domingo, 16 de febrero de 2020

3era entrega-Algunos comentarios sobre gira del Pdte Guaidó



España y Venezuela

 

@asdromero

 

I-Lo importante es la MENTIRA 


Han transcurrido exactamente tres semanas desde que Guaidó estuvo en la Puerta del Sol y el tema de Venezuela no ha cesado de ocupar el tope protagónico en el escenario político- mediático en España. Esto, muy al pesar de la alta cúpula del PSOE que ya casi raya en la desesperación, a juzgar por las histéricas declaraciones de la Vicepresidente Carmen Calvo en un reciente evento político de dicho partido. Pidió a sus bases: “no desviarse de los temas importantes cuando quienes quieren la política sólo sea un combate inútil de cosas que a nadie le importan. Pongamos Venezuela. Pongamos Venezuela". Develó lo que verdaderamente piensa sobre nuestra tragedia y no es sólo ella.


Ahora bien, la persistencia del asunto no es tanto porque Sánchez no recibiera a Guaidó, cuando los más importantes líderes europeos sí lo hicieron. Si fuera sólo eso, ya habría pasado a olvido. No, lo que le ha inyectado furia al debate ha sido el misterioso encuentro del Ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, José Luis Ábalos, en el aeropuerto de Barajas con Delcy Rodríguez y sus cuarenta versiones. Tanto, que en la primera sesión de control de esta nueva legislatura al también novel gobierno de coalición, celebrada este pasado 12 de febrero, el Delcy-Gate consumió más tiempo que el ya demasiado manido tema catalán, lo cual es mucho decir. La defensa del Ministro fue muy mala, lo ha sido así desde la ocurrencia del infortunado evento para él –revelando insospechadas carencias- y aunque Sánchez lo intentó, no pudo evitar que toda la bancada del PSOE pasara un muy mal rato.



Eso les irrita como no tienen idea. De allí que hayan ingeniado un discurso político de defensa que podríamos sintetizarlo en las siguientes líneas: La Oposición, léase PP, VOX y Ciudadanos, desperdiciaron una inusual oportunidad de hablar de los temas que realmente importan a los españoles para ocuparse de un tema que no es prioritario como es el de Venezuela. En la línea, como pueden apreciar, de lo señalado por la Vicepresidente Calvo, sólo que esta le añadió unas cuantas gotas de su proverbial histerismo. A cuanto debate televisivo uno se asoma, representantes del PSOE y tertulianos afines esgrimen el mismo discurso. Todos lo repiten como si lo hubiesen aprendido en la escuelita, lo cual me recuerda a los chavistas. Y algunas veces, los representantes de la oposición y sus alineados tertulianos caen en esa manoseada trampa gobiernera de dar el debate en esos términos. No importa cuán trágica sea la situación que vivimos los venezolanos, nunca podrá ser un tema prioritario para muchos de los ciudadanos españoles que también confrontan sus propios problemas. En este momento, los agricultores y ganaderos por citar un ejemplo.  Pero lo que sí siempre será muy importante para todos los españoles es confiar en que sus ministros no les mientan.

No pueden, entonces,  dejarse encerrar en ese cuadrilátero discursivo (frame). Nunca lo que ocurra en Venezuela va a ser lo más importante acá. Y que conste que lo dice un venezolano muy aquejado. Lo importante es la MENTIRA. El Ministro mintió. Fue capturado flagrantemente mintiendo. Y volvió a mentir. Y volvió a mentir. Y ya se ha perdido la cuenta de cuántas veces ha mentido sobre el Delcy-Gate. Entonces lo que verdaderamente está en entredicho es si un muy alto representante del Gobierno es lo suficientemente confiable para los ciudadanos españoles como para continuar detentando ese alto cargo. En este sentido, creo que de los discursos políticos de opositores a Sánchez que he tenido la oportunidad de escuchar, el que ha acertado el dardo en el mero centro de la cuestión ha sido el de la portavoz del Partido Popular, la Diputada Cayetana Alvárez de Toledo, en la mencionada sesión de control (además con brillantez, quienes quieran darse un gustazo a través de los doce minutos de su intervención pueden verlo arriba o en: https://youtu.be/IWo-HVp2re0 ).


II- ¿Quo Vadis España?

 

Lo importante es el irrespeto con desidia y arrogancia, por parte de Ábalos, al valor sagrado de la Palabra Pública. Para quienes hemos seguido al devenir de la política española en estas dos recientes décadas, se nos ha hecho evidente la vocación de su élite política por impulsar el continuado mejoramiento de la calidad de la democracia española con el objetivo de ponerla a la par de la de  los países con mayor institucionalidad democrática. Y los avances en este sentido han sido sostenidos hasta ahora.


En materia de transparencia y lucha contra la corrupción, por ejemplo, España ha pasado de ser una democracia insegura que con temor daba sus primeros pasos, sin fuerzas suficientes para erradicar la muy probable corrupción de algunos de sus más poderosos actores políticos y lo que de ella se irradiaba hacia abajo, a una democracia donde el respeto a la Ley y al principio de separación de los poderes ha venido dificultando consistentemente la comisión de hechos de corrupción. Han tenido que caer peces muy gordos de la política, se me ocurre citar a: Jordi Pujols, el patriarca de la política catalana en aquellos tiempos donde el poder se ejercía de manera más omnímoda y Rodrigo Rato, precandidato por el PP a ser presidente, y así incurrir en el riesgo de un incremento de la desafección por el sistema a cambio de lograr la tan ansiada transparencia. Lentamente en el tiempo, se han venido procesando a nivel de los órganos de la Justicia casos muy feos de grosera corrupción, asociados varios de ellos a las imperfecciones de una todavía primitiva forma de financiar la actividad política.



Lo cierto es que, independientemente, de las acusaciones de corrupción que mutuamente se lanzan PPistas y PSOEistas como parte de esa tradicional forma circense de hacer política que todavía no se ha superado, España es hoy una democracia mucho más transparente y menos corrupta que la de tiempos pasados.

España se ha empeñado, y lo ha venido logrando, en superar esa taxonomía que muy importantes autores destacaron en modalidad comparativa sobre la cultura política en países anglosajones y los de raíz latina –donde nosotros, los de Latinoamérica estamos a la cola-. De este lado, redactamos las leyes más hermosas para luego incumplirlas.  La mentira campea en la palestra pública y es algo que se asume como normal. Y si nos dan la oportunidad, tratamos de manipular todos los poderes para alcanzar el más preciado trofeo de la política primitiva: el ejercicio omnímodo del poder -¡Cómo nos gusta!-. En los países anglosajones no es así, aunque por allí ande “nuestro” Trump queriendo romper el molde -lo de nuestro es porque al final los venezolanos tenemos mucho que agradecerle-. 

España ha querido parecerse a esas democracias más avanzadas. Rajoy pagó políticamente los casos de corrupción en el pasado de su partido, pero en paralelo,  los tribunales continuaron actuando con admirable independencia para destapar las sucias cañerías de esa democracia que se niega a morir. Más allá de las acusaciones mutuas y los escándalos, hay motivos para congraciarse aunque el duro combate político día a día no lo permita. Lo puede decir un observador como yo, cuyo punto de mirada es más distante. 

Como también puedo decir que ese proceso de avance hacia la mejor institucionalidad democrática siempre perfectible está hoy en peligro. Se está dando un mudo enfrentamiento entre el poder judicial, que continúa tomando sus decisiones con base a lo que está plasmado en las leyes y unos políticos que no entienden que primero hay que sentarse a cambiar las leyes si no quieren que ocurra eso que ellos denominan “judicialización de la política”. Cuando el Presidente Sánchez insiste en dialogar con Torra, un presidente de una autonomía que está inhabilitado por los órganos de justicia, está enviando un mensaje sin palabras hacia los responsables de hacer respetar las leyes. ¿Qué harán los Jueces: resistirán el embate o comenzarán a mirar hacia donde el viento les puede soplar más favorablemente?

Cuando el Presidente Sánchez dialoga con un partido -y los hace sus socios-, cuyos dirigentes están en la cárcel por haber cometido actos contra la Ley y, en consecuencia, haber sido condenados, les confiere la connotación de presos políticos. Envía otro mensaje en esa muda cruzada que ha iniciado para vulnerar y penetrar al Poder Judicial.  Además, haciéndole un muy flaco favor a la justicia de su país y debilitándola frente a la europea. Después, es contradictorio quejarse porque no se le respeta.

Es en este marco de irrespeto a la legalidad; de evidencias de haberse iniciado un proceso de vulneración del principio de separación de poderes, donde las mentiras de Ábalos resuenan con mayor rotundidad. En la España consensuada alrededor del propósito de alcanzar altos niveles de institucionalidad democrática, tales mentiras le habrían costado el puesto. Habría sido una calificación positiva en uno de los tantos exámenes a aprobar en ese curso de perfeccionamiento. En la España que inicia una peligrosa deriva hacia dónde preferimos decir que no sabemos para no lucir tremendistas, el enroscamiento del mentiroso ministro en su alto cargo es un examen que no se aprueba, un retroceso, o peor: una señal que a los actuales responsables de dirigir el rumbo del país no les interesa continuar el curso.


Transparencia; respeto a la Ley y al principio de separación de poderes; y la sagrada valoración de la Palabra Pública porque sin verdad no hay democracia, constituyen tres ejes transversales en el desempeño de una democracia que apuesta por mejorar. Lo de salvar a Ábalos de su flagrante delito contra la Verdad Pública, con prescindencia del contenido de su conversación con la representante del tirano Maduro y sus implicaciones, es otro indicio más de que a Sánchez y al PSOE actual no les interesa esa apuesta. De allí la importancia de ese debate. No existe ahora tema más importante para España que este. 


 

 

 

viernes, 31 de enero de 2020

2gda Entrega- Algunos comentarios sobre la gira del Pdte Guaidó



La Perentoria Necesidad de Precisar el Mensaje


@asdromero

Inicio- Cambio de planes


En la primera entrega, argumenté porque consideraba que la gira internacional del Presidente Guaidó podía calificarse de exitosa,  así sólo fuera por su virtud de haberle sacado de su trayectoria segura hacia un nocaut por parte del Régimen. Pero además: logró con creces la renovación del crédito político que le había otorgado con anterioridad la comunidad internacional. Postergué, por razones de espacio, para posteriores entregas: la consideración del caso de España, país en el cual todavía se mantiene el escándalo sobre el misterioso encuentro Delcy-Ministro Ábalos –el que goza de la mayor confianza del Presidente Sánchez Castejón-. Tanto PP como VOX han anunciado la introducción de denuncias formales ante la Fiscalía General para que se investigue. El tema Venezuela continúa bien caliente. Sin embargo, la polémica suscitada cuando Guaidó otorga su consentimiento, en Canadá, a una iniciativa de este país de intentar negociar con Cuba, con quien ha mantenido en el tiempo buenas relaciones, una salida beneficiosa para Venezuela, me decidió a abordar primero el otro tema prometido: la perentoria necesidad para Guaidó de ajustar su discurso.

El consentimiento a Canadá generó, inmediatamente, un furibundo revuelo de desconfianza en las redes sociales. Al respecto, me permití redactar un hilo en Twitter pero no voy a repetirme en ello. Sólo decir que el episodio reforzaba mi apreciación, a partir de lo que mediáticamente había acontecido en Europa, sobre la necesidad que tiene Guaidó de hacer más preciso su mensaje.  A continuación trataré de explicarme, para lo cual recurriré primero a una enseñanza que hace tiempo me inculcaron varios veteranos de la comunicación.


Acto Principal: El problema


Si tú deseas que de tu rueda de prensa se comunique el mensaje que tú priorizas, decían ellos, no te pongas a hablar quince minutos de varios temas -esto todavía lo hacen muchos políticos-. Cuando ejecutas de esa manera, le brindas al periodista la opción de elegir como mensaje tuyo aquel que le cayó en mayor gracia; el que según su opinión generaría mayor atención pública; el que entendió mejor; el que captó más concentradamente antes de distraerse con tu divagación; o, sencillamente, el que te perjudica mejor si ello fue lo que ordenaron hacerte.

No se puede dejar al libre albedrío periodístico la elección del mensaje principal que tú quieres hacer llegar. Y para esto no basta con tener redactada la declaración y entregársela a los medios. Se trata de cómo redondeas esa declaración para que ella constituya un texto, del cual no puedan quedar dudas de cuál es el mensaje principal. Que éste sea tan predominante e indudable tu intención de otorgarle máxima relevancia, que si algún periodista corriera el riesgo de intentar manipularlo sesgadamente, quedaría en flagrante evidencia su bajo profesionalismo.

Dicho esto y viendo que de su gira en Europa, los medios españoles resaltaban de su mensaje sólo la reiteración de la solicitud de elecciones libres, me aboqué a ver en toda su extensión una rueda de prensa celebrada en el Parlamento Europeo. Mis observaciones convertidas en interrogantes: ¿Caracterizó Guaidó al régimen de Maduro como una organización delincuencial que había secuestrado el Estado para favorecer el desarrollo de una vasta diversidad de actividades ilícitas en aras del grosero enriquecimiento de una cúpula? Sí lo hizo. Por cierto, arribando ya al punto de máxima coincidencia con lo que ha sido el discurso del sector liderado por María Corina Machado.

¿Habló Guaidó de nuestra tragedia? Sí, pero estuvo lejos de ser todo lo contundente que se requiere. ¿Dijo Guaidó “Solos No Podemos”? ¡Lo dijo! Pero también habló de “Elecciones Libres”. Y esta referencia a elecciones libres en el caso de los medios europeos, tenía que quedar como soldada al rojo vivo con el relato de cómo la oposición –que él representa- ha tenazmente perseguido ese objetivo; de cómo se han arriesgado políticamente a sentarse a negociar en la búsqueda del ansiado mantra, cuando la tragedia es tal que cada vez los ciudadanos entienden menos el sentarse ellos con tales criminales y de cómo el Régimen se ha burlado de esas negociaciones, continúa con todo tipo de abusos y arrecia la represión. Este es el relato que enlaza perfectamente con el “Solos No podemos”.

Tenía que quedar claro, que las elecciones libres han constituido el procedimiento privilegiado por la Oposición Institucional para una salida pacífica y democrática de la Tragedia, pero que hechos los esfuerzos que se han hecho y de los cuales existen evidencias comprobadas, a él, en su condición de legítimo representante de los factores democráticos, le correspondía denunciar ante la comunidad internacional que Maduro no había permitido la consecución de esas elecciones libres –una afirmación tan poderosa, comunicacionalmente, como ésta por su poder de síntesis, no apareció registrada en ningún medio-.

Tal afirmación le imprimía un sentido preciso a  la  razón de ser de su gira. Conectándola con el “Solos No Podemos”: su reconocimiento explícito que la oposición liderada por él no contaba con los recursos ni con la fuerza para lograr que la dictadura genocida cesara en su mandato. Dicho de esta manera, hay un objetivo por el cual líder se está presentando a los medios que, al ser enunciado con un preciso enfoque, no puede ser olímpicamente desconocido por éstos (quizás uno muy sesgado lo haga, pero no todos). Guaidó recibió tratamiento de vedette. Su presencia generó un inusitado interés. Disfrutó de un magnífico poder de convocatoria para convertirse en el vocero de una denuncia: las elecciones libres no son posibles porque el Régimen no las permite. ¡Pero no lo hizo!

Habló de todo, en paralelo, pero no ató el cordón. Algún periodista, quizás con excesiva buena voluntad, pudo haber entresacado de todo lo que dijo el mensaje punch, pero eso suele ser mucho pedir. Dejó a los medios europeos la libertad de elegir su mensaje. Y esto no iba a ser otro que el mantra preferido por estas latitudes. Nosotros, los venezolanos, por vivir la dramática pesadilla que estamos  viviendo, en la que ya casi todos sentimos que todo a nuestro alrededor se ha venido derrumbando–percibo constantemente esta sensación en mis interlocutores compatriotas-, tenemos la tendencia a creer que en el exterior la gente está clara sobre nuestra tragedia. Y no es así. Internacionalmente, muchas personas siguen despachando el tema Venezuela como otro escenario más del manido estereotipo de la confrontación Derecha vs Izquierda.

Suelo comer con relativa frecuencia en un centro para mayores. No se imaginan como tengo que morderme la lengua para no discutir cuando se habla de otros países. Lo de Evo: fue un golpe de estado. Lo de Venezuela, Trump que anda “jodiendo” porque quiere quedarse con el petróleo que está en el subsuelo. Nos invade una fuerza multinacional  liderada por USA y Maduro será una víctima. Sin importar las millones de víctimas suyas, como tampoco han importado las víctimas cubanas. Eso no lo vamos a cambiar. Como tampoco vamos a lograr que la divina izquierda –le divine gauche- siga prefigurando resolver nuestros problemas latinoamericanos de desigualdad social al calor de unos magníficos caldos en Montmartre o Malasaña. Nosotros no podemos dejarnos condicionar por esto. Tenemos que venir a Europa a exponer nuestras razones, sustanciándolas en nuestra realidad.

En estos países, donde tampoco es que se quiere mucho a los Estados Unidos, las personas tienden  a generar su opinión sobre la base de patrones que ya han internalizado neuronalmente. Y no crean que eso es muy distinto si elevamos el nivel al de unos “experimentados” tertulianos en cualquier programa de televisión político por muy visto que sea. O al de los periodistas en medios diferenciados fundamentalmente por preferencias ideológicas. Ya es proverbialmente reconocida la dificultad de los europeos para ponerse de acuerdo –no voy de nuevo a entrar en profundidad con la vergonzosa experiencia de la Guerra de los Balcanes que otras veces he relatado-. En virtud de toda esta realidad, muy posiblemente desconocida para Guaidó pero que alguien debió haberle advertido, ante los medios europeos había que presentarse con una narrativa sin fisura y un preciso mensaje principal enunciado con convicción y contundencia. Al darse este fallo de vocería, resultaba obvio que los medios iban a esconderse detrás del titular más fácil para despachar un asunto que muchos no alcanzan a comprender. Y ese es el mensaje que ha prevalecido: continuaremos luchando por unas elecciones libres.

Epílogo-De lo técnico a una reflexión casi personal.


Algunos hablan de ambigüedad en el discurso de Guaidó. No voy a hacerme eco de esa afirmación porque no le he hecho un seguimiento a todas sus ejecutorias como vocero nuestro. Ciertamente, su estilo no le ayuda. Un hablar por rachas, donde precipitadamente se disparan mensajes que no se conectan. Algo que se puede remediar con la ayuda de adecuados expertos. Yo prefiero creer que es eso. En este sentido, le concedo el beneficio de la duda. Y tengo que aclarar esto, para diferenciarme de personas que creen que la ambigüedad es a propósito, porque en el fondo, creen ellos, Guaidó comulga con los que dicen, para su particular conveniencia, que aquí solos sí podemos (por cierto lo acaba de decir el máximo líder de AD, no sé si después de haber consultado a sus bases sobre algo tan reñido con el sentir de la mayoría de los ciudadanos).

 Entonces, cuando ocurre lo de Canadá le caen a palos. Los Guaidolovers vs los Guaidodestroyers, se acusan mutuamente de antipatrióticos y muchos ciudadanos en el medio dudando sobre a quién creer.  Y si uno trata de defender y especular sobre la posibilidad de  carencias en sus habilidades discursivas, aunado a una situación que demanda una conducta diplomática, le califican a uno de ingenuo. Yo quisiera que Guaidó no fuera eso que ellos dicen. Porque si los supuestos destructores de su imagen al final tuvieran razón, o sin haberse demostrado que la tuvieran alcanzaran su éxito en destruirlo, yo no entiendo cómo ellos ni nadie pueda  imaginarse que la oposición va a quedar ubicada en mejor posición. Un Guaidó con su credibilidad totalmente minada y finalmente preso, ¡entonces qué!

La verdad, después de lo denunciado por Calderón Berti y todo el tristísimo espectáculo que se está ventilando a nivel de la casi extinta AN opositora, confieso que comienza uno a sentir que ya no sabe qué pensar. Estoy comenzando a creer también que esta sensación la está compartiendo mucha gente. Pareciera que los amigos del Frente Amplio no se han dado cuenta del efecto devastador que tales denuncias han tenido sobre la credibilidad en general del movimiento. Por esto creo que es un momento muy delicado y crucial para Guaidó.  Tiene una grandísima responsabilidad sobre sus hombros. Si desea sobrevivir, lo cual no lo tiene fácil aún después de la exitosa gira –sigo creyendo que lo fue-, debe aclararse él primero, para asegurarse que nos va a proponer un camino con plena convicción suya, a conciencia, que cree es el correcto.

Ojalá decida lo correcto, aun a riesgo de perder aliados que comienzan a ser un fardo –o quizás siempre lo han sido y ha sido muy difícil admitirlo-. Otros vendrán y con más fuerza.  Y luego: atender a la necesidad de ajustar el discurso –busque expertos-. Delimitar bien su mensaje. Enfocarlo. Hacerlo más preciso. Conectándolo a la realidad de nuestro contexto. Imprimiéndole movimiento, porque lo narrativo es más eficaz para emocionar y convencer. ¡Guaidó, tienes la perentoria necesidad de dotarnos de un relato de salvación!



lunes, 27 de enero de 2020

Algunos comentarios sobre la gira del Presidente Guaidó




1era entrega- Acertadísimo Giro Estratégico

@asdromero




Cuando comienzo a escribir estas líneas, están unos tertulianos en los desayunos mañaneros de TVE tratando de menoscabar la imagen de Guaidó. ¡Hay que lavarle la cara a Sánchez! Lo cierto es que aquí, la pretensión del novel presidente de España de rebajarle el nivel de interlocución a Guaidó –tercamente concretada a pesar de tener que digerir un mayor costo político-, sumado al oscuro episodio de un encuentro nocturno y a escondidas de uno de los ministros más emblemáticos del Gobierno de Sánchez con la detestada Delcy, ha generado toda una crisis política.

Buen prolegómeno para afirmar, de entrada, que la gira de Guaidó ha sido una muy acertada acometida estratégica. Paso a explicarme. En un audio de 3:34 minutos del 18 de enero, le manifestaba a un apreciado amigo de la política la necesidad de que se reunieran en Caracas, donde se toman las decisiones, a objeto de ingeniar alguna acometida estratégica que les sacara, abruptamente, de la inminente y segura trayectoria hacia la  colisión con un verdadero desastre.

Después del affaire de Calderon Berti, que afectó muy negativamente la imagen de Guaidó y su entorno, aunado casi que inmediatamente al pitazo del diputado Guerra advirtiendo que el Régimen estaba comprando diputados, y la emergencia de estos diputados Parra, Brito, Noriega, etc.. quienes han logrado que muchos nos preguntemos: cómo ha sido posible que tantos bichitos de esos estuviesen infiltrados en una oposición que a estas alturas, con todas las experiencias acumuladas, debía estar más que sobradamente certificada de su blindaje con respecto a ese tipo de contagio bacteriano –ahora sabemos que no lo está-, el rumbo de la oposición lucía francamente extraviado de cualquier posibilidad de endilgarle un “vamos bien”. Lo cierto, como lo reflejaba el tono desesperado de mi audio, es que íbamos muy mal. Es más, el Régimen había retomado una posición de tanta fortaleza que en cualquier momento podía apresar a Guaidó y era muy probable que no ocurriera nada.

Asumido lo anterior como una realidad, -no faltará, por supuesto, quien trate de rebajarle el efecto de la crudeza al retratarla-, la salida de Guaidó hacia el exterior generó el instantáneo efecto de actuar como un ungüento mágico. Cambió todo el escenario. Ya pocos parecen recordar lo mal que estábamos. Ahora todos hablamos de eventos más positivos y aprovechamos para inyectarle a nuestro corazón un cierto fresquito, así sea temporal. Se movió ficha y tuvo resultado. No pretendo decir con esto que escucharon mi audio en esas altas instancias del “lo sabemos todo”, pero tuvieron que sentarse y algo bueno inventaron, gracias a Dios.

Pensando ayer mientras paseaba, después de varios días sin poder hacerlo a causa del inclemente frío además excesivamente ventoso, viendo los portales de los bancos en la Bravo Murillo, se me ocurrió la siguiente metáfora: el tour de Guaidó por el occidente del mundo es como el viaje de un empresario, que habiendo consumido casi todo el crédito que le habían otorgado para concretar su emprendimiento, ya casi quebrado, en las últimas, retorna a los bancos con el objetivo de tratar de convencerles que le otorguen más crédito. Y, al parecer, va teniendo éxito en ello. El que varios de los más importantes líderes del mundo le hayan recibido, Ángela Merkel, Macron y un sorpresivo Boris Jhonson sumado a la lista; que le hayan vuelto a palmear por la espalda  imprimiéndole esa imagen de joven héroe es muy importante para la Oposición en la presente coyuntura –Sánchez apostó a que no pasaría y como es muy malcriadito prefirió tragar grueso y resistirse a lo evidente-.

Puesto en estos términos, Guaidó y su equipo, con esta acometida estratégica ha logrado renovar sus créditos y comprar muy valioso tiempo. Ahora podrá retornar por la vía ancha y el Régimen no creo que se atreva a apresarlo, cuando unos días antes ya lo tenían en salsa. Si lo hicieran, todo ese cónclave de famosos  se pondrían de acuerdo en dar una demostración al mundo del por qué lo son. En definitiva, la gira de Guaidó debemos saludarla como algo muy positivo y que nos ha comprado más tiempo. Es hora de sentarse a pensar qué vamos a hacer con ese tiempo añadido. ¿Más tiempo para qué?

Aparte de este reconocimiento de la gira como un giro acertadísimo de la reingeniería estratégica. Me habría gustado comentar sobre dos aspectos adicionales. Por razones de espacio, los abordaré en posteriores entregas. El caso español, pero esto amerita unas cuantas líneas de antecedentes. ¿Fue bueno, en definitiva, que Guaidó viniera a Madrid?

El otro aspecto tiene que ver con el tópico central del discurso al cual, sino Guaidó, los medios europeos le imprimieron máxima relevancia: ¡Elecciones Presidenciales Libres! ¿Les quedó claro a los europeos que ese ha sido el objetivo perseguido por la oposición institucional liderada por Guaidó? Cese de la Usurpación mediante unas elecciones libres ¿Les quedó claro que se ha sometido esa oposición a todos los infructuosos, y para ella políticamente muy riesgosos, intentos de negociación que se le han planteado? ¿Les quedó claro  que el Régimen ha acumulado incontrovertibles evidencias de no querer someterse a un proceso electoral transparente porque no siente la necesidad para ello? Que ha sistemáticamente demolido cualquier camino conducente hacia un escenario electoral. ¿Les quedó claro? Porque si no, déjenme decirles que a los políticos europeos, en aras de no tener que tomar una crucial decisión, les encanta esconderse detrás del mantra: “Diálogo y Elecciones Libres”.

martes, 10 de diciembre de 2019

¿Dónde encontraremos ese elemento aglutinador que tanta falta nos hace?




¿Desaliento político?


Nelson Acosta Espinoza


Un sentimiento  parece caracterizar este fin de año: el desaliento político. Resulta paradójico contrastar esta emoción con la que prevalecía al inicio del año: optimismo rebosante ante la posibilidad de salir del régimen en un periodo relativamente corto. Sin embargo, la estrategia diseñada (cese de la usurpación, conformar un Gobierno de Transición y convocatoria de elecciones libres) hasta el momento no ha podido alcanzar el objetivo de propiciar el aspirado cambio político. Por el contrario, pareciera que a estas alturas el oficialismo ha logrado consolidar sus posiciones de gobierno. Todo esto, es bueno resaltarlo, existiendo una mayoría ciudadana que se opone al régimen y anhela  un cambio político en el país.

¿Cómo podemos explicar esta contrariedad? ¿Aun la práctica política del pasado ejerce su dominio hegemónico? ¿Por qué la gente está perdiendo la esperanza en el cambio? Interrogantes vitales cuyas respuestas pudieran ayudar en el diseño de una estrategia ajustada a las circunstancias actuales. Esta última afirmación es vital. Es básico poder delimitar la coyuntura y, a partir de esta precisión, construir una alternativa que vaya al encuentro de los tiempos por venir. Aproximarse al futuro y construir alternativas a partir de nuevos relatos que den cuenta de la dinámica implícita en lo político.

Las agrupaciones partidistas en general están enfrascadas  en una lucha más administrativa que política. Prevalece en sus rutinas una aproximación burocrática y administrativista del ejercicio del poder. Como lo demuestran los últimos acontecimientos. Sus prácticas se encuentran alejadas de los conflictos y problemas que se suceden dentro de la sociedad civil  y, esta circunstancia, les impide procesar adecuadamente la conflictividad social presente en el país.

Huelgas, paros, reclamos se suceden a diario a lo largo de la geografía nacional.  Acontecimientos estos que  ocurren en el marco de una crisis económica, social e institucional que se agrava diariamente. Resulta paradójico que hasta el momento los actores políticos opositores no hayan podido evaluar apropiadamente esta realidad. Una explicación a esta conducta podríamos encontrarla en la ausencia de una narrativa alternativa a la que ha estado vigente a lo largo de la existencia democrática del país. Esta carencia juega en un doble sentido. Por un lado, fortalece las políticas gubernamentales y, por el otro, estimula el desaliento creciente en la población del país.

¿Qué hacer? No es fácil dar respuesta a esta interrogante de corte leninista. Sin embargo, voy a intentar esbozar algunas ideas que pudieran ir al encuentro de la sugerencia implícita en la pregunta esbozada por el revolucionario ruso. En principio es vital “hacer” o instrumentar estrategias políticas contrarias a las que se han venido utilizando hasta los momentos.  Un punto de partida, podría ser intentar generar una gramática política que facilite escindir, sin ambages,  el campo político en dos facciones: “ellos” y “nosotros”; el oficialismo y los ciudadanos. E intentar expresar esta disyunción electoralmente en los comicios venideros. Desde luego, para alcanzar este objetivo se requiere cambiar de narrativa y aislar a los “desertores” de esta política oposicionista.

Lo que propongo, es justo recalcarlo,  es más complejo que la simplicidad implícita en estas líneas. Implicaría, entre otras cosas,  una revisión de toda la estrategia oposicionista, consolidar nuevos lazos que garanticen una verdadera unidad y promover esta nueva narrativa con los elementos (significantes) que interpelen a la ciudadanía y la transforme en un sujeto de acción política y electoral.

Creo, firmemente, que esta sería una vía apropiada para combatir el desaliento que está siendo promovido por el oficialismo.

En fin, sirvan estas cortas líneas para incentivar reflexiones sobre estos aspectos capitales para el futuro del país.


domingo, 1 de diciembre de 2019

Píldoras para la Política Acertada y Efectiva



Ganar elecciones no necesariamente implica triunfar plenamente en el plano político


Nelsón Acosta Espinoza


Me voy a permitir hacer unas breves reflexiones sobre la actual coyuntura política en el país. En particular sobre la conducta de sus actores principales y las estrategias diseñadas para avanzar exitosamente hacia el futuro.

Una primera constatación podría ser posar la mirada sobre el papel que históricamente ha jugado el consenso como elemento fundante del sistema político. Es indudable que en sus inicios las salidas consensuadas fueron relativamente exitosas. Señalo su carácter relativo debido a que los actores políticos de la época construyeron un relato refractario a procesar las disidencias y diferencias de naturaleza agónica. Esta circunstancia jugó un papel importante para soslayar la enunciación de un nuevo proyecto que se opusiera al encarnado por Chávez.

Me parece apropiado apuntar que los actores democráticos no asumieron que el conflicto es un momento constitutivo de la política y que no existe una única repuesta correcta para cada problema político. En otras palabras, la pluralidad de perspectivas e interpretaciones se expresa en los diversos modos de resolver los conflictos, todos irreductibles entre sí.

Esta aseveración teórica y sus implicaciones prácticas cuentan para comprender que ganar elecciones no necesariamente implica triunfar plenamente en el plano político. Los acontecimientos que se están desarrollando en Chile, Colombia, Ecuador y Argentina dan fe de la certeza de esta afirmación.

Volcando la mirada sobre el país es posible postular que la coyuntura política exige, más allá de la deliberación,  la elaboración de un relato político que interpele a toda la ciudadanía en su pluralidad, procese asertivamente sus diferencias y trascienda la demanda electoral.

En fin, la actualidad exige a la oposición democrática, además de prepararse para una contienda electoral, la formulación de un plan con una expresa vocación hegemónica. En otras palabras, a partir del reconocimiento de las diferencias diseñar una estrategia que aísle el adversario y anuncie un futuro distinto al pasado.

Hay que estar atento: cuidado con las iniciativas que  proponen cambios para que todo siga igual.

I-La crisis económica no tumba gobierno


Los acontecimientos en Chile, Bolivia, Colombia y la ausencia en Venezuela de eventos que emulen a los mencionados son fuente o ingredientes para alimentar la reflexión de naturaleza política.

En principio subrayemos que los tres países mencionados gozaban de una relativa estabilidad y crecimiento económico. Chile, después de la caída de Pinochet y el establecimiento de la democracia, había mostrado tasas de crecimientos importantes. Desde luego, los problemas de desigualdad heredados de la dictadura no fueron solucionados en su totalidad. Sin embargo, disfrutaba de una relativa prosperidad económica. Situación similar puede ser atribuida a Bolivia y Colombia. Venezuela por el contrario, presenta una situación desastrosa. Una economía en ruinas y un proceso de empobrecimiento total. La naturaleza de esta caída ha obligado a más de cuatro millones de venezolanos a emigrar en busca de mejores condiciones de vida.

La pregunta salta a boca de jarro ¿Por qué en estos tres países  que gozaban de cierta prosperidad económica se producen estas convulsiones políticas y sociales? ¿Y Venezuela con una economía en ruinas no aparecen  sacudidas sociales como la que protagonizan la ciudadanía en los países mencionados?

Bien, la respuesta a estas interrogantes hay que buscarlas en el ámbito subjetivo y en los medios a través de los cuales se conforman  las identidades políticas. En los tres países mencionados (Chile, Bolivia y Colombia) se ha iniciado un proceso de ruptura y la sociedad se ha escindido en dos campos antagónicos; en dos fuerzas que se niegan mutuamente y solo con la construcción de una nueva hegemonía la sociedad podrá reconstituirse a plenitud nuevamente. Es decir, en estas sociedades, debido a las nuevas subjetividades encarnadas por las gente en la calles, se pudo escindir el campo simbólico en dos subjetividades/identidades (grupos políticos) opuestas y solo con el triunfo de una de ellas será posible restituir el orden hegemónico en esas sociedades. El punto a resaltar es el siguiente. Hablamos de procesos de naturaleza subjetiva no susceptibles de ser reducidos a las determinaciones de naturaleza económica.

En Venezuela vivimos un proceso contrario. Estamos en presencia de la crisis más profunda de nuestra historia. No solo en el ámbito económico sino, igualmente, en el ámbito institucional. El país está en ruinas; sus instituciones básicas carecen de la fuerza para hacerse sentir. El empobrecimiento de la población es masivo y total.

A pesar de este panorama desalentador y sombrío no se ha podido producir movimientos masivos que subviertan la identidad del grupo gobernante y se propongan la construcción de una nueva que hegemonice a la sociedad en otros términos. Pareciera, mas bien, que la oposición se conduce con viejos libretos discursivos que le impide captar la situación de quiebre histórico que caracteriza la coyuntura política actual.

Es imperativo resaltar que la crisis económica por la cual atraviesa el país, por si sola, no suministrara los insumos discursos para la elaboración de un discurso alternativo al dominante. Insisto. Hay que dotar de una nueva identidad política a la población que antagonice a la que caracteriza a la de los sectores gubernamentales. Parece conveniente, entonces, posar la mirada en determinaciones de naturaleza cultural y simbólica y, a partir de este reconocimiento, diseñar interpelaciones que permitan la construcción de ese nuevo sujeto político que enfrentara al dominante.

Esta es la tarea que es necesario emprender.


II- Ojo: La Política no es pura Gobernabilidad


En la actualidad hay un sector de la oposición que asume la política como pura gobernabilidad. En cierto sentido sus acciones apuntan a despolitizar la democracia vinculándola exclusivamente con la promoción de acuerdos partidistas. De ahí el empeño en participar en elecciones, acordarse con el oficialismo y cooperar en las esferas gubernamentales sin cuestionar el modo de vida político vigente. No  entienden que lo que está en discusión es la condición socialista de gobernar y la necesidad de ir hacia la construcción de una inédita democracia ciudadana.

En otras palabras, estamos viviendo un conjunto de circunstancias que indican el fin de un periodo y el inicio de otra etapa que exige la formulación de nuevas aproximaciones y relatos que den cuenta de esta realidad cambiante. La ausencia de compresión de este escenario lleva a estos grupos políticos a ser instrumentos del oficialismo en su proyecto de perpetuarse en el poder y en la prolongación de la crisis que sacude al país.

Por otro lado, la oposición democrática tiende a conducirse en términos de viejos libretos discursivos que le ha impedido captar en su magnitud la situación de quiebre histórico que caracteriza la coyuntura política actual. Hasta cierto punto estamos en presencia de una suerte de impase histórico. Los actores políticos democráticos no se conducen a la altura del tiempo que le ha tocado vivir y, en consecuencia, no generan las respuestas apropiadas que demanda la coyuntura.

La conducta, de estos dos grupos opositores explica, hasta cierto punto, su dificultad de ponerse a la cabeza de las protestas sociales que se suceden a todo lo largo del país. La MUD no ha podido diseñar una estrategia que permita politizar a plenitud estas circunstancias y dotarlas de direccionalidad política. Esta ausencia aporta razones que revelan el decaimiento de este sector en las preferencias electorales  de la población y, hasta cierto punto, en un cierto conformismo que se ha venido sembrando en mentes y corazones de la población opositora.

Bueno es resaltarlo.  Una suerte de reconversión simbólica  se está produciendo en la conducta gubernamental y en sus ofertas electorales.
Cuidado.