sábado, 28 de enero de 2017

Proponiendo un reframing en el debate político


El Marco de la “Destrucción”


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


I-Sucedió en la marcha

Hoy voy a marchar. Independientemente de cuán bien o cuán mal considere que lo están haciendo los visibles líderes opositores. Hoy, como ciudadano, debo tomar conciencia de que la guerra de los Destructores me está afectando a mí, y a mi familia, y que tengo el pleno derecho a acometer esta, y muchas otras actividades de protesta y resistencia pacífica, en defensa propia y de mi familia. No se puede seguir delegando en otros lo que cada ciudadano debe hacer. Lo primero es asumir individualmente la lucha. Lo segundo, organizarse”.
No resistí el impulso de publicar en Facebook lo que de manera espontánea me había dictado mi inconsciente cognitivo, tal como si fuese un memorándum que sólo podía ser obedecido. Después, me fui a marchar este 23 de enero. No voy a entrar a calificar políticamente el evento. Implicaría recargar mi tintero con una de las tintas del año pasado y, la verdad, ya ésta me produce hastío.

A las alturas de la venerable tienda “Valentino”, la marcha se había convertido en un delgado hilo de caminantes que conversábamos confundiéndonos con quienes visitaban esa área comercial por razones muy distintas -no había consignas que arengar-. Una de esas personas, una señora que caminaba en sentido contrario me detiene. Me dice: yo tengo mucho que decir sobre esa pancarta –una que cargaban unos jóvenes delante de mí-. “Mire Rector,  estos grandes carajos han destruido todo…”.

La conversación continuó por unas decenas de segundos y tuve que excusarme para no quedar demasiado rezagado. Pero el inicio de su breve discurso entró en franca resonancia, con lo que mis neuronas me vienen cantando, desde hace meses, es la palabra exacta que todos debemos utilizar para referirnos a los conductores de este nefasto régimen: los “Destructores”. Todavía sus palabras resuenan dentro de mí. Poco a poco, progresivamente, todos los venezolanos, independientemente de su mayor o menor formación, del estrato social al cual pertenezcan, vamos coincidiendo en que este régimen, del cual debemos salir a la mayor brevedad posible, se asocia a Destrucción. ¡Se identifica con Destrucción!

II-¿Por qué insistir en lo de los “Destructores”?

En cuanto a la debacle social y económica,  se habla de destrucción: del poder adquisitivo de los salarios; de la capacidad de producción del país medida en cierre de empresas; de las oportunidades de empleo formal; de las posibilidades de progresar, etc. En lo referente a la educación, se habla: de universidades convertidas en gigantescos elefantes blancos a cuenta de hacer inviable su funcionamiento; de una educación pública en el suelo que no puede absorber los alumnos cuyos padres ya no alcanzan a pagar una mermada educación privada; de la destrucción de las posibilidades de un futuro digno para nuestros hijos (una idea un tanto más elaborada); de la diáspora de los jóvenes, etc. Y así: se habla de la destrucción de la salud pública y privada; de la infraestructura; de la institucionalidad; del Estado de Derecho; de la capacidad de contener a la delincuencia, etc., etc., etc. Por donde se mire: la más insólita destrucción es lo que campea en todas las áreas de quehacer humano de este casi derruido país.

Ahora bien: ¿Por qué insistir en la calificación de “Destructores”? En una reunión con profesionales interesados en el manejo del lenguaje en la comunicación política, se planteaba la evidente necesidad que tiene la Unidad Opositora de generar un enmarcado (“framing”), propio y coherente, dentro del cual desarrollar un lenguaje efectivo en su conexión con los ciudadanos. Esto es muy importante. El lenguaje es mucho más que un medio de expresión y comunicación. Él es la puerta de entrada hacia el cerebro. El lenguaje provee acceso al sistema de conceptos que usamos para pensar y cumple la función de organizarlo (Lakoff en “The Political Mind”).

Un amigo, admirador del partido Podemos en España -no por su desempeño ideológico sino por la sobresaliente forma como maneja su comunicación política-, decía: necesitamos una palabra como la “casta”. Este es el término usado por Iglesias y sus correligionarios para referirse a todo lo que representa el status quo político en ese país: los responsables, según ellos, de la crisis de la cual derivó el fenómeno de los “Indignados”. Fue la primera vez en la que me pregunté cuál podría ser esa palabra en nuestro caso. Ahora creo tenerla: los “Destructores” y el objetivo de este texto es proponerla para que se discuta, se mejore o se reemplace por otra mejor. Pero necesitamos esa palabra que al escucharla, automáticamente, invoque en el cerebro de cualquier compatriota todo un marco mental y sus respectivas narrativas que le rindan una caracterización de este villano régimen abocado a la “Destrucción”.

Los marcos mentales (“frames”) son estructuras instaladas en nuestro cerebro que configuran la manera cómo vemos al mundo. No podemos ver o escuchar los marcos mentales, ellos son parte del inconsciente cognitivo al que no podemos acceder, pero que conocemos a través de sus consecuencias: la manera cómo razonamos y lo que cuenta como sentido común para nosotros (cosmovisión o “worldview”). Todas las palabras transmiten un significado con referencia a un marco mental. Cuando tú escuchas una palabra, su “frame” -o una colección de ellos- es activado en tu cerebro (otra vez Lakoff, ahora en “Don’t Think of an Elephant”, seguro que no pudieron evitar pensar en el animal de grandes orejas).

La apelación a ellos como los “Destructores”, si todos los opositores comenzáramos a utilizarla reiterativamente en cada oportunidad que nos refiramos a ellos, si la hacemos parte de nuestro lenguaje diario, invocará en el cerebro de la mayoría de nuestro auditorio el marco mental de la destrucción que están llevando a cabo: total, profunda, sistemática y sistémica. Como todo “frame”, este de la “Destrucción” tiene sus componentes:

Roles semánticos: Las víctimas (los ciudadanos, las Instituciones); los villanos (los perpetradores de la “Destrucción”); los actos de villanía (todas las decisiones, acciones, instrumentos normativos, etc. que se utilizan para perpetrarla); los héroes (los que luchan para impedir que la “Destrucción” continúe, los que se resisten a ella). Estos roles pueden combinarse en multiplicidad de escenarios y relatos.

Cada cual, al escuchar la palabra, no sólo se ubicará en el “frame” que con toda justicia buscamos instalar en las mentes de todos los venezolanos, muy probablemente también recreará en su mente relatos extraídos de sus vivencias diarias que ejemplifican la “Destrucción”. Porque así somos los seres humanos, pensamos mediante marcos mentales, metáforas, relatos, imágenes, prototipos y metonimias: todas corresponden a conexiones neuronales que se han constituido en nuestros cerebros.

No me extrañaría, por ejemplo, que Víctor Carrera, profesor de la escuela de Ingeniería Mecánica UC, al mencionarle: los “Destructores”, retrotraiga de su memoria cualquiera de los tantos relatos que ha padecido en su condición de ser doliente de una universidad a la que se le viene destruyendo sistemáticamente (lo menciono porque con frecuencia los publica en Facebook, se cuenta entre los héroes anónimos que se resisten al pavoroso propósito). O que Damiano, presidente de Fedecámaras Carabobo, al escuchar la palabra, rememore cualquiera de las narrativas de centenares de empresas que ha visto morir. Pero también tenemos que lograr que María, habitante de la comunidad de Luis Herrera, al tener en la noche que acostar a sus hijos con sus estómagos vacíos, lleve a su mente algún relato que relacione a los “Destructores" con su condición de inocente víctima de esta tragedia.

Puede que no sea la palabra mágica, “Destructores” -¿notan la insistencia con la que la repito?-, a mi amigo, el de la “casta” no le gusta, dice que le falta punch, que requiere ser completada con algún adjetivo. Bien, existe gente muy creativa que puede mejorar la propuesta, lo importante es que la teoría que la soporta ha sido desplegada de la manera más sencilla que he podido.

Voy a violar una regla, sí, voy a traer a colación la terminología que invoca uno de los “frame” utilizado por los “Destructores”: la “Guerra Económica”. ¿Ven los que le digo? ¡Todo lo que viene a cada uno de nuestros cerebros! Algunos recurriremos a nuestro razonamiento consciente para rechazar esa mentira mil veces dicha. Otros la siguen creyendo: ¡Ya han logrado incorporárselas a sus sinapsis cerebrales! Nunca debes usar las palabras de los contrarios, estarías, seguramente sin desearlo, activando el “framing” que ellos han pretendido imponer. Por ello, me pareció tan tremendamente desafortunado que representantes de la MUD hubiesen refrendado el bendito “framing” del Régimen en el infeliz comunicado de la Mesa de Diálogo.

Ellos, los “Destructores” han sido entrenados para utilizar el “framing”. ¿Cuándo nosotros, las víctimas de esta guerra total que viene siendo y todavía muy pocos nombran  (Méndez Güedez), vamos a comenzar a implementar un “reframing” del debate político por estas tierras? Ya va siendo hora.  Nótese que acabo de conectar el “frame” de la “Destrucción” con otro que los seres humanos ya conocemos: el de la Guerra. Somos víctimas de una guerra. ¡Todos los días se producen bajas! ¿Cuándo entonces? Urge hacerlo. Primero, debemos convencernos: se demanda un nuevo lenguaje para instalar nuevos “frames”. ¡El lenguaje tiene una fuerza política que nunca se puede desestimar!



viernes, 13 de enero de 2017

Mi primer post del 2017

Hacia el Mundo al Revés


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)

Un hombre entra enfurecido a una escuela. Le pregunta a alguien que pareciera fungir de portero dónde queda el aula del quinto grado. Casi sin mirar la señal silenciosa indicándole hacia donde debe dirigirse, continúa sin mediar más palabras hasta la puerta correcta. La abre e irrumpe en el aula sin pedir permiso. La maestra, sentada en una desvencijada mesa, no alcanza a reaccionar cuando ya el individuo le ha espetado una insólita interrogante: ¿Dónde está la pistola que le quitaste a mi hijo? Ella se levanta e intenta sobreponerse al instantáneo susto que le ha invadido. La entregué en la Dirección, vaya allí a presentar su queja, le responde. Se voltea hacia sus alumnos intentado tranquilizarles con una pretendida actitud de autoridad. Pero el individuo vuelve a vociferar: ruega que me la entreguen, porque si no, un día de estos amaneces con un mosquero arriba. Da vuelta atrás y sin disminuir una pizca su furia se dirige hacia la Dirección.

En la oficina del Director, quien ha retenido bajo su posesión el arma hasta consultar en instancias superiores qué se debe hacer con ella, le informan que este no se encuentra por haber sido convocado a un taller que se celebra fuera de la escuela.   El padre continúa con sus amenazas. No obstante, es notificado que su pistola le fue quitada a su hijo, un niño de once años,  cuando este la blandiera para amenazar a un compañerito dentro del mismo salón. Aun así, el individuo no se da por aludido como si lo extravagante de lo acontecido no develara un severo cuestionamiento al ejercicio de su rol como padre. Opta por retirarse profiriendo todo tipo de insultos contra el personal.

A los pocos días, desde la Zona Educativa instruyen a que se le entregue el arma al padre. ¡Así como así! El guapo y apoyado se sale con la suya. Ocurre en  una capital de estado en la que el pranato controlador de una famosa penitenciaría, ubicada en ella, ha extendido groseros tentáculos de influencia sobre la totalidad de las instituciones públicas que operan en la ciudad. ¡Incluida la Universidad!

Esta es sólo una de las tres historias reales con las que me recibe el 2017, justo cuando andaba buscando un tema distinto para reactivar mi blog en los inicios del nuevo año. Historias de un país que se nos ha ido de las manos, tanto que en su cotidianidad aparecen, cada vez con mayor frecuencia, rasgos de una nueva gramática –todo ese universo normativo simbólico que estructura nuestras experiencias- que opera al revés de nuestra gramática heredada y de cómo ésta va innovándose en el mundo normal. El furibundo padre, aun suponiendo que contase con un porte lícito de armas, debió presentarse en la escuela con una actitud mezcla de vergüenza y culpa, pero no: sus imágenes de lo que está bien y de lo que está mal parecieran haberse invertido. Un comportamiento como el suyo puede ocurrir a nivel individual, obviamente, pero cuando es reforzada positivamente por la institucionalidad del Estado, debe alarmarnos. Es un indicativo de que la funesta revolución de los “Destructores” nos proyecta hacia un mundo al revés. Hacia un estado fallido.

Soy receptor de los tres relatos de este nuevo mundo al revés al que Venezuela va impelida, mediante un encuentro fortuito con una maestra jubilada del Ministerio de Educación que ha ejercido su docencia en un estado rural importante, encrucijada de caminos. Al calor de un cafecito a media tarde y buscando tema de conversación le comento:

-Me ha dicho Adelaida que te estás viendo en la obligación de cerrar tu taller de tareas dirigidas. ¿Y eso por qué? –Mi interlocutora, para poder incrementar sus ingresos, actualmente trabaja en una escuela privada por las mañanas y dirige su taller por las tardes con la cooperación de otras dos maestras-.

-De treinta alumnos, sólo nos quedan seis a pesar de que cobramos un monto mensual bien módico. La matrícula de los colegios privados ha subido tanto que a los padres ya no les queda dinero para pagarles a sus hijos tareas dirigidas.

Su respuesta incita otra pregunta de mi parte:

-Supongo que el incremento de la matrícula también está teniendo un impacto sobre las instituciones educativas privadas. ¿Cómo ha sido este en la escuela que tú trabajas?

-Se pasó de secciones de cuarenta alumnos a secciones de veinte.

-Todos esos estudiantes que ya no pueden acceder a la educación privada, pasan a depender de la posibilidad de que la educación pública les pueda absorber. ¿Cuán tan bien se está dando esa transferencia en tu opinión?

-Lastimosamente. La Educación Pública está en el suelo.

-¿Mucha violencia en las escuelas públicas?

A partir de esta repregunta, noté a mi interlocutora más activada con el tema. Más abierta a compartir conmigo los relatos de una cotidianidad dantesca que los docentes a su nivel viven todos los días.

Sintetizo las otras dos historias que me llamaron más la atención. A un alumno que se le venía haciendo seguimiento por distribuir drogas en una escuela pública, otrora de las más prestigiosas de la capital del estado, el Director de la misma permite que sea detenido dentro de la institución. El estudiante es hallado culpable, pero el Director es destituido por aplicación de la Ley de Protección al Menor. En otro caso, un profesor, reconocido por todos sus compañeros de ser un buen docente y persona seria, osa hurgar en los bolsillos de una alumna para decomisarle la droga que lleva. Todos sabían que la alumna, posteriormente convertida en supuesta víctima de acoso sexual por parte del susodicho, confrontaba severos problemas de consumo de estupefacientes. La droga le fue hallada y decomisada. El profesor lleva ya preso dos años. Sus compañeros tienen plena consciencia de que es inocente, pero nadie se atreve a decir nada. Todos viven en un estado de constante temor. Saben que su rango de acción para implantar correctivos evidentes en su ámbito natural de desempeño, está severamente limitado por una institucionalidad superior progresivamente permeada por una gramática con valores invertidos.

Ya para terminar la conversación, mi interlocutora me suelta dos perlas más:

-En la oportunidad que el Ministerio de Educación prorrogó las actividades escolares por dos semanas más, la realidad era que el índice de reprobados era demasiado alto. La orden fue: que en esas dos semanas había que planificar actividades remediales para que todos aprobaran. Había alumnos que era imposible que aprobaran, no sabían nada, ni por un milagro podían pasar de grado. Pero todos los docentes cedieron a la presión. Al final: prosecución perfecta, a la inmensa mayoría hubo que regalarles la nota. Pero ojalá usted viera las dificultades que tienen estudiantes de quinto o sexto grado con la lectura, o con las operaciones de suma y resta. En el nuevo pensum, profesor –dirigiéndose a mí- basta con la asistencia para aprobar un curso. Así vamos. Así va la Educación en este país. ¿Cuál es el futuro?

Es sólo el testimonio de una persona, pero uno bien sabe cuándo el mismo tiene su origen en la grandeza de una vocación vivida con conocimiento de causa, honorabilidad y humildad. No proviene de una persona con motivaciones políticas. Todo lo contrario: el perfil de mi relatora responde más bien al de una persona pacífica que tiende a retraerse de la confrontación polarizadora en la que vivimos. Calla en medio del ruidoso tremedal, pero su buena formación como pedagoga, de esa que antes se recibía en este país, le ha llevado a tomar plena consciencia de que en materia educativa vamos siendo conducidos hacia un abismo de ignorancia y oscuridad.

La Educación en Venezuela, como todo, también es víctima de la destrucción. Ya no sólo se trata de la deshumanización progresiva que va develando la profunda crisis socio- económica, más perceptible aún para quienes regresamos al país después de tener que pasar algunos meses fuera. Se trata de la destrucción de las posibilidades de futuro en lo individual y lo colectivo, como consecuencia de esta guerra sistémica que nos ataca por todos los frentes.

Lo más triste es que entre quienes pudieran tener conciencia de esta guerra de destrucción sistemática, existe una mayoría que elude tomarla como algo personal que se perpetra en contra de cada uno de nosotros. Es la misma mayoría que prefiere  pensar que corresponde a otros luchar por su salvación. O a los más desprotegidos, cuya capacidad de reacción ya se observa casi totalmente minada. O a unos líderes, que los estudios de opinión revelan, preocupantemente, que están viendo disminuir sus  tropas. Es la misma mayoría que prefiere regodearse en la desesperanza a organizarse para la lucha en defensa propia, esperando un milagroso no sé qué, mientras vamos siendo empujados hacia un peligroso leviatán -en el sentido aportado por el filósofo inglés Hobbes-: El infierno de la “Bellum omnium contra omnes” –laGuerra de todos contra todos”-, la confrontación donde las imágenes de lo que está bien y lo que esta mal se han desdibujado y, por ende, todo vale en fin de subsistir. Bienvenidos a la dimensión del mundo al revés, ya la tenemos entre nosotros. La Revolución nos la ha traído.




lunes, 28 de noviembre de 2016

¡¡Comprendiendo, Comprendiendo!!


Maduro 1/7/2017: Un Mal Resultado


Asdrúbal Romero M. (@asdromero) 


Desde meses antes a la celebración del anestesiante diálogo, dentro de las filas opositoras ha circulado, profusamente, una narrativa política que se puede sintetizar en los siguientes términos: a) Estamos cerca de la victoria; b) La estrategia electoral exitosa de la MUD es la que nos ha traído hasta aquí; c) Tenemos que mantenernos unidos apoyando a la MUD y mejor es que no la critiques.

Aunque corro el riesgo de que no se me crea, yo les he comprado ese discurso a sus difusores en los diversos círculos de opinión en los que participo –excepto en lo de abstenerme de las críticas constructivas-. Es gente a la que respeto. Un factor aglutinador que observo entre los que, tozudamente, siguen sosteniendo esa tesis es el del miedo a cambiar. ¿Vamos a ponernos a estas alturas a cambiar algo que ha funcionado? ¿Cuánto tiempo tomaría construir una nueva plataforma política opositora que sustituya a la MUD?  ¿Se daría el consenso para ese proceso de reingeniería o se generaría una división?

Son preguntas pertinentes. Poderosas. Resulta comprensible que muchas personas, al producir en sus cerebros sus propias respuestas a tan inquietantes interrogantes, asuman una posición conservadora. Se escuchan, entonces, frases como esta: “Al único que beneficiaría una aventura, desconociendo lo hecho hasta ahora, es al gobierno”. Insisto, les comprendo que cierren filas alrededor de la MUD aún en el caso del inadmisible comunicado donde la MUD valida el discurso de la “Guerra Económica” del Régimen. El temor a que se libere una caja de pandora en el flanco opositor es libre y hasta válido.

El problema es que…comprendiendo, comprendiendo, ¿hasta dónde podremos llegar? Apegándonos al argumento de la inconveniencia de reemplazar la MUD por una entidad que sea más representativa del sentimiento opositor, podríamos llegar a tener a Maduro gobernándonos en el 2019, cientos de miles de venezolanos muertos, millones de niños desnutridos y los más privilegiados cargando baldes de agua por las escaleras de edificios en los que no funcionen ni las bombas ni los ascensores, también tablas para quemar cocinando arepas de harina de ocumo porque gas no habrá y en lo político: ¡comprendiendo, comprendiendo! ¡Si es que lo están destruyendo todo, qué más necesitamos ver para proyectar!

Por otra parte, no resulta admisible que estos señores que dirigen a la MUD, por el hecho de haber obtenido unos importantes éxitos –y traídos hasta estado de supuesta cercanía de la victoria-, se hayan ya ganado el derecho de seguirnos dirigiendo per secula seculorum, independientemente, de los resultados que obtengan de ahora en adelante. Por estas razones que he señalado, semanas antes del paralizador comunicado venía planteando en los chats de opinión: la necesidad de generar una discusión de la que pudieran derivarse objetivos a conseguir y límites específicos en el tiempo para su consecución, de manera tal que dispusiéramos de criterios concretos para hablar de buenos o malos resultados y poder justificar las decisiones a tomar tanto a nivel individual como colectivo.

No hubo respuesta, pero yo insisto en este artículo y formalizo mi planteamiento. Y lo hago porque también resulta incalable, para uno, que se pretenda extender en el tiempo la validez del argumento del temor al cambio, sólo sobre la base de éxitos del pasado que están próximos a su fecha de caducidad. Hay que arrancar con esta discusión. Es hora de acotar el campo de los logros y asignarles lapsos máximos para su cumplimiento –deadlines- . Para saber a ciencia cierta cuándo estamos avanzando o cuando hemos traspasado las fronteras hacia el terreno de los malos resultados. Esto último es bien importante porque nos permitirá demandar un cambio de la plataforma política opositora, sin necesidad de tener que soportar ese chantaje que ya está haciéndose extremadamente reiterativo. O mejor aún: debería constituirse en un campanazo de alerta para hacer saber a los permanentes directores de la conveniencia de poner sus cargos a la orden -¿demasiado optimista?- para facilitar una renovación de los cuadros.

En aras de lanzar un fósforo a fin de que prenda la discusión y a manera de ilustrar por dónde arrancar: pensaba hace ya algún tiempo en lo que yo podría asumir como un mal resultado si me encontrare en la posición de los permanentes directores y la respuesta de mi cerebro, casi automática, fue Maduro todavía al frente del Gobierno en marzo 2017.   Luego traté de racionalizarla. Recordemos que todo comenzó por la necesidad que tenía el país de salir de este funesto gobierno. Por esa vía llegamos al RR sobre el cual llevamos meses hablando. Si este se realizara antes del 31 de diciembre de este año -como debió haber sido-, todavía quedarían pendientes las elecciones para sustituir al revocado, lo cual nos colocaría con una relativa proximidad a la finalización del primer trimestre.

También, por los mismos meses, se produjeron insinuaciones de que el Régimen estaba más inclinado a proponer unas elecciones generales –quizás esto era un mito o un canto de sirena más-, en consecuencia: habría tenido sentido plantearse una negociación para canjear el RR por unas elecciones generales, así fueran éstas en el 2017 e involucraran a los miembros de la Asamblea Nacional que no tienen sus períodos vencidos. El dando y dando político de esta imaginaria negociación sí está perfectamente retratado, cuestión que no viene ocurriendo en el fulano diálogo actual.

Luego seguí meditando y me dije que quizás el 31 de marzo 2017 era un hito demasiado optimista. Podría flexibilizar. Un objetivo más razonablemente alcanzable: Maduro fuera del Gobierno al final del primer semestre del 2017. Más allá de esta fecha, a la velocidad que campea la destrucción, no quiero ni imaginármelo.

Definitivo: considero, desde mi perspectiva personal, que Maduro gobernando a Venezuela un primero de julio 2017 constituye un mal resultado que estos permanentes directores deberían aceptar. Si desean extenderlo más allá, madre mía en manos de quién estamos. Pero, al fin y al cabo, es sólo una propuesta para iniciar el debate sobre cuál sería el escenario inaceptable que nos convocaría a todos a rediseñar la organización opositora.



domingo, 20 de noviembre de 2016

¿Cómo recomponemos LA ESPERANZA?

LA ESPERANZA COMO ELEMENTO AGLUTINADOR DE FUTURO


Prof. Pedro Villarroel
@pedvill

Noviembre 17 / 2016  

El lenguaje de la clase política hace rato que no expresa, ni habla, ni se conecta con el idioma de la gente. Ese ser del día a día, que trabaja, que sufre, que entra en desesperanza, desánimo, crispación, miedo y soledad.

El lenguaje de la clase política perdió su naturaleza ontológica. Ese espacio que permite un diálogo en reflexión con los elementos que constituyen el horizonte de la existencia.

Sus actos de habla se refieren a cosas, a entidades. No responden ni dan cuenta, ni mucho menos establecen itinerarios que resignifiquen la esperanza.  

La gente está sola, arrojada a la nada, sin mapa ni bitácora, cual náufragos. La pregunta en las colas infinitas, en las calles, en las plazas, en los sitios de trabajo es ¿Qué pasa, que no pasa nada?

Quiero recoger este testimonio que es expresión del sentimiento de frustración, desolación e incertidumbre de una venezolana.

Cito:

Ayer cobré mi quincena de trabajo…en mí casa habíamos pasado todo el día sin comer…sólo logré comprar: un pan campesino, un litro de aceite y un kilo de hígado de res…solo me quedaron 400 bolívares para el pasaje de hoy. Mayor frustración y arrechera, se suma a que también anteayer se me fue del país mi segundo sobrino, aquel que sostenía con su alegría a mi madre de 84 años, mis dos hermanos discapacitados gracias a la inseguridad de este régimen maldito. Hoy amanezco con un duelo profundo en el corazón que me la sostiene mi fe profunda en un Dios vivo y actuante en mi vida. Quise creer en una MUD que se crecía por el apoyo popular y que nuevamente me decepciona al demostrar que su ego y sus intereses personales están por encima de los intereses de una nación. Un ego en donde creen que se la saben todas más una y no le dan oportunidad a otros para que demuestren que también pueden aportar… y entonces, recuerdo las palabras de Bolívar cuando manifestaba algo así como “si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”… Dios, perdónanos por nuestra ingenuidad, por nuestros pecados y por nuestra soberbia.

El horizonte es una nube negra, es una alforja vacía. Se requiere en esta hora hacer un alto. Pensar, pensar, pensar.  

Irremediablemente hemos sido arrojados al impersonal “se”. Se desea de esa forma. Se piensa de esa forma. Se siente de esa forma. Se cree de esa forma.

Por lo tanto, toda la sociedad, incluida la clase política, ha caído en el campo de la inexistencia y la inautenticidad; lugar que hace imposible el proceso de apropiación de la persona como valor fundamental.

Se establece una barrera infranqueable al cambio y a la emancipación en libertad, que convierte al ser humano en un ser banal, en una masa amorfa, sin sentido ni propósito. Pingüe negocio para los proyectos igualitarios que desencadenan irremediablemente regímenes totalitarios.

Es un momento de freno y reflexión, de pausa necesaria para pensar, pensar y volver a pensar. Quebrar el ritornelo que nos sujeta a un eterno presente.

Es propicia la hora para que la clase política que hace como referente de su existencia el cambio, trabaje para el cambio. Trabajar para el cambio es conectar, decidida y ampliamente con la gente. Con la gente que sufre, con la gente que siente rabia, que odia, con la gente que demanda. Con esa gente que está arrojada irremediablemente a este terrible y doloroso precipicio.

Si no hacemos nada que refiera a actitudes ciertas, a movimientos con precisión hacia el propósito fundamental de cambiar los modos de vida, la sociedad venezolana va a fallecer.

La sociedad venezolana va a fallecer, porque se fallece como cosa, no como ser. Ni siquiera vamos a morir. Para morir se requiere haber vivido, haber reflexionado sobre nuestra existencia y sus límites, experiencia además intransferible.

Lo que está en juego es la construcción de una voluntad colectiva que establezca como propósito la profundización de la democracia con toda su carga valorativa, unido a un relato articulador de las diferencias y las múltiples demandas.

Finalmente, la esperanza como elemento aglutinador de futuro que sea susceptible de ser entendido a través de una operación discursiva clara, prístina, que a decir del Dr. Nelson Acosta, emocione para convencer. Esa esperanza que como escribió Alberto Barrera Tyszka, no se improvisa.


Qué no triunfe la vehemencia sobre el discernimiento. ¡Jamás!

miércoles, 9 de noviembre de 2016

La auténtica "Piedra en el Zapato" del Diálogo

¿Diálogo sin Leopoldo?


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)


No pueden imaginarse cuánto he evadido el tener que repetirme en ese inagotable debate que se ha venido dando en el país sobre las bondades y/o errores en las actuaciones de la MUD. Sobre todo, después de escuchar a Fernando del Rincón decir, al inicio de uno de sus más recientes programas en CNN, que en Venezuela todo parecía haber girado en 360 grados: habíamos completado toda una vuelta para quedar en lo mismo; todo un ciclo para darnos el gusto de repetir, como si hubiésemos reprobado una materia de bachillerato.

La verdad es que quienes nos atrevemos a exteriorizar planteamientos críticos sobre las ejecutorias de la MUD, algunos con excesiva frecuencia y otros que nos vamos cuidando hasta que explotamos, conformamos un amplio espectro de opiniones. Los hay desde los que acusan a los jerarcas de la MUD de colaboracionistas vendidos que negocian el sentimiento opositor a cambio de billetes verdes, -este no es mi caso y además nunca he creído en esa monserga-, hasta los que osamos de vez en cuando argumentar sobre algún aspecto con relación al cual creemos que la MUD lo está haciendo mal.  Argumentar, es decir: exponiendo razones. Pero al final, todos: desde los ominosos guerreros del teclado hasta los sabelotodos, somos lanzados al mismo infierno de Dante, que por estos días Tom Hanks lo ha puesto de moda, por esos ardorosos espadachines de la lengua que pretenden blindar a la MUD ante cualquier señalamiento crítico.

Aunque suene a pedantería decirlo, me he  auto ubicado en el grupo de los sabelotodos, también calificados con sarcástico encono de incómodos managers de tribuna.  Me baso para este atrevimiento en el hecho de haber especializado mis críticas en el área de los errores sistémicos cometidos por la MUD. El de la obstinada negativa a construir una articulación orgánica con las diversas organizaciones de la sociedad civil es uno, importante por lo demás. Entenderán porque hablo de la posibilidad de repetirme si consultan, por ejemplo: “Otra vez el debate sobre la MUD” (http://quepasaenlauc.blogspot.com.es/2015/05/la-exitosa-convocatoria-de-ll-para-el.html). Y este error sistémico no sólo lo he denunciado yo, sino infinidad de analistas y hasta la misma Comisión para la Estrategia de la Mesa de la Unidad Democrática, designada por la MUD, coordinada por Arístides Hospedales e integrada por gente muy valiosa, se los dijo. Nunca hicieron caso.
 
El otro error sistémico en el cual he insistido es el de las marcadas deficiencias y carencias en el manejo discursivo frente al Régimen. No voy a señalar referencias específicas al respecto, porque llenaría este artículo de un excesivo número de enlaces a mi blog. Entren a él y constatarán. Valga la autopromoción. No voy a auto repetirme, reitero, así que no hablaré de tales temas. Sino de los pequeños errores que se montan uno sobre el otro y cuando venimos a ver…..

La lengua me la he mordido hasta llenar de sangre mi boca, pero el otro día un amigo –conociéndole: sospecho que deseaba provocarme- me envió un correo electrónico contentivo de un artículo el cual, palabras más, palabras menos, me confirmaba con formalidad lo ya difundido -a través de decenas de cadenas en las redes sociales-, sobre todo el pandemónium que se había generado alrededor de la tarima de la marcha denominada “La Toma de Venezuela” -26O-. Quien escribe, Ezequiel Abdala para la Revista Ojo, confiesa haberse sentirse abrumado por la popularidad del “Vamos a Miraflores” entre la masa que rodeaba la tarima. Les invito a que lean su crónica, excelentemente escrita, en: http://revistaojo.com/2016/10/26/cuando-los-lideres-se-crecen/ .

Bien vale la pena recrear a través de sus palabras aquel hervidero en el que una masa enrabietada coreaba: Si no salimos hoy / se acaba la Unidad. Dirigente que se atrevía a hablar, dirigente que era abucheado y cargado de duros epítetos. Todos tuvieron lo suyo. Según la crónica: Capriles y Ramos Allup fueron valientes al mantenerse en contracorriente contra el deseo de esa masa enardecida y argumentar el porqué. De allí el título del artículo “Cuando los líderes se crecen”, pero no es su conclusión, la cual comparto, lo que me interesa destacar. Sino el cómo de una circunstancia totalmente cargada de irracional emocionalidad, surge una decisión política de tanta trascendencia como anunciar para una fecha específica una marcha que tendrá como objetivo central el dirigirse a Miraflores.

¿La MUD había decidido en frío una decisión de tanta trascendencia como esa? ¡Y tan equivocada! No sé si esta afirmación merezca mayor discusión, en todo caso me remito al introito del precitado artículo: “De la gente que pensaba que podría cambiar su vida con el premio que sacara de una caja de Ace, hemos pasado a los que creen que pueden sacar a una dictadura con apenas pisar el asfalto que rodea el palacio de Miraflores. Que eso es llegar, tocar el suelo, ver el Palacio y el dictador huir”. A este hermoso sarcasmo le añadiría: si es que acaso la MUD cuenta con un ejército secreto que sacaría ese día con la finalidad de proteger una marcha de desesperados inocentes, porque con estos bichos ya no se requiere tanto ejercicio de imaginación para saber cómo la iban a detener. ¡Obviamente no! No hubo ninguna decisión formal de la MUD en ese sentido, como lo demostraron los discursos de Capriles y Ramos Allup, pero lo que emergió como una decisión de la MUD hacia la gente fue esa. Pregunto entonces, para no decirlo yo: ¿Se concreta con esa aventurada convocatoria un error o no?

Me podrán responder: sí fue un error, pero no de la MUD, sino de unas personalidades que hacen vida dentro de la MUD y que no podían ser contradichas en aras de la Unidad. ¡Perdónenme! La Unidad, como valor, tiene que estar subordinada al obligado imperio de principios y valores que están por encima de ella. Si había que desmentir a quienes, en esta oportunidad, se equivocaron -como en el pasado se equivocaron los otros-, había que hacerlo, porque el delicado momento así lo exigía. La aventurada convocatoria fue tan errada, finalmente no me contuve, que condujo a un error mayor.

¿Cuál? El diálogo. No porque no haya que dialogar, siempre será importante la posibilidad de establecer un diálogo como una de las vías para salir de esta pesadilla. Un diálogo, por ejemplo, bajo la modalidad que tan brillantemente ha expuesto la abogado Thays Peñalver (@thayspenalver). Del reciente referéndum que se celebró en Colombia, quedó plasmado en mi memoria un dicho que me parece es aplicable a esta situación nuestra: no es el sí (al diálogo), ni es el no (al diálogo), es el así no. La MUD terminó participando en un diálogo cuyas condiciones de contexto no le fueron convenientes. ¿Y por qué no condiciono de mejor manera su participación?

Posiblemente, esta es mi opinión personal y, por lo que he leído, de algunos otros managers de tribuna, porque la MUD, ante la inminente convocatoria a un evento de muy probables nefastas consecuencias y de compleja controlabilidad política, se vio forzada a participar en algo sin el tiempo suficiente para trabajar la construcción de un consenso interno.  Incluso, se ha dicho, fue un tanto entendiblemente coaccionada por los representantes de la Iglesia que, habida cuenta de la naturaleza de su representación, tenían que priorizar su justificada inquietud acerca de la probable pérdida de muchas vidas. Pero no sólo fue la MUD, también el Régimen se vio precipitado hacia el diálogo. Preocupados tendrían que estar, no por las vidas sino por la posibilidad que su método asesino de contención les acarreara, finalmente, la pérdida del Poder.

Ambos bandos se vieron obligados al diálogo, pero el Régimen, con mayor poder, manejo de recursos y la funcionalidad de su unidad jerárquica, logró sacar mejores resultados de su escenificación. La MUD cometió errores. La presencia del desacreditado Timoteo Zambrano en esa mesa, debían saber que les iba a generar millones de comentarios ácidos en su contra, de esos que le proporcionan oxígeno a los tan mentados guerreros del teclado y después se quejan. Nunca deberían olvidar que sus errores se convierten en argumentos de sus opositores más radicales  Permitir la participación de Maduro, que es un rayador que a quien toca raya. En fin, no deseo extenderme en esto, para darle espacio preponderante a la que yo creo es la razón fundamental por la que un diálogo celebrado, en esas condiciones, terminaría siendo malo para la MUD como lo ha sido hasta ahora.

La auténtica y verdadera piedra en el zapato del diálogo es la condición de Leopoldo López preso. Y lo centro en su figura personal, consciente como estoy de su no aceptación a ser liberado si antes no lo son todos los presos políticos. Asume para sí el papel del capitán que debe abandonar de último el barco siniestrado y le concedo toda la razón. Yo, en su lugar, también la asumiría.  Reitero: con Leopoldo preso, es muy complicado para la MUD participar en un diálogo que pueda resultar fructífero porque su misma participación divide y al dividir pierde su representatividad.

¿Por qué? No dejemos de lado que quienes se están sentando en la mesa del diálogo fueron los mismos que lo hicieron en el 2014. En aquella oportunidad fueron muy criticados. Una no desestimable porción de sus problemas de imagen devienen de aquel evento. De aquellos barros, estos lodos. Por supuesto, ellos pudieran alegar en su defensa, como de hecho lo hicieron, que consideraban, políticamente: las condiciones no estaban dadas para una salida como la que promovía Leopoldo con María Corina y Ledezma. Acusaron, sobre todo a Leopoldo, de jugar un “adelantaíto”, es decir: de no haberles informado, oportunamente, lo que se proponía con la aviesa intención de tomar mayor ventaja política de los resultados positivos que pudieran derivarse de su acometida estratégica, etc., etc. No estoy en condiciones de saber si eso fue realmente así o si lo que hubo fue una diferencia de visión con relación a la acelerada dinámica de lo que iba a ocurrir en Venezuela en materia de deterioro social y económico en estos tres últimos años.

Quizás, por qué no asomar el escenario alternativo, Leopoldo trató de compartir con ellos su visión de lo que ya estaba en proceso de inevitable evolución dinámica. Que les argumentara la necesidad de evitarle al país esta irremediable pérdida que se ha producido desde el 2014 hasta acá y, en consecuencia, planteara la necesidad de no postergar más la salida del Régimen. Pudo haber ocurrido de esta manera también, por qué no. Mi propia experiencia me dice que la cuestión pudo haber fluido de esa forma, porque a cuántos no he intentado convencer yo de esa misma visión que ya unos cuantos compartíamos, por diferentes vías, con Leopoldo y, sin embargo, no lo logré. De nada valía que uno se desgañitara hablando de tendencias explosivamente dañinas. Que uno mostrara curvas exponenciales apuntando hacia la tragedia que hoy vivimos (qué puede extrañar que la tasa de cambio del dólar, en cuestión de días, se haya acelerado hasta casi superar  los 2000 Bs/$, cuando lo que está haciendo es recuperar en brevísimo plazo una predecible tendencia artificiosamente contenida). Al parecer, no todo el mundo tiene la misma capacidad para la visión sistémica. O, también es verdad, muchos, aunque la tengan, priorizan la solución del nudo gordiano político, como paso primero, aunque de la dinámica socio económica que se estuviere visualizando a futuro pudiera derivarse una crisis humanitaria. Hoy lo tengo claro, antes no.

Asomo el escenario alternativo porque hoy, a casi tres años del inicio de aquellos eventos, resulta incontrovertible que la visión acertada fue la de Leopoldo –y sus acompañantes, disculpen que no siempre les mencione por razones de brevedad-. Esa visión trastocada en insondable realidad la está sufriendo el pueblo venezolano. Y Leopoldo está pagando, ¡de qué manera! su supuesto aventurerismo. Entonces, aquellos argumentos que pudieron haber esgrimido quienes se sentaron a dialogar con el Régimen en aquella ocasión, hoy día ya perdieron totalmente su vigencia. Si en el 2014 existía un espacio relativamente creíble para la contraposición de dos puntos de vista, este ya se agotó.  La Oposición no puede plantearse sentarse con el Régimen si en esa mesa de diálogo no está presente Leopoldo o quienes puedan válidamente representarle. Y, por supuesto, para que esto pueda ocurrir Leopoldo tiene que estar libre y, como él, todos los actuales presos políticos.

Si la MUD insiste en un diálogo sin Leopoldo, divide. Resulta inevitable que divida, así los ardorosos espadachines digan lo que digan intentando convertirnos en focas no pensantes y proclives al fácil aplauso.  Y si, además, el Régimen implementa toda una estrategia de liberar los presos afines a los que acceden a dialogar mientras continúa persiguiendo a Voluntad Popular, le echa leña a la caldera de la división. Ellos bien saben lo que hacen. Proponen un escenario de inmoral extorsión que no puede ser aceptado por la MUD sin que ello también la raye. Por eso, el rumbo actual tiene que ser corregido. La primera condición para el diálogo tiene que ser la liberación de todos los presos políticos. Y de allí en adelante, lo que se pueda concertar estando todos comprometidos alrededor de una unidad auténticamente creíble. Vuelvo a hacerme eco del esquema de diálogo propuesto por Thays Peñalver.

El tema es complejo. Una amplia diversidad de temas conexos se quedan en el tintero. Pero deseo finalizar con una recomendación. El momento político que vive Venezuela es en extremo delicado, por eso no hay espacio en él para un ejercicio de la política que esté reñido con la verdad y los valores morales fundamentales. Cualquier decisión que se vaya a tomar, sométanla a la criba de la autenticidad moral y verán que dejarán de errar. Y se interrumpirá ese deambular en el que un error pequeño deriva en otro más grande y así, sucesivamente, hasta llegar quizás a una situación que se pueda calificar, incontrovertible e irreversiblemente, como un mal resultado de la actuación de la MUD. Que será también un mal resultado para todos y para el país.

¿Podríamos definir para un futuro, objetivamente, lo que es un MAL RESULTADO? Un buen tema para abordar en un próximo artículo, porque toda delegación a un cuerpo de dirección debiera tener una acotación en el tiempo para el cumplimiento de objetivos.    



martes, 1 de noviembre de 2016

Adivinen quién continúa ganando la Batalla de las Palabras

He disfrutado mucho este artículo con el cual concuerdo 100%. Aunque lo dice de otra forma, coincide con planteamientos hechos por mí en anteriores posts de este blog. El Régimen siempre se sale con la suya a la hora de imponer el frame del debate mediático. O sea sigue ganando la Batalla de las Palabras, a pesar de que la crisis dantesca que aqueja al pueblo venezolano constituye un filón infinito.   



Semántica y Régimen Chavista


Héctor E Schamis* (@hectorschamis)




Cuentan los historiadores que cuando los expertos acudieron a Honecker con información sobre el creciente endeudamiento externo de los setenta, su respuesta fue simple. Decidió la inmediata interrupción de los estudios financieros y la destrucción de los datos estadísticos acumulados hasta la fecha.


A su manera, Honecker era un constructivista, ese postulado heurístico según el cual la realidad como tal no existe sino que es “lo que se dice que es”; o sea, se construye subjetivamente. Fue fácil para él: sin información, no habría más crisis de endeudamiento. Una aclaración objetiva: la crisis financiera eclosionó en 1989 y Honecker partió al exilio. Fue el comienzo de la gran transformación europea de fin de siglo.



La parábola es por la Venezuela chavista, también “constructivista” si bien con un estilo importado de La Habana más que de Berlín Oriental. Donde sea que origine la inspiración, lidiar con el chavismo siempre sera titánico esfuerzo por definir la realidad. Nótese la preocupación de la MUD en dejar establecido que “hubo golpe y ahora sí, se trata de una dictadura”.



Entre paréntesis y a propósito del “ahora sí”: la democracia es un método para llegar al poder y un conjunto de reglas que limitan el ejercicio de dicho poder. No importa cuantas elecciones pudieran ganar, el chavismo rara vez, si alguna, se sometió a esas reglas. En este mismo espacio, quien aquí escribe lo viene diciendo desde 2013. Conste.



El hecho es que al chavismo no le ha ido mal con su propia versión de constructivismo, es decir, su estrategia comunicacional. Tanto que a veces Venezuela se reduce a un cruento experimento semántico, una batalla por las palabras que trivializa la tragedia humanitaria y de derechos humanos. Es que no se trata de un debate genuino sino de la construcción de una realidad paralela.



Quienes hablan de derechos humanos se han convertido en los ultras de hoy, estigmatizados por un discurso vacío que solo repite la palabra “dialogo” como si fueran términos mutuamente excluyentes
En la propia OEA, la misión venezolana circuló un comunicado el 18 de octubre solicitando al Consejo Permanente la terminación del contrato entre la Secretaría General y una firma consultora en comunicación. No es casual que ello ocurriera dos días antes que el CNE anunciara la suspensión del revocatorio. La diplomacia venezolana es como el bravucón más pendenciero del barrio: para evitar que le peguen, siempre pega primero.



Así, mientras tanto, se habla de otra cosa. Argentina se subió a ese bote en otra muestra de las reiteradas incongruencias entre lo que su presidente dice y lo que su cancillería hace, a propósito de realidades paralelas. Solicitó una reducción de presupuesto tal que paralizaría la operación del departamento de prensa y comunicaciones de la OEA, nada menos. Almagro respondió con elocuencia: la misma censura de prensa que el gobierno de Maduro aplica en Venezuela, ahora busca imponerla en el seno de la propia OEA. No dijo que, evidentemente, lo hace con socios.



Resulta inverosímil, por ello, que un régimen sin economía ni Estado, sin medicinas ni alimentos, una dictadura pura y dura tenga la capacidad de definir los términos del debate a voluntad, al punto que quienes hablan de derechos humanos—como lo hace Almagro—se han convertido en los ultras de hoy, estigmatizados por un discurso vacío que solo repite la palabra “dialogo”, como si fueran términos mutuamente excluyentes. En este fútbol perverso el chavismo siempre juega de local, con doce y con el arbitro comprado.



No son pocos los que dicen que la administración Obama se contenta con mirar correr las agujas del reloj para que Maduro aguante hasta el 20 de enero. Hace dos años que también hablan de diálogo y el chavismo se burla de ello. El Departamento de Justicia imputa a Reverol, pero Maduro lo hace ministro del interior. Liberan dos presos políticos con gran impacto en los medios, uno de ellos ciudadano estadounidense, pero apresan muchos más en secreto y torturan a los que tienen.



No sorprende entonces que ocurriera lo que se temía: la suspensión del revocatorio y las elecciones de gobernadores. En Venezuela se extinguió el concepto de sufragio y, sin embargo, esa misma idea de diálogo—“diálogo-pistola-en-mano”, como lo llamó Ibsen Martínez—ahora es política exterior del Vaticano, que se hizo presente no con uno, sino con dos enviados. Las fotos son elocuentes: los representantes papales junto a los mediadores oficialistas Rodríguez Zapatero y Fernández.


Prueba adicional que el chavismo continúa definiendo los términos del debate, es que hasta el día de hoy la MUD no ha sido capaz de descalificar el rol de Zapatero y su sesgada mediación. También una buena parte de la oposición, debe reconocerse, usa la semántica para construir su propia realidad. Juzgarán a Maduro por abandono del cargo, lo cual no necesariamente ha sucedido, y le harán juicio político, el cual sería solo simbólico ya que en Venezuela no existe el proceso de destitución por impeachment.

Y esto sin contar las propias contradicciones entre asistir o no, si en Margarita o en Caracas, al nuevo capítulo de este diálogo. El problemas más grave de la MUD es que no parecen entender que no hay manera de derrocar un régimen autoritario sin una agenda común que posponga las disputas personales. No tendrían más que darle una leída rápida a cualquier transición exitosa—España, Argentina, Sudáfrica o Chile, por ejemplo—para darse cuenta que el objetivo era uno solo: la retirada del régimen.

Lo preocupante ahora es que los acontecimientos bien podrían superarlos. La gente en la calle y el riesgo de la represión del gobierno, lo cual no ocurrió todavía en Caracas pero sí en las regiones, podría suceder el 3 de noviembre en la marcha a Miraflores, sede del Ejecutivo, convocada por la MUD. Si la cancelan, por lógica precaución, podrían distanciarse de la base. Si siguen adelante, podrían ser padres y testigos de una tragedia.

Este es precisamente el escenario que quienes invocan la Carta Democrática han intentado evitar durante largos meses. Propusieron una mediación colectiva pero en serio, un diálogo sin pistola, la intervención de la comunidad internacional, la restitución de derechos, la ayuda humanitaria. Pero esos son los ultras de hoy. Sería muy triste que ellos—la OEA, los expresidentes nucleados en IDEA, las organizaciones de derechos humanos, la prensa y muy pocos gobiernos de la región—tengan que recurrir al “les advertimos que esto pasaría”.


Ya veremos más adelante cómo se asignan las culpas y responsabilidades. De lo que hay certeza es que la víctima sería—ya lo es—el pueblo de Venezuela. Y esa es la realidad objetiva, no la paralela.

*Héctor Schamis es profesor en el Centro de Estudios Latinoamericanos y en el programa “Democracy & Governance” de la Universidad de Georgetown. 

jueves, 27 de octubre de 2016

Venezuela, Ahora: ¿Es malo Emocionar para Convencer?


Sólo para aclarar conceptos


Asdrúbal Romero M. (@asdromero)

 

I-Una respuesta necesaria


Soy integrante de múltiples grupos de whatsapp, lo cual me permite mantenerme enterado de los acontecimientos políticos en Venezuela a pesar de mi temporal distanciamiento físico. El flujo de informaciones es un tanto reiterativo pero no me importa. Hace pocos días, por varios de los grupos a los que estoy suscrito, me llega un texto de un muy respetado profesor universitario, y además buen amigo, en el cual despotrica de “ese estribillo reciente de la Neuropolítica del emocionar para convencer” –uso las comillas para reflejar sus propias palabras-. Del cual dice que nunca como ahora ha sido tan peligroso, “sobre todo porque nunca como ahora se había requerido más serenidad, más reflexión y menos la levedad de la pasión”. Así comienza la andanada un tanto furiosa de este buen amigo que amerita una respuesta de nuestra parte.

Debo hacerlo, porque tanto en mi blog, como en el del Observatorio Venezolano de las Autonomías (OVA), he publicado textos en los que he recomendado a la alianza opositora democrática la apelación a estrategias comunicacionales sustentadas en la Neuropolítica. Como también lo ha hecho mi mentor en estas lides, el antropólogo Dr. Nelson Acosta Espinoza, secretario ejecutivo del OVA, con quien he integrado un pequeño grupo difusor y promotor de estas ideas tanto en el ámbito regional como nacional. Pero antes de tratar de estructurar una respuesta lo más sintetizada posible, me resulta inescapable dar mi opinión sobre las iniciativas más recientes de la Asamblea Nacional (AN) y la MUD al haberse producido la extravagante y definitiva pateada, por parte del Régimen, del tablero donde se venía desarrollando un ya demasiado desigual juego democrático.

II-Mi opinión sobre los recientes acontecimientos

(al 25/10) 


Seré conciso al respecto. Estoy de acuerdo con el comunicado inicial de la AN, muy claro y sin ambages, así como la actitud firme y combativa  de la máxima dirigencia de la MUD en la rueda de prensa contentiva de su pronunciamiento con relación a la suspensión del RR. Muchos podíamos presumir que el Régimen terminaría actuando de la manera como lo ha hecho, de una forma o de otra, pero vuelvo a insistir en lo siguiente: a la MUD, como plataforma opositora institucional, no le quedaba más remedio que cumplir con todo el protocolo formal que le condujera a poder demostrarle al mundo, de manera fehaciente e incontrovertible, que se estaba enfrentando a un régimen que ya había decidido quitarse su última careta democrática. Ya no hay dudas ni espacio para conductas ambiguas.

También manifiesto mi complacencia con el plan anunciado por la AN en su primera sesión posterior al remate de golpe de estado propiciado por el Régimen (tengo la impresión de que el remate fue adelantado por una facción interna del mismo, el diosdadismo, y que al resto de la oprobiosa banda no le quedó más remedio que asumirlo y profundizarlo -sólo una hipótesis a verificar posteriormente-). En estos días decisivos por venir, la Unidad será el activo más importante a proteger por la MUD. Hago mía estas palabras del valioso dirigente y ex diputado Julio Castillo, con las cuales ha insistido en el valor de la Unidad de cara a lo que se nos viene encima.

¡A cuidar la Unidad! Ahora más que nunca, necesarias: la discusión serena; la reflexión acuciosa; nada de dejarse llevar por las pasiones. Nótese que estoy de acuerdo con las conclusiones que, de entrada, plantea este amigo en su texto lanzado como un guante retador a la nube digital. Lo que no veo es cuál es la relación que él construye en su cerebro para asociar, de manera biunívoca,   una comunicación política que conecte con las emociones de los ciudadanos con unas conductas tipificables como contrarias o reñidas con lo que ambos postulamos como conductas racionales y deseables en la coyuntura política actual.

III-Ahora sí: la respuesta 


La neurociencia avanza a ritmo vertiginoso. Cada día se obtienen mayores y más detallados conocimientos sobre cómo funciona el cerebro humano. Y en el contexto de esa funcionalidad también sabemos más sobre cómo tomamos decisiones. Desde 1995, año en el que el neurólogo Antonio Damasio publicó los resultados de su seminal trabajo de investigación en “El error de Descartes”, surge un nuevo paradigma según el cual ya deja de ser válido percibir lo emocional y lo racional como dos extremos opuestos en la toma de decisiones. Dice el mismo Damasio: propongo en este libro que el  razonar puede que no sea tan puramente  racional como la mayoría de nosotros piensa o le gustaría -obviamente le encantaría a nuestro amigo-. Las emociones y los sentimientos juegan un papel central en la toma de decisiones por la forma cómo nuestros cerebros están construidos. Cada uno de nosotros tiene instalada en su cabeza una gigantesca red de circuitos neuronales, un conectoma particular, y cada decisión se produce como una activación concertada de circuitos que manejan lo emocional y circuitos de razonamiento. Las emociones y la razón se entremezclan en esa inmensa red. Para bien o para mal, así funciona nuestro cerebro. Nos guste o no, este es un hecho al cual hoy se le reconoce base científica.

No se puede negar que, bajo ciertas circunstancias, las emociones y sentimientos  pueden terminar siendo bombas atómicas devastadoras del proceso de razonamiento. Esto lo reconocemos. Lo que se sabe menos –no se ha asentado todavía en la sabiduría popular- es que la ausencia de emociones y sentimientos en un ser humano no es menos capaz de comprometer su racionalidad. Son las emociones y sentimientos las que nos impulsan a decidir, “las que nos motivan para desplazarnos hacia el lugar adecuado en el espacio de toma de decisiones” –otra vez Damasio-.

Expuesto lo anterior -sobre lo cual no creo necesario extenderme más-: del núcleo duro de la Neurociencia se han derivado sub áreas de conocimiento con un perfil más pragmático, orientadas hacia la aplicación de ese nuevo paradigma en campos del quehacer humano. Por ejemplo, el Neuromarketing: ¿Por qué compramos este producto y no otro? ¿Por qué seguimos siendo fieles a la marca de cereales que mamá compraba para darnos nuestro desayuno y no una nueva, más sana, nutritiva y de menor precio?  Interrogantes que se analizan bajo la lupa del nuevo paradigma, el cual también ha sometido a revisión los viejos cimientos de las teorías económicas. Ese homo economicus estrictamente racional, que pondera, acuciosamente, las opciones entre las cuales decidir, calcula ganancias, costos, probabilidades de riesgo y busca optimizar su beneficio esperado, ya no existe más como arquetipo representativo del perfil promedio de los tomadores de decisiones. Ni tampoco existe un homo politicus equivalente, que evalúe cuidadosa y racionalmente las propuestas programáticas de todas las opciones políticas entre las que decidir su voto. Aquí es donde entra la Neuropolítica. Orientada a democratizar el conocimiento sobre una cabal comprensión de cómo funciona el cerebro político de los ciudadanos electores: ¿Cómo se generan las simpatías o antipatías hacia los diferentes partidos o líderes políticos? ¿Por qué es tan importante el sentimiento de afiliación partidista –political partisanship- como factor fundamental en la predicción electoral?

Por supuesto la Neuropolítica, partiendo de esa cabal compresión que, seguramente, todavía no se ha alcanzado del todo, ya está en la posibilidad de proponer nuevos esquemas y estrategias para lograr una comunicación política que se conecte más eficazmente con ese cerebro emocional-racional de los electores. El “Emocionar para Convencer” es eso. Se ubica en el campo de los medios o herramientas para conseguir algo y no de los fines. Esta distinción es fundamental porque nuestro amigo, en su texto, hace alusión a movimientos políticos –nazismo, fascismo, comunismo, talibanismo- que han emocionado, convencido y cuyos resultados de sus ejecutorias políticas han sido  tremendamente malignos. Efectivamente: Hitler y Chávez emocionaron para convencer  a sus seguidores de que se abalanzaran hacia dos precipicios: el de Auschwitz, emblema hoy de lo que es una experiencia histórica del mal, en el primer caso y, en el caso del nuestro, el de una debacle acelerada de un país -económica, social, institucional, moral y en todos los sentidos-  que ya apunta hacia convertirse en otro emblema de malignidad destinado a mantener llamativo lugar en los anales de la historia: ¿Cómo se puede dañar tanto en tan poco tiempo a un país? Ellos usaron a las emociones en su estrategia comunicacional para convencer a la mayoría de los ciudadanos de sus respectivos países de anotarse en proyectos cuyos fines no eran buenos. Que utilizaron mil veces la mentira y que manipularon las emociones, es cierto, pero, no se puede ir tanto allá como para generalizar una conclusión y acusar de que apelar a las emociones en la comunicación política sea malo. Lo que fue malo eran los fines de los proyectos que ellos pretendían consolidar y su alevosa maldad para manipular.

En tiempos de la Gran Depresión, cuando la mayoría de los ciudadanos americanos tenían muy poco que llevar a sus mesas, su presidente Franklin Roosevelt, con apenas dos meses en el cargo, inició sus famosas conversaciones vía radio. Se sentaba al lado de su chimenea y les hablaba como si estuviese hablando con cada uno de ellos.  Logró hablarle a los corazones y las mentes de los americanos. Tenía intelecto, pero además la capacidad para transmitirles que él estaba sintiendo lo mismo que ellos sentían –empatía-. Les dijo que ellos no tenían nada que temer, sólo podían temer de sí mismos. Fue cuando les propuso “The New Deal” –El Nuevo Trato- con el que sacó el país del barranco en el que estaba metido. Franklin Roosevelt  emocionó para convencer. Era el año de 1933. Drew Westen, en su libro “El Cerebro Político”–“The Political Brain”-, presenta este caso como emblemáticamente ilustrativo de lo que se puede conseguir cuando se le llega al corazón de los ciudadanos que, por supuesto, se encuentra ubicado en el cerebro de cada cual.

Este caso  nos muestra una historia de éxito, contraria a las esgrimidas por nuestro amigo en este sano debate. Es decir: también se puede emocionar para convencer de la participación en proyectos políticos con buenos fines. En el caso de Franklin Roosevelt: buenos fines y felices resultados. Afirmar, temerariamente, que el “emocionar para convencer” es malo es como decir que la Teoría de la Relatividad de Einstein es mala, porque de ella se pudieron extraer los fundamentos teóricos para la construcción de la bomba atómica. Es exactamente lo mismo.

En este crucial momento del país, cuando nos enfrentamos a un régimen en el ámbito de lo moral y de lo digno -porque es nuestra dignidad, como nación y como individuos, la que está siendo barrida por el piso-, creo con firme convicción que están dadas las condiciones para abanderar el cambio para el bien con un discurso moral que emocione y convenza. Un discurso, además, en el que se sientan representados los más débiles y vulnerables, porque son ellos los que más padecen el abandono de este maligno régimen a la más precaria de las suertes. ¡Ahora más que nunca!

Como diría mi abuela, creo que nuestro amigo confunde la gimnasia con la magnesia cuando entremezcla en su argumentación medios con fines. Más explicativamente: medios utilizables para convencer con los fines que se propone el que busca convencer. Extrapola de los resultados, en los ejemplos por él seleccionados, hacia atrás para extraer conclusiones generalizadas sobre un medio utilizado. Pero no sólo existe esa confusión en su texto, también confunde los tiempos. Pareciera insinuar que de prosperar una estrategia de emocionar para convencer a la gran mayoría de los venezolanos de su participación política decidida para acabar con esta pesadilla de régimen, entonces a la hora del diseño estratégico de los planes y acciones: esto se acometería al calor de unas pasiones inconvenientes que podrían dar al traste con la posibilidad de tener éxito. Confunde el tiempo para acopiar convicción ciudadana con el tiempo para la acción política.

Ya para terminar, lo más raro y contradictorio de todo es que al leer el texto de nuestro amigo –lo voy a colgar como comentario en mi blog sin identificación del autor-, uno lo percibe cargado de emocionalidad. Extraño para quien coloca en un altar del Olimpo la virtud como control de las emociones. También le parece muy llamativo esto al profesor Octavio Acosta,  quien en su muro facebook se permite escribir sus comentarios respecto al mismo texto, cuando le dice: “Tu escrito está impregnado de emociones, sin que tú mismo las percibas” –ver en el siguiente enlace https://www.facebook.com/octaviocultura/posts/10210783113435845 -.
 

IV-Una anecdótica conclusión final


Mi interpretación de este hecho curioso es que lo que está ocurriendo en Venezuela es tan grave, dantesco, nefasto, terrible, que nos trae a todos afectados, emocionalmente, sin realmente tener consciencia de cuán afectados andamos, sobre todo a los que más tenemos consciencia de la dimensión del problema. Esto obnubila nuestro juicio. Hemos comenzado a percibir  todo a través del filtro de nuestra  dolorosa realidad venezolana. ¡Qué no es de alegres colores precisamente! Sean: personajes; acontecimientos; textos; resultados científicos, etc., incluso aquellos que tienen una reconocida aceptación en el ámbito mundial. Basta que ese “aquello” tenga algún tipo de relación con el Régimen, para que lo juzguemos en atención a la naturaleza de esa relación.  Por esta vía ya ni el Papa, que tan buena publicidad tiene en el mundo, nos está gustando mucho. Por esta vía, un Trump con tanto rechazo generalizado, comienza a gustarle a algunos compatriotas –“ese es el loco que les va a mandar el ejército de los Estados Unidos a estos…”-. Por esta vía, unas técnicas nacidas de un cambio de paradigma reconocido científicamente, las rechazamos, porque aquí las emociones han sido utilizadas para el mal – es prácticamente esto el principal argumento de nuestro amigo-.

Les voy a poner un ejemplo tonto que me ocurrió a mí recientemente.  Estrenaron aquí en Madrid la película “Snowden”. Me interesó mucho verla, hasta que me enteré que el director era Oliver Stone. Me pregunté: ¿Y qué te pasa a ti con Oliver Stone?  ¿Acaso en el pasado no me habían parecido excelentes: películas dirigidas por él como “Nacido el 4 de Julio”, “JFK” y “Asesinos Natos” (“Natural Born Killers”)? Siempre lo había tenido por un gran director hasta que visitó a Hugo y le hizo un documental “Mi amigo Hugo” (2014). ¿Otro de la fauna hollywoodense que intercambió fotos y jaladas por jugoso financiamiento? No lo sé, realmente no me consta. A lo mejor, es sincera su admiración. Al final, decidí verla. Me resultó interesante la denuncia expuesta sobre el Gran Hermano que nos tiene a todos vigilados. Pero ya no le compro todo lo que me dice, no puedo, como si estuviese picado de culebra, tengo la sensación de que alguna mentira me habrá colado con la finalidad de manipularme mejor. ¡El filtro!


Pónganse a reflexionar. Nos está pasando. Un buen día se levanta uno cargado, con el filtro a millón; se va a la Grecia que ama; se olvida de toda la ciencia y filosofía que han pasado debajo del puente y se escribe, irreflexivamente, algo que no tiene nada que ver con tu intelectualidad. Le puede ocurrir a cualquiera. A mí me ha pasado, después me he dado cuenta, pero nada tan evidente. Por cierto, los comentarios de Octavio Acosta no tienen desperdicio.