanto a no criticar  a autoridades opositoras porque se le hace el juego al gobierno que es capaz de “mil monstruosidades peores”. Desde hace meses he sido recipiendario de las fétidas emanaciones: como gotas de una tortura china. ¿Escribo o no escribo? He ahí el dilema, hasta que ocurre un evento que nos impulsa a hacer lo correcto. Asumo una responsabilidad histórica, indestructible, con relación al futuro de mi universidad. A continuación: la primera escena.

4.     Escena primera

Lunes 13/05 en la mañana. A punto de entrar a una reunión de la Junta Directiva del OVA, recibo la llamada de una querida amiga. ¿Puedes hablar? Necesito hacerte una consulta –me dice-. Claro que sí, dale. No sé si sabrás que estoy como Jefe de Departamento. Si tú no me informas, difícil que lo sepa –le respondo-. Me lanza la pregunta: ¿Estoy obligada a darle carga a una profesora que ganó en los recientes concursos? El problema es que no tengo secciones para asignarle carga y me están presionando para que divida secciones.  Lo primero que se me ocurre preguntarle: ¿Y cómo es eso? ¿Esos concursos no fueron avalados por Auditoría Académica? No sé cómo habrán logrado el aval, pero no hay suficiente carga para asignarles a varios de los ganadores de los concursos, no es sólo en mi departamento. En ese momento, me menciona tres departamentos más.
Un inciso: no es la primera vez que percibo que Auditoría Académica ha perdido todo ese vigor institucional que tenía cuando nació como un ente bipartito autoridades- gremio. Eran los tiempos en los que el gremio se había constituido en el principal contralor de los excesos de las autoridades. Por informaciones de lo acontecido en otras facultades, considero que a Auditoría Académica, en vez de fortalecerle en el trascendental rol que debe jugar en el contexto de una crisis tan severa, se le ha debilitado hasta convertirle en un ente burocrático que sólo sirve para avalar hechos consumados e injustificables con significativa frecuencia.
Para hacer el cuento corto, en ese momento le respondo a mi amiga que si la profesora ha ganado un concurso, la Institución le ha creado derechos subjetivos por cuya satisfacción pudiera demandar a la misma universidad. No es culpa de la profesora que no se hayan aplicado correctamente los procedimientos previos a la apertura de los concursos. Seguro –le digo-, terminarán asignándole carga, pero cuídate tú de avalar eso. Recuerda que la cuerda revienta por lo más delgado. En estos tiempos tan precarios, actúa la Contraloría para revisar la asignación de carga y terminas tú pagando los platos rotos. Deja a salvo tu responsabilidad, que sean los que te presionan los que asuman la responsabilidad de ejecutar sus irregularidades. No puedo evitar la tentación de preguntarle: ¿Quién te está presionando? El Jefe de la Cátedra, supongo que siguiendo órdenes del Director de la Escuela, la profesora es su hija. ¿No fue ese señor el que metió dos de sus hijos? –una de las gotas de la tortura china-. Así es –me responde con tono de hartazgo-. Con el mapa del entramado de relaciones familiares y de intimidad concurrente en esos concursos, podría construirse un poema de la contracultura académica – lo pienso pero no le digo nada para no abrumarla más-.
La conversación concluye con una invitación suya a una nueva reunión con un grupo de profesores, a la cual accedo (ya son tres las veces que me reúno con la golpeada resistencia de esa facultad). Debo aclarar que para el momento de la consulta, supuse que la profesora que se sienta, pacientemente, en el departamento con su uniforme de bioanalista  a esperar que le den carga mientras cumple horario, tenía ya su oficio de designación por parte de la Rectora. El día de la reunión me enteré que todavía no. El proceso no se ha consumado, se está a la espera de la opinión del Vicerrectorado Académico. También tuve conocimiento que mi amiga había dado pasos en la línea de lo recomendado: se había dirigido a la Coordinadora de Auditoría Académica. La reacción de la Decana Encargada no se hizo esperar. Cual una Diosdada Cabello cualquiera, le envió un oficio prohibiéndole el envío de comunicaciones a cualquier ente externo a la facultad. Tanto le irritan que los oficios dirigidos al Consejo de la Facultad la califiquen de “Encargada”, que ha ordenado no sean recibidos. No me reconoces con el título que yo quiero para mí, te desconozco tu derecho a dirigirte a mi consejo. Cualquier parecido con ese mundo externo paralelo y bizarro que sufrimos, al menos, la mitad de los venezolanos, no parece ser, precisamente, una cuestión de simple coincidencia.
La conclusión fundamental de esta escena: Ya no sólo se trata de ambición política desmedida, ni de dudas sobre la ética con la que se han manejado concursos académicos, sino de gasto dispendioso de recursos públicos que bien pudiera justificar una averiguación por parte de la Contraloría General de la República.

5.     Escena segunda

Al siguiente día en la tarde, en la reunión. Informaciones van, informaciones vienen. Realmente siento que es horroroso todo lo que me denuncian. Es en ese momento, cuando surge mi convicción de escribir este artículo que dejó de serlo para convertirse en documento. Confío en lo que me dicen, pero, en todo caso, si sólo una de una de las denuncias fuera cierta ya se justificaría abrir una averiguación. Debería designarse una Comisión de la Verdad que recibiera todas esas denuncias, adonde estos profesores pudieran acudir. Quizás haya subjetividad en ellos, que les haga ver irregularidades donde no las hay, pienso, mientras me siguen sacando papeles y mostrando oficios, suministrándome pruebas. Más se refuerza en mí la tesis de que una comisión honorable de esta universidad debiera revisar todo ese cúmulo de situaciones que se abigarran en pavoroso escándalo académico. No es la primera vez, recuerdo los precedentes en dos procesos anteriores de concursos de oposición organizados por esa facultad. En ambos casos, el Consejo Universitario designó sendas comisiones, las cuales consiguieron abundante tela para cortar.
Me cuentan que el día anterior, el Consejo Universitario aprobó la reincorporación directa de una ex profesora ordinaria, que se había ido al exterior por dos años,  para dar clases en una cátedra cuya jefatura no le ha dado el visto bueno y que es distinta a la que en ella concursó. Hija de dos profesores influyentes, estaba a punto de que le abrieran un expediente por inasistencia a clases cuando renunció. Ahora, el mismísimo CU la premia permitiéndole pasar por “GO” sin pagar los doscientos. Si bien un profesor ordinario que haya renunciado, puede reincorporarse y readquirir su escalafón, debe cumplirse: primero, el reingreso a través de su cátedra originaria y segundo, al cabo de un año, la verificación que de manera permanente existe la necesidad de cubrir una carga académica en esa cátedra. La solicitante de la reincorporación ni siquiera ha comenzado a dictar clases por lo que, obviamente, el procedimiento previo no se ha cumplido. Y a Auditoría Académica la volvieron a dejar otra vez pintada en la pared. No sé, en verdad, qué les puede estar pasando a los señores miembros del Consejo Universitario, ya a estas alturas deberían saber que las solicitudes provenientes de esa facultad tendrían que ser tomadas con largas pinzas y analizadas con potentes binoculares. Entiendo que sólo el Vicerrector Académico salvó su voto.
Pero de todo lo que me cuentan, esta segunda escena es lo cumbre. Evidencia incontrovertible de la chapucería académica. A un salón de clase se presentan dos profesores, los alumnos son los mismos, la materia es la misma, ¡la sección es la misma! ¡Diooos, cómo puede explicarse esto! La materia es una sola: Proyecto Comunitario, pero es administrada por dos departamentos Orientación y Psicología. Abrieron dos concursos para la misma materia, a través de cada uno de los departamentos, con áreas de conocimiento y contenidos programáticos diferentes. Risas al fondo. ¿Qué tal? Dos profesores para una misma sección. Abundancia sobrevenida, que se lo expliquen a los profesores de otras facultades que andan pasando tanto trabajo.

6.     Cierre del telón

A lo mejor es que estoy siendo mal informado o es que, a mitad del período rectoral, les agarré tirria a algunas de estas autoridades. ¿Será? ¿Pero no creen ustedes que hay elementos suficientes en lo denunciado como para acercarse a averiguar que puede haber allí de verdad, sin entrar a prejuzgar cuáles pueden ser las malas intenciones de los denunciantes (me incluyo)? Elementos no sólo vinculados a la Ética Académica, sino también señalamientos concretos sobre el desidioso manejo de los recursos públicos, tan escasos y necesitados, y  la forma poco sustentada como se timonea la navegación institucional en estos tiempos tan convulsionados.
Creo que las autoridades, en especial la Rectora y el Secretario, deben reflexionar. Porque hayan cometido un desaguisado con la designación de esa señora decana, no deben auto condenarse  a permanecer enterrados en un hueco a recibir desde arriba arena a palazos –por no decir otra cosa-. Todavía están a tiempo de enmendar, para que lo de Educación no se les vaya más de las manos: la designación de una comisión que acometa una revisión integral y, sobre todo, un ojo de futuro para el manejo de la crisis con austeridad y racionalidad. Comprendan que muchos estamos, realmente, muy preocupados con respecto hacia dónde conducen a nuestra querida alma máter. Y ustedes, tampoco han lucido muy receptivos a permitir el escenario electoral.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Del Ing. Nelson Romero, duro, pero cargado de unas cuantas verdades.

INSACIABILIDAD
Ing. Nelson Romero Diaz
locuteur@hotmail.com


A temprana edad conocí las cualidades más constantes del Estado venezolano y, particularmente, de sus gobiernos, ellas son: I N E F I C A C I A e I N E F I C I E N C I A. Y, aquel momento apenas, era el inicio de los cuarenta primeros años de democracia representativa.
Ese período sirvió, entre todas las cosas buenas que ocurrieron, para que unos cuantos inmorales se hicieran de una riqueza súbita. Sirvió a otros tantos para esconder sus tropelías para luego irse al exterior a adquirir títulos nobiliarios porque la condición de Señor Ciudadano les resultaba insignificante. Sirvió a los creyentes de la Revolución Marxista Cubana, para tratar de imponer un régimen de terror en el territorio nacional secuestrando personas, matando soldados, estimulando golpes de estado de los cuadros medios y medios altos del Ejército y también, para darse cuenta, al fin, de que esa no era la vía para la conquista del poder. Sirvió para la consolidación del caudillismo en los partidos y por ello las generaciones de relevo no ascendieron, salvo que el jefe máximo lo ordenara.

El descrito estilo de vida política fue utilizado por un golpista del 4F para convertirse en un Presidente y conducir al país hasta donde está. Ténganlo por seguro: los ciudadanos venezolanos, por acción u omisión, tenemos una enorme carga de responsabilidad ética sobre el asunto. E igualmente, por omisión o acción, hemos creado las condiciones necesarias para que la venezolanidad sea una mácula y no un orgullo; para tener un país mal visto y ser miembros de la marginalidad económica, social y política universal.

Es probable que al cabo de siglo y medio, con el aumento de la población y un proceso poblacional selectivo natural, cambie la genética nuestra. Los historiadores escribirán sobre un período de 25 años, no tan bueno como aspiramos a que fuera, pero si tan malo cuyas secuelas han dejado un gran aprendizaje sobre los fracasos y saber para qué sirven los que no sirven.

Ahora bien, no hay una imagen, figura o efigie más parecida a mi concepto del Estado Venezolano que la representada por esas personas cuyo cuerpo pesa más de 300 kilogramos y son incapaces de moverse debido a esa condición. En estos, sus cuerpos conservan solamente dos piezas en su tamaño original: la cabeza y los pies. Lamentablemente para ellas y sus familiares, estas personas son insaciables dada su patología. Solo viven para comer ¡Y cómo sufren!

Pues bien, esa “obesidad”, esa deforme figura, por demás grotesca es, lo reitero, mi percepción acerca del Estado Venezolano. Ha crecido en grado sumo hasta ese bufo tamaño de la mano de anteriores administraciones, y exponencialmente durante la Administración Chávez, Ramírez, Castro, Rodríguez, Cabello, Ortega, Morales, Maduro y ¡uf! Tantos otros. Esa híperfagia estatal ha vuelto “pupú” la administración de los recursos ingresados al país.

Lo peor de todo, es la convicción abrigada por la gran mayoría de los venezolanos de que los actuales políticos gubernamentales trabajan para engrandecer la patria cubana antes que la suya propia. Han preferido ser faroles de la calle y oscuridad de la casa, accedido a entregar miles de millones de unidades monetarias estadounidenses de nuestros recursos a cambio de reconocimientos, loas y alabanzas del binomio del poder cubano, mientras la población criolla replica las colas del racionamiento cubano para comprar un paquete de harina pre cocida, un kilo de azúcar, dos paquetes de papel sanitario, uno de pasta, un pomo de limpieza dental, dos paquetes de galletas.

Les ha encantado que Castro les masajee el ego, sentirse queridos por él. Les agrada el rol de peones de una revolución que llegó al poder no a redimir a las personas más desfavorecidas sino a empobrecerles aún más; a someterlos a la voluntad del amo todopoderoso, a formar ciudadanos delatores de otros ciudadanos, aún siendo sangre de su sangre, a lo largo de más de medio siglo. Todo esto al cabo de más de 50 años, 19.562 días de años de 360 días y más de catorce mil días laborables.

Entiendo que el marxismo-leninismo-maoísmo-castrismo que siguen los socialistas criollos, sea una forma de vida. Sea un estilo. Pero eso es personal. Como política de Estado, han olvidado que en el Referendo convocado para votar el cambio de la Constitución del 2007, el pueblo dijo NO al cambio de origen del Poder Popular y demás aspectos. Eso fue calificado como una “victoria de mierda” por parte de Hugo Chávez Frías en medio de una cadena de Radio y TV con niños atentos a sus palabras. No obstante esa resultado, los conductores del país han menospreciado la voz ciudadana y mediante “decretos y resoluciones” otorgados por la vía de lo “emergente” han ido arrimando las costas venezolanas a las cubanas. ¿Será para que les resulte más fácil a los de allá huir del desgraciado régimen de vida a lo que los han sometido?

La siguiente pregunta está dirigida a cualquier funcionario de Gobierno y a cualquier ciudadano: ¿Hasta cuando se dilapida el dinero?
Con tanto dinero enviado a las alforjas de otros gobernantes, se habrían embaulado cañadas, cursos de aguas, se habrían construidos plantas de tratamiento de agua servidas.
Por cada víctima del hampa, hay un mínimo de cinco o seis recordatorios de la madre de cada uno de los funcionarios de Alto Rango, miembros dedicados al problema de la Seguridad de los ciudadanos.
Cada día que los enfermos tienen que gastar sus pocas energías en un “tour farmacéutico” para adquirir los medicamentos de su tratamiento, se alienta un mal deseo contra los funcionarios que despotrican de la medicina venezolana y alaban a la cubana.
Por cada hora que pasan hombres y mujeres de la tercera edad frente a las instituciones financieras cobrando su pensión alimenticia, aumenta el rechazo a todo lo que sea estatal.
Y a esos funcionarios gubernamentales que hablan de solidaridad, de soberanía popular convénzanse que la gente no les cree, así vayan desde Miraflores hasta la Iglesia de El Recreo, en Sabana Grande, de rodillas, con los brazos en cruz, rezando el Credo.

En fin, este grotesco Estado Venezolano va a explosionar. Estallará en mil pedazos. Volará por los aires. Se reducirá a cenizas. Y nunca más regresarán al poder individuos manipuladores del sentimiento de la gente humilde, acomplejados afiebrados por el desquite social, desconocedores de las máximas reglas de la moral pública y mínimas luces del conocimiento. No tardará mucho.

Nelson Romero Díaz
3 de mayo de 2013
locuteur@hotmail.com