jueves, 25 de mayo de 2017

Sobre el Referéndum Consultivo propuesto por la AN


Así lo veo: una sagaz decisión de la AN


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


Estoy de acuerdo con la decisión tomada por la Asamblea Nacional (AN) de solicitar la celebración de un referéndum consultivo, mediante el cual los ciudadanos podamos manifestar nuestra preferencia con relación al dilema: “Cambio de Constitución versus Cambio de Gobierno”. Fijo mi posición de entrada, sin mayor cuido por el uso de anestesia. Me siento obligado a hacerlo, habiendo visto el rechazo visceral que tal decisión ha tenido de parte de muchos opositores en los chats que participo y redes sociales. Esta reacción me ha reforzado la creciente impresión que cobijo en mi interior desde hace algún tiempo, en cuanto a visualizar al mundo opositor como una torre de Babel en la cual se hace cada vez más complejo unificar posiciones y alinearnos hacia la consecución de un objetivo compartido.

Cabe la aclaratoria que cuando me refiero al mundo opositor, lo hago en el sentido más amplio: comprende a los factores políticos que hacen vida cercana a la Mesa de la Unidad Democrática y los que hacen política opositora fuera de ella. Se podría hablar de una torre de Babel intraMUD, donde ya es bastante difícil concertar estrategias, y una más abigarrada aún que incluye sectores, sectorcitos, personajes, etc. que pululan al exterior de la MUD. La progresiva edificación de esta torre de doble pared se debe, entre otras razones, a los errores cometidos por la MUD en el pasado, que los ha cometido, y la no conformación en el tiempo, consecuencia de lo anterior, de un liderazgo con la suficiente fortaleza como para lograr una óptima alineación opositora de cara al magnífico desafío que debemos enfrentar. Tratando de ser optimista, creo que varios de los diputados más jóvenes – Freddy Guevara, Miguel Pizarro, por citar algunos-, están trabajando aceleradamente para cambiar esta preocupante realidad.

Lo cierto es que la publicación el primero de abril de las sentencias del TSJ identificadas con los números 155 y 156, nos ha involucrado a todos en un peligroso viaje sin retorno. O emergemos de él con la muy compleja responsabilidad de reconstruir al país de las cenizas que van quedando de la acción de los DESTRUCTORES. O nos terminamos de hundir en un abismo de miseria, violencia y estado fallido por quién sabe cuántos años. El tramo de la historia que vivimos es decisivo. Por ende, ante la carencia de una poderosa fuente de alineación externa, no queda otra que contribuir cada uno de los que hacemos opinión, y casi todos a nuestra manera hacemos opinión, tratando de someter nuestros ímpetus y pasiones con la vitamina para la alineación interna.

Antes de abalanzarnos a destruir las decisiones que se anuncian: tratar de informarnos mejor; analizar a mayor profundidad el contexto; hacer un sereno estudio de los pro y los contra y, lo más importante, utilizar más eficazmente la aduana de las palabras. Si lo hacemos, es bastante posible que aun cuando  no compartamos en todas sus facetas la decisión tomada por quienes están en la posición de hacerlo, podremos encontrar en ella aspectos fundamentales que nos aporten la motivación interna para alinearnos con lo propuesto. Que conste que quien esto escribe, ha sido en el pasado un severo crítico de algunas de las decisiones tomadas por la MUD, pero el escenario ha cambiado y vaya que nos lo han cambiado, dramáticamente, y sin la opción de poder no aceptar los guantes del desafío. Quizás esta vitamina para la alineación interna no sea otra cosa que el ejercicio de la virtud cívica de la templanza, como tan bien lo expone en sus escritos el Dr. Frank López.

Retornando a la decisión de la AN: ¿Por qué la considero acertada? No sin antes decir que una correcta decisión en principio puede ser dañada en la fase de ejecución. El riesgo y la incertidumbre están presentes. Los acontecimientos se precipitan a vertiginosa velocidad. El escenario es tan complejo y cambiante, que demanda el mayor cuido en toda la cadena de decisiones pertinentes al emprendimiento de cualquier acometida estratégica. En el caso que nos ocupa, el referéndum consultivo cuya organización se plantea la AN tiene la virtud de permitirle a los factores democráticos retomar la iniciativa. Desde el punto de vista táctico, constituye una movida muy válida en el tablero de ajedrez. Como tal, ella no puede ser analizada aisladamente, sino como parte de una continuidad dentro del proceso secuencial de toma de decisiones frente a las del adversario.

El Régimen, sacado ya del cuadrilátero de la institucionalidad y la legalidad, en su desesperada huida hacia adelante propone una constituyente y le genera todo un marco discursivo para venderla como una opción de paz y diálogo frente a la violencia. Acto seguido, propicia toda la violencia  que les permite, apoyados en su hegemonía comunicacional, tratar de imprimirle verosimilitud a su mil millones de veces reiterada tesis principal: constituyente vs guerra civil. No creo que la mayoría del pueblo se la haya comprado. Han perdido credibilidad. Pero una cosa es cierta, han logrado distraer a los actores políticos del tema que debiera ser principalísimo: ¡la CRISIS! Y todo pareciera girar ahora alrededor del debate sobre su constituyente. Discursivamente: una vez más se salieron con la suya imponiendo la agenda del debate político nacional.

Esta verdad no puede ser subestimada. Ha generado preocupación hacia el interior de la MUD. Algunos factores allí adentro han planteado, muy a sotto voce,  si no habría sido conveniente salirle al paso a la iniciativa del Régimen con una contrapropuesta. Un “sí a la constituyente pero no así”. Lo cual no deja de tener su lógica si miramos hacia atrás. Recordemos que la oposición institucional habló de cuatro opciones para la salida del Régimen: renuncia; enmienda constitucional; referéndum revocatorio y constituyente. No se quiso en aquel momento agotar la discusión en aras de decantar las opciones verdaderamente válidas y se prefirió complacer peticiones. Si la opción constituyente se hubiese discutido en esa oportunidad hasta sus tuétanos, se habría descartado. Una constituyente auténtica, legítima, no puede ser planteada para sacar del juego político a unos en beneficio de otros. Cualquier experto internacional en constitucionalismo nos diría que una constituyente debe, como proceso, emerger de un clima nacional de serenidad y convicción consensuada de la necesidad de cambiar el gran pacto social para la convivencia ciudadana. Muy contrario al enrarecido clima que por años hemos vivido en Venezuela. Esta verdad de Perogrullo también la reconoce la mayoría de nuestros constitucionalistas nacionales. Pero, en aras de no herir susceptibilidades, la movida fue dejar la opción constituyentista como una de las cuatro vías. Y digo movida para endilgarle la connotación de ser una jugada que se ejecutó de esa manera en el pasado, asociándola al metafórico tablero de ajedrez donde se despliegan las acciones.

Dicho lo anterior, no debe extrañar que el Régimen sacara un nuevo conejo de su tragimágico sombrero: ¿No querían constituyente? Pues bien, aquí tenemos nuestra propuesta, vamos a sentarnos a discutir.  Lo cual no deja de ser un score válido que se anotó el Régimen, en el sentido de aportarle algo de credibilidad a su propuesta, -al menos ante el pueblo madurista y ciertos ámbitos extra nacionales-.   He sido testigo de intensos debates en algunos chats y reuniones no virtuales de por qué no se le tomaba la palabra al Régimen para, teniendo la mayoría, usar, y hasta abusar añadiría yo, de la opción constituyente como una vía expedita para salir del Régimen. Debates coloreados de mucha ingenuidad en mi opinión, porque nadie, en su sano juicio, podría llegar a pensar que ellos, sentados en su tan acariciada mesa de diálogo, iban a acceder a hacer otra cosa que no fuera una constituyente cortada a la justa medida de sus necesidades. Tal cual como la que se han atrevido a presentarle al país.

Adicionalmente, el sentarse a discutir con una contrapropuesta de constituyente en mano, significaba recrear una mesa de diálogo y negociación. Después del incumplimiento del Régimen de los compromisos convenidos en el fallido Diálogo I y las nefastas consecuencias que de él se derivaron, el costo político para quienes asomaran la tesis política de tomarle la palabra al Régimen iba a ser inmenso. Así que la preocupación y la desazón –una especie de complejo- que les generaba la audaz jugada del Régimen a algunos factores ubicables en la torre de Babel intraMUD no pasó de ser un casi inaudible murmullo. Pero eran reales y gravitaban en la creación de un ánimo dubitativo en el accionar opositor. La decisión de la AN encierra todas esas dudas en un cajón clausurado, preserva la Unidad –extremadamente importante- y abre nuevos horizontes para la lucha.

 Todos estos intríngulis que he relatado, muy posiblemente eran desconocidos para quienes se han abalanzado rabiosamente en contra de la decisión de la AN. Ojalá, este texto pueda servir para una mejor comprensión de la jugada. Frente a la audacia del Régimen, la sagacidad de los factores democráticos. Sí, es una movida sagaz, nos resuelve un problema que nos había creado una errada jugada anterior. Pero más allá del valor táctico estratégico, lo acordado por la Asamblea Nacional se encuadra, perfectamente, en el marco de sus competencias porque de lo que se trata es de garantizarle el derecho del pueblo a decidir. No se puede desconocer la realidad que Maduro avanza, aparentemente, imparable hacia la realización de su constituyente. No es admisible pretender ignorar esa realidad, hay que combatirla. ¿Cuál dardo puede ser más certero que el que apunta hacia la principal causa de deslegitimación de ese proceso fraudulento cual es la prescindencia de la consulta popular?

Por otra parte, nadie ha hablado de abandonar la calle. Todo lo contrario, la decisión de la AN aporta un renovado contenido político a la “Calle”: el refrescamiento de los objetivos por los qué luchar. Basta con escuchar el audio de Cipriano Heredia –les animo a que lo busquen en las redes sociales-, para visualizar el prediseño de un proceso que le da forma y sentido político al esquivo 350 de la Constitución. ¿Cómo se come eso? –han preguntado algunos-. Pues bien, con el pueblo en la calle, protegido y cobijado en el contexto de una gran marcha nacional sostenida hasta que todos podamos votar si queremos cambio de la Constitución o si queremos cambio de Gobierno.

Son esas dos preguntas las que se han preasomado. Ya existe una densa discusión sobre la primera pregunta. No voy a entrar a analizar con detalle los argumentos de esa discusión, ameritaría otro maxi artículo como este. Lo que sí es importante de destacar es que el diseño de las dos preguntas se adapta, fantásticamente, al nuevo “framing” discursivo que propone el Dr. Nelson Acosta Espinoza en su artículo: “Cambiar de Constitución o Cambiar de Gobierno”. ¿Qué quiere el pueblo? ¿Cómo conectamos ese dilema casi existencial a la ¡CRISIS!, tictac tictac tic tac…, que sigue avanzando, sin clemencia, que es el principal factor de vulnerabilidad de este régimen asesino y ellos bien lo saben? A algunos políticos, particularmente a los muy juristas, parece olvidárseles la necesidad de, constantemente, hacer ese ejercicio discursivo de conexión.


Termino invitándolos, para mejores detalles en el último asunto tratado, a leer el referido artículo publicado en el blog del Observatorio Venezolano de las Autonomías (http://autonomiaspoliticas.blogspot.com/2017/05/cambiar-de-constitucion-o-cambiar-de.html ).

viernes, 5 de mayo de 2017

Crónica del horror en Carabobo


Días Convulsos


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


5:30 am. Me levanto. Ya no puedo dormir. Pendiente de cuál pueda ser la verdad detrás de la última noticia nocturna de otro día convulso: la desaparición de Leopoldo. Los acontecimientos se suceden  a una velocidad pasmosa. Dibujo de la inminencia de los días terribles que se asoman a nuestro horizonte. La insania del régimen continúa dándole cuerda a un reloj ya conocido en la Historia. Del viejo dispositivo sólo se libera energía represiva y saña destructora. ¿Hacia dónde nos conduce tanta locura?

Carabobo: tierra de saqueo y pillaje


El 2 de mayo las noticias del terror provenían mayormente de Naguanagua. Una tras otra. Una conocida periodista relata en las redes sociales el saqueo de un supermercado en la 190: “no conformes con todo lo que se habían robado, la jauría hambrienta de violencia procedió a violentar la multilock que daba acceso al piso de arriba, residencia de los propietarios, y de allí sacaron todo, lo que es ¡todo!…jamás, en mis más de 25 años de ejercicio de periodismo, observé tanta inacción y complicidad  de los cuerpos policiales para atender el llamado de la ciudadanía ante estos actos vandálicos”. Un señor muere en el drama de defenderse del saqueo de su panadería. Unas noticias dicen que le mataron. Otras: que murió de un infarto.

Mientras escribo, mañana del 4 de mayo, en mi whatsapp se acumulan reportes provenientes de Flor Amarillo, la Isabelica, el “todos contra todos”, el Leviathan sin Estado custodio, continúa ante la inexplicable inacción de las autoridades cuyo deber es detenerlo. ¿O sí es malvadamente explicable? Como telón de fondo a esta labor maniática de escribir pretendiendo que con ello libero angustias, escucho en segundo plano entrevistas en Globovisión. He prendido la televisión desde muy temprano, esperando escuchar algún reporte de lo que acontece en Carabobo. ¡O sobre Leopoldo! Puro bla bla bla político- jurídico sobre una constituyente que, me atrevo a pronosticarlo, quedará triturada debajo de las ruedas del arrollador tren que se veía venir. Viene llegando: el tan anunciado estallido social. Se ha iniciado, en cámara lenta, sectorialmente progresivo, pero con pérdidas que superan ya al Caracazo. Pero de esto no hablan unas noticias que se empeñan en mostrar una irreal normalidad. ¡Espectáculos! ¡Deportes! Sobre Leopoldo y la sádica tortura que le perpetran a su familia, apenas una breve referencia que no calma la sed de una cantidad ingente de venezolanos deseosos de saber sobre su destino.

De lo que no se habla no existe, dirán socarronamente los gestores de la hegemonía comunicacional. No obstante, la ola destructora no se detiene. Ayer noche,  ya conocíamos de todo lo ocurrido en la Lisandro Alvarado a lo largo del día. Desde la noche anterior se habían propagado las primeras noticias sobre saqueos en esa zona, pero para qué tomar previsiones, habrá pensado el DESTRUCTOR MAYOR DEL ESTADO, en el contexto de su cínica y desalmada política del laissez faire laiseez passer relativa al pillaje en Carabobo. Termina el noticiero, 8:30 am, y ni una sola referencia a la gravedad de lo ocurrido en esta otrora tierra de lo posible.

Pero lo acontecido es muy grave. Pérdidas millonarias. Miles de oportunidades de empleo que se van al foso. Historias truncadas de continuado esfuerzo productivo. Productos Amadío, empresa productora de embutidos a la que me unen nexos familiares, totalmente saqueada. Cuando recibí la noticia, sólo atiné a pensar en ese par de viejos, sus fundadores, provenientes hace muchos años de una Italia que se les terminó convirtiendo en acariciado recuerdo de la infancia. Habían conseguido aquí su nueva patria, laboraron duro desde la pobreza, formaron familia, edificaron empresas productivas y, siempre, empeñados en sembrar en nuestro país todo el producto de sus perseverantes vidas abocadas al trabajo. Siempre creyeron en la patria que les había acogido; murieron creyendo, obstinadamente, en ella, confiados en que el nefasto resentimiento que se incubaba en su subsuelo sería detenido a tiempo. Gracias a Dios se fueron sin ver traicionada esa serena confianza.

SERCOINFAL: una empresa de servicios que atendía cuarenta comedores industriales, más de mil empleos directos, los inventarios en su centro de acopio totalmente sustraídos por una turba que los testigos cuantifican en más de trescientos seres de la especie de los hombres nuevos. No sólo varones; mujeres, hasta embarazadas; niños; ancianos; rostros de odio, de rabia y también rostros de hambre. Una Venezuela profunda que desconocemos donde se entremezclan malandrismo y miseria. Más propensa al facilismo del saqueo que no piensa en el mañana que a convertirse en factor partícipe de la protesta en contra del Régimen. Los lideraban unos caras tapadas con pistolas en su mano, mientras su dueño, protegiéndose en el techo, veía con desesperación como le destruían el emprendimiento al que había dedicado su vida. La GNB se declaraba impotente para contenerlos. ¿Dónde y cómo comerán hoy, y los subsiguientes días, los comensales de esos comedores donde la empresa prestaba sus servicios?

De igual manera: Lácteos La Cabaña, donde no quedó piedra sobre piedra. Supermercados, bodegas y bodeguitas, buena parte de la cadena de comercialización alimentaria en el Sur comprometida. En menor medida, pero también con significativo impacto, la de producción en el ámbito regional. Pero eso parece importarle muy poco al Gobernador Ameliach, siempre y cuando todo este caos le permita responsabilizar a la oposición en unos tuits que, sin procesarlos demasiado, sólo sirven para reafirmar su auto imputación. ¿Por qué es nuestro estado el que se ha ofrecido como vitrina para el resto del país de la política de tierra arrasada que el Régimen está en disposición de implementar?

Un experimento fuera de control



Retomo la escritura  a pocos minutos antes de las nueve de la noche. Un día muy poco productivo, excepto en el renglón de las malas noticias. Tres fallas de servicio eléctrico. Quizás sea paranoia, pero uno llega a imaginarse que pueda ser parte de la ración de castigo que se le propina a los carabobeños como parte de un experimento del Régimen. Hora y media para comprar un botellón de agua potable. A final de la mañana, un tráfico intenso de vehículos y personas buscando aprovisionarse de todo lo que necesitan para lo que viene. Los supermercados atestados de gente y estanterías que comienzan a vaciarse a rauda velocidad. Si lo que querían crear era un clima de terror que aquietara a los posibles participantes en las manifestaciones pacíficas de la Oposición, siento que en lo inmediato lo han logrado. Innumerables y diversos relatos sobre el caos que se ha apoderado del estado. Comentarios que reflejan una intensa preocupación. Presumo que en un día como hoy las actividades de la oposición institucional contarían con un número muy mermado de asistentes. Sí, lo han logrado –me digo-, pero a qué costo. El que sea, no les importa – en la continuación de mi monólogo interior-. Este es el experimento del cual hablo. Un tema que debe ser analizado a profundidad por la dirigencia regional de los factores democráticos.

Mi celular comienza a convulsionar. Incesante la secuencia de mensajes en el whatsapp. Al parecer comienza otra noche de horror. La tercera de tres convulsos días sucesivos. Vecinos en diversos sectores de la ciudad se organizan para enfrentarse a presuntos invasores. Muchos, demasiados rumores. Algunos serán ciertos y otros, como el saqueo del Central Madeirense a escasas cuadras de mi vivienda, confirmadamente falsos.  Definitivamente, se ha instalado en Carabobo un estado de psicosis colectiva. El mismo video de unos agentes de la PNB participando en los saqueos me llega por diversas vías.  También la foto de la Polar en la Guacamaya en llamas, supuestamente incendiada en represalia por la muerte en enfrentamientos de tres pobladores de invasiones cercanas. Hay muchos muertos, muchos más de los que  se reconocerán oficialmente. Al Gobernador del Contraataque Fulminante, el experimento se le ha salido fuera de control.

Decido silenciar el insoportable celular. Reviso el twitter deseando encontrar alguna noticia sobre el paradero de Leopoldo. Así comencé mi día. Me encuentro un tuit del Presidente de Fedecámaras Carabobo: Más de 50 horas de violencia contra la empresa privada en la Gran Valencia. ¿Cuándo las autoridades pararán esto? Otro de Lilian Tintori (11:32 pm): no sabemos dónde está Leopoldo, pero donde esté estoy segura que está resistiendo… Han transcurrido más de 24 horas  de la inseminación en redes sociales del misterio. Cuentas supuestamente hackeadas, la filtración de mensajes sobre la posibilidad de su muerte o de un traslado a un hospital en condiciones de gravedad por envenenamiento. La duda fue creada. ¿Con qué objetivo?

Se aprovechan de esa leyenda negra que ellos mismos crearon, saben que ya todos sabemos que fueron capaces de ocultar tres meses al Chávez muerto. Ya tienen el “know how”. ¿Qué puede costarle a ellos mantener en vilo al país por unas cuantas semanas sobre el misterio de lo que le podría haber ocurrido a Leopoldo? Es como si hubiesen instalado un switche que les permita “encender” al país cuando lo consideren beneficioso a su estrategia. Tenerlo allí, en reserva. Si no es como elucubro: ¿Por qué no enseñárselo de una vez por todas a su familia? Sólo mentes tortuosamente sádicas podrían maquinar tan refinada trama de tortura psicológica. Esto habla por sí solo de la pasta de crueldad de la que están hechos. ¡Qué Dios nos agarre confesados! Una cosa si es cierta, con Carabobo lo han demostrado, les es muy fácil encender a un país ya en condiciones de vulnerabilidad extrema y, así, poder decretar el estado de conmoción social cuando quieran. Concluyo con esta joya que hallé en mis búsquedas – de J.C Méndez Guédez-: ¡Qué largo dolor es Venezuela!



sábado, 22 de abril de 2017

Sobre la necesidad de elevar la calidad de la Política en Carabobo


Diario entre dos marchas


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


Me sentí contento. Realmente feliz. Por mi participación en la marcha del 19 de abril. Partí desde la avenida Lara. Acompañando a la Universidad, como sentí era mi rol institucional. Los ucistas, quizás pocos para mis expectativas, marchando con entusiasmo al lado del pueblo. Los espectadores dejaban ver en sus rostros el agrado de vernos manifestar pacíficamente nuestro rechazo a la dictadura. Aunque no se sumaran, constituía una nota muy positiva.

Luego supe que había participado en la marcha más grande que se había dado en Valencia en todos estos años de falsa revolución. Eché en falta un buen discurso de cierre, coherente con la importancia del histórico acontecimiento del que estábamos siendo parte. Caracas, conjuntamente con Valencia, Maracaibo y otras tantas capitales del interior reviviendo aquella otra jornada histórica del 19 de abril de 1810: ahora éramos millones los que manifestábamos un resonante NO a este destructor gobierno. Sólo faltaba la dignidad de un Emparan.  Las dificultades para la acertada conducción política en el estado se hicieron una vez más patentes. En medio de esa ausencia, muchos anunciaban que se iban a la autopista, a la zona del “desafío”. Se les puede comprender ese deseo, pero no podemos dejar de expresar nuestra preocupación que, una vez instalados en esa zona, la insuficiente conducción política concluye haciéndose inexistente.

En la tarde noche de ese mismo día comenzó el fluir de muchas preocupaciones en los chats de opinión en los que participo. Se activó una vez conocida la respuesta de los factores democráticos al Plan Zamora, desconozco si ella fuera totalmente consensuada: “nos vemos mañana a la misma hora”. Mientras algunos se sumaban, entusiastamente, al llamado de intentar reiterar al siguiente día la celebración de una jornada histórica. Otros expresaban sus reservas al respecto. Citaré una con la cual me sentí identificado –no aportaré nombres-: “La manifestación de hoy fue anunciada con suficiente tiempo. La gente estuvo preparándose para ella. Si convocamos una marcha similar para mañana, no va a asistir ni la décima parte de la gente que hoy se movilizó. Pasaremos de una inmensa demostración de fuerza a una de lamentable debilidad. No me parece bien pensada esa convocatoria para mañana. Ni siquiera hemos tenido el tiempo y la posibilidad de asimilar el gran éxito de hoy”. Concluía nuestro interlocutor en varios chats, hablando de la necesidad de “metabolizar” este trascendental 19 de abril para transformarlo en una gran sensación de victoria democrática.

¿Por qué me sentí identificado con esta opinión? Antes de responder esta interrogante, considero importante valorar positivamente el efecto sorpresa para el Régimen del llamado a los opositores a permanecer en las calles. El Régimen ya había gastado todos sus cartuchos organizativos en la celebración de una marea roja, no tendría capacidad para contrapuntear lo que en el lado opositor se construye a partir de la espontaneidad y el fervor democrático de la gente. Quizás en Caracas, donde se condensa el liderazgo democrático nacional, hacía más sentido insistir en la permanencia en las calles. Pero a nivel regional, tal llamado  constituía un reto organizativo difícil de superar. Me sustraeré de emitir opinión con relación a otras regiones cuyas circunstancias de organización política desconozco, me referiré, específicamente, al caso de Carabobo. Con relación al ámbito regional, la opinión ya citada de mi compañero de chat tenía mucho sentido y la realidad de lo acontecido el 20 le dio plenamente la razón.

En vista de las preocupaciones e inquietudes emitidas a través de los chats, los compañeros del Grupo de Pensamiento Universitario, que no todos pensamos homogéneamente pero hacemos el ejercicio periódico de reunirnos para compartir puntos de vista, convenimos en presentarnos al día siguiente en el Rectorado, lugar del cual habíamos partido hacia la Lara para marchar. En cuanto arribamos, pudimos constatar lo que temíamos. Muy pocas personas. El punto de partida de la avenida Lara no se pudo constituir. Como tampoco, eficazmente, el de la redoma de Guaparo y otros puntos correspondientes ubicados más al norte. Entiendo que tampoco el de la avenida Aranzazu. Con los que se hicieron presentes en el Tijerazo y en el Shopping se logró sacar una pequeña marcha que la mayoría de los entendidos coincidió en apreciar: había alcanzado a convocar apenas entre un 5 a un 10 por ciento de los que habían marchado el 19 de abril. La marcha careció otra vez de una exteriorización discursiva del sentido y propósito político de lo que se acometía. De allí, otra vez un sector de los marchistas terminó en la zona de “desafío”.

¿Qué hizo falta en el lapso de lo inmediato? Como lo expresé en una reunión que se dio por coincidencia en el despacho rectoral: hizo falta que alguna instancia de coordinación política regional se reuniera el mismo 19 en la noche y se planteara como problema puntual el cómo responder al reto que anunciaba Caracas. La concentración en un solo punto de los esfuerzos de todos los partidos políticos; la Universidad, que también había asumido el llamado hacia la calle, y demás factores comprometidos en el accionar democrático y pacífico, pudo haber constituido el criterio de partida para el diseño de una actividad política distinta. ¿Otra marcha? Muy posiblemente sí. ¿Por qué no? Pero no vaciada de propósito político, todo lo contrario: estructurada alrededor de la necesidad de emitir un mensaje claro sobre las razones por las cuales se protesta y del compromiso de las fuerzas democráticas con mantener el perfil pacífico de su lucha, a pesar de las provocaciones que el Régimen, continuamente, perpetra en aras de conducirnos al terreno que más le beneficia.

Con relación a esto último, considero muy oportuno reproducir aquí lo expresado por un compañero del GPU en la reunión a la que aludí y que luego plasmara como texto en varios de los chats. Cito: “Hoy las evidencias, soportadas en fuentes creíbles, muestran de forma clara el escalamiento del conflicto. Este escalamiento deja ver cómo en este nivel: la conducción del curso de las acciones queda en manos de los grupos más violentos.  Es decir, ya en ese tramo del escalamiento, la estrategia pacífica, democrática y constitucional comienza a desvanecerse de manera abrupta. De modo que en el obligado diagnóstico se muestra un enorme déficit de conducción democrática y de organización ciudadana que impide la continuidad de la estrategia que fuera inicialmente trazada. Se impone, como he dicho, una reflexión política a profundidad en este aspecto”. No es lo mismo, añado yo a esta reflexión, que el Régimen reprima, violentamente, una marcha pacífica a cuya cabeza están nuestros diputados y lo más granado de nuestra dirigencia democrática nacional, cuando ya hemos visto como muchos de ellos son afectados por las lacrimógenas y hasta internados en clínicas para su recuperación, ciertamente no es lo mismo que cuando el Régimen reprime a unos marchistas que, en un ámbito regional y a motu propio, han asumido irse a la zona de “desafío” a interrumpir la circulación en una autopista, que no ha sido objeto del trazado inicial de una manifestación de carácter político diseñada por la instancia de coordinación política regional a quien compete su organización. ¿Por qué cuando esto ocurre ningún líder político regional se atreve a asomarse por esa zona? La respuesta es obvia. Como también es obvio que cuando ello ocurre: la naturaleza de nuestra lucha democrática comienza a pervertirse.

No hay duda, después de los acontecimientos ocurridos anoche en El Valle y otras zonas de Caracas, así como en diversos lugares del interior, que el conflicto está escalando. Toda la política comunicacional del Régimen, persistentemente, está orientada a denigrar nuestra justa lucha democrática para hacerla ver como violento golpismo. Provoca, provoca y provoca para inseminar la arrechera en nuestra gente que la lleve a perder los estribos y caer en el juego que a ellos les conviene. Estoy plenamente consciente que no es nada fácil contrarrestar esa diabólica tentación, pero hay que hacerlo, hay que controlar a las masas y eso sólo puede ser logrado con un auténtico ejercicio de liderazgo democrático. Regionalmente, hay que edificarlo.

Es justo y necesario que, en nuestro ámbito, podamos llegar a la etapa de poder mantener, organizadamente, a los ciudadanos por varios días en la calle sin pervertir su lucha. Pero para ello es necesario: más organización; más y mejor conducción política;  más reflexión estratégica; más cohesión entre los diversos liderazgos regionales de cara al gran objetivo común al que aspiran los ciudadanos; mayor apalancamiento institucional al interior de todos los partidos y organizaciones que se comprometan con este combate final que se nos abalanza encima. La confluencia de todos estos factores de mejoramiento en el ámbito regional es una necesidad de vida o muerte. Por eso, la recomendación dada a la Rectora en esa incidental reunión donde estuvieron presentes varios representantes de las cámaras empresariales, autoridades y ex autoridades universitarias, así como connotados generadores de opinión, en el sentido de que hiciera gala de sus mejores oficios, como una autoridad muy representativa en el estado, a los efectos de coordinar la concertación de una reunión entre los diversos factores regionales en aras de explorar puntos de coincidencia en la dirección de lo que hemos expuesto. En esa reunión se produjo un muy mayoritario consenso, sobre la necesidad de crear una instancia de coordinación regional en la que se trabaje a marcha forzada en el logro de todos esos factores de mejoramiento. En mi opinión, el escenario actual de confrontación se caracteriza por un cierto equilibrio de fuerzas. Contamos con un muy mayoritario apoyo popular; apoyo internacional; el explosivo desarrollo de una crisis humanitaria que el Régimen no ha podido ni sabido detener; etc., pero ellos disponen de los recursos del poder y de la fuerza del Estado. En este escenario, ninguna de las dos partes pareciera tener en lo inmediato la fuerza suficiente para forzar un desenlace. Por ello, el aporte que pueda obtenerse de una masiva participación regional a la lucha que se libra en la Región Capital es fundamental. Es entonces estricta y absolutamente necesario elevar la calidad de la política a nivel regional.





viernes, 31 de marzo de 2017

Un llamado al orden que no pierde vigencia


Manuel Rosales y la dispersión de voces opositoras


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


El texto que a continuación leerán fue escrito antes del golpe de estado en modalidad “Fujimorazo” que el Régimen ha activado. Como les resultará obvio, este trascendental acontecimiento redimensiona la pertinencia de algunos elementos contenidos en este documento. Creo, sin embargo, que el mensaje central mantiene plena vigencia. Hay conductas que deben quedar registradas, que no se pueden dejar pasar, así sea en medio de un terremoto cuyo ruido telúrico tienda a ocultarlas bajo la figura de olvidado refrito.

Después del descalabro opositor de finales del 2016,  devino una especie de limbo temporal caracterizado por una desorientación estratégica que afectó, no sólo a los partidos directamente comprometidos en el aval concedido al comunicado producto del fracasado diálogo, sino a los partidos que rechazaron participar en el mismo. ¿Cómo iba a quedar la Unidad? Era una interrogante a la orden del día, la cual hacía mucho sentido planteárnosla, evidenciada la importante fractura alrededor de un tema sustantivo para las fuerzas democráticas. ¿Se podría recomponer la Unidad? ¿En qué términos y con cuál orientación estratégica concertada?

 Con relación al descalabro, debo decir que, a las primeras de cambio, intentó ser negado por diversos personeros de los partidos retratados en el previsible fracaso.  La intención duró hasta que los estudios de opinión reflejaron el incontrovertible rechazo de la opinión pública con respecto a lo acontecido, aunado éste a la incubación de un creciente sentimiento de desesperanza en la población. Vino en su auxilio el proceso de validación de los partidos políticos ordenado por el CNE, lo cual abrió un paréntesis a ese lapso de desorientación estratégica al cual ya hicimos referencia.

Nos encontramos dentro de ese paréntesis. Los partidos opositores con mayor apoyo popular enfrascados en unas jornadas de validación que  les están resultando muy exitosas. Una reestructuración de la MUD que todavía no se ha hecho sentir, entendible por lo demás. Uno reza porque allí dentro estén trabajando a marcha forzada en el rediseño de una línea estratégica que preserve la unidad y pueda ser efectiva de cara al desafío que viene proponiendo el Régimen. Éste, en su afán de no permitir una salida electoral, da la impresión de mantenerse apegado a un plan cuidadosamente preestablecido de continuar avanzando hacia un estadio dictatorial abierto, sin máscaras democráticas, contando con un apoyo internacional que hasta ahora no ha sido necesario develar en su total dimensión. Para los que no estamos tan cerca de los círculos privilegiados de información, las interrogantes que nos hacíamos antes de entrar al paréntesis siguen teniendo vigencia.

¿Cómo será el reacomodo estratégico después de las jornadas de validación? ¿Participarán en él todas las fuerzas que previamente integraban a la Unidad? ¿O, como tan bien lo expresó un amigo articulista, habrá que “separar el grano de la paja y dar los pasos para constituir una referencia opositora consecuente” que no incluya entre sus filas enclaves de la “leal oposición al señor Maduro”? Esta ácida interrogante consigue su pertinencia, cuando uno lee declaraciones de un presunto dirigente fundamental de la oposición que, comunicacionalmente, le hace un muy flaco favor a ésta.

Me refiero al Sr. Manuel Rosales, quien, mediante comunicado escrito fija su posición con respecto a la posible aplicación de la Carta Democrática a Venezuela. En él, aunque expresa varios criterios razonables, suelta la siguiente perla, cito: “La oferta de la realización de elecciones generales adelantadas no tiene ningún basamento constitucional, contrario a la realización de elecciones regionales y municipales, que deben hacerse este año”. Me permitiré hacer los siguientes comentarios:

1.    Ciertamente, no existe la figura de adelantamiento de elecciones presidenciales en nuestra constitución, pero no puede ser que a un importante dirigente opositor, al cual se le endilga la condición de avezado político, se le haya escapado que el planteamiento de unas elecciones generales adelantadas –que incluyen además de las regionales, la elección presidencial y de una nueva Asamblea Nacional- ha sido una propuesta asumida por la Unidad, para ser llevada a la mesa de diálogo como una vía de resolución política a la actual crisis que tan, dolorosamente, aqueja al país. El Sr. Rosales, líder principal del partido Un Nuevo Tiempo (UNT), con esa infeliz afirmación se permite contradecir tal criterio unitario.
2.    La fórmula de elecciones generales adelantadas es una propuesta que tiene su basamento en la correcta auscultación que ha hecho la Unidad de dos grandes aspiraciones del muy mayoritario pueblo opositor. En primer lugar, se aspira y se apuesta a una salida electoral y pacífica de esta crisis. El pueblo ha dado muestras fehacientes de querer votar, de querer despedir a quienes mal nos gobiernan por la vía de expresar esa decisión suya en las urnas electorales. Pero además, en segundo lugar, no quiere esperar para eso hasta el final del período presidencial, porque ya ha internalizado, colectivamente, que la crisis, como tendencia nefasta, no se detendrá hasta tanto no se produzcan las medidas correctivas que puedan revertirla. Y, adicionalmente, ya ha quedado demostrado hasta la saciedad que estos señores carecen de la voluntad y del requerido conocimiento para poder aplicar tales medidas. El pueblo ya está cansado del continuado espectáculo alrededor de más de lo mismo.
3.    La Unidad bien sabe que el pueblo le acompañará, masivamente, en cualquier iniciativa electoral tendiente a acabar con esta pesadilla. Por eso se activó con el Referéndum Revocatorio, que sí era una salida constitucional y fue el Régimen quien impidió su realización. Tiene sentido entonces, perfectamente, plantear en la mesa de las negociones políticas las elecciones generales adelantadas. Así lo entiende el Secretario General de la OEA, consciente de la existencia de una crisis humanitaria de proporciones incalculables, y así debiera entenderlo usted también, Sr. Rosales, salvo la existencia de motivaciones ocultas que no pueda compartir a la luz pública.
4.    Constituiría para la Unidad un craso error: centrar la lucha política en los tiempos por venir en un pedimento exclusivo de elecciones regionales tal como el Sr. Rosales lo deja deslizar. No porque no se pueda ganar. El Régimen está tan mal, que las podría perder todas aún con los bajos índices de participación electoral que se podrían producir al no visualizar los ciudadanos, en ese evento electoral, el pronto viraje que se requiere para comenzar a salir de la crisis. El tema es que la unidad de los factores democráticos no puede darse el lujo de arriar su bandera de “Elecciones Generales Ya” si no quiere correr el riesgo de acrecentar la incipiente desafección popular hacia ella y la potenciación de otras alternativas conducente a una fragmentación significativa del voto opositor –hasta ahora se la ha mantenido muy minimizada-. Es más, en mi opinión y la de otros analistas: debe enmarcar esa bandera dentro del llamado general a reivindicar el derecho a elegir, en un país donde el Régimen ha venido conculcando ese derecho en universidades, sindicatos, gremios profesionales y en todos los espacios donde se reconoce perdedor, como ahora también lo pretende hacer en el ámbito regional.

Expresados estos comentarios en los cuales, además de permitirme criticar la postura del Sr. Rosales –supongo también que es la de UNT-, hago algunas consideraciones sobre uno de los objetivos estratégicos que la Unidad debería plantearse en ese rediseño que debería estar adelantando: “Elecciones Generales Ya”, exteriorizo mi preocupación sobre la dispersión en voces y criterios de la Unidad Democrática. Es un tema sobre el cual también es muy necesario tomar medidas. La Unidad no puede correr el riesgo –insisto en los riesgos- de ser percibida como un saco de movimientos donde cada uno se moviliza de acuerdo a intereses sectoriales. Máxime cuando  nos enfrentamos a una unidad monolítica en sus ejecutorias políticas – así adentro se estén cayendo a dentelladas-.

Hay que discutir todo lo que haya que discutir y hasta donde sea necesario, pero hacia afuera una sola postura, no ese espectáculo que confunde e, incluso, conduce a sospechar de la preeminencia de intereses subalternos en desmedro del gran interés general. De persistir actitudes como la del Sr. Rosales, tendrán las organizaciones consecuentes que abocarse a separar el grano de la paja.




sábado, 18 de marzo de 2017

El tercero de la trilogía universitaria: Los Destructores y la Universidad

No Dejar Morir a la Academia


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


I-La decantación a dos alternativas


El objetivo de esta tercera entrega es más concreto. El problema de cómo la inviabilidad financiera de las instituciones está socavando, severamente, la posibilidad  de realización de las actividades académicas conforme a estándares mínimos de calidad ya fue planteado en la primera entrega. En la segunda, presentamos el contexto estratégico dentro del cual estamos constreñidos, a los efectos de explorar alternativas tendientes a conseguir recursos financieros adicionales que, inyectados a las unidades organizacionales donde se gestiona la Academia, las facultades, contribuyan a paliar al máximo de lo que pueda ser factible el gravísimo problema que tenemos entre manos.  El objetivo fundamental, tal cual como lo enunciamos, es no dejar morir a la Academia en el altar de una inviabilidad, cuya resolución puede tomar un período de tiempo mucho mayor al que avezados analistas se atreverían a pronosticar.

Postulamos tres alternativas para la consecución de ese financiamiento adicional –sigue sin ocurrírseme alguna otra-. De ellas, la primera: incremento en la generación de ingresos propios mediante la prestación de servicios a terceros,  la descartamos por su insuficiente potencial en la actualidad habida cuenta del pavoroso escenario por el que transita la economía del país. Sobre las otras dos alternativas: recursos provenientes de ahorros que se obtengan del cierre o suspensión temporal de actividades no directamente relacionadas con la función primordial de la Universidad o cofinanciamiento mediante aportaciones estudiantiles, a duras penas alcanzó en la segunda entrega para enunciarlas.  El sólo hacerlo ya induce temor, es como mentar la soga en la casa del ahorcado.

Sin embargo, creo que en las actuales circunstancias ningún tema puede ser prohibido cuando lo que está en riesgo es la esencia misma de lo que es la misión de la Universidad. La finalidad de esta tercera entrega es presentar algunas consideraciones y comentarios sobre la viabilidad de ambas alternativas. Un terreno espinoso que apenas se comienza a explorar. Una primera aproximación que podría ser útil a instancias de cogobiern0, que decidiesen abordar estas complejas temáticas con la exhaustividad requerida para tomar decisiones. 

 

II-Sobre la alternativa del Redimensionamiento Organizacional


A lo largo de su historia, la universidad venezolana se ha resistido a arroparse hasta donde le llegue la cobija. Lo tradicional ha sido el dejarse seducir por la ambición de ampliar su estructura organizacional. No sólo para diversificar su oferta académica, crear nuevos núcleos –en algunos casos bastante distantes, geográficamente, de su centro de poder-, sino también para asumir funciones que no están “tan” directamente vinculadas al triángulo docencia-investigación-extensión, constitutivo del núcleo de la misión para la cual fueron creadas (no me refiero a las funciones de carácter social que realiza en beneficio de la comunidad estudiantil –transporte, comedor, atención en materia de salud, etc.- las cuales, se sobreentiende, lleva a cabo por delegación del Estado, a quien corresponde asumirlas, y por las que debiera recibir en suficiente cuantía recursos financieros, específicamente, orientados a ese tipo de actividades). Por supuesto que el tema es harto discutible, de allí el “tan” entrecomillado. Siempre se podrá aludir a alguna especie de cordón umbilical que relacione la función bajo escrutinio con la Academia, sobre todo con la extensión. Casi todo es extensión, por lo que no debe extrañar que los mayores excesos se hayan cometido relacionados a esta arista del triángulo. Puede ser muy bueno, por ejemplo, que la Universidad preste servicios odontológicos en un área de extrema vulnerabilidad social, pero si se plantea que la Institución para acometer dicha labor de extensión debe asumir de forma exclusiva los altos costos involucrados –sin ayuda del gobierno local o alguna ONG- el compromiso tendría que ponerse  a la luz del tamaño de la cobija. Pero, en la mayoría de los casos no ha sido así.

Cuando era Rector, solía decir que la Universidad se comportaba como el gas. Cada vez que una nueva sede era inaugurada para mudar allí alguna dependencia, podía asegurar que ante el despacho ya se habrían tramitado unas cuantas solicitudes para crear nuevas unidades organizacionales ocupando la vieja sede, así estuviese ella bastante destartalada. Después vendrían las solicitudes de remodelación y de nuevo personal. La Universidad, como el gas, ocupaba todos los espacios. Los nuevos y los viejos. Muchas veces, las solicitudes estaban sustentadas en buenos propósitos, excelentes ideas, pero nadie se preocupaba por la sostenibilidad financiera del proyecto.  Esta ambición de crecer fue parte de nuestro ADN organizacional. Y así llegamos con instituciones sobre dimensionadas a estos tiempos, que más que de vacas flacas son de ruinosa inviabilidad, difícilmente irreversible en el mediano plazo además.

La inviabilidad afecta a la Academia, ya lo hemos repetido incesantemente, pero también mantiene prácticamente inoperativas a muchas dependencias por muy diversas razones –carecen de recursos con que operar, intolerables condiciones de trabajo, etc.-. La inviabilidad no discrimina. Su aliento paralizante entumece por igual a dependencias fundamentales con un largo historial, así como a dependencias cuya creación en un pasado más reciente dio concreción a bien intencionados objetivos. Algunas, las derivadas de visiones más ambiciosas son doblemente castigadas, no sólo tienden a paralizarse sino que develan en palpable desnudez la carencia de sustentabilidad financiera de los proyectos que les dieron vida. Si la universidad contratase a un asesor externo que visualizara el problema, asépticamente, y sin consideración de la asfixiante relación con el régimen destructor, recomendaría de inmediato dos cosas: detener el crecimiento y la implantación de una auditoría de pertinencia y viabilidad de todas las unidades organizacionales, en aras de generar una propuesta conducente a redimensionar la Institución. ¡Empequeñecerla!

De estas dos recomendaciones, debería asumirse, de inmediato, la detención del crecimiento. La Universidad debe prepararse para lo que viene. Pienso que también debería iniciarse la mencionada auditoría. A fondo, lo cual tomará tiempo. Hay que ir avanzando en ella, sin que ello deba implicar una reducción de la estructura organizacional a la vuelta de la esquina. La concreción de la alternativa de redimensionamiento es demasiado traumática en el contexto actual, considerando la crisis humanitaria que aqueja al país. Además, si el objetivo que se persigue es reducir gastos a fin de poder reinyectar recursos adicionales para mejorar la funcionalidad de las áreas académicas, es menester tomar en cuenta al otro actor, el Régimen Destructor, en el tablero de decisiones al cual hacíamos referencia en la segunda entrega.

¿Por qué? El Régimen ha venido introduciendo cambios en el mecanismo de asignación presupuestaria a las Universidades. Lo ha ido refinando de conformidad a sus objetivos. En la actualidad, los recursos correspondientes a gastos de personal son enviados a las instituciones en función de la nómina de personal ubicado en la respectiva estructura de cargos, la cual debe serle remitida al Ministerio como requisito previo.  En la Cuarta República, a las instituciones se les controlaba el crecimiento de las nóminas –el número de docentes, empleados y obreros incorporados a ellas-. Es mi percepción que este régimen ha permitido el relajamiento de este mecanismo de control –lo cual tiene un sentido que explicaremos más adelante-. Sólo así se explica que algunas instituciones hayan podido incrementar el número de personas adscritas a ellas de la forma tan sorprendente como lo han hecho –no puedo afirmar con propiedad que han sido todas porque no hay estadísticas disponibles-. El ahogo presupuestario que este régimen ha practicado en contra de las universidades ha sido, enfáticamente, dirigido a las partidas de inversión y gastos de funcionamiento. No así en lo atinente a los rubros de personal, con relación a los cuales pareciera que el esquema más bien ha sido: la Institución incorpora personal a su nómina y el Gobierno paga.

El empobrecimiento salarial del personal universitario tiene que ver más con el control centralizado que tiene el Régimen de la normativa laboral, que le ha permitido aplicar de manera reiterada en el tiempo incrementos insuficientes con respecto a la inflación. Se encuadra dentro del empobrecimiento general de los sueldos y salarios en el país, pero no se debe confundir con cerco presupuestario a las universidades.  Este régimen estrangula los gastos operativos pero afloja en los de personal. Se pueden mencionar casos en los cuales ha incentivado la transferencia de unos a otros. Por ejemplo, en su intención de reducir al máximo las partidas orientadas a cubrir gastos de funcionamiento ha hecho casi imposible el que se puedan contratar empresas de prestación de servicios de limpieza y vigilancia. Estas contrataciones han tenido que reducirse al mínimo o eliminarse, al mismo tiempo a las instituciones se les ha permitido incorporar trabajadores para que realicen ese tipo de funciones. Valorando este cambio de política con generosidad, podría deberse a un cambio de paradigma laboral que apunte a eliminar lo que suele denominarse como “outsourcing”. ¿Bueno o malo para la Universidad? Según mis experiencias, muy malo, ineficiente e improductivo. Pero narrarlas está fuera del alcance de este texto.

Yo tengo otra teoría. Este régimen no da puntada sin dedal.  Lo que los “Destructores” han acariciado como objetivo es lograr que el mayor número de personas posible dentro del país dependa de él. ¿A cuántos millones de venezolanos no los tienen ya dependiendo de los famosos Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAPs)? ¿Y a cuantos otros no nos tienen dependiendo desesperadamente de unos sueldos míseros quince y último? De allí: el miedo generalizado. Por eso, la nómina de la Administración Pública se ha inflado de manera tan absurda. Mi hipótesis es que a las universidades las han hecho parte de ese diabólico esquema.  A todo el aparato público lo han venido engordando como si fuera uno de esos cochinos que, de tanto engordarlos para sacarles el mayor de los provechos en su sacrificio, llega un momento en que ya no pueden caminar. Así le ocurre en este país a los tribunales, hospitales, empresas autónomas,…, universidades. Grandes estructuras consumidoras de nómina que han venido progresivamente pudiendo hacer mucho menos de lo que deben hacer, hasta verse entrampadas en el marasmo de su inviabilidad operativa.

Expuesto el diabólico esquema, en un largo inciso, ahora podemos conectar con nuestro tema: ¿Pudiera una alternativa de redimensionamiento organizacional generar ahorros para utilizarlos en beneficio de la Academia? En principio no. Bajo el esquema del Régimen Destructor, gastos de personal que se ahorren, se lo quedan ellos. A menos que se intente negociarlo y admitan la reorientación de recursos. Debería planteárseles. ¿Podría deparar tal negociación una respuesta positiva? La respuesta se la dejo a mis lectores. Entretanto, las instituciones deberían acometer un esfuerzo supremo de reducción de gastos operacionales a nivel de la administración central, a objeto de insuflarle el mayor oxígeno posible a la actividad académica que se realiza en las facultades.

Antes de pasar a la alternativa que nos queda, no he podido sustraerme a la tentación de enunciar otra propuesta que se le podría plantear al Gobierno. Dada la crónica insuficiencia de los recursos que se están recibiendo para mal cumplir esas, ya mencionadas, funciones de carácter social que la Universidad realiza por delegación del Estado,  lo cual nos genera un gran problema y masivo descontento estudiantil: ¿No se podría proponerles que se les devuelve esa responsabilidad? En todos los países que funcionan, la responsabilidad, por ejemplo, de transportar los estudiantes hacia sus sedes universitarias es de los entes de transporte público, usualmente gestionados por los gobiernos locales –quizás con subsidios del gobierno nacional para cofinanciar los significativos descuentos de los bonos de transporte para los jóvenes-. ¿Hasta cuándo puede la Universidad gestionar servicios para los que no recibe suficientes recursos y que, en verdad, no le competen a ella sino al Estado? Tampoco es que esta iniciativa vaya a generar unos ahorros reinyectables a la Academia, pero al menos coloca la responsabilidad a cargo de quien por ley debe gestionarla y simplifica los objetivos organizacionales de la Universidad. Zapatero a sus zapatos, la Universidad enfocada en la Academia, ¡cómo debe ser!


III- ¿Pueden los estudiantes ser parte de la solución? ¿Deben?


Hemos dejado para el tramo final el análisis de la alternativa más anti paradigmática, por cuanto implica una ruptura, aunque sea parcial, con el paradigma de la gratuidad que, a lo largo de toda la historia del subsistema universitario de financiamiento público, se ha mantenido como un calificativo inseparable del concepto de universidad popular. ¿Están los estudiantes en esta Venezuela empobrecida de la segunda década del Siglo XXI en posibilidad de contribuir, financieramente, para que la actividad académica se pueda realizar en condiciones más idóneas? ¿Deben hacerlo?

Nótese que se plantean dos interrogantes. Con relación a la primera, tiene sentido hoy día preguntarse si la posibilidad de contribuir con miras a lograr un impacto lo suficientemente significativo sobre la calidad académica todavía existe –obviamente suponemos que anteriormente existió aunque no fuera utilizada-. Como lo hemos dicho tantas veces: Venezuela viaja en un ascensor empobrecedor hacia abajo, cada vez más distante del piso y a mayor velocidad. Lo que anteriormente era una familia perteneciente a lo que, comúnmente, se denominaba clase popular, en la actualidad estará sumida en condiciones de pobreza extrema con muy contadas excepciones. Mi hipótesis es que los estudiantes provenientes de esos otroras estratos populares, muy difícilmente habrán podido mantenerse en las aulas universitarias. Puede ser que todavía estén inscritos, pero de allí a que puedan ejercer sus funciones como estudiantes activos se ha constituido en una brecha insuperable que se amplía día a día. Simplemente, los costos conexos a la condición de ser estudiante universitario, aun siendo gratuitos estos estudios, se les han tornado impagables.

El consecuente fenómeno es una visible merma en las aulas. Una merma de la que se debería hablar más en las altas esferas universitarias. Una merma que representa miles de oportunidades perdidas que no se computan. La Universidad ha dejado de ser esa maravillosa máquina de la movilidad social. Ha perdido ese perfil popular que tanto nos enorgullecía, aunque, en cierta forma, siga reteniéndolo si computamos a los estudiantes provenientes de las familias de la otrora clase media, hoy empobrecida, como los nuevos representantes de las clases populares. Son los efectos del ascensor que no se detiene.

Es una hipótesis. Revestida de cierta lógica, pero al fin y al cabo una hipótesis, cuyo único efecto práctico es la invitación que de ella se deriva para que las instituciones asuman, de inmediato, una seria investigación sobre el perfil socio económico de su estudiantado. Del que está acudiendo a las aulas, porque es menester sincerar también, de una vez por todas, la nómina estudiantil. La Universidad debe investigarse a sí misma. Producir sus propias estadísticas a fin de obtener una nítida radiografía de su estado actual. No puede estar ausente del conjunto de objetivos específicos de ese estudio de sí misma, la indagación sobre las posibilidades de la población estudiantil como sector contributivo a la sobrevivencia de la Academia en las actuales circunstancias. No puedo decir, escribiendo entre cuatro paredes, que en el sector estudiantil resida una solución. Hay que indagar al respecto partiendo de datos reales. Insisto en esta idea: lo que no se puede hacer ante la grave problemática que nos afecta es no hacer nada. Hay que mover las piezas.

Si yo extendiera mi hipótesis un poco más allá: me atrevería a decir que la mayoría de los estudiantes que permanecen en las aulas universitarias provienen de la educación secundaria privada. Pero este hipotético escenario, considerando el contexto de severo empobrecimiento de todos los estratos sociales exceptuando a los de mayor ingreso, no aporta el suficiente sustento como para afirmar que en ese sector de la población estudiantil estén dadas las condiciones de potencial económico utilizable de cara al objetivo que hemos planteado. Se requiere de una observación más profunda, porque hoy día en ese sector confluyen realidades socio económicas bien disímiles. Bien bueno para algunos padres que sus hijos ya accedieron a una educación universitaria gratuita y, por ende, no tienen que pagar una educación privada que ya no estarían en condiciones de poder pagar. Pero esa no es la realidad de todos los padres. También los hay quienes invirtieron en una educación secundaria de calidad para sus hijos pagando costosas matrículas en prestigiosos colegios privados, que siguen teniendo margen económico como para continuar invirtiendo en una educación universitaria de calidad y que, sencillamente, envían a sus hijos a la universidad nacional gratuita porque siguen percibiendo en ella el mejor reducto de calidad académica donde sus descendientes se pueden formar. Cuántos de ellos no se sienten orgullosos en que sus hijos puedan acceder a una UCV, a una ULA, a una UC, etc.

Es pertinente y necesario traer a colación un tema que para muchos pasa inadvertido. La segmentación de calidad que existe a nivel de la educación secundaria –la existencia de un profundo desnivel entre la calidad de la educación secundaria pública y la de algunas instituciones privadas-, no ha tenido un espejo a nivel de la educación universitaria. Todavía es percibido por muchos padres y jóvenes aspirantes a ingresar al subsistema de educación superior que la educación universitaria de mayor calidad es provista en algunas de las universidades nacionales –las que denomino las universidades de verdad-.  Esos padres quizás no tengan conciencia que ese último reducto de calidad académica para sus hijos está muriendo. ¿No estarían dispuestos ellos a contribuir con un aporte para tratar de garantizar que sus hijos puedan continuar recibiendo formación en laboratorios mejor equipados, aulas bien iluminadas y mejor protegidas,…? Y no me atrevo a decir con profesores mejor pagados, porque este ya es un tema que ubico en el escenario de “construcción” –ver segunda entrega-. Hacia lo que apunta esta reflexión, es a la necesidad de involucrar a los padres en el diseño de la necesaria acometida estratégica que la Universidad debe emprender en su objetivo de salvamento de la Academia. Esto implica también un cambio radical, anti paradigmático, en el discurso de la Universidad. Un discurso dirigido también hacia los padres.

La principal conclusión que se puede extraer de esta especie de tormenta de ideas, es la necesidad de  levantar la información pertinente de cara a escudriñar la posibilidad que se propone en esta alternativa. Sólo del análisis de la data real, se podrá valorar su factibilidad. Y de ser factible, el estudio y selección de la modalidad que puede ser aplicada. Una cosa si es cierta, el aprobar una normativa al respecto por las máximas instancias universitarias le aportaría orden a un proceso que ya comienza a aflorar de manera muy desordenada en algunas instituciones –dependencias académicas como cátedras y departamentos asumiendo de manera autónoma y discrecional solicitudes de contribución a sus estudiantes para poder funcionar-.

Con relación a la segunda interrogante: ¿Deben los estudiantes y/o sus padres hacerse parte de un esquema de contribución financiera hacia las universidades? Una pregunta que, seguramente, concitará un interminable debate en el seno de las comunidades universitarias. Un debate que se distancia del espacio de las ideas pragmáticas en el que me he movido, para elevarse a uno más abstracto en el que se confronten argumentos axiológicos. El SÍ a esta pregunta para muchos será asimilable a RENDICIÓN: la cesión de un derecho largamente adquirido. Ya me parece escucharlos, van a ser los mismos que todavía dicen en sus discursos “Con la Universidad no podrán” –se refieren a “LOS DESTRUCTORES”-. Cada vez que oigo esta expresión repleta de un bien intencionado voluntarismo, me embarga la convicción de que existe un error en el tiempo verbal de esa oración. Se refieren a un futuro imaginario por ser deseable, al que yo antepongo un antepresente “Con la Universidad han podido” o, quizás con mayor precisión, un gerundio progresivo “Han venido pudiendo”. Han venido haciendo con nosotros los que le ha dado su real gana. Por no habernos sabido defender –afirmación que asumo en términos de nuestra responsabilidad colectiva-, nos han arrinconado hacia una esquina donde lo más triste, para algunos, es ver morir a la Academia.

Soy plenamente consciente de la dureza de mis afirmaciones pero así lo siento. Y por ello, eludo participar en un debate a desarrollarse en un espacio que ha sido vaciado por “LOS DESTRUCTORES”. ¿Cuál es el derecho al que se renuncia? ¿Al de una farsa académica con gratuidad? Porque a eso vamos tendiendo: a farsa académica. Si las universidades continúan, inalterablemente, su recorrido por la trayectoria en la que transitan, se hundirán en la mediocridad. Ningún gobierno que venga después de los bárbaros destructores, de estos “Atilas” del siglo XXI, sea de transición o puramente integrado por la actual oposición, contará con recursos para imprimirle viabilidad a un modelo que se agotó. Por esta razón, prefiero poner a pensar, reflexivamente, a los estudiantes y sus padres sobre las opciones que se le presentan.

Siguiendo el curso actual: jóvenes universitarios malgastando su tiempo con una  pésima formación en procura de un título de mermada utilidad. O, alternativamente, involucrados en una estrategia colectiva de RESISTENCIA ACADÉMICA, tratando entre todos -es decir: siendo ellos con sus padres también partícipes de un mecanismo compensatorio de la innegable inviabilidad en la que nos vemos inmersos-, de preservar las condiciones en las que se realiza la Academia. Esta no es la solución total a la problemática sistémica que afrontan las universidades, pero puede ayudar a desacelerar la velocidad de decaimiento. Luchemos para que vengan tiempos mejores, en ellos tendrán que generarse soluciones más integrales.

Para concluir, deseo pronunciarme sobre un aspecto concreto en la implantación de esta alternativa, aunque hasta ahora la haya abordado con unas ideas de carácter muy general. Siendo los estudiantes (y sus padres) partícipes de la solución, las instituciones deben garantizarles que los recursos que se obtengan por esta vía sean, exclusivamente, orientados a mejorar las condiciones en las facultades a través de programas específicos. Propongo la integración de consejos de administración por facultad de estos recursos, en los que participen representantes estudiantiles –seleccionados, por favor, entre los de mejor record académico- y representantes de los padres. Insisto en  esta idea novedosa de hacer parte del problema, y también de la solución, a los padres y representantes de los estudiantes. Una audaz estrategia comunicacional dirigida hacia ellos podría convertirse en el gran factor revulsivo de una acometida estratégica tan revolucionaria como la que he osado asomar. Lo de revolucionaria me generó cierto rechazo pero es lo que es: revolucionaria, anti paradigmática, innovadora para estos lares, pero indispensablemente necesaria, así lo veo yo.



sábado, 11 de marzo de 2017

Acto Inaugural Cátedra Rectoral Ramón J Velásquez



Un Gratificante Acto Universitario

Visualizar la pesadilla que estamos viviendo a través de los ojos de un excelentísimo historiador, como lo es el Dr. Germán Carrera Damas, constituye  una vivencia académica que no tiene precio. Un acto de reivindicación del Espíritu Universitario.

A continuación el texto preparado por la Lic Antonella Fischietto, de la Dirección de Medios de la Universidad de Carabobo, como reseña de tan gratificante acto universitario:

La Cátedra Rectoral Descentralización y Federalismo Ramón J. Velásquez de la Universidad de Carabobo, inició actividades con la conferencia magistral dictada por el historiador Germán Carreras Damas, quien apoya la discusión en torno a una reforma institucional en el país que pueda evitar que se haga realidad una de las amenazas que avizoró la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (Copre) a finales de la década de los ’80, el golpe de Estado.

Carrera Damas fue invitado especial en el acto de juramentación del equipo directivo e integrantes de la citada cátedra, la cual estuvo a cargo de la rectora, Jessy Divo de Romero, y se realizó en el salón de sesiones del Consejo Universitario de la máxima casa de estudios de la región.

Esta cátedra libre estará dirigida por el ex rector Gustavo Hidalgo, quien asumió como coordinador general; y contará con Nelson Acosta como secretario ejecutivo, así como con los miembros: Argenis Urdaneta, Rolando Smith, Frank López, Glenda Reyes, Elsy Pérez, Asdrúbal Romero, Pedro Villarroel, Carlos Rojas Malpica y Orlando Arciniegas.

En sus palabras tras la juramentación, la rectora indicó que “este tipo de iniciativas es muy importante para recordar aquellos elementos de la historia que hoy, más que nunca, están vigentes”.

El secretario ejecutivo de la cátedra, Nelson Acosta, refirió que en 1986, un grupo de jóvenes universitarios acudió al secretario ejecutivo de la Copre, Ramón J. Velásquez, con la idea de organizar un simposio nacional sobre la reforma del Estado, el cual contó con el apoyo del entonces rector de la UC, Gustavo Hidalgo.

El primer simposio logró realizarse ese año en Valencia, con una duración de seis días y con participación de calificados expertos e investigadores. Esta cátedra tiene el reto de organizar el segundo simposio.

Según Acosta, ese grupo de trabajo avizoró las líneas gruesas de lo que sería el desarrollo político de Venezuela y de la crisis que comenzaba a finales de los años ’80, pero la iniciativa fue cancelada por los acontecimientos posteriores.

Por su parte, el coordinador general de la cátedra dijo que no hay forma de ponerle rejas a las ideas y al horizonte. Como parte del trabajo de este grupo, propuso estudiar la historia contemporánea de Venezuela en tres períodos: 1960-1980, 1980-2000 y del nuevo siglo hasta el presente. Anunció que la universidad hará “las propuestas necesarias para la reforma del Estado, que es urgente, aunque no nos tomen en cuenta”.

Antes de dictar la conferencia inaugural de la cátedra, Germán Carrera Damas fue condecorado con el Botón de Honor de la UC, el cual le fue impuesto por la rectora. Este reconocimiento se le otorgó por su trayectoria ejemplar.

En su extenso currículum y con 87 años de vida, Carreras Damas destaca por el estudio de la historia contemporánea de Venezuela, a través de una densa producción de libros y su participación como miembro correspondiente de academias de historia tanto nacional como del extranjero.

Su trayectoria profesional incluye la docencia en la Universidad Central de Venezuela y de varias universidades extranjeras, además de embajador en México, Colombia, Suiza y República Checa.

Uno de los aspectos que recalcó en su conferencia fue la creación de la nación venezolana en 1946, cuando se aprobó el voto directo, secreto y universal. Explicó que, hasta antes de esta fecha, teníamos república, mas no nación.

A su juicio, la existencia de la nación significó un cambio radical en la sociedad venezolana, ya que para ese entonces sólo 100 mil hombres tenían derecho de elegir a sus gobernantes mientras que el 95 por ciento de los habitantes no podía participar.

Acotó que aquellos 100 mil hombres tenían formación académica e intelectual, mientras que ese 95 por ciento estaba conformado por mucha gente que no tenía acceso a la educación.

A criterio de este historiador, la conciencia histórica del venezolano sufrió un fuerte impacto el 6 de diciembre de 2015, con las elecciones parlamentarias, y dejó el interrogante de “por qué los pueblos son capaces de labrar su infortunio teniendo el poder de decisión”.

Asimismo, respaldó la idea de discutir y proponer una reforma del Estado en estos momentos, ya que la Copre advirtió, a finales de los ’80, la posibilidad del golpe de Estado si persistían los problemas detectados y que no fueron atendidos.